El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

martes, 26 de mayo de 2015

Así es el amor



Dirección: Tommy O'Haver.
Guión: R. Lee Fleming Jr.
Música: Steve Bartek.
Fotografía: Maryse Alberti.
Reparto: Kirsten Dunst, Ben Foster, Sisqó, Martin Short, Melissa Sagemiller, Shane West, Colin Hanks, Swoosie Kurtz, Carmen Electra, Ed Begley Jr., Zoe Saldana, Mila Kunis, Christopher Jacot.

Berke Landers (Ben Foster) está profundamente enamorado de Allison (Melissa Sagemiller), su primer y único amor. Sin embargo, la vida perfecta de Berke cambia radicalmente cuando Allison decide cortar con él.

Así es el amor (2001), a primera vista, no parece prometer gran cosa. Se trata, en apariencia, de la típica comedia romántica juvenil, con lo que me esperaba un film un tanto empalagoso, sin demasiada originalidad y algo bobalicón. Pero bueno, sin llegar a brillar de un modo especial, he de reconocer que la impresión final fue bastante más positiva de lo que me esperaba.

En principio, el argumento de Así es el amor no parece ser muy novedoso: un joven enamorado sufre el dolor de comprobar cómo su amada decide dejarlo plantado de repente. Él, convencido de la fuerza de su amor, decide que tiene que hacer todo lo que pueda para recuperarla, aunque ello le lleve a apuntarse a una comedia musical del instituto, a pesar de sus nulas cualidades como cantante y actor.

Todo podría haber transcurrido dentro de una línea más o menos convencional sino fuera porque pronto descubrimos que el guión prefiere tomarse todo a la ligera, con muchos toques transgresores e incluso surrealistas. Es este punto de vista tan irreverente el que le da a la comedia un tono alegre, desenfadado y un tanto irreal, de manera que de repente dejamos de interesarnos realmente por el devenir amoroso de los protagonistas (es muy fácil adivinar el desenlace amoroso de la historia) para disfrutar sencillamente con una serie de situaciones bastante logradas y, sobre todo, con unos cuantos personajes secundarios verdaderamente originales. En especial, cabría destacar al Dr. Desmod Forrest-Oates, el estrafalario director de la comedia musical, genialmente encarnado por un delirante Martin Short; su personaje, que podría convertirse en cargante casi sin querer, en sus manos es un maravilloso chiflado que bascula entre el divismo y cierta ternura un tanto disimulada. Otra pareja brillante, por lo surrealista de su liberalismo, son los padres de Berke, muy convincentemente interpretados por Swoosie Kurtz y Ed Begley Jr.

A estos personajes tenemos que añadir algunos detalles curiosos, sorprendentes, bastante cómicos en algún momento, que dejan aquí y allá momentos muy originales que son los que sacan a Así es el amor de los caminos más previsibles, haciéndonos disfrutar de alguna que otra grata sorpresa.

Entre los protagonistas, quizá Ben Foster esté un punto por debajo de lo esperable. Es un actor sin un carisma especial y queda algo apagado al lado de una encantadora Kirsten Dunst, especialmente brillante en su numerito musical. Como curiosidad, mencionar que Felix, el amigo de Berke y hermano de Kelly (Kirsten Dunst) no es otro que el hijo de Tom Hanks, Colin Hanks, aceptable en su papel.

Es verdad que el guión no logra evitar caer en algunos chistes un tanto burdos y que podrían haberse evitado fácilmente. Pero es que Así es el amor da la impresión de que iba para comedia más o menos al uso pero que, por algún extraño motivo, se fueron colando en el guión algunos detalles y algunos personajes que terminan por crear un film un tanto sorprendente, alegre y desenfadado que me dejó con una grata sensación de felicidad. Al menos, tuvo la virtud de desligarme completamente de la realidad y llevarme a una fantasía intrascendente muy gratificante. Sin ser una maravilla, resultó un entretenido pasatiempo.

lunes, 18 de mayo de 2015

Caravana de paz



Dirección: John Ford.
Guión: Frank S. Nugent y Patrick Ford.
Música: Richard Hageman.
Fotografía: Bert Glennon (B/N).
Reparto: Ben Johnson, Joanne Dru, Harry Carey Jr., Ward Bond, Alan Mowbray, Jane Darwell, Charles Kemper, Russell Simpson, James Arness.

Travis (Ben Johnson) y Sandy (Harry Carey Jr.), dos tratantes de caballos, aceptarán servir de guías de una caravana de mormones que se dirigen al Oeste, al valle del río San Juan, para comenzar una vida.

Caravana de paz (1950) no figura entre los títulos más conocidos y populares de John Ford. Podríamos pensar con ello que estamos ante un western menor dentro de su filmografía. Y tal vez para muchos lo sea; sin embargo, viniendo de Ford, no es de extrañar que nos llevemos una grata sorpresa.

En algunos aspectos, Caravana de paz guarda algunas similitudes con La diligencia (1939). En ambas, Ford analiza a un grupo de gentes de muy diversa condición que por el azar y la necesidad se ven obligadas a compartir viaje. Y no es un análisis amable, ni mucho menos. Lejos de estereotipos o miradas complacientes, el director muestra la grandeza y también la vileza del alma humana, juntas muchas veces, siempre tal vez, dentro de una misma persona. Así, los mormones, fervientes puritanos, expulsados de la civilización por ser diferentes, han de marcharse al Oeste en busca de una tierra virgen en la que poder asentarse y vivir en paz. Pero esos mismos mormones no dudan en despreciar al feriante y sus dos acompañantes por impuros y borrachos. La secuencia en la que el mormón prefiere tirar el agua que quería utilizar el feriante antes que reutilizarla es suficientemente explícita. Nadie está pues libre de prejuicios.

Quizá la mirada más amable sea la que hace de los indios quienes, a pesar de haber sigo engañados repetidas veces por el hombre blanco, se muestran hospitalarios con la caravana.

Uno de los grandes aciertos de la película es la magnífica caracterización de los principales protagonistas de la historia, algo muy típico del director y que sin duda contribuye de manera muy importante al buen funcionamiento de la película, ya que nos sentimos mucho más cercanos a unos personajes que comprendemos bastante bien. Y todo ello merced a unos sencillas y precisas pinceladas que en un instante caracterizan con precisión a los actores de este viaje.

Es cierto que la película carece de la épica o el ritmo de otras obras de Ford. En ésta, el director parece más comedido y prefiere una narración más pausada, sin grandes momentos de tensión. El viaje de la caravana transcurre con cierta placidez. Incluso la aparición de los Clegg, la familia de ladrones y asesinos, se presenta con cierto aire de tranquilidad. Es la nota predominante de la película, que sólo estalla en un arrebato de violencia en el tramo final, tan sorprendente que casi nos pilla por sorpresa.

Con un reparto sin grandes estrellas, sí que reconocemos a algunos de los secundarios habituales del director y su magnífica dirección de actores, con un toque especial en cuanto se refiere a la figura femenina, aunque en este caso su rol es mucho más secundario que en otros títulos del director.

Caravana de paz es, en definitiva, un genuino western de John Ford. Con ello queremos decir que no defraudará en absoluto a los seguidores del genial director, y para aquellos que lo descubran con esta película, seguro que les anima a ahondar en la extensa filmografía fordiana.

domingo, 17 de mayo de 2015

Step Up. Bailando



Dirección: Anne Fletcher.
Guión: Duane Adler, Melissa Rosenberg (Historia: Duane Adler).
Música: Aaron Zigman.
Fotografía: Michael Seresin.
Reparto: Channing Tatum, Jenna Dewan, Rachel Griffiths, Mario, Drew Sidora, Heavy D, Damaine Radcliff, De'Shawn Washington, Josh Henderson, Deirdre Lovejoy, Alyson Stoner.

Tyler Gage (Channing Tatum), un huérfano de los bajos fondos, que se gana unos dólares robando coches con un par de amigos, es arrestado un día en que los tres compinches entran en la Escuela de Artes y destrozan parte del decorado del salón de actos. El juez le sentencia a doscientas horas de servicios sociales en dicha escuela.

No se puede decir que Step Up. Bailando (2006) destaque especialmente por su guión. En realidad, la historia que nos cuenta no es en absoluto novedosa: un joven rico y una hermosa chica de buena familia que se conocen gracias a su amor por el baile y que, desde dos mundos opuestos, terminan enamorándose. Y es que se podría resumir el guión como una sencilla historia de amor. Y como en toda historia de amor que se precie, los enamorados deberán superar varios escollos y decisiones erróneas hasta el esperado final feliz, donde triunfará su amor.

Como se ve, en apariencia un film bastante previsible que adorna el romance con un trasfondo de baile, lo que siempre funciona bastante bien para dar un buen decorado a la historia central.

Pero nos equivocamos si sólo vemos lo obvio en esta película. Y aquí está la valía de Step Up, que sabe dotar a un argumento bastante visto algunos detalles que le dan entidad e interés.

En primer lugar, Fletcher decide darle los papeles protagonistas a dos bailarines, lo que hace que las escenas de baile resulten realmente espectaculares. Ello, eso sí, hace que en algunas escenas se note que no estamos ante actores profesionales. Aún así, es un mal menor que se lleva bastante bien.

Otro de los aciertos, desde mi punto de vista, es no abusar de los números de baile, que no abundan y son sólo una parte de la historia, complementándola. De esta manera, tenemos una película que no necesita recurrir a vistosas coreografías para tapar otras carencias argumentales. En este caso, el argumento no necesita ayudas externas, pues tiene la entidad suficiente, merced a un buen guión que cuida los detalles, el diseño de los personajes, el entorno en que se mueven. Así, no tenemos como protagonistas a meros guaperas que nos encandilen con sus bailes y sus besos; son personajes complejos, con su pasado, sus aspiraciones y sus luchas contra el entorno, mucho más allá de meros clichés. Step Up nos quiere contar algo, si bien no de un modo demasiado profundo, pero sí que se percibe el interés por trascender el mero romance entre jovencitos y contar algo más.

Así, la película nos habla de los bajos fondos, de los problemas de los barrios marginales, que meten a sus jóvenes en una espiral de rutinas vacías, trapicheos y ninguna esperanza en el futuro. También se tratan los problemas familiares, las ambiciones, las traiciones, el sentido de la lealtad, etc. En resumen, el gran acierto de Step Up es haber sabido arropar convenientemente una historia sencilla, buscando ofrecer algo más que la fórmula más evidente y trillada de un relato del amor juvenil.

Estamos ante una película amena, con buen ritmo, bien contada, sin excesos pero intensa por momentos y que nos deja unas muy buenas sensaciones y la certidumbre de que se puede dignificar cualquier temática siempre y cuando se apliquen el sentido común y un respeto por este arte que es el cine.

sábado, 16 de mayo de 2015

The Code



Dirección: Mimi Leder.
Guión: Ted Humphrey.
Música: Atli Örvarsson.
Fotografía: Julio Macat.
Reparto: Morgan Freeman, Antonio Banderas, Radha Mitchell, Rade Serbedzija, Robert Forster, Tom Hardy.

Keith Ripley (Morgan Freeman), un veterano ladrón de obras de arte, necesita un compañero para su próximo golpe y se fija en el joven Gabriel Martín (Antonio Banderas), un delincuente callejero.

Las películas de atracos giran en torno a unos parámetros un tanto limitados y que se han visto expuestos en infinidad de films: la aparente imposibilidad para cometer el atraco, debido a fuertes y sofisticadas medidas de seguridad y la sorprendente capacidad de los ladrones para salirse con la suya a pesar de todas las dificultades. La clave está pues, no en buscarle tres pies al gato, sino en crear unos personajes y un ritmo lo suficientemente atractivos para que los lugares comunes del argumento pierdan relevancia y se centre nuestra atención en otras cosas. Recientemente hemos visto propuestas no demasiado originales pero que salvan los muebles por una impecable y atractiva puesta en escena. Eso, o jugar con el espectador a base trampas y engaños, que suele ser el recurso más sencillo pero también el menos brillante. Y es por esta segunda alternativa que opta The Code (2009), un film con un argumento tramposo y falso a más no poder. Lo bueno es que es algo que nos olemos desde el principio, con lo que no nos va a defraudar por mentiroso, ya que lo sospechábamos. Lo malo, su única baza: la sorpresa final, el truco de magia que debía dejarnos con la boca abierta mientras se encienden las luces, no causa el mínimo efecto por haberlo anticipado ya. Sólo sentimos cierta confusión por la proliferación de nombres, engaños y personajes en un desenlace algo chapucero y muy poco vistoso.

