El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 20 de noviembre de 2014

The contract



Dirección: Bruce Beresford.
Guión: Stephen Katz, John Darrouzet.
Música: Normand Corbeil.
Fotografía: Dante Spinotti.
Reparto: John Cusack, Morgan Freeman, Jamie Anderson, Alice Krige, Megan Dodds, Bill Smitrovich, Ned Bellamy, Corey Johnson, Cory Hardrict.

Buscando reconciliarse con su hijo, Ray Keene (John Cusack) le propone realizar una acampada juntos. La mala suerte querrá que se topen con Frank Carden (Morgan Freeman), un mercenario que está huyendo de la policía local.

La presencia de Morgan Freeman y John Cusack justificaba por sí misma el ver esta película. Curiosamente, esta presencia parece que no fue suficiente para que The Contract (2006) viera la luz en Estados Unidos en los cines, siendo relegada directamente al mercado del videoclub. Y, una vez vista la cinta, entendemos el por qué.

The contract pretende ser un thriller donde la tensión resida principalmente en el enfrentamiento entre un hombre normal y un mercenario frío y eficaz. Para añadir más pimienta al asunto, los compinches de Carden van en su busca para liberarlo. Y por si ello no fuera suficiente, uno de los malos recibe el encargo de matar a Carden. En teoría, muchos puntos de conflicto y muchos elementos de tensión para mantenernos en vilo delante de la pantalla. En la práctica, nada de nada.

Para empezar, los personajes carecen realmente de profundidad. Su descripción es muy somera y se limita a los rasgos básicos. El guión no se toma el tiempo de que los conozcamos de una manera mínimamente seria, con lo que la película arrastra desde el principio una pega: apenas nos interesan las vicisitudes de Ray y su hijo, pues no sentimos por ellos demasiada complicidad. Tampoco el personaje de Freeman tiene una entidad suficiente. El guión se limita a dibujarlo como el cabecilla de una banda de mercenarios eficaz en su trabajo. Punto.

Pero si el guión peca de demasiado parco en la descripción de los protagonistas, la cosa no mejora en absoluto a la hora de crear la trama. La historia es tan básica como predecible. Incluso su premisa principal (gente corriente enfrentada a asesinos o delincuentes peligrosos) se ha visto ya demasiadas veces; con lo que, si no aporta nada novedoso, va a arrastrar la etiqueta negativa de "muy visto". No hay demasiada tensión en el periplo por los bosques de los protagonistas porque en seguida comprendemos qué va a suceder y casi podemos predecir con bastante exactitud los giros que va a sufrir la trama. Incluso la ambigüedad sobre el personaje de Carden no llega a engañarnos jamás. Intuimos que sufrirá cierta redención y, si bien es el malo de la película, el guión nos presentará a otros aún más malos que él como para que el desenlace pueda resulta mínimamente aceptable desde el punto de vista moral.

Llega un momento en que la persecución por el bosque se vuelve absurdamente repetitiva, con la sensación de que muchos planos y algunos personajes están ahí solamente de relleno, para estirar el metraje hasta límites comercialmente aceptables. Y Bruce Beresford se limita a filmar de un modo rutinario las escenas, sin llegar a crear en ningún momento nada mínimamente interesante, emocionante o intrigante.

Incluso algunas partes de la historia se dejan a medias, sin desarrollar, con lo que el guión presenta elementos un tanto forzados o absurdos. Nada parece funcionar realmente en esta intriga, ni por coherencia argumental, ni por originalidad, ni por una historia bien elaborada. Definitivamente, el guión resulta del todo burdo, demasiado insustancial, forzado, estereotipado y nada convincente.

The contract se nos queda, al final, en muy poquita cosa: un film rutinario con un pobre argumento y una puesta en escena sin nervio. Puede entretenernos si no somos demasiado exigentes. Y menos mal que cuenta con un reparto decente, ni me quiero imaginar esta película con actores de tercera.

martes, 18 de noviembre de 2014

Plan oculto



Dirección: Spike Lee.
Guión: Russell Gewirtz.
Música: Terence Blanchard.
Fotografía: Matthew Libatique.
Reparto: Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster, Willem Dafoe, Christopher Plummer, Chiwetel Ejiofor, Carlos Andrés Gómez, Kim Director.

Una banda de atracadores asalta un banco en Nueva York, tomando a gran cantidad de rehenes. La policía cerca el local y comienzan las negociaciones. Pero pronto, el detective al mando, Keith Frazier (Denzel Washington), se da cuenta de que es un atraco fuera de lo normal.

Lo primero que llama la atención de Plan oculto (2006) es su guión. A pesar de tratarse de una película sobre un atraco a un banco, es evidente que la historia quiere salirse de los caminos trillados y ofrecernos algo diferente, original y mucho menos predecible que los argumentos al uso. Sobre este punto hemos de alabar los intentos de crear una película distinta. Y gracias a esta originalidad, la trama consiguen mantener nuestra atención, pues resulta complicado predecir el final, si bien vamos teniendo algunas pistas aquí y allá.

Guión pues novedoso. E inteligente además. Hay que reconocer que algunos elementos de la trama nos sorprenderán gratamente. Tanto el malo de turno, Clive Owen, como el policía encarnado por Denzel Washington se salen de los registros a que estamos acostumbrados. Nada de criminales chalados o polis estereotipados. El retrato de los dos protagonistas está muy bien construido, en línea con la ingeniosa historia.

Sin embargo, pronto comienzan a vérsele las costuras a este entramado y comprobamos, con cierta pena, que lo que parecía un diamante no es más que un pedrusco brillante pero sin demasiado valor en sus entrañas.

Para empezar, en seguida nos damos cuenta de las filigranas de Spike Lee para alargar una historia que en realidad no da demasiado de sí. La película podría haber durado muchísimo menos, lo que hubiera sido de agradecer, si el director se hubiera ceñido a lo fundamental. Sin embargo, Lee decide adornar el argumento, alargar la trama, crear diversiones por aquí y por allá para que la historia dure y dure, como las famosas pilas del conejito. Y si bien es verdad que Spike Lee demuestra que es un director con recursos, tanta dilación queda pronto al descubierto y comprendemos que, de habérselo propuesto, hubiera podido contar la misma historia en mucho menos tiempo. A pesar de los intentos del director por mantener la tensión, Plan oculto va perdiendo fuerza poco a poco hasta que llega un momento en que estamos ya deseando que todo termine, y no tanto por conocer los misterios del argumento como por poder descansar de tantas secuencias de relleno.

Al final, cuando se descubre el pastel, nos encontramos con una historia que prometía finalmente más de los que contaba. Yo ya sospechaba que el desenlace podría dejarnos cierto mal sabor de boca, como así es desgraciadamente. Tantas expectativas sobre un atraco perfecto, sobre la inteligencia superior del atracador, tanto misterio sobre el pasado del banquero... y al final nada es para tanto. Una simple historia de ambición, un ladrón robado por otro ladrón y la impresión de que el desenlace no es tan verosímