El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 29 de enero de 2015

Vaya par de productorex



Dirección: Stephen Surjik.
Guión: Phil Hughes, Pete Hewitt, Jamie Minoprio, Jonathan Stern.
Música: Murray Gold.
Fotografía: Crighton Bone.
Reparto: Tom Riley, Tom Burke, Carmen Electra, Michelle Ryan, Eddie Marsan, Mackenzie Crook, Jimmy Carr, Simon Woods.

Dos jóvenes amigos, estudiantes de cine, sueñan con poder rodar su primera película.
Sin embargo, todas las puertas parecen cerradas salvo una: una productora de películas porno; pero para tener una oportunidad deberán convencer a Candy Fiveways (Carmen Electra), una célebre estrella porno, para que protagonice su película.

Vaya par de productorex (2007) podría catalogarse como la típica comedia de adolescentes norteamericana si no fuera por un pequeño detalle: es un film británico. Ello le da un ligero toque que, para mi gusto, la sitúa un peldaño por encima de las típicas comedias de Hollywood sobre jóvenes y sexo. Aún así, tampoco estamos ante una película de nivel ni mucho menos.

El argumento no es un derroche de originalidad. Desde el principio la idea está clara: aprovechar las posibilidades cómicas que ofrece un tema tan manoseado (perdón por la imagen) como es el sexo, y encima centrándose en jóvenes un tanto inexpertos. Prepárense para ver algunas niñas bonitas, escenas picantes y juegos con el tema de las relaciones sexuales. Nada nuevo. Y es que parece ser que mucha gente sigue pensando que lo mejor para hacer comedias graciosas es hacer bromas sobre el sexo.

Por lo tanto, no es que la cosa sea demasiado original. Muchas situaciones se pueden anticipar fácilmente pero, y esto es lo importante, la película contiene pequeños momentos de inspiración que sí que funcionan realmente bien; son breves oasis en medio de un desarrollo un tanto plano, pero que tiene realmente gracia y demuestran que, con un poco de inspiración, el tema aún puede dar bastante de sí.

Tampoco los personajes principales están demasiado logrados, limitándose a mostrarnos a unos jóvenes más o menos estereotipados dónde es fácil adivinar sus miedos, sus debilidades y sus motivaciones. Solamente algún personaje secundario aporta un ligero aire fresco al cóctel.

Lo peor de todo, sin embargo, es que la película decide dejar de lado cualquier posibilidad realmente transgresora y opta por un final un tanto anodino y bastante previsible que no termina de funcionar. Y es que uno echa de menos algo más rompedor, más alocado, que pudiera cerrar con cierta originalidad un argumento no precisamente sorprendente. No entiendo esa especie de obsesión de algunos guionistas en atarlo todo en un bonito paquete, aunque quede un regalo tan aburrido como insípido.

Vaya par de productorex es una película simple, quizá demasiado, Y es una pena porque pienso que en el fondo podría haber dado lugar a algo mejor de lo que finalmente es. Lo mejor, esos pequeños detalles que me permitieron reírme con ganas en un par de ocasiones, algo que no suele sucederme con este tipo de películas. Lástima que no sean más que breves destellos de inspiración.

Marcado a fuego



Dirección: Rudolph Maté.
Guión: Sydney Boehm (Novela: Max Brand).
Música: Roy Webb.
Fotografía: Charles Lang.
Reparto: Alan Ladd, Mona Freeman, Charles Bickford, Robert Keith, Joseph Calleia, Peter Hansen, Tom Tully.

Choya (Alan Ladd), un pistolero sin fortuna, conoce a un forajido que lo convence para que se haga pasar por el hijo de un rico ganadero que fue secuestrado de niño y poder, de esta manera, hacerse con un buen botín.

Marcado por el fuego (1950) es un film típico de la denominada serie B, y con esto ya podría quedar dicho todo. La película, cuyo título ya nos anuncia el melodrama poderoso que encierra en sus entrañas, es de una simplicidad bastante evidente.

El comienzo, sin embargo, promete un poco más de lo que luego nos ofrece el guión de Sydney Boehm, que ya no debió parecer gran cosa en su momento pero al que el paso del tiempo ha afectado demasiado, convirtiendo la historia en un drama un tanto ridículo e infumable. De hecho, el encorsetar  la historia en el género del western queda un tanto forzada, pues el argumento se presta más a otro tipo de géneros.

Como decimos, el comienzo de la película es quizá lo único salvable, mientras Alan Ladd encarna al villano que intenta estafar a una familia que ha visto como secuestraban a su hijo varón con sólo cinco años de edad. Sin embargo, pronto el guión toma un giro moralista y edificante que sumerge la película en una espiral bastante patética. Choya empieza a sentirse mal en su papel de estafador, como no podía ser de otra manera la ser el héroe de la cinta,  y termina por convertirse en una especie ángel benefactor dispuesto a todo para reunir de nuevo al hijo perdido con su familia. Aquí la historia ya pierde el norte definitivamente y asistimos a giros argumentales bastante rebuscados, secuencias del todo increíbles, huídas inverosímiles y conversaciones de una vulgaridad y una torpeza alarmantes.

El final, precipitado y torpe, con los protagonistas a punto de llorar conmovidos por el discurso ramplón y sensiblero del pistolero arrepentido, es para enmarcar como ejemplo de un cine burdo y elemental que se ha quedado del todo desfasado.

Lo único que realmente puede salvarse de la película es su reparto más o menos convincente. Y digo más o menos porque, por nombres, Marcado por el fuego tiene actores de cierto peso, si bien ninguno termina de resultar convincente, marcados todos por un guión tan pobre y una absoluta falta de definición de los personajes, enmarcados en estereotipos un tanto torpes.

Dirige el engendro Rudolph Maté, al que le habría ido mejor si se hubiera quedado en director de fotografía, donde podemos recordarlo en películas como Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942) o Gilda (Charles Vidor, 1946).

Definitivamente, una película que no hace mucho por el western y de la que es mejor pasar directamente.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Agárrame esos fantasmas



Dirección: Peter Jackson.
Guión: Frances Walsh y Peter Jackson.
Música: Danny Elfman.
Fotografía: Alun Bollinger y John Blick.
Reparto: Michael J. Fox, Trini Alvarado, Jeffrey Combs, Dee Wallace, Peter Dobson, John Astin, Chi McBride, Jim Fyfe, Troy Evans, Elizabeth Hawthorne, Jake Busey, R. Lee Ermey.

A raíz de un accidente de coche, Frank Bannister (Michael J. Fox) adquiere la facultad de ver y comunicarse con fantasmas, lo que utiliza para ganarse la vida de un modo no demasiado honesto. Sin embargo, una serie de muertes de sus vecinos por extraños ataques al corazón va a hacer que Frank tome conciencia de la presencia de un espectro maligno al que intentará neutralizar.

Justo antes de ponerse manos a la obra con la trilogía de El señor de los anillos, con la que alcanzaría fama universal, Peter Jackson dirigía y escribía el guión de Agárrame esos fantasmas (1996), una delirante historia un tanto difícil de catalogar.

La película comienza en un tono abiertamente de comedia, un tanto surrealista, es cierto, que nos recuerda a films como Los cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984). Sin embargo, poco a poco el guión se va complicando con extraños personajes y tramas que van convirtiendo la película en algo parecido a un thriller de terror. Sin perder un toque delirante, el argumento va dando tumbos en una extraña progresión, un más difícil todavía que llega a momentos totalmente desconcertantes, pero a la vez con una base bastante previsible en cuanto al futuro desenlace de la historia. De este modo, casi todo se reduce, finalmente, a ver cómo logran los guionistas desenredar el ovillo por ellos mismos creado para llegar al esperado final feliz. Y aquí, sin dejar de dar rienda suelta a una imaginación desbocada, el recurso más socorrido viene a ser el de las trampas argumentarles, los giros inverosímiles y, en general, una libertad creativa que roza la paranoia. Cuando termina el delirio, uno no puede menos que preguntarse qué se han fumado Jackson y Frances Walsh para engendrar tal historia. La conclusión que uno saca es que el argumento es una historia un tanto banal a la que se le han añadido todas las locuras imaginables en un intento de hacer algo sorprendente. Sin embargo, el resultado ha distado mucho de convencerme.