¿Que nos queda entonces, si nos olvidamos de las mentiras y trampas del guión? pues muy poquita cosa. Y es que el argumento no solo es falso, sino que carece de originalidad. Los personajes protagonistas son rutinarios, estereotipados; la chica es un mero elemento decorativo para alternar el ritmo del robo con algo de romance y sexo light; el desarrollo es bastante previsible y sin mordiente; los momentos de auténtica emoción no existen, en ningún instante sentimos preocupación por el futuro de los protagonistas, ni siquiera cuando la mafia rusa y un poli resentido aumentan sus amenazas... en definitiva, una película bastante plana y sin demasiado talento. Todo se limita a acumular momentos previos al robo, ver el desarrollo del mismo y cómo los ladrones sortean las medidas de seguridad y esperar el final feliz, que se adivina desde el minuto uno.

Lo único que nos puede interesar en The Code es la presencia de Morgan Freeman, un actor que en sí mismo es una garantía de buen hacer, y de un acertado Antonio Banderas, algo encasillado en el rol latino, pero convincente. Incluso los actores secundarios son otro ejemplo de una película que no cuidó mucho los detalles.

Hasta tal punto se trata de film menor que salió directamente en los Estados Unidos en el circuito del DVD, sin pasar por las salas. Con ésto está dicho todo.


viernes, 15 de mayo de 2015

París, Texas



Dirección: Win Wenders.
Guión: Sam Shepard.
Música: Ry Cooder.
Fotografía: Robby Müller.
Reparto: Harry Dean Stanton, Nastassja Kinski, Dean Stockwell, Aurore Clément, Hunter Carson, Bernhard Wicki.

Un hombre vaga solo por el desierto sin rumbo fijo, sin alimentos, sin agua. Al llegar a un miserable bar, toma un poco de hielo y se desmaya.

París, Texas (1984) es una película única, asombrosa. Es un relato que entra por los ojos, por los oídos, por la piel, y ya no te abandona.

Pocas películas cuentan tantas cosas de un modo tan sobrio, tan escueto. Pocas películas son tan sencillas en estructura y tan complejas a la vez. Con una lucidez especial, Win Wenders, gracias a un guión soberbio de Sam Shepard, nos brinda uno de los más íntimos y conmovedores relatos del amor imposible, del poder destructivo de un amor desmesurado, de la soledad y la locura, de la necesidad de amar y ser amado y de la renuncia, finalmente, en un ataque de cordura.

París, Texas es un viaje a las entrañas de Travis (Harry Dean Stanton), un hombre marcado por su familia y, especialmente, por el amor desatado por una hermosa mujer (Jane-Nastassja Kinski), mucho más joven que él, que termina por provocar su separación. Travis, fruto de su fracaso con Jane, termina vagando por el desierto, huyendo de la sociedad y de sí mismo, perdido para siempre en medio de la nada, caminando con la obsesión de un loco que no tiene a dónde ir. Con esta imagen poderosa, hipnótica, de Travis perdido en medio del polvo y el sol, arranca esta precioso relato, cargado de ternura, de cariño, de comprensión, que nos lleva a visitar regiones del alma realmente tenebrosas. Porque es difícil explicar el por qué el ser humano puede destruir lo que más quiere. Por qué tenemos que complicar a veces lo que debería ser muy sencillo. Pero así es la naturaleza humana y así la retrata Wenders, lejos de dramatismos, con una sencillez abrumadora, con una sensibilidad exquisita.

Y es que París, Texas es un deleite para los sentidos: el ritmo pausado, pero cautivador de la narración; la banda sonora tan poderosa y tan sugerente de Ry Cooder; la fascinante utilización del color gracias a una fotografía fantástica de Robby Müller... todo en esta película es delicado y maravilloso, lo que se explica en parte por ser Wenders un director europeo, con un lenguaje y un estilo muy alejados de prototipo americano.

