El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Tienda de locos



Dirección: Charles Riesner.
Guión: Sid Kuller, Hal Filmberg y Ray Golden.
Música: Sid Kuller, Ray Golden, Hal Borne, Milton Drake y Artie Shaw.
Fotografía: Charles Lawton.
Reparto: Groucho Marx, Chico Marx, Harpo Marx, Tony Martin, Virginia Grey, Margaret Dumont, Douglass Dumbrille, Virginia O'Brien, Henry Armetta.

Tommy Rogers (Tony Martin), un conocido cantante, acaba de heredar la mirad de los Almacenes Phelps, pensando vender su parte para costear una reforma de un conservatorio de música. Temiendo que su vida corra peligro, la otra heredera de los almacenes, Martha Phelps (Margaret Dumont), decide contratar a un detective privado que lo proteja.

Tienda de locos (1941) iba a ser la última película de los Hermanos Marx en el cine. De hecho, ellos mismos así lo anunciaron antes del rodaje de la película. Los Marx ya tenían cierta edad y económicamente no necesitaban seguir haciendo películas, algo de lo que parecían ya cansados. Solamente la penosa situación económica de Chico hizo que decidieran rodar dos películas más, Una noche en Casablanca (Archie Mayo, 1946) y Amor en conserva (David Miller, 1949), con la presencia de Marilyn Monroe, lo que llevaba a Groucho a afirmar que ellos eran sus verdaderos descubridores.

Tienda de locos pertenece a la etapa de los Marx en la Metro. Como es sabido, bajo esta productora sus películas se domesticaron bastante, con unos guiones más estructurados y donde a sus locuras siempre les acompañaba ya una historia romántica. Para muchos, todo ello amordazó un poco su humor más salvaje e irreverente de la etapa de sus primeros films con la Paramount.

Y la verdad es que el guión de Tienda de locos no es muy diferente de otros anteriores, con los Hermanos Marx intentando ayudar a una pareja de enamorados en apuros, en este caso el heredero de unos grandes almacenes y su novia Joan (Virginia Grey), una empleada de los mismos. Este escueto argumento es el pretexto para que se desplieguen todas las locuras y bromas de los Marx, amén de una espectacular secuencia de persecuciones en los almacenes que es la culminación de todas las bromas desatadas por los cómicos.

Sin ser una de las más memorables películas de los Marx, Tienda de locos tiene algunas secuencias dignas de ser recordadas, como aquella en el despacho del detective Wolf J. Flywheel (Groucho) o la mencionada de la persecución final, además de algunas geniales frases del siempre sorprendente Groucho (Solo lo barato no sale caro). Y tampoco debemos olvidar el conocido coqueteo de Groucho con la maravillosa Margaret Dumont.

También es cierto que en este caso los números musicales son más numerosos y extensos que en otras películas, algo que no me encanta precisamente, además de ser donde más se nota el envejecimiento de la cinta. Sin duda, eran un elemento que servía para alargar la cinta, además de sacar partido a la presencia de Tony Martin, famoso cantante norteamericano.

Sin embargo, lo que es evidente es que, a pesar del tiempo transcurrido, aún hoy en día el humor surrealista y disparatado de los Marx sigue resultando fresco, sorprendente y maravilloso. Un humor personal e irrepetible que nadie ha sido capaz de imitar.

martes, 9 de febrero de 2016

Ejecutiva en apuros



Dirección: Jonas Elmer.
Guión: C. Jay Cox y Ken Rance.
Música: John Swihart.
Fotografía: Chris Seager.
Reparto: Renée Zellweger, Harry Connick Jr., Siobhan Fallon, J.K. Simmons, Mike O'Brien, Frances Conroy, Ferron Guerreiro.

Lucy Hill (Renée Zellweger) es una ambiciosa ejecutiva de una importante compañía con sede en Miami. Un día su jefe le encarga trasladarse a Minnesota con el fin de llevar a cabo la reestructuración de una de sus fábricas, despidiendo a la mitad de la plantilla.