Michal J. Fox es la estrella indiscutible del film. Y la verdad es que se adivina que el actor se vuelca con su personaje, hasta el punto que casi consigue hacer medio creíble una historia sin pies ni cabeza.  La pena es que no es un actor que me trasmita demasiado y sus gestos alocados y acelerados terminan por resultar agotadores para el espectador. El resto del reparto, sin nombres de talla, compone como puede una serie de personajes entre alucinados, estrafalarios o absurdos. Y es que el problema no es intentar crear una historia original y excéntrica, sino caer en tópicos sin chispa, giros argumentarles demasiado forzados, personajes planos, una historia en la que no terminan de cuajar ninguna de las subtramas que la pueblan y la sensación de que todo este delirio no tiene una base realmente sólida.

No tengo tampoco muy claro a qué tipo de público va dirigido el invento. Podríamos pensar en un público infantil, pero algunas escenas un tanto truculentas tiran por tierra esta idea. A continuación vendría el público adolescente, quizá lo suficientemente poco exigente para tragar con cualquier historia, pero tampoco es un producto con los elementos que puedan hacerlo atractivo para este segmento. Y en cuanto al público ya maduro, veo complicado que pueda dejarse llevar por esta paranoica historia hasta el punto de pasar por alto la cantidad de deficiencias y tópicos argumentales de la película.

En definitiva, Agárrame esos fantasmas resulta ser una experiencia un tanto fallida. Mejor dedicar las casi dos horas que dura la película a cualquier otra actividad.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Malas tierras



Dirección: Terrence Malick.
Guión: Terrence Malick.
Música: George Tipton, Carl Orff, Gunild Keetman.
Fotografía: Brian Probyn, Tak Fujimoto, Stevan Larner.
Reparto: Martin Sheen, Sissy Spacek, Warren Oates, Ramon Bieri, Alan Vint, Gary Littlejohn, Bryan Montgomery, Charles Fitzpatrick, Ben Bravo, Terrence Malick.

Dakota del Sur, año 1959: Kit Carruthers (Martin Sheen), un joven que trabaja de barrendero, conoce por casualidad a Holly (Sissy Spacek), una adolescente que se ha mudado a la ciudad con su padre (Warren Oates) para empezar una nueva vida lejos de su antiguo hogar. Pronto, Kit y Holly se enamoran, aunque ocultan su relación al padre de Holly, temiendo que no la apruebe.

La filmografía de Terrence Malick es, como poco, curiosa. Debutó en 1973 con esta película, cuyo guión también es de su autoría, y seis años más tarde firmó Días del cielo. Entonces, desapareció de escena nada menos que durante veinte años, hasta su film bélico La delgada línea roja (1999). En este siglo, parece que su carrera sigue unas pautas más convencionales.

Malas tierras está inspirada en unos hechos reales ocurridos en la década de los cincuenta, cuando una pareja se convirtió en unos nuevos Bonnie y Clyde adolescentes.

Malas tierras es un film extrañamente cautivador, o perturbador, según se mire. Malick se aparta de lo que sería de esperar en una historia como ésta y, ante una serie de asesinatos gratuitos, adopta un punto de vista casi poético. Las imágenes de que se sirve para contarnos las desventuras de Kit y Holly son curiosamente hermosas dentro de su atractiva simplicidad. Además, adorna el viaje de los fugitivos con unas cálidas canciones que confieren a su aventura un curioso tono romántico e intimista. Tanto estética como narrativamente la película escapa de las claves de violencia que uno cabría esperar.

Y la simplicidad de los paisajes y decorados es también la que sirve para definir a los protagonistas. Kit es un joven que parece buscar la notoriedad comportándose como un chico malo. No hay nada más detrás de sus crímenes. No es un psicópata, no es una mala persona; tan solo hace lo que quiere hacer, sin más. A su lado, Holly se deja llevar. No juzga, no critica; acepta las explicaciones de Kit sin cuestionarlas demasiado. Lo quiere y lo sigue. Hasta que un día se cansa y lo deja. Todo tan sencillo como absurdo, tal vez porque, sin llegar a los extremos de Kit, en la vida muchos actos ocurren porque sí. La historia no pretende ser moralizadora, no hay en realidad ninguna moraleja, ni crítica; las cosas pasan y Malick nos hace testigos de ellas.

A pesar de lo que algunos opinan, creo que la actuación de Martin Sheen es un tanto exagerada. En muchas escenas me costaba convencerme de la autenticidad de sus actos. Sissy Spacek, sin embargo, me resultó mucho más convincente. En todo caso, se notaba la falta de veteranía de los protagonistas.

Malas tierras sigue siendo un film vigente, no por constituir una obra maestra, que no lo es, sino por conservar aún hoy en día ese carácter novedoso, original y algo desconcertante que la convierte en una rareza de evidente atractivo.

jueves, 20 de noviembre de 2014

The contract



Dirección: Bruce Beresford.
Guión: Stephen Katz, John Darrouzet.
Música: Normand Corbeil.
Fotografía: Dante Spinotti.
Reparto: John Cusack, Morgan Freeman, Jamie Anderson, Alice Krige, Megan Dodds, Bill Smitrovich, Ned Bellamy, Corey Johnson, Cory Hardrict.

Buscando reconciliarse con su hijo, Ray Keene (John Cusack) le propone realizar una acampada juntos. La mala suerte querrá que se topen con Frank Carden (Morgan Freeman), un mercenario que está huyendo de la policía local.

La presencia de Morgan Freeman y John Cusack justificaba por sí misma el ver esta película. Curiosamente, esta presencia parece que no fue suficiente para que The Contract (2006) viera la luz en Estados Unidos en los cines, siendo relegada directamente al mercado del videoclub. Y, una vez vista la cinta, entendemos el por qué.

The contract pretende ser un thriller donde la tensión resida principalmente en el enfrentamiento entre un hombre normal y un mercenario frío y eficaz. Para añadir más pimienta al asunto, los compinches de Carden van en su busca para liberarlo. Y por si ello no fuera suficiente, uno de los malos recibe el encargo de matar a Carden. En teoría, muchos puntos de conflicto y muchos elementos de tensión para mantenernos en vilo delante de la pantalla. En la práctica, nada de nada.

Para empezar, los personajes carecen realmente de profundidad. Su descripción es muy somera y se limita a los rasgos básicos. El guión no se toma el tiempo de que los conozcamos de una manera mínimamente seria, con lo que la película arrastra desde el principio una pega: apenas nos interesan las vicisitudes de Ray y su hijo, pues no sentimos por ellos demasiada complicidad. Tampoco el personaje de Freeman tiene una entidad suficiente. El guión se limita a dibujarlo como el cabecilla de una banda de mercenarios eficaz en su trabajo. Punto.

Pero si el guión peca de demasiado parco en la descripción de los protagonistas, la cosa no mejora en absoluto a la hora de crear la trama. La historia es tan básica como predecible. Incluso su premisa principal (gente corriente enfrentada a asesinos o delincuentes peligrosos) se ha visto ya demasiadas veces; con lo que, si no aporta nada novedoso, va a arrastrar la etiqueta negativa de "muy visto". No hay demasiada tensión en el periplo por los bosques de los protagonistas porque en seguida comprendemos qué va a suceder y casi podemos predecir con bastante exactitud los giros que va a sufrir la trama. Incluso la ambigüedad sobre el personaje de Carden no llega a engañarnos jamás. Intuimos que sufrirá cierta redención y, si bien es el malo de la película, el guión nos presentará a otros aún más malos que él como para que el desenlace pueda resulta mínimamente aceptable desde el punto de vista moral.

Llega un momento en que la persecución por el bosque se vuelve absurdamente repetitiva, con la sensación de que muchos planos y algunos personajes están ahí solamente de relleno, para estirar el metraje hasta límites comercialmente aceptables. Y Bruce Beresford se limita a filmar de un modo rutinario las escenas, sin llegar a crear en ningún momento nada mínimamente interesante, emocionante o intrigante.

