El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Historias mínimas



Dirección: Carlos Sorin.
Guión: Pablo Solarz.
Música: Nicolás Sorín.
Fotografía: Hugo Colace.
Reparto: Javier Lombardo, Antonio Benedictis, Javiera Bravo, Laura Vagnoni, Mariela Díaz, Julia Solomonoff, Anibal Maldonado, Magín César García, María Rosa Cianferoni, Carlos Monteros.

Por una serie de casualidades, tres personas iniciarán al mismo tiempo un viaje desde la Patagonia profunda a la ciudad de San Julián: un viejo (Antonio Benedictis) en busca de su perro, un viajante (Javier Lombardo) para cortejar a una clienta suya viuda y una joven madre (Javiera Bravo) para participar en un concurso de televisión.

Hay un cine distinto al que llena las salas de las grandes ciudades, al que recauda millonarias cifras en taquillas de todo el mundo y al que es portada de diarios y revistas. Es un cine modesto, cobijado en pequeños festivales, en cines de barrio y cuya propaganda se hace artesanalmente por lo general. Un cine pequeño, del que es perfecto ejemplo esta película: Historias mínimas (2002), una producción argentina modesta y humilde, como anuncia su título, pero que no olvidaremos fácilmente.

La película podría encuadrarse en el sub género de las road movies, si es que resultara necesario ubicarla en algún lugar concreto. En realidad, es una película sobre personas, sobre sus sueños, sobre un perro y dos tortugas también.

El encanto de Historias mínimas reside en su sencillez. Es todo tan básico, tan primitivo, que casi cuesta hablar de ella en términos de ficción. Y es que parece tan real, ¡es tan real!, que nunca llegamos a sentirla como un artificio, como una obra pensada y escrita. Se asemeja a un documental o, más aún, a la labor de alguien que se arma con una cámara y va filmando trozos de vida, historias cotidianas interpretadas por los protagonistas de las mismas, no por actores.

Hay detrás de las historias un guión, cierto, pero no lo parece. Y el guión entreteje el viaje de tres personas en medio de la nada, de un paisaje vacío e inmenso, de una naturaleza tan escasa que apenas existe, salvo por la hierba seca y el viento. Y el frío y un horizonte inalcanzable. Son historias sencillas, carentes en realidad de interés, de lecciones o moralejas. Tres momentos fugaces en la vida de tres personas, con la gente que se van encontrando y que desaparece de repente, tan efímera como casual.

Quizá la más enternecedora sea la historia de don Justo (Antonio Benedictis), que parte en busca de su perro, que lo abandonó hace tres años, caminado torpemente por un paisaje inmenso, con una determinación que nos desconcierta. Creemos que es el amor de un viejo por su compañero perdido, hasta que descubrimos que en realidad es un viaje en busca de la redención, del perdón. Y entonces nos quedamos mudos, mirando al pobre anciano y sintiendo que la vida a veces es demasiado cruel.

La aventura de Roberto (Javier Lombardo) con una tarta en forma de balón de fútbol es más frívola. Se trata de un hombre sin hogar, un viajante de comercio que salía su soledad con pequeñas aventuras a lo largo de sus viajes y que ahora lleva una tarta como una especie de señuelo con el que conquistar a una viuda por la que se siente atraído. Su meticulosidad con la tarta puede llegar a resultar desesperante en la parte del relato más simpática y amable.

El viaje de María (Javiera Bravo) completa la terna. Es una historia secundaria, sin mucho peso en comparación con las anteriores, que se liquida en dos breves pinceladas, al comienzo del film y al final. Y sin embargo, describe con precisión la precariedad de la vida en la Patagonia profunda, la falta de lo más elemental, como la electricidad, y la sencillez de una mujer apegada a un universo pequeño, sencillo y suyo y que en la ciudad, frente a una cámara, parece una niña pequeña, como su hija, deslumbrada por luces de colores y regalos imposibles, con una alegría tan sincera como natural, de niña asombrada por un mundo inimaginable.

Tres pequeños relatos pues que apenas cuentan nada, pero que dejan ver algo tan mínimo y tan importante como es la vida sin artificios, el día a día de tres seres intranscendentes, tres personas sin apellidos, pero iguales a nosotros, con amores perdidos, ilusiones pequeñas, con la necesidad de ser queridos y aceptados, amados y perdonados. Carlos Sorin nos habla de la naturaleza humana, y lo hace con una mirada limpia, sincera y amable. Con cierto optimismo, con mucha ternura y cariño y respeto. Y por eso nos conmueve y nos emociona, desde una naturalidad absoluta, desde la sencillez más desnuda, sin adornos y sin rodeos en un film delicioso y enorme.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Al encuentro de Mr. Banks



Dirección: John Lee Hancock.
Guión: Sue Smith y Kelly Marcel.
Música: Thomas Newman.
Fotografía: John Schwartzman.
Reparto: Emma Thompson, Tom Hanks, Colin Farrell, Paul Giamatti, Jason Schwartzman, Bradley Whitford, Ruth Wilson, B. J. Novak, Rachel Griffiths, Kathy Baker, Annie Rose Buckley.

Walt Disney (Tom Hanks) lleva veinte años, desde que le prometió a sus hijas que haría una película sobre el personaje de Mary Poppins, intentando convencer a la novelista Pamela L. Travers (Emma Thompson) para que le ceda los derechos de su novela. Pero por alguna extraña razón, ella se niega una y otra vez.

Al encuentro de Mr. Banks (2013) cuenta, o al menos eso pretende, las dificultades con las que se encontró el gran Walt Disney para convencer a una reticente Pamela Travers a la hora de cederle los derechos de su novela "Mary Poppins" para llevarla al cine. Y digo pretende porque uno intuye que la ficción que nos cuenta John Lee Hancock no es más que una versión convenientemente edulcorada de lo que debió suceder en realidad. Es cierto que muchos detalles están ahí, como la negativa de Travers a que aparecieran dibujos animados o su agrio carácter, pero es evidente que las licencias poéticas son numerosas, empezando por un idealizado a más no poder Walt Disney. Y es legítimo en cierta medida, ya que no se trata de un documental o un film con pretensiones históricas. Cualquier espectador comprende que estamos ante una película para entretener, una ficción, y además made in Hollywood.

Por ello, tenemos un guión muy hábil que juega con maestría con las dos historias que se suceden paralelamente: la infancia de Pamela Travers y su especial relación con su padre, que marcará profundamente su personalidad y su vida; y las negociaciones con Walt Disney a la hora de cederle los derechos de su novela. No es ninguna novedad que Hollywood es especialista a la hora de jugar con este tipo de historias y cómo sabe apoyarse en pequeños detalles para, llegado el momento oportuno, recurrir a ellos y crear el climax y la emoción necesarias para un desenlace intenso. En este sentido, el guión conjuga con habilidad las dos historias y va aumentando progresivamente la intensidad hasta culminar con la escena del estreno de Mary Poppins, el punto álgido en el que estallan las emociones contenidas, al compás con el que resbalan las lágrimas por el rostro de Emma Thompson. Todo funciona de maravilla, como un reloj suizo. Y eso es lo que más me incomodó: descubrir como te van llevando en volandas, como un corderito, hasta donde quieren. Y seguramente para muchos espectadores será imposible reprimir una lágrima en esos momentos. Por una parte, reconozco que el guión es muy inteligente y sabe tocar las fibras con precisión de cirujano. Por otra parte, hay algo forzado, un aroma a engaño que me chilla desde el interior, algo que me avisa de que estoy siendo manipulado. Un equilibrio inestable que me impide valorar objetivamente la película.

Sin embargo, lo que sí que me parece meridiano son otros aciertos de la producción que hacen de la película un producto impecable. Por una parte, la fotografía, en especial en la historia de la infancia de Pamela, que le da a ese relato un aire nostálgico y una belleza formal maravillosas. Y en segundo lugar, el reparto. Emma Thompson está sencillamente genial dando vida a la estirada y amargada escritora, una mujer difícil que ha creado una coraza tan dura como el acero y que ni ella misma parece que ya es capaz de perforar. Y sin embargo, nunca se hace antipática. Consigue que su personaje nos resulte comprensible; no amable, pero casi. Pero es que a su lado está Tom Hanks, un actor especial que considero que es unos de los mayores talentos del cine actual; haga el papel que haga, siempre lo borda y aunque su Walt Disney está dibujado como un dechado de virtudes y con una paciencia infinita, Hanks le da una entidad real y cercana. Pero es que encima tenemos a Paul Giamatti, con un personaje fantástico al que convierte en entrañable, o Colin Farrell, maravilloso en su papel, componiendo un personaje al que cogemos cariño al tiempo que nos conmueve su debilidad fatal. Hasta la pequeña Annie Rose Buckley, que encarga a Pamela de niña, está perfecta, con una mirada cautivadora y tremendamente expresiva. Sin duda, el reparto es todo un acierto y hace que el film adquiera una entidad mayor.

En muchos aspectos, la película me recordó a Descubriendo Nunca Jamás (Marc Forster, 2004), por  las licencias poéticas y la carga emocional en torno también a otra figura mítica del universo infantil, como era Peter Pan. Sin la maravillosa carga poética de esa, Al encuentro de Mr. Banks es un film que derrocha buenos sentimientos, invita a ser felices y a perdonarnos nuestras propias debilidades, espantando viejos fantasmas e intentando aprovechar y disfrutar lo mejor que podamos la vida que nos ha tocado vivir. Sin duda, unos propósitos muy loables. Quedémonos con eso.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Una historia de violencia



Dirección: David Cronenberg.
Guión: John Olson (Novela gráfica: John Wagner y Vince Locke).
Música: Howard Shore.
Fotografía: Peter Suschitzky.
Reparto: Viggo Mortensen, Maria Bello, Ed Harris, William Hurt, Ashton Holmes, Heidi Hayes, Stephen McHattie, Greg Bryk, Peter MacNeill.

Tom Stall (Viggo Mortensen) es el dueño de un café en una pequeña localidad de Indiana. Su vida transcurre tranquila junto a su mujer (Maria Bello) y sus hijos, hasta el día en que dos delincuentes asaltan el café. Tom logra matarlos en defensa propia, convirtiéndose en un héroe nacional. Sin embargo, ello atrae a un extraño personaje (Ed Harris) que parece confundirlo con otra persona.

Sorprende el arranque de Una historia de violencia (2005), la lentitud de la secuencia inicial, donde el director se recrea en una escena aparentemente anodina. Hasta que entramos en la recepción del motel y descubrimos los sangrientos asesinatos. Y es que Cronenberg ha decidido darle un ritmo pausado, casi solemne a un film que, como su título anuncia, es una historia cargada de violencia. Con esa elección, Cronenberg empieza ya a descolorarnos, a sorprendernos, transformando el estilo habitual de este tipo de historias. Y eso es solo el principio. Una historia de violencia es una película que no dejará de sorprendernos durante todo su metraje.

Sorprende por ejemplo la doble personalidad de Tom, al que creemos un marido ejemplar (su esposa le confiesa que jamás ha conocido a un hombre más bueno) pero del que pronto comenzamos a tener fundadas sospechas de que puede ser quién niega que es. Sorprende también que en una misma persona podamos tener a un padre y esposo ejemplar y a un asesino frío y letal. O cómo ha sido capaz de reprimir una personalidad violenta durante tanto tiempo.

Pero Una historia de violencia no es solo la de Tom, obligado a volver a su pasado para preservar su vida y su familia. La violencia está presente también en el colegio, donde el hijo de Tom, Jack (Ashton Holmes), tildado de cobarde, descubre de pronto que es capaz también de reaccionar brutalmente al acoso del matón de turno. Y es que estamos ante una película que no se queda en la superficie de las personas ni de las cosas y que nos invita e incita a indagar más, a buscar motivos, justificaciones, explicaciones a una violencia que está ahí, soterrada, pero pujando por manifestarse en cuanto se la invoca.

Y Cronenberg no se queda ahí. La transgresión de los cauces habituales continúa cuando a mitad de la cinta, sorprendentemente, los matones que acosan a Tom y su familia son eliminados. Un desenlace anticipado que recuerda el mítico giro argumental de Psicosis (1960). Un momento que de nuevo nos descoloca, dejándonos a merced del relato, del que parece que no podemos prever el rumbo que puede tomar.

De ahí que no podamos tener ninguna certeza sobre como reaccionará Edie (Maria Bello) cuando Tom le confiesa su verdadera identidad. De ahí que nos quedemos sin palabras con el arrebato de pasión violenta en la escalera. Otra vez esa violencia que parece perseguir a los protagonistas.

Y también el nuevo desenlace, cuando Tom ha de rendir cuentas ante su hermano (William Hurt), nos sorprende por su peculiar desarrollo y su conclusión brusca, directa y rotunda.

La secuencia final, en la mesa, sin diálogos, me pareció un prodigio de contención y expresividad. Un broche de oro sin duda para un film especial, inquietante, diferente y novedoso, dentro de un tratamiento para nada rebuscado, donde la aparente normalidad, el ritmo pausado, los diálogos contenidos y las miradas son del todo convencionales, pero sin embargo adquieren un tono sorprendente en manos de David Cronenberg, sin duda el artífice de esta película tan especial.

En cuanto al reparto, me esperaba algo más de Viggo Mortensen, que finalmente no terminó de trasmitirme demasiado. Maria Bello está mejor que su marido de ficción, con algunos momentos muy convincentes. Pero los mejores son sin duda los veteranos Ed Harris, inquietante, y un sorprendente William Hurt, con un registro completamente novedoso, apoyado también en una estética original.

Sin duda, un film sencillo pero donde el director sabe explotar al máximo las posibilidades de la historia a través de una puesta en escena muy original y un guión lleno de sorpresas y que nunca nos permite anticiparnos a lo que va a suceder. Gratificante.

jueves, 22 de septiembre de 2016

La princesa prometida



Dirección: Rob Reiner.
Guión: William Goldman en base a su propia novela.
Música: Mark Knopfler.
Fotografía: Adrian Biddle.
Reparto: Robin Wright, Cary Elwes, Mandy Patinkin, Chris Sarandon, Christopher Guest, Wallace Shawn, André The Giant, Fred Savage, Peter Falk, Peter Cook, Mel Smith, Carol Kane, Billy Crystal.

Un anciano (Peter Falk) acude a visitar a su nieto enfermo (Fred Savage) y, para entretenerlo, lleva una vieja novela que es tradición familiar leerle a todo niño enfermo. Se trata de un libro de aventuras titulado "La princesa prometida".

La princesa prometida (1987) es una de esas películas que pasan con más pena que gloria en el momento de su estreno pero que tienen tanta calidad, tanto encanto y tanta belleza que terminan por ganarse un merecido puesto en la historia del cine.

La película es una adaptación de la novela homónima de William Goldman, que escribe también el delicioso guión del film. Se trata de una especie de cuento infantil donde se mezclan las aventuras de espadachines, el género romántico y el cine fantástico en una combinación maravillosa y sorprendente, todo ello unido con un humor fresco, sencillo y sorprendente.

Y es que el guión de Goldman es un prodigio de precisión donde todos los elementos de la película encajan admirablemente. La historia en sí no es que sea demasiado original, con un amor lleno de obstáculos que deben superar los protagonistas y una serie de intrigas que me recordaron a la película Robin de los bosques (Michael Curtiz y William Keighley, 1938). Y como en esa historia, La princesa prometida es un film épico, con traiciones, engaños, venganzas, reyes mezquinos con secuaces traidores y también, como no, con un amor más grande que la vida, una historia romántica que podría resultar empalagosa (la belleza de Robin Wright y Cary Elwes es demasiado perfecta y afectada) sino fuera porque todos los excesos de la película quedan perfectamente explicados y justificados dentro del genuino sentido del humor que impregna el film y que lo convierte en lo que es: una absurda y fantástica sátira de los films clásicos de aventuras, pero sin perder ese respeto y admiración hacia un género donde tenían cabida las hazañas más improbables y los amores más puros.

El reparto cuenta con dos protagonistas casi desconocidos en el momento del estreno, como eran Robin Wright (era su debut en el cine) y Cary Elwes y los dos encajan a la perfección en su papel dentro del todo paródico y exagerado de la película. Son guapos, perfectos y nobles: la imagen perfecta de unos idealizados héroes. También los villanos resultan perfectos, especialmente Chris Sarandon como el príncipe Humperdinck y Wallace Shawn como el astuto Vizzini, con la maravillosa secuencia del duelo de inteligencias. Pero quizá sea el personaje de Inigo Montoya, maravillosamente interpretado por Mandy Patinkin en el papel de su vida, con su ya célebre frase, el que haya quedado como paradigma de la película en la memoria del espectador.

La princesa prometida es un film enorme, perfecto y encantador. Es una de esas pequeñas obras sin muchas aspiraciones, en principio, pero donde un guión perfecto, una dirección precisa y unos personajes que nos conquistan de inmediato hacen el milagro de convertirla en un clásico que gana prestigio con el paso del tiempo hasta convertirse en lo que es: un título casi mítico, imprescindible y delicioso.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Conocerás al hombre de tus sueños



Dirección: Woody Allen.
Guión: Woody Allen.
Música: Varios.
Fotografía: Vilmos Zsigmond.
Reparto: Josh Brolin, Naomi Watts, Anthony Hopkins, Gemma Jones, Freida Pinto, Antonio Banderas, Lucy Punch, Pauline Collins, Ewen Bremner, Christian McKay.

Tras cuarenta años de matrimonio, Helena (Gemma Jones) y Alfie (Anthony Hopkins) se separan. Mientras él intenta huir de la vejez con gimnasios y coches descapotables, Helena se refugia en las predicciones de Cristal (Pauline Collins), una falsa vidente que le promete un futuro mejor. Mientras, su hija Sally (Naomi Watts) intenta salir adelante al tiempo que se distancia cada vez más de su marido Roy (Josh Brolin), un escritor sin éxito.

A veces tengo miedo cuando me enfrento a una nueva película de Woody Allen. Es un director al que admiro y reconozco que Annie Hall (1977) y Manhattan (1979) me siguen pareciendo dos películas maravillosas. Por eso, siempre espero algo genial de este director y también siempre temo que su frenético ritmo creativo me deje con mal sabor de boca.

Y he de reconocer que el comienzo de Conocerás al hombre de tus sueños (2010) me tenía preocupado, temía que no fuera más que una pequeña obra acerca de la naturaleza humana carente de gran interés. Una comedia menor, un film rutinario sin más. Sin embargo, es una película a la que hay que dar tiempo, tiene un comienzo largo, hasta que entramos en materia, hasta que empezamos a conocer en profundidad a los protagonistas y comenzamos a acompañarles en su devenir, en sus búsquedas, algunas aparentemente absurdas, otras apoyadas en peligrosas mentiras, otras... casi desesperadas. Y entonces, cuando nos hemos metido de lleno en las historias del film, es cuando empezamos a comprender la sustancia, el alma de la película, y nos damos cuenta de que no es una comedia al uso del autor. Aquí no hay judíos raros, ni esa presencia de la religión que todo lo impregna. No hay chistes punzantes, ni situaciones graciosas... se trata de una historia triste en el fondo, un retrato de pequeños seres cotidianos que han perdido la esperanza, la ilusión y la alegría de vivir y que intentan salvarse del naufragio (Helena llega a intentar suicidarse cuando la deja Alfie) como buenamente pueden o saben. No siempre con nobleza, ni con lucidez, pero es que cuando uno ha perdido la fe en si mismo y en los demás, a veces lo más coherente es volverse un poco loco; como Helena, que se refugia en la ilusión de una falsa vidente que le cambia la vida y le ofrece al fin el refugio que la medicina no era capaz de proporcionarle. Sus nuevas creencias serán tan fuertes que cuando Alfie le propone volver a estar juntos, ella le confiesa que ha cambiado, ya no es la esposa con la que vivió cuarenta años y ya no hay marcha atrás posible.

Y todos, de alguna manera, sucumben a una especie de locura: desde casarse con una prostituta huyendo de la vejez (Alfie), hasta que el espejismo se esfuma para convertirse en una penosa realidad; pasando por buscar consuelo en tu propio jefe (Sally), para descubrir que llegas tarde realmente a un lugar que nunca fue tuyo y terminado por el escritor fracasado (Roy) que se apodera de la obra de un amigo y de la mujer de otro hombre en busca de un talento y una felicidad que parece que nunca tuvo.

