El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

sábado, 14 de marzo de 2015

Destino oculto



Dirección: George Nolfi.
Guión: George Nolfi (Historia: Philip K. Dick).
Música: Thomas Newman.
Fotografía: John Toll.
Reparto: Matt Damon, Emily Blunt, Anthony Mackie, John Slattery, Michael Kelly, Terence Stamp, Anthony Ruivivar, Gregory Lay, Jennifer Ehle, Pedro Pascal.

El día de su derrota electoral, David Norris (Matt Damon) conoce a Elise (Emily Blunt), una atractiva mujer de la que se enamora al instante. Sin embargo, algunas personas no ven bien esa relación.

George Nolfi, co-guionista de El ultimatum de Bourne (Paul Greengrass, 2007), debuta como director con esta curiosa y un tanto surrealista película, mezcla de thriller, comedia romántica y film de ciencia ficción. Un coctel que no termina de consolidarse a pesar del esfuerzo y los medios que se adivinan detrás.

El guión del propio Nolfi es una adaptación de un relato corto de Philip K. Dick, cuyo nombre nos dirá algo más si añadimos que otros relatos suyos sirvieron base a películas como Blade Runner (Ridley Scott, 1982), Desafío total (Paul Verhoeven, 1990) o Minority report (Steven Spielberg, 2002). Como se ve, un escritor amante de rizar el rizo dejando volar una imaginación desbordante.

Sin embargo, no todo en este tipo de relatos es bueno o coherente o interesante. En el caso de Destino oculto (2011) lo que falla básicamente es la historia original. Y es que resulta cuando menos chocante todo el montaje del dios director del mundo y su organización secreta de "ángeles" que han de velar por cumplir su plan. El hecho de que éste plan prohiba el amor entre dos personas y que sus ángeles actúen casi como matones no termina de encajar bien con la idea de un director que, en teoría, debería velar por la felicidad de la gente. Esta premisa es ya un punto en contra de la historia, algo que no terminamos de aceptar, por el simple hecho de que carece de toda lógica.

Pero es que, cuando comprendemos que los ángeles no pueden, en el fondo, hacerle daño al protagonista, ni siquiera parecen poder obligare a cambiar sus decisiones, la posible amenaza que podrían suponer, el peligro que temíamos representaban para David se desmorona de raíz. Y si no hay peligro, ¿dónde está el interés?, ya no tememos por David ni por su amor. Es más, sabemos casi desde el principio que, pase lo que pase, David y Elise van a terminar juntos. Porque Destino oculto, en el fondo, sigue a rajatabla el esquema ya conocido de las típicas historias de amor: la pareja se encuentra, se separa (esta vez por la intervención de fuerzas superiores) pero el amor hace que terminen superando los obstáculos, reuniéndose en el esperado final feliz. Sólo la originalidad del guión, la química entre los protagonistas o la gracia de las situaciones establecen diferencias entre las muchas películas que han seguidos estos pasos.

Y de nuevo tenemos que convenir que en Destino oculto el romance carece de verdadera fuerza, lo mismo que las fuerzas que intentan separar a los amantes, que jamás llegamos a percibir como una amenaza creíble. Ni el desarrollo de las distintas etapas del argumento tampoco es especialmente memorable. Hubiera sido mucho mejor dotar a los ángeles de la bondad que se les supone, como demostró el gran Frank Capra con su eterna Qué bello es vivir (1946), donde la presencia de lo sobrenatural encajaba en el argumento con una precisión maravillosa, no como aquí.

Y a pesar de todo, la película se deja ver con cierto interés. Y más que nada es por el buen hacer de Matt Damon y de Emily Blunt, una pareja que funciona de maravilla: él demuestra que tiene tablas de sobra tanto para el thriller o el film romántico, todo lo hace bien; ella porque es creíble, auténtica y muy guapa. Y además están acompañados de unos secundarios perfectos. y como añadido imprescindible, George Nolfi consigue sacar petróleo del guión gracias a una dirección muy sensata, que mantiene el ritmo constante. Lástima que la historia no termine de cuajar y que la intriga no resista ni cinco minutos, de haber tenido una historia mejor el resultado habría sido de nota.