Incluso algunas partes de la historia se dejan a medias, sin desarrollar, con lo que el guión presenta elementos un tanto forzados o absurdos. Nada parece funcionar realmente en esta intriga, ni por coherencia argumental, ni por originalidad, ni por una historia bien elaborada. Definitivamente, el guión resulta del todo burdo, demasiado insustancial, forzado, estereotipado y nada convincente.

The contract se nos queda, al final, en muy poquita cosa: un film rutinario con un pobre argumento y una puesta en escena sin nervio. Puede entretenernos si no somos demasiado exigentes. Y menos mal que cuenta con un reparto decente, ni me quiero imaginar esta película con actores de tercera.

martes, 18 de noviembre de 2014

Plan oculto



Dirección: Spike Lee.
Guión: Russell Gewirtz.
Música: Terence Blanchard.
Fotografía: Matthew Libatique.
Reparto: Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster, Willem Dafoe, Christopher Plummer, Chiwetel Ejiofor, Carlos Andrés Gómez, Kim Director.

Una banda de atracadores asalta un banco en Nueva York, tomando a gran cantidad de rehenes. La policía cerca el local y comienzan las negociaciones. Pero pronto, el detective al mando, Keith Frazier (Denzel Washington), se da cuenta de que es un atraco fuera de lo normal.

Lo primero que llama la atención de Plan oculto (2006) es su guión. A pesar de tratarse de una película sobre un atraco a un banco, es evidente que la historia quiere salirse de los caminos trillados y ofrecernos algo diferente, original y mucho menos predecible que los argumentos al uso. Sobre este punto hemos de alabar los intentos de crear una película distinta. Y gracias a esta originalidad, la trama consiguen mantener nuestra atención, pues resulta complicado predecir el final, si bien vamos teniendo algunas pistas aquí y allá.

Guión pues novedoso. E inteligente además. Hay que reconocer que algunos elementos de la trama nos sorprenderán gratamente. Tanto el malo de turno, Clive Owen, como el policía encarnado por Denzel Washington se salen de los registros a que estamos acostumbrados. Nada de criminales chalados o polis estereotipados. El retrato de los dos protagonistas está muy bien construido, en línea con la ingeniosa historia.

Sin embargo, pronto comienzan a vérsele las costuras a este entramado y comprobamos, con cierta pena, que lo que parecía un diamante no es más que un pedrusco brillante pero sin demasiado valor en sus entrañas.

Para empezar, en seguida nos damos cuenta de las filigranas de Spike Lee para alargar una historia que en realidad no da demasiado de sí. La película podría haber durado muchísimo menos, lo que hubiera sido de agradecer, si el director se hubiera ceñido a lo fundamental. Sin embargo, Lee decide adornar el argumento, alargar la trama, crear diversiones por aquí y por allá para que la historia dure y dure, como las famosas pilas del conejito. Y si bien es verdad que Spike Lee demuestra que es un director con recursos, tanta dilación queda pronto al descubierto y comprendemos que, de habérselo propuesto, hubiera podido contar la misma historia en mucho menos tiempo. A pesar de los intentos del director por mantener la tensión, Plan oculto va perdiendo fuerza poco a poco hasta que llega un momento en que estamos ya deseando que todo termine, y no tanto por conocer los misterios del argumento como por poder descansar de tantas secuencias de relleno.

Al final, cuando se descubre el pastel, nos encontramos con una historia que prometía finalmente más de los que contaba. Yo ya sospechaba que el desenlace podría dejarnos cierto mal sabor de boca, como así es desgraciadamente. Tantas expectativas sobre un atraco perfecto, sobre la inteligencia superior del atracador, tanto misterio sobre el pasado del banquero... y al final nada es para tanto. Una simple historia de ambición, un ladrón robado por otro ladrón y la impresión de que el desenlace no es tan verosímil ni está tan bien construido como habría sido deseable.