Y lo mejor de todo es que, como en la vida misma, nada es sencillo en este relato, ni nada sucede como uno querría que sucediese. Además, las historias no llegan, salvo quizá la de Helena, a buen puerto, ni a uno malo tampoco. Acostumbrados como estamos a historias de final feliz (o desgraciado), en los que todo encaja en los últimos minutos de película, en los que se cierra la historia, sin duda el final de Conocerás al hombre de tus sueños puede desconcertar a más de uno. Pero ahí reside su belleza, o su autenticidad. En la vida, las cosas se suceden, pasan unas y llegan otras y nada es perfecto ni definitivo. Y así sucede en la película: no se atan todos los cabos, no hay una conclusión, salvo la certeza de que la vida va a seguir, y cada uno de nosotros puede imaginar el futuro de los protagonistas como se le antoje. Es un final abierto, sin la receta mágica que todo lo ordena, porque no es así como suceden las cosas en realidad.

Conocerás al hombre de tus sueños es un retrato pues de la naturaleza humana sincero, directo y narrado con la agilidad y el buen gusto de un director que sigue demostrando que contar historias es parte de su naturaleza. Y nadie las cuenta como él.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Begin Again



Dirección: John Carney.
Guión: John Carney.
Música: Gregg Alexander.
Fotografía: Yaron Orbach.
Reparto: Keira Knightley, Mark Ruffalo, Hailee Steinfeld, Adam Levine, James Corden, CeeLo Green, Catherine Keener, Mos Def.

Tras incluir en la banda sonora de un film algunas de sus canciones, Dave (Adam Levine) comienza a tocar el éxito con la punta de los dedos. Acompañado de su novia Gretta (Keira Knightley), letrista, viaja a Nueva York para grabar su primer disco. Pero la fama hará que pierda el norte, plantando a Gretta.

La música es milagrosa. Tiene magia. Como dice Dan (Mark Ruffalo) en una de las secuencias más bonitas de Begin Again (2013), puede transformar algo normal y corriente en algo especial. Y eso es exactamente lo que sucede con este film, bastante normalizo en cuanto a la historia en sí, pero al que la música que lo recorre de arriba a abajo convierte en algo diferente, con cierto encanto.

Como decía, la historia que nos cuenta Begin Again está muy vista: por un lado, la pareja que se rompe cuando el chico se ciega con el éxito; y en segundo lugar, el hombre al que una infidelidad arruina la vida, personal y profesionalmente. Además, ninguna de las dos historias se nos muestra de un modo profundo, sino que el guión se limita a esbozarlas superficialmente a base de clichés y punto. Eso es particularmente alarmante en el caso de Dan, con un diseño del personaje demasiado trillado, a base de una acumulación excesiva de tópicos (desaseado, bebedor, irresponsable, mentiroso, pasota...) que convierten la presentación del personaje casi en una caricatura.

Sin embargo, John Carney logra, milagrosamente, sobreponerse a una historia tan poco original con una muy acertada puesta en escena, con unos saltos en el tiempo al principio de la película que crean una maravillosa sucesión de situaciones que tienen la virtud de engancharnos a la historia, haciendo que pasemos por alto la simplicidad de la misma mientras disfrutamos de una muy buena fotografía, una cámara ágil que se mueve con total naturalidad sin resultar afectada ni artificiosa y unas canciones pegadizas y suaves que ponen la guinda la pastel.

Y cuidado, que tampoco es que las canciones sean una maravilla. Incluso, a veces podemos tener la impresión de que estamos escuchando siempre la misma canción, pues todas tienen un aire similar. Y cuando escuchamos temas realmente buenos, en la secuencia en que Dan y Gretta escuchan juntos la fonoteca de Gretta en el móvil, es cuando comprendemos la escasa entidad de las canciones que escuchamos en boca de la protagonista.

Pero, a pesar de todo, del guión muy visto, de una banda sonora que no me entusiasmó demasiado  e incluso a pesar de Keira y Mark, los más artificiosos de un reparto que me encantó, uno disfruta de un film optimista, reconfortante y alegre, plagado de buenas intenciones, de gente sana, de nobles principios, de amistad generosa y de segundas oportunidades. Un film del que sales con una sonrisa en los labios. Porque Begin Again nos cuenta un bonito cuento de superación, de lograr que los sueños se conviertan en realidad, de fe en las personas... y uno no puede dejar de sentirse reconfortado al ver que, aunque sea en la pantalla, la vida a veces puede resultar bonita y recompensar a quién se lo merece. Y, además de todo eso, tenemos la música, que es mágica.