Así que nos tendremos que contentar con un film ameno, con cierto toque original, pero que falla desde la base, con lo que no podemos sacar mucho más que un pasatiempo inocente y sin mucha sustancia.

martes, 10 de marzo de 2015

La profecía



Dirección: Richard Donner.
Guión: David Seltzer.
Música: Jerry Goldsmith.
Fotografía: Gilbert Taylor.
Reparto: Gregory Peck, Lee Remick, David Warner, Billie Whitelaw, Harvey Stephens, Leo McKern, Patrick Troughton, Robert Rietty, Martin Benson.

Kathy Thorn (Lee Remick) da a luz a un bebé que muere al poco de nacer. El padre Spiletto (Martin Benson) convence a su esposo Robert (Gregory Peck) para que adopte a un niño huérfano que reemplace la pérdida, ocultándole la verdad a Kathy. Todo transcurre con normalidad hasta el día en que el pequeño cumple cinco años.

Hay películas que, por alguna curiosa razón, adquieren una relevancia especial, quedando como hitos en la historia del cine. Dentro del cine de terror, hay tres títulos significativos relacionados, los tres, con el subgénero de la religión: La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968), El exorcista (William Friedkin, 1973) y La profecía (1976). De las tres, quizá ésta última sea la más floja, pero aún así obtuvo un gran éxito de público en su estreno y ha dado lugar a tres secuelas y un remake, todo un logro.

Nacida como consecuencia del intento de la Fox de repetir el éxito de El exorcistaLa profecía juega con la posibilidad de la llegada de un anticristo, predicho por las Escrituras Sagradas, cuya misión será controlar el mundo sembrando un reinado del mal. Literatura aparte, la base de la película, como lo había sido ya en La semilla del diablo y El exorcista, es crear un relato terrorífico centrado en la figura de un niño, lo cuál resulta mucho más inquietante y terrible. Lo más puro, lo más inocente como fuente del mal. ¿Cómo hacerle daño a tu propio hijo?, ¿cómo admitir que es la encarnación del mal?

Hay que admitir que el guión no es ningún prodigio. Partiendo de la base de que debemos, los no creyentes, hacer un esfuerzo para meternos dentro de la premisa principal del argumento, la historia en sí no resulta del todo coherente y en muchos casos el director va directo a lo que le interesa pasando por algunas escenas un tanto de puntillas.

Aún con las limitaciones y objeciones que podamos ponerle a la historia, Richard Donner juega sus cartas con bastante maestría. Con un ritmo pausado, el film arranca de una manera tranquila, casi bucólica en algunos momentos, no dando ninguna pista de por dónde van a girar los acontecimientos. Y cuando el mal comienza a hacer acto de presencia, será de una manera aparentemente accidental. Poco a poco, Donner va cerrando la trama, encerrando a los padres de Damien (Harvey Stephens), y a nosotros, en un ambiente amenazador, opresivo, peligroso, del que no saben muy bien cómo salir. Donner consigue, a base, eso sí, de algunas escenas un tanto macabras y que no reparan en detalles espeluznantes, ir aumentando la intensidad hasta momentos realmente sobrecogedores. Y todo ello admitiendo que, con el paso de los años, algunos efectos visuales han perdido la fuerza del día del estreno. Imaginemos el impacto de algunas secuencias en el público de 1976.

Pero quizá lo más impactante de todo sea el final, contraviniendo la fórmula del final feliz, algo bastante habitual en el cine de terror, y dejando un desenlace fatídico para los protagonistas que permite que la amenaza de un reino del mal quede suspendida en el aire como algo más que una posibilidad.

Para llevar adelante la película, Donner recurre a un ya maduro Gregory Peck y a Lee Remick como cabezas de cartel. Peck, sin estar brillante, cumple con solvencia en el quizá sea su último trabajo recordable; Lee Remick hace un buen trabajo, al igual que el secundario David Warner. Harvey Stephens, sin diálogos en casi todo el film, aporta su grano de arena con su rostro angelical y su inquietante sonrisa.

Un título clásico del cine de terror que, aunque hoy en día no asuste como antaño, sigue manteniendo una fuerza especial que hará que, salvando algunos detalles, pasemos un buen rato de miedo y sobresaltos.

Ganó el Oscar a la mejor banda sonora original.

sábado, 28 de febrero de 2015

Vinieron del Espacio (Llegó del más allá)



Dirección: Jack Arnold.
Guión: Harry Essex (Historia: Ray Bradbury).
Música: Irving Gertz y Henry Mancini.
Fotografía: Clifford Stine.
Reparto: Richard Carlson, Barbara Rush, Charles Drake, Joe Sawyer, Russell Johnson, Kathleen Hughes.

John Putnam (Richard Carlson), un astrónomo aficionado, y su novia Eilen (Barbara Rush) están contemplando las estrellas cuando, de repente, ven cruzando el cielo algo que parece un meteorito. Sin embargo, cuando John inspecciona el lugar donde impactó el objeto, descubrirá que se trata de una extraña nave extraterrestre.

Vinieron del Espacio (1953) es una de esas curiosas cintas de serie B que hoy en día miramos con una gran sonrisa en los labios. Intentamos no reírnos abiertamente de su argumento, fingimos sentir algo de miedo, pero en el fondo, nuestra mirada no es ni más que menos que la de cualquiera que se reencuentra con un viejo juguete de la infancia.

La ciencia ficción es un género que nos ha dejado auténticas joyas a lo largo de la historia. Pero por lo general, son películas que no han resistido demasiado bien el paso de los años. Al jugar con teorías futuristas y mensajes amenazantes sobre el destino de la humanidad, el paso del tiempo ha dejado muchas veces en evidencia sus lúgubres ensoñaciones. Y si nos remontamos a la época clásica del cine americano, nos podemos encontrar con rarezas como esta Vinieron del Espacio, pioneras del género y clásicas muestras de un pasado lleno de ingenuidad y simpleza.

Porque ingenuo y simple a más no poder es el argumento de esta película. Una raza extraterrestre que, camino de otro planeta, debe hacer un alto en la tierra por culpa de una avería. Y una vez aquí, mientras reparan la nave, secuestran a unos cuantos humanos como supuesta advertencia para que no se metan en sus asuntos. La verdad, es que, lo mires como lo mires, el argumento es increíble y un tanto absurdo. Pero imagino que en aquellos momentos y en películas de presupuestos más que limitados, la historia no daba para mucho más. De los diálogos se podrían decir muchas cosas, pero lo mejor será no hacer demasiada sangre con ellos; solo constataremos que, como todo en esta cinta, van directo al grano, sin sutilezas ni adornos. Solamente un par de frases (la alusión a la araña y la llamada al extraterrestre en el desierto) parecen destacar un poco en medio de un desierto de conversaciones un tanto rudimentarias. Y lo mismo pasa con los decorados, la música, la ambientación.... todo en esta película roza lo ridículo, pero siempre, y esto es importante, con un aire de seriedad, de dignidad. Es un film de escasos medios pero que se lo toma en serio. Incluso estaba dotado de tecnología 3D, una moda que parece volver a visitarnos de tanto en tanto.

Otra cosa es que el paso del tiempo le haya jugado una mala pasada, más casi que la escasez de recursos. Los efectos especiales son de lo más limitados y el monstruo extraterrestre es patético. Hemos de ser de los más benevolentes para intentar no partirnos de risa y seguir la historia con cierto interés. Historia que contiene, como suele ser habitual en el género, cierta moraleja, tan sencilla como la película misma, y es que la humanidad aún no está preparada para recibir cierto tipo de visitas.

En cuanto al reparto, más serie B: rostros poco conocidos con actuaciones un tanto acartonadas.

Y aún así, a pesar de todas las limitaciones y defectos de la película, uno termina reconociendo que ha pasado un buen rato, fruto sobre todo de la sonrisa de complicidad que nos despierta tanta ingenuidad, tanta sencillez. Es un film artesanal, rudimentario, y ahí radica su gracia. Hoy en día ya no lo vemos con la mirada de miedo y sorpresa que quería provocar en el espectador de su época, pero ha ganado cierto peso fruto precisamente de lo vulgar y ridícula que resulta hoy en día su antigua modernidad y sus modestas pretensiones.

Una curiosidad.

lunes, 23 de febrero de 2015

La pareja del año



Dirección: Joe Roth.
Guión: Billy Crystal & Peter Tolan.
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Phedon Papamichael.
Reparto: Julia Roberts, Billy Crystal, Catherine Zeta-Jones, John Cusack, Hank Azaria, Stanley Tucci, Christopher Walken, Seth Green.

Gwen (Catherine Zeta-Jones) y Eddie (John Cusack) eran unas estrellas del cine tocadas por la fortuna; sus películas eran un éxito de taquilla y su matrimonio era la envidia de todos. Pero en cuanto su relación se terminó, sus carreras se vinieron abajo. Ante el próximo estreno de su último trabajo juntos, el estudio intenta reunirlos de nuevo para salvar la película de un presumible nuevo fracaso.

Billy Cristal parece haber buscado con este guión, co-escrito con Peter Tolan, volver a reverdecer viejos éxitos en un terreno que conoce muy bien. Sin embargo, resulta complicado definir La pareja del año (2001). Uno se espera una comedia romántica más o menos al uso y se encuentra con una historia que por momentos roza lo absurdo, y no es fácil dirimir si todo es una gran broma o un tremendo patinazo.

La historia de La pareja del año, en un principio, no parece nada mala: usar el fracaso matrimonial de una pareja de actores para analizar el mundillo del cine, con sus egoismos y miserias, puede dar mucho juego. Sin embargo, el guión decide tomar un camino un tanto complicado, y deriva en seguida en una parodia cargada y cargante que cuesta tomarse en serio. Y no nos engañemos, la comedia es un género muy serio. Así que el guión, a base de diálogos mareantes, se va metiendo en una espiral de situaciones forzadas, chistes un tanto infantiles y una caricaturización para mí excesiva de los protagonistas, que hace que todo nos parezca una especie de gran bufonada, una tomadura de pelo que no hace demasiada gracia.

Para que no falte nada en el combinado, el guión plantea una historia de mayor imposible, platónico, un cuento de Cenicienta o del patito feo, siempre en un segundo plano que, a pesar de los desaires de su propia hermana y de que su amor platónico parece ignorarla, no pierde la fe en el amor ni la sonrisa ni la paciencia. Pero esta trama, lo mismo que la sátira del mundo del cine, tampoco termina de funcionar. Es todo tan... artificioso, tan ingenuo, tan predecible.... que no convence, hasta el punto que no se percibe ni un átomo de química entre la cenicienta Julia Roberts y el bueno de John Cusack. Sabemos cómo va a terminar su desencuentro inicial, su quiero y no puedo, pero nunca llegamos a sentir que tal atracción es auténtica, que el cuento es real. Para nosotros, sigue siendo un cuento.

Y es que incluso en la comedia, por lo general, la historia tiene que tener sentido, los personajes deben ser coherentes y las situaciones, convincentes. Y todo ello está aquí ausente.

Solo un reparto de lujo logra mantener a flote el tinglado. Y la verdad es que el mérito y el acierto de los actores está fuera de toda duda. Es tal su buen hacer que en muchas escenas logran el milagro de que nos olvidemos de lo ridículo del argumento y disfrutemos sencillamente de su talento. John Cusack es un actor excepcional, en cualquier registro o género que se le ofrezca. Y Billy Cristal nos vuelve a demostrar que en la comedia se mueve como pez en el agua. Catherine Zeta-Jones, además de estar preciosa, tiene mucho talento. Y Julia Roberts.... no lo hace nada mal, que no se me mal interprete, pero es que su encasillamiento comienza a resultar cargante. Estamos ya más que cansados de ver su cara de buena persona, su gesto de resignación, su sonrisa bobalicona... y no digo que sea mala actriz, que no lo es, pero la repetición cansa.