Gracias al menos que contamos con un buen reparto, que logra amortiguar los efectos de tanto metraje. Denzel Washington parece una especie de rey Midas, y todo lo que toca lo convierte en algo mejor de lo que es. Aquí mantiene el tipo con holgura y logra que no perdamos demasiado interés gracias a sus buenas artes. Clive Owen está más limitado al salir durante gran parte de la historia con el rostro tapado. En cuanto a Jodie Foster, decir que su presencia es más testimonial que otra cosa, pues su trabajo es bastante corto. Lo mismo que el de Christopher Plummer, que ha ganado mucho con el paso de los años.

Plan oculto resulta ser un proyecto ambicioso que no logra encajar del todo las piezas. Quizá con un metraje menor habría resultado un entretenimiento más acorde con lo que tiene verdaderamente que ofrecernos. Pretender darle más calado del real a base de pequeños engaños y muchas escenas de más no es sin duda la mejor solución.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Granujas de medio pelo



Dirección: Woody Allen.
Guión: Woody Allen.
Fotografía: Zhao Fei.
Reparto: Woody Allen, Tracey Ullman, Hugh Grant, Michael Rapaport, Tony Darrow, Jon Lovitz, Elaine May, Elaine Stritch, Larry Pine.

Tras salir de la cárcel, Ray Winkler (Woody Allen) no se conforma con la vida que lleva. Harto de ser pobre, tiene una idea genial para robar un banco: alquilará un local cercano donde, como tapadera, su mujer venderá galletas mientras su banda excava un túnel hasta la cámara acorazada del banco.

Granujas de medio pelo (2000) nos devuelve al Woody Allen de sus comienzos, donde la base de sus películas era el humor, sencillo y directo. De hecho, no pocos elementos de esta cinta nos van a recordar a Toma el dinero y corre (1969), con Allen otra vez en la piel de un torpe delincuente y con una banda de compinches bastante incompetentes. El director deja a un lado las reflexiones intelectuales, los problemas religiosos y existenciales y se centra en algo que sabe hacer muy bien: comedia de diálogos ágiles y ocurrentes.

La historia tiene dos partes bastante diferenciadas. El comienzo de la película, donde asistimos a la planificación e intento de ejecución del robo, y que cuenta con el excelente y divertido giro argumental por el que Winkler y su banda se hacen ricos gracias al negocio de galletas que montan como mera tapadera. Sin duda, son los mejores momentos de la cinta, con el genial personaje de Frenchy (Tracey Ullman), la mujer de Ray, de cuyos labios salen las mejores réplicas de la película.

La segunda parte desarrolla los problemas matrimoniales de Ray y Frenchy una vez que han alcanzado la riqueza con el negocio de las galletas. En esta segunda parte, Granujas de medio pelo pierde bastante del encanto y la gracia del comienzo, en parte porque la historia se vuelve mucho más previsible, los diálogos carecen del ingenio de los del comienzo y desaparecen de escena los compinches de Ray, que aportaban su granito de arena a la comicidad de la historia. Frente a la agilidad y frescura del comienzo, esta parte es más pesada, si bien al final recobra un poco de chispa, aunque creo que el desenlace resulta a todas luces lo menos original de toda la película.

Da la impresión que ambas mitades no terminan de formar un todo homogéneo y uno se queda con las ganas de que la primera parte se hubiera desarrollado mucho más, convirtiéndose en la base de la película y no al revés, como finalmente sucede.

También es cierto que frente a momentos muy logrados y diálogos relamente inspirados, en otros momentos Allen cae en chistes un tanto toscos y bromas demasiado infantiles, con lo que Granujas de medio pelo no alcanza la brillantez de otros trabajos del director.

En Granujas de medio pelo, Woody Allen aborda algunos temas interesantes, como la crisis matrimonial provocada por el éxito, la pérdida de identidad, el mito de Pygmalion, la ostentación y mal gusto de los nuevos ricos..., pero todo ello como base y al servicio de la comedia.

A pesar de los buenos momentos que encierra la película, en realidad estamos ante una obra menor dentro de la extensa filmografía de Allen. Creo que el ritmo con el que produce sus películas a veces puede pasar factura a la calidad de las mismas o, simplemente, no siempre se puede estar igual de inspirado. Pienso que la idea de partida era genial, pero el desarrollo de la misma no logró la excelencia. Aún así, es un film entretenido, con algunos momentos bastante logrados. Merece la pena.