Por cierto, para los que como yo no lo sabían, aclarar que Adam Levine, el novio de Keira en la película, es el líder del grupo Marron 5.

Begin Again fue nominada en la categoría de Mejor canción.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Argo



Dirección: Ben Affleck.
Guión: Chris Terrio.
Música: Alexandre Desplat.
Fotografía: Rodrigo Prieto.
Reparto: Ben Affleck, John Goodman, Alan Arkin, Bryan Cranston, Taylor Schilling, Kyle Chandler, Victor Garber, Michael Cassidy, Clea DuVall, Rory Cochrane, Scoot McNair.

Irán, 1979: tras la victoria del Ayatolá Jomeini, las relaciones con Estados Unidos se vuelven muy tensas hasta el punto que la Embajada de Estados Unidos en Teherán será asaltada por los seguidores del nuevo líder del país en represalia por el asilo otorgado por los Estados Unidos al depuesto Sha. Sin embargo, seis norteamericanos logran escapar en el último momento, refugiándose en el domicilio del embajador canadiense. La CIA estudiará entonces la manera de sacarlos de Irán.

Tercera película tras las cámaras de Ben Affleck y premio gordo: Oscar a la mejor película del año, además de dos recompensas más al mejor guión adaptado y mejor montaje, de un total de siete nominaciones. Parece claro que al actor se le da mejor ponerse tras la cámara que delante.

Argo (2012) es un film que recréa un oscuro episodio del imperialismo norteamericano. Sin embargo, hemos de reconocer que uno de los aciertos de Argo es el tratamiento bastante equilibrado que da la situación política de ese conflicto, huyendo de los discursos moralistas al uso. Asi, los americanos no son presentados como los maravillosos defensores de la libertad y todo ese rollo. Ya en el prólogo de la historia queda claro que fueron los intereses económicos norteamericanos los que llevaron a colocar en Irán a un títere como el Sha. Pero también es cierto que la dictadura de Jomeini no fue precisamente un dechado de virtudes. Desde el punto de vista histórico, la película se presenta bastante exacta y equilibrada.

Dicho esto, lo primero que me gustaría destacar es la magnífica puesta en escena, con una recreación de la época perfecta, de tal manera que en algunas escenas se podría llegar a pensar que estamos viendo un documental. Incluso la elección de los actores me pareció excelente, lejos de otras cintas históricas donde se realiza una notable idealización estética de los protagonistas. La sensación de realismo es total, desde la vestimenta hasta los peinados. Soberbia pues la puesta en escena, apoyada por una fotografía sobresaliente.

Y si Ben Affleck es un actor bastante inexpresivo y hasta soso, es admirable comprobar su transformación cuando se pone a dirigir. Y es que uno de los mayores logros de Argo reside en el trabajo del director, consiguiendo un film dinámico, ágil, preciso y con las dosis de emoción justas, sin necesidad de exagerar nada y, al tiempo, sin perder jamás una tensión que recorre la cinta de arriba abajo y cobra su mayor expresión en la secuencia del aeropuerto. Es cierto que notamos, en esas escenas, una cierta concesión al espectáculo y, en realidad, la salida de los seis norteamericanos de Irán no fue tan aparatosa como se cuenta en el film. Bien, son licencias poéticas que se pueden tolerar, pues no llegan a ser excesivas y hemos de reconocer, también, que no se trata de un documental, sino de una ficción con unas reglas claras en cuanto a emoción y narración. Creo que el resultado justifica plenamente esas libertades.

Sin embargo, lo que sí que me pareció que sobraba fue el largo epílogo de la historia. Largo por tener la impresión de que era un añadido innecesario, no por su duración real. Daba la impresión de que el director tenía como pena de terminar el relato y se agarraba a él con unas escenas que ya no aportaban gran cosa.

A pesar de ello, creo que Argo funciona perfectamente como thriller histórico y consigue además un muy buen equilibrio entre la intención de ser riguroso y la necesidad de entretener y emocionar al espectador. Sin duda un trabajo notable de un actor no muy bueno que puede encontrar su verdadero lugar lejos de los primeros planos.