Ejecutiva en apuros recuerda, salvando las distancias, a Bienvenidos al norte (Dany Boon, 2008), en el sentido de que en ambos casos se plantea un choque de culturas y mentalidades. En esta ocasión es una ejecutiva urbanita y sofisticada la que debe cambiar el sol y las ventajas de la vida en una gran ciudad por el frío, la nieve y la vida rural de un pequeño pueblo de Minnesota.

Así, parte de la trama consistirá en el choque inicial de ambas culturas para, progresivamente, asistir a la transformación de Lucy, seducida por la amabilidad y la simplicidad de la vida en el norte.

La otra historia de Ejecutiva en apuros se centra en el romance entre Lucy y Ted (Harry Connick Jr.), también con un comienzo desastroso que el roce y la atracción mutua irán suavizando.

El principal inconveniente de Ejecutiva en apuros (2009) es que, como se puede comprobar, nada resulta demasiado original en esta historia; por lo que es fácilmente previsible el desarrollo y desenlace de la misma. Ya que no hay sorpresas en el guión, queda ver cómo se desenvuelve en cuanto a comicidad. Y en este punto, la película tampoco destaca especialmente. No hay situaciones muy cómicas y las pocas que se dan tampoco se aprovechan demasiado bien. Planteada esencialmente para el lucimiento de Renée Zellweger, parte de la gracia intenta obtenerse al poner a su personaje en situaciones un tanto apuradas, bien por no vestir apropiadamente con la realidad del norte, bien explotando su torpeza y altanería iniciales. La segunda baza de la historia está en explotar las peculiaridades de los habitantes de New Ulm, pero tampoco aquí destaca la originalidad ni la gracia del guión, de manera que son raras las ocasiones que tenemos de sacar a pasear una sonrisa.

Quizá lo mejor que podemos decir de la película es que, a pesar de su previsibilidad y poca gracia, resulta que al final entretiene. Tal vez porque no pretende forzar ninguna situación, no cae en el humor chabacano y los protagonistas resultan bastante simpáticos. El caso es que se ve con cierto agrado y la historia pasa con bastante agilidad.

Donde quizá pueda resultar del todo inverosímil es en cuanto al mensaje positivo que quiere trasmitir en el plano laboral. Por desgracia, cuando una compañía decide optimizar costes no suele andarse con rodeos y mucho menos repara en cuestiones sentimentales. La actitud emprendedora de Lucy intentando salvar la fábrica y con ello al pueblo de New Ulm queda muy bien en una comedia optimista, pero no es muy creíble.

En todo caso, la película no tuvo muy buena acogida, ni por el público ni por la crítica, quedando como una de tantas comedias bienintencionadas que pululan pos ahí.

Winter's Bone



Dirección: Debra Granik.
Guión: Debra Granik, Anne Rosellini (Novela: Daniel Woodrell).
Música: Dickon Hinchliffe.
Fotografía: Michael McDonough.
Reparto: Jennifer Lawrence, Isaiah Stone, Ashlee Thompson, Valerie Richards, Shelley Waggener, Garret Dillahunt, John Hawkes, Kevin Breznahan.

Ree Dolly (Jennifer Lawrence) es una joven de diecisiete años que tiene que cuidar de su madre enferma y sus dos hermanos pequeños. Cuando su padre, tras salir de la cárcel, desaparece sin dejar rastro, Ree y su familia ven peligrar su casa, pues su padre la había puesto como garantía de su libertad condicional. Para Ree es vital encontrarlo.

Winter's Bone (2010) fue una grata sorpresa en su momento, un film independiente que logró infinidad de premios y nada menos que cuatro nominaciones los Oscar.

Debra Granik nos sirve un thriller rocoso, duro, seco, sin concesiones. Una intriga despojada de todo adorno que nos ofrece un retrato casi documental de la vida en una zona rural de Missouri; una América profunda, violenta y hermética. En un decorado de chabolas y basura, el relato de la búsqueda de Ree para no perder su casa, está contado con frialdad y precisión, desalojado de cualquier concesión. Granik nos introduce en un mundo de seres marginales que viven al margen de todo, consumiendo alcohol, cultivando droga e imponiendo una ley del silencio estricta, que no distingue adultos de jóvenes, extraños de familiares.