Y este talento peculiar del director parece contagiar al reparto, un tanto atípico, pero que ofrece un trabajo espectacular. Harry Dean Stanton, encumbrado al papel protagonista, realiza aquí uno de sus mejores trabajos, sin duda alguna, rebosando naturalidad y una sensibilidad que se contagia al público. Nastassja Kinski nunca ha estado tan arrebatadamente hermosa, dejándonos sin palabras ante el suave resbalar de las lágrimas por su rostro. Y la misma naturalidad apabullante de Stanton la encontramos en Dean Stockwell, Aurore Clément y hasta en el pequeño Hunter Carson. Un prodigio de reparto al servicio de un film especial.

Sin duda una obra diferente, que invita a la reflexión, a la introspección y a disfrutar de un cine como pocas veces seremos invitados a contemplar. Imprescindible y única.

París, Texas ganó muchos premios europeos, entre ellos la Palma de Oro de Cannes.

sábado, 9 de mayo de 2015

Scoop



Dirección: Woody Allen.
Guión: Woody Allen.
Música: Varios.
Fotografía: Remi Adefarasin.
Reparto: Woody Allen, Scarlett Johansson, Hugh Jackman, James Nesbitt, Ian McShane, Romola Garai, Kevin McNally.

Sondra Pransky (Scarlett Johansson), estudiante de periodismo, recibe la visita del más allá un famoso periodista recién fallecido (Ian McShane), que le anuncia una verdadera primicia: el aristócrata Peter Lyman (Hugh Jackman) es un famoso asesino en serie conocido como el Asesino del Tarot.

Tras Match Point (2005), un film que salía de la habitual línea cómica de Allen, y convencido por Scarlett Johansson, deseosa de repetir experiencia con el director, Woody Allen vuelve a la comedia sin abandonar, eso sí, la capital británica.

Lo mejor de Scoop (2006) es sin duda el propio Woody Allen en su doble vertiente de guionista e intérprete de este film sencillo, divertido y ligero que nos trae de nuevo al humorista brillante y obsesivo de los mejores films de Allen.

Scoop es, ante todo, una pura fantasía. Woody Allen se ha ganado el derecho a ser todo lo iconoclasta e imaginativo que quiera ser. Puede parecer un bufón, pero sin duda con clase.

El arranque de Scoop es una pura locura donde el director homenajea a su admirado Bergman con la figura de la muerte y donde vuelve a recurrir al mundo de la magia, que parece fascinarle especialmente. Con estos dos elementos, Allen construye una trama dominada por el crimen y el misterio que hace inevitable que nos acordemos de Misterioso asesinato en Manhattan (1993), pues tanto la trama como el tono son en ambos casos muy parecidos. Aunque hemos de aclarar desde ahora que el argumento en sí mismo, muy esquemático y previsible, es en realidad lo de menos. No podemos esperar una intriga demasiado elaborada, porque no es lo que se pretende en absoluto. Scoop es una comedia y lo importante es, una vez más, disfrutar con el universo del director, con sus personajes estrafalarios, su humor negro, sus fobias y sus peculiares puntos de vista. Y es dentro de este registro donde podemos disfrutar con lo mejor de Woody Allen, siempre ingenioso a pesar de que sus chistes ronden los mismos lugares de siempre.

Me gustaría destacar principalmente el personaje de Allen, un atolondrado mago de segunda fila lleno de encanto y que además hace una pareja perfecta con la radiante estudiante de periodismo encarnada por la bellísima Scarlett Johansson. Ambos forman una pareja genial que lleva el peso de la película de una manera asombrosa, con naturalidad, gracia y un encanto especial. Con ellos dos en pantalla los minutos se pasan volando y lo disparatado del argumento resulta encantadoramente plausible.

Sin duda, lo mejor de la película está en los diálogos. El cine de Woody Allen siempre se caracterizó por unos diálogos inteligentes, agudos, ingeniosos y sorprendentes. Y de nuevo nos encontramos con la mejor versión del cómico neoyorkino, que vuelve a repasar sus obsesiones más recurrentes: la muerte, la religión, la comida y, de paso, ya que estamos en Londres, Allen nos deleita con algunas críticas hacia las peculiaridades del modo de vida inglés. Todo lleno de gracia, de ingenio, con una frescura que hacía tiempo que no disfrutábamos.

Scoop no es una obra maestra, pero sí que es una comedia acogedora, simpática, amable e inteligente.   Y me parece que son atributos más que suficientes. Me hizo pasar un rato más que divertido.

sábado, 11 de abril de 2015

El último hombre... vivo



Dirección: Boris Sagal.
Guión: John William Corrington (Novela: Richard Matheson).
Música: Ron Grainer.
Fotografía: Russell Metty.
Reparto: Charlton Heston, Anthony Zerbe, Rosalind Cash, Paul Koslo, Lincoln Kilpatrick, Eric Laneuville.

A raíz de una terrible guerra bateriológica entre Rusia y China, la población mundial muere o enferma gravemente, convirtiéndose en enfermos crónicos de aspecto terrible. El coronel Neville (Charlton Heston), que estudiaba una vacuna contra la epidemia, logra sobrevivir al inyectarse una dosis aún experimental.

El último hombre... vivo (1971) es un film de ciencia-ficción apocalíptico que uno adivina que hubiera podido dar mucho más de sí. Sin embargo, un guión terrible, un director malísimo y un apego a las modas de los años setenta convierten esta película en algo cuando menos risible.

La película se basa en la novela Soy leyenda de Richard Matheson, que ya había dado origen a un par de films anteriormente, como El último hombre en la tierra (Sindey Salkow y Urbaldo Ragona, 1964) y La noche de los muertes vivientes (George A. Romero, 1968). Sin embargo, John William Corrington se toma aquí algunas licencias, la más notable es la de convertir a los vampiros de la novela en una extraña secta de enfermos descoloridos que no soportan la luz del sol.

El último hombre... vivo destaca ya desde el comienzo como un film extraño. Que en una ciudad debastada, poblada de cadáveres y de extrañas criaturas enfermas, como veremos enseguida, el protagonista se dedique a deambular como un idiota con su descapotable soltando frases estúpidas es, al menos, desconcertante. Pero la cosa no va a mejorar con el paso de los minutos, sino que seguirá de mal en peor. ¿La culpa?, básicamente de un guión absurdo y estúpido que arruina las posibilidades de una idea no demasiado mala. Pero entre unos diálogos absurdos, unos personajes que no terminan de convencernos, un desarrollo cutre y torpe, con situaciones casi incomprensibles cuando no absurdas (Neville prefiere jugar al ajedrez mientras los infectados sitian su casa en lugar de hacerles frente), unos villanos que son una especie de secta anti-progreso que causan más pena que miedo y un héroe que no termina de caernos bien... al final tenemos un film surrealista que nos entretiene en parte por risible y en parte por intentar ver en qué desemboca tanta estupidez.

Además, tenemos que añadirle una escasez de recursos alarmante, de manera que más que un holocausto mundial, parece que asistimos a una crisis de barrio cutre y mal montada. Y como guinda, una banda sonora ridícula que no cuadra con las imágines y termina por crear un espectáculo visual bastante pobre.

De parte del reparto, poco que reseñar. Contamos con la presencia de Charlton Heston como principal aliciente. Pero Heston, no nos engañemos, no es un gran actor; sin embargo, tenía su cartel como tipo duro forjado en películas de la talla de Ben-Hur (William Wyler, 1959) o El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968), lo que parecía hacerlo bastante recomendable en cierto tipo de proyectos; pero ni era un gran actor ni sabía elegir bien sus películas, como demuestra el ejemplo que nos ocupa. Su trabajo aquí se reduce a poner poses atormentadas y a lucir físico. El resto de actores no dan la talla mínimamente, con trabajos mecánicos muy poco convincentes.

Film por lo tanto de escaso mérito, tanto argumental como de puesta en escena, que además ha envejecido pésimamente. El supuesto miedo que debía provocarnos se convierte en risas y extrañeza ante un espectáculo bastante pobre e incoherente. Sólo para curiosos en busca de rarezas.