La pareja del año hubiera podido ser mucho más de lo que finalmente ofrece. Parece que sus guionistas han elegido el camino más sencillo, el del chiste fácil, el humor bruto y un buen reparto para conseguir el éxito. Al final uno tiene la impresión de que se ha tirado una posible buena idea a la basura.

domingo, 22 de febrero de 2015

Los mercenarios 2



Dirección: Simon West.
Guión: Richard Wenk, Sylvester Stallone (Historia: Ken Kaufman, David Agosto, Richard Wenk).
Música: Brian Tyler.
Fotografía: Shelly Johnson.
Reparto: Sylvester Stallone, Jason Statham, Dolph Lundgren, Terry Crews, Randy Couture, Yu Nan, Jean Claude Van Damme, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Chuck Norris, Jet Li, Liam Hemsworth, Scott Adkins, Charisma Carpenter.

Barney Ross (Sylvester Stallone) y su grupo de mercenarios reciben un encargo aparentemente sencillo: recuperar una misteriosa caja de los restos de un avión accidentado. Sin embargo, cuando parece que han terminado la misión, un peligroso terrorista, Villain (Jean-Claude Van Damme), les está esperando para arrebartarles la caja... y algo más.

El argumento de Los mercenarios 2 (2012) es lo de menos. Y mejor así, porque la trama de la película es absurda, tópica y predecible a más no poder. Lleno de lugares comunes, giros mil veces vistos en otros films, villanos de pacotilla, personajes que no son más que meros clichés andantes, parodiándose a sí mismos con descaro y escasa sutileza, un final más que esperado y sin la más mínima sorpresa... el argumento es un cúmulo de memeces sonrojante. Pero, ¿a quién le importa? Cuando uno se sienta en el sillón a ver una película como ésta es que ya asumido que va a presenciar un número circense a mayor gloria de los efectos especiales, la glorificación de la testosterona y el engrandecimiento de una violencia excesiva.

No puedo decir que la película me gustara. Tampoco puedo valorarla como un entretenimiento aceptable. La verdad es que tanta violencia gratuita es algo que debería repugnarnos. No termino de entender el motivo por el que nos escandalizamos ante un desnudo o una escena de sexo algo esplícita y sin embargo admitimos sin reservas el presenciar puñaladas brutales y muertes a mansalva como lo más natural del mundo. Pero el caso es que es así. Y si comprendemos que estamos ante un mero film de acción auto paródico, si admitimos que todo no es más que un cúmulo de coreografías más o menos acertadas y si reconocemos que tanta muerte por segundo termina por perder parte de su significado final para convertirse en un condimento más del cóctel, podemos terminar por dejar pasar la cinta como un pasatiempo insustancial, sin más.

Con todo, hay que reconocer que el ritmo es trepidante, los efectos especiales asombrosos y, sobre todo, el film se recrea en pequeños guiños al pasado de sus intérpretes que otorgan cierta pimienta al conjunto. Lástima que el humor no brille más, que no esté tan presente como las frases lapidarias tan poco afortunadas que pueblan unos diálogos pueriles. Sólo viendo la película como una burla de sí misma podemos entenderla y aceptarla.

En el reparto, los tipos duros de mucha serie B y viejas glorias reunidas en una especie de auto homenaje sensiblero. La verdad es que Stallone aún aguanta como tipo duro al lado, por ejemplo, de Jason Statham; lo mismo podríamos decir de Chuck Norris o Bruce Willis. Sin embargo, cuesta ver el declive físico de Jean Claude Van Damme, que compone un villano bastante convincente, eso sí.

En fin, algo debe tener esto del cine de acción cuando películas como ésta crean sagas, al igual que Rambo en su momento. No se si va con la naturaleza humana disfrutar con estos rituales guerreros, quizá sea cosa de nuestro pasado remoto. Pero, en sentido estricto, pienso que estos subproductos tienen muy poco de cine.

HappyThankYouMorePlease



Dirección: Josh Radnor.
Guión: Josh Radnor.
Música: JayMay.
Fotografía: Seamus Tierney.
Reparto: Josh Radnor, Kate Mara, Malin Akerman, Dana Barron, Richard Jenkins, Zoe Kazan, Tony Hale, Pablo Schreiber, Fay Wolf, Michael Algieri.