En Winter's Bone se masca la tensión, la desconfianza, el miedo, la violencia siempre al acecho, las miserias y la vida como algo injusto, duro y sin vuelta de hoja. Y es en esta descripción de esa América profunda donde destaca especialmente el relato de Granik, imponiéndose a la intriga, siempre presente como hilo conductor imprescindible. Como decía más arriba, la película se parece más a una especie de film documental que a una obra de ficción. Es imposible pensar que esos personajes y esas vidas no sean tan reales como parecen.

Y Granik no necesita recurrir tampoco a una violencia física detallada, carnal, sangrante. La violencia  flota en el ambiente, está en cada mirada, en la vida marginal de esas gentes, en su renuncia a cualquier esperanza, a rendirse a las drogas. Admirablemente, la directora evita mostrar directamente los momentos, escasos, de violencia física, demostrando que no hace falta volverse visceral para impresionar, para asustar, para conmover. La secuencia en la barca, evitando los morboso, nos pone igualmente los pelos de punta. Para llegar a ello hace falta talento y es evidente que lo hay, por parte de Granik y de Jennifer Lawrence.

Gran parte del mérito de tal verosimilitud está sin duda en un reparto realmente excelente donde absolutamente todos actores están perfectos. Lógicamente, Jennifer Lawrence destaca especialmente, al recaer en ella el principal peso de la historia. Jennifer consigue estar realmente conmovedora gracias a una fuerza expresiva admirable, transmitiendo infinidad de sentimientos con un leve gesto o una mirada. Pero no es la única, cualquiera de sus compañeros de reparto consigue convencernos de que son realmente toscos y feroces habitantes de las montañas de Missouri.

Winter's Bone es un magnífico ejemplo de un cine directo, sin aspavientos, que no necesita artificios ni grandes medios para emocionarnos, para engancharnos con un relato directo, seco y tremendamente sincero. Sin duda una sorpresa muy, muy grata.

sábado, 6 de febrero de 2016

Mad Max: Salvajes de autopista



Dirección: George Miller.
Guión: James McCausland y George Miller.
Música: Brian May.
Fotografía: Dean Semler.
Reparto: Mel Gibson, Joanne Samuel, Steve Bisley, Hugh Keays-Byrne, Roger Ward, Tim Burns, Geoff Parry, Sheila Florence.

Estamos en un futuro no muy lejano. La civilización ha retrocedido a niveles casi de mera supervivencia. Max Rockatansky (Mel Gibson) forma parte de la patrulla de policía que vigila las autopistas, donde las bandas de delincuentes campan a sus anchas.

Mad Max: Salvajes de autopista (1979) tuvo dos efectos inmediatos: poner el cine australiano en el plano mundial y convertir a un actor desconocido en toda una revelación, suponiendo el salto a la fama de un jovencito Mel Gibson.

Lo primero que llama la atención de esta película es su argumento, muy esquemático y un tanto surrealista. La trama no destaca por su originalidad precisamente: un policía de carreteras, en un futuro imaginario, ve como una banda de motoristas mata a su compañero y más tarde a su hijo pequeño, dejando a su mujer herida de gravedad, lo que le lleva a buscar venganza dando caza a los delincuentes. Muy poca cosa, como se ve, pero además el guión también es tremendamente parco en explicaciones; en el desarrollo de los personajes, reducidos a la mínima expresión; en los diálogos, que son los puramente imprescindibles. La violencia y cierto culto al mundo del motor son los ejes fundamentales de la cinta.

Lo de surrealista tiene que ver con un dibujo de los personajes que tiene mucho de cómico y disparatado, de manera que por momentos parece que Miller se burla de sus propios personajes. Uno dudaría si tomárselos en serio sino fuera por la cruda violencia que reina en la película. En todo caso, este toque extraño, entre divertido y de auto-parodia, es quizá lo más destacable de una película muy poco original en cuanto a trama y desarrollo.

En muchos aspectos, lo escueto del argumento y los diálogos, así como una trama cercana al cine del oeste, nos llevan a comparar Mad Max con los espagueti western.

Lo que es evidente, vista hoy en día, es que la película no ha envedijo demasiado bien. Y gran parte de la culpa reside sin duda en el escaso presupuesto con el que contaba George Miller, limitando mucho la disponibilidad de medios. También la dirección es un tanto errática por momentos, con transiciones que nos remiten al cine mudo, del que Miller se declaraba admirador; quedando quizá como mejor ejemplo de esta impericia, o quizá un montaje no muy bueno, el extraño y abrupto final.

En cuanto al reparto, no podemos destacar a nadie en particular. Lo que es evidente es que no se trataba de grandes actores, incluido un poco expresivo Mel Gibson, al que su agraciado físico le sirvió para dar el salto a la fama, que no sus dotes como actor.

Lo que está claro es que la película causó un gran impacto en su estreno, logrando unas recaudaciones millonarias que abrirían la puerta a dos secuelas inmediatas: Mad Max 2: El guerrero de la carretera (George Miller, 1981) y Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno (George Miller y George Ogilvie, 1985). Finalmente, en 2015 llegó Mad Max: Furia en la carretera (George Miller).

Hoy en día, esta primera entrega de la saga está considerada por muchos como un título de culto. Algunos éxitos son difíciles de explicar y no parecen ajustarse a una lógica más o menos consistente, sino que apelan a algunos resortes que se activan ante argumentos que aúnan simplicidad y violencia a partes iguales. Quizá tenga que ver con nuestro pasado más remoto. En todo caso, contra toda lógica, Mad Max : Salvajes de autopista se ha ganado un puesto en la historia del cine.

jueves, 4 de febrero de 2016

Llamada a un reportero



Dirección: Phillip Borsos.
Guión: Leon Piedmont (Novela: John Katzenbach).
Música: Lalo Schifrin.
Fotografía: Frank Tidy.
Reparto: Kurt Russell, Mariel Hemingway, Andy García, Joe Pantoliano, Richard Jordan, Richard Masur, Richard Bradford.

Malcolm Anderson (Kurt Russell) es un periodista de sucesos de un periódico de Miami cansado ya de hacer siempre el mismo trabajo, por lo que ha decidido cambiar de ciudad y de periódico. Sin embargo, cuando ya ha tomado la decisión, un psicópata que acaba de matar a una joven, contacta con él para que informe sobre sus futuros asesinatos.

Llamada a un reportero (1985) es un thriller realmente pobre al que el paso del tiempo le hizo un flaco favor. Pero, sinceramente, incluso visto en su día se trata de una película totalmente prescindible. Se acerca más a un vulgar film de serie B que a otra cosa.

El principal problema de la película es que el guión es malo de solemnidad. Para empezar, el argumento no se molesta en absoluto en adentrarse en la personalidad de los protagonistas. La relación de Malcolm con su novia (Mariel Hemingway) está tratada con una simplicidad absoluta, de manera que el distanciamiento entre ambos por culpa de la implicación de Malcolm con el psicópata está planteada tan burdamente que ni es creíble ni entendible. Tampoco en la figura del asesino se profundiza lo más mínimo: ni sabemos por qué mata ni de donde provienen sus traumas. Incluso las tensiones del periodista y los policías encargados del caso resultan, de tan esquemáticas y burdas, del todo artificiales.

Para el guionista, todo eso está de más. Lo único que parece preocuparle a Leon Piedmont es jugar al típico juego de engaños, amagos de amenazas e insinuaciones; pero tan forzadas, tan cogidas con alfileres, tan poco imaginativas que nunca llegan de verdad a sorprendernos. Sabemos de antemano que esa sombra, que esa música misteriosa no esconden más que un truco, que además repite varias veces como única manera de intentar crear algo de emoción a una historia tan predecible y tan vulgarmente presentada que no hace más que languidecer miserablemente.

Pero si la intriga es poco menos que nula, el colmo de los despropósitos llega con un desenlace, que acumula tópicos y torpezas a partes iguales: la escena en los pantanos es patética, no solo por lo mal que está filmada, sino que resulta hasta chapucera. Y el engaño se descubre desde el primer momento.   Por si ello no fuera suficiente, la última secuencia, en casa de Anderson, es el triste broche final a una acumulación de mediocridad que tiene su máxima expresión aquí, con unos diálogos estúpidos y una lucha burda rematada tan torpemente que resulta sonrojante. Desde luego, Phillip Borsos demuestra con esta película su mínimo talento como director. Si el guión es bastante pobre, su trabajo tras la cámara termina de arruinar las pocas posibilidades de la película.

En medio de este desaguisado, el reparto tampoco está para sacar pecho. Kurt Russell hace lo que puede, pero dentro de este engendro no es que salga muy bien parado. Mariel Hemingway nunca destacó como actriz y aquí confirma su poca expresividad. Andy García, en unos de sus primeros papeles, cumple con cierta solvencia y Richard Jordan da vida con cierta aparatosidad al demente de turno.

Un film malo de solemnidad. No se salva nada en absoluto.


lunes, 1 de febrero de 2016

Killers



Dirección: Robert Luketic.
Guión: Bob DeRosa, Ted Griffin.
Música: Rolfe Kent.
Fotografía: Russell Carpenter.
Reparto: Ashton Kutcher, Katherine Heigl, Tom Selleck, Catherine O'Hara, Alex Borstein, Katheryn Winnick, Larry Joe Campbell, Casey Wilson, Martin Mull, Usher Raymond, Kevin Sussman.

Spencer (Ashton Kutcher), agente secreto, está de misión en Niza cuando conoce a Jen (Katherine Heigl) y se enamora de ella. Eso hace que tome la decisión de dejar su profesión para llevar una vida convencional al lado de Jen. Sin embargo, tres años después, su pasado vuelve a visitarlo.

No siempre es fácil aunar una película de asesinos con el humor. En general, me parecen dos tramas que no casan demasiado bien; hay algo de incongruente entre el tono ligero, la carcajada y un asesinato. Sin embargo, tenemos el ejemplo de Mentiras arriesgadas (James Cameron, 1994), que demostró que tal combinación es posible. Para ello, es fundamental contar con un guión sólido e inteligente que sepa aunar ambos elementos enfrentados. Y lamentablemente, el guión de Killers (2010) es todo menos inteligente. Y por ahí es básicamente por donde hace aguas la película.

Uno de los fallos más graves es que los gags de Killers son absolutamente penosos. No ha habido ni una sola secuencia, ni un solo segundo que me halla provocado ni una leve sonrisa. No es que se trate de humor malo, es que no hay humor.

Y ya no solo eso, es que la historia resulta estúpida la mires por donde la mires: un cúmulo de lugares comunes, una esposa histérica que no para de gritar; unos vecinos absurdos, caricaturescos; una trama sin inteligencia ni originalidad, rematada por un desenlace que es un insulto al sentido común... Que gente normal y corriente se convierta en despiadados asesinos no es mínimamente creíble, además de resultar moralmente repugnante. No hay nada, absolutamente nada en esta película que merezca la pena.

Incluso la pareja protagonista, de indudable atractivo, no termina de funcionar. No hay química entre Kutcher, productor de la cinta para su personal lucimiento, y Heigl, como matrimonio no son creíbles en absoluto. Y no es que no lo intenten. Incluso ella logra algún momento de inspiración, pero imagino que es difícil convencer con una historia tan rematadamente mala.

Y esta película no merece ya ni una sola línea más. Escapen de este bodrio y no pierdan ni su tiempo ni su dinero con subproductos tan lamentables como este.

domingo, 31 de enero de 2016

Super 8



Dirección: J. J. Abrams.
Guión: J. J. Abrams.
Música: Michael Giacchino.
Fotografía: Larry Fong.
Reparto: Joel Courtney, Riley Griffiths, Elle Fanning, Ryan Lee, Gabriel Basso, Zach Mills, Kyle Chandler, Ron Eldard, Noah Emmerich, David Gallagher, Glynn Turman, Amanda Michalka.