Sam Wexler (Josh Radnor), un escritor de relatos breves, acude un día a presentar su primera novela a una importante editorial. En el camino, se encuentra con Rasheen (Michael Algieri), un niño que se ha perdido de su familia en el metro. Para no dejarlo solo, Sam se lo lleva con él.

Ópera prima de Josh Radnor (Como conocí a vuestra madre) como director, que también firma el guión, HappyThankYouMorePlease (2010) cuenta nada menos que con el mérito de haber ganado el Premio del público a la Mejor Película en el festival de Sundance de 2010. No es una mala carta de presentación.

Lo primero que me gustaría destacar de la película es su aire de normalidad. HappyThankYouMorePlease, contradiciendo lo rebuscado y artificioso de su título, cuenta una historia sencilla, poblada de personas normales y con reacciones normales. Puede que para algunos todo sea demasiado normal en esta cinta, lo que hace que su tono en general sea un tanto plano, sin altibajos, sin golpes de ritmo o de acción que alteren un devenir bastante calmado, sereno, casi placentero. De ahí que no podamos definir a esta obra como una auténtica comedia, pues no se trata de una historia divertida, ni con detalles graciosos. Tampoco estamos ante un drama, pues los personajes no llegan a plantearnos o a vivir situaciones angustiosas. Pasan por problemas, es cierto, pero dado el tratamiento de Josh Radnor, nada parece irresoluble. Quizá también tengamos esa sensación porque prevemos un final feliz, y por ahí es por donde más le cuadra la etiqueta de comedia a esta película.

Radnor nos cuenta la historia de tres amigos y sus problemas de pareja. Los personajes, como decía, son personas normales, como cualquier amigo o vecino que podamos tener. Y sus problemas de relaciones también son comunes a la mayoría de los mortales: desde enamorarse de quién no debemos, pasando por la crisis del paso del tiempo, hasta la dificultad para comprometerse de Sam en relaciones serias y duraderas. La manera de contar estas historias es sencilla y directa, huyendo de dramas, de excesos y de pedanterías. Ello nos recompensa con un film ligero, agradable, por momentos inspirado... pero algo soso. Es la única e importante crítica que podemos hacerle a la propuesta de Radnor: todo es un poco light. Parece como si a la historia y sus personajes le faltase una vuelta de tuerca más, una mayor definición o profundidad, incluso algo que le de a la película más seriedad, pues tanta ligereza termina por hacer de estas historias un pasatiempo casi insustancial.

Josh Radnor puede que aspire a convertirse en el Woody Allen del nuevo siglo, al que hace referencia en un momento dado de la película. Algo de Allen se desprende de estas historias de Nueva York, de esa animadversión de Mary (Zoe Kazan) por California, del oficio de escritor de Sam y sus problemas con las mujeres, pero a Radnor aún le queda mucho camino que recorrer.

Lo mejor de todo, sin duda, el trabajo de un reparto casi perfecto. Zoe Kazan está espectacular, lo mismo que Pablo Schreiber o Malin Akerman, o el debutante Michael Algieri. Una pena, sin embargo, que sea el mismísimo Josh Radnor el que peor esté de todos, con cierta sobre actuación en momentos puntuales.

HappyThankYouMorePlease no es una obra perfecta, ni mucho menos. Pero por encima de sus defectos o carencias, he de reconocer que me gustó la sencillez de la propuesta, la honestidad de la misma y la manera natural y sincera en que el director ha llevado sus ideas a la gran pantalla, sin excesos y sin pedanterías. El resultado es un film que supera la media de comedias románticas y que aporta un soplo de aire fresco a un género a menudo demasiado artificioso. Lo sencillo y corriente aún tiene un hueco en el cine actual.

domingo, 15 de febrero de 2015

Asalto al distrito 13



Dirección: Jean-François Richet.
Guión: James DeMonaco.
Música: Graeme Revell.
Fotografía: Robert Gantz.
Reparto: Laurence Fishburne, Ethan Hawke, Maria Bello, Drea de Matteo, John Leguizamo, Aisha Hinds, Gabriel Byrne, Brian Dennehy, Fulvio Cecere, Kim Coates, Matt Craven.