1979, Lillian (Ohio): tras perder a su madre en un accidente laboral, el joven Joe Lamb (Joel Courtney) está filmando con su pandilla de amigos una película de zombies cuando son testigos de un terrible accidente de un tren militar. Es el comienzo de una serie de extraños sucesos que tendrán lugar en el pueblo.

Super 8 (2011) está producida nada menos que por Steven Spielberg y su productora Amblin. Sirva esta aclaración como explicación y justificación de la vertiginosa y fantástica sucesión de explosiones, carreras, desapariciones misteriosas, huídas en la noche, detenciones, extraños cubos, misteriosas criaturas y amores juveniles que desfilan ante nuestros ojos en un espectáculo desbocado e inigualable, marca de la factoría Spielberg.

El guión y la dirección son, sin embargo, obra de J. J. Abrams, que demuestra una soltura a la hora de llevar esta aventura que es para quitarse el sombrero.

Super 8 cuenta como un grupo de amigos, intentando filmar una película casera para un festival de cine amateur, se ven envueltos en una misteriosa historia donde los militares parecen tener mucho que ver. A base de una acción que va en aumento progresivamente, vamos descubriendo, a la vez que nuestros protagonistas, la presencia de algo o alguien misterioso y amenazador, capaz de provocar cortes de luz, la huída de los perros del pueblo y la desaparición de muchas personas. La intriga, muy bien aderezada con insinuaciones que nunca desvelan del todo el misterio, no nos va a dejar respirar tranquilos hasta el mismo desenlace final, pegándonos a la butaca sin remedio, incapaces de levantarnos ni para tomar un vaso de agua.

Sin embargo, lo que hace de esta película algo mucho más entrañable que un fascinante e intrigante film de aventuras es la capacidad de la historia de conmovernos a través de los sentimientos de los jóvenes protagonistas. Y es que al tiempo que viven esta fascinante aventura exterior, son también víctimas y protagonistas de otras muchas aventuras interiores. En primer lugar, la muerte de la madre de Joe, que marca la relación con su padre Jack (Kyle Chandler) y le hace madurar de pronto. Pero Joe también descubrirá el amor al conocer más estrechamente a la hermosa Alice (Elle Fanning), lo que provocará los celos de su mejor amigo, Charles (Riley Griffiths). Son estas relaciones la base real de la película, quedando la aventura propiamente dicha en un segundo plano, al menos desde mi punto de vista. Y es que películas de aventuras hay muchas, pero el acierto del guión de Abrams es haber sabido dar forma a las relaciones de los protagonistas, más allá de limitarse a dibujarlos más o menos convincentemente. Así, asistimos a su madurez, al descubrimiento de nuevas sensaciones, a cómo van tomando las riendas de sus vidas, como se enfrentan a unos padres que no tienen tiempo de entenderlos y de escucharlos. Sin duda, es lo más sincero y lo más conmovedor de toda la película, dejándonos algunas escenas entre Joe y Alice para enmarcar, por su sinceridad y su emoción a flor de piel.

La parte fantástica no deja de ser un poco surrealista. Incluso el desenlace final necesita de nuestra benevolencia para que obviemos muchas lagunas argumentales. Pero quizá todo eso sea lo de menos. La película nos ha permitido disfrutar, como niños, de un espectáculo maravilloso, de un cine de palomitas de muchos quilates, un espectáculo que inevitablemente nos recordará a E.T. (1982), algo que el propio Spielberg reconoció al admitir que esta historia contenía ideas no filmadas en su película, y naturalmente a Los Goonies (1985) y ese cine juvenil tan encantador de los años ochenta.

Los jóvenes protagonistas además están muy bien interpretados por unos actores que consiguen hacer del todo creíbles a sus personajes, con actuaciones más que destacadas, en especial por parte de Joel Courtney y Elle Fanning, realmente conmovedores ambos.

Una película sin duda muy recomendable, entretenida, bien filmada, llena de energía y emoción y, además, con personajes de carne y hueso que nos conquistarán muy sinceramente.