Es el día de fin de año y también el último día para la comisaría del distrito 13, que cierra definitivamente. El sargento Jake Roenick (Ethan Hawke), el oficial Jasper OShea (Brian Dennehy) y la secretaria Iris Ferry (Drea de Matteo) piensan pasar una noche tranquila celebrando el año nuevo. Pero todo se tuerce cuando un autobús que llevaba a la cárcel a un peligroso delincuente tenga que refugiarse en la comisaría hasta que amaine el temporal.

Asalto al distrito 13 (2005), para quién no lo supiera, no es más que un remake del film de John Carpenter Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976), que a su vez se inspiraba en el western Río Bravo (1959) de Howard Hawks. Como se ve, la moda de hacer nuevas versiones de películas clásicas es tan antigua casi como el cine mismo. Sí que es verdad que últimamente, cuando el talento y la imaginación andan escasos, parece que Hollywood es más propenso a este tipo de tendencia, así como a secuelas, precuelas y sagas. Por desgracia, estas modas no suelen aportar nada realmente que valga la pena, que mejore a su modelo o que sorprenda por su originalidad. En Asalto al distrito 13 tenemos un buen ejemplo de ello.

La impresión que tuve durante la primera media hora de la película es que parecía casi una parodia o una especie de broma; tan mal estaba planteado el arranque del film, tan malos eran los diálogos y tan poco convincente era todo el montaje inicial. Durante ese parte de la película, Richet intenta ponernos en situación presentándonos a los personajes; sin embargo, es todo tan precipitado, tan rutinario, tan lleno de frases y situaciones hechas, tan banal, que personalmente me costaba tomármelo en serio.

Luego, la parte central, el asalto a la comisaría, tampoco es que nos depare nada realmente original. El hecho de reunir a los protagonistas en la comisaría previo el desarrollo del conflicto resulta un tanto forzado, en especial la presencia de la psicóloga Alex (Maria Bello), cuya llegada está claro que sólo tiene la función de aportar algo de tensión sexual entre tanta violencia, como también sucede con el personaje de Iris. El desarrollo del "sitio" tampoco aporta nada nuevo; todo en él es bastante predecible; así como forzado y muy poco creíble es que el sargento entregue armas a un grupo de delincuentes de los que se podría esperar cualquier reacción, en especial del mafioso Marion Bishop (Laurence Fishburne), un tipo que con sólo mirarle a los ojos ya te mueres de miedo.

Por culpa de un guión, como vemos, tan rematadamente malo, la película carece de una verdadera tensión. Todo, salvo el personaje de Maria Bello quizá, resulta bastante predecible y las reacciones de los sitiados carecen de fuerza y hasta de interés, en parte por la nula labor de presentación de los personajes, que quedan reducido a clichés sin mucho interés, en parte por unas carencias evidentes del director a la hora de dramatizar los miedos de los protagonistas y explotar convenientemente las posibilidades dramáticas de la situación.

Ante un guión tan poco inspirado, solamente nos queda un punto de salvación: que la parte meramente de acción esté resuelta con acierto. Pues no, de nuevo la película resulta decepcionante. En este caso por culpa del director, que no encuentra otro recurso para representar las escenas de acción que el mover la cámara como un poseso, confundiendo la confusión que produce esta técnica con tensión. Tampoco es demasiado creíble que los malos se dediquen a asaltar la comisaría de uno en uno, dando siempre la oportunidad a los sitiados de recomponer filas y defenderse con cierto orden.

Como es de esperar, el desenlace no solo no mejora todo lo anteriormente visto, sino que cae en vulgaridades bastante previsibles y muy poco afortunadas.

De tanta tontería junta quizá lo único que podamos salvar es el trabajo de Laurence Fishburne, que compone a un villano de lo más convincente. Ethan Hawke no hace el mejor trabajo de su carrera, aunque tampoco defrauda. Del resto, ya no podemos decir lo mismo, con algunas secuencias en las que alguno se pasa bastante sobreactuando.

Definitivamente, una mala película. El planteamiento puede parecer algo forzado, es verdad, pero también lo es que la historia daba muchísimo más de sí de lo que Richet y su equipo han sabido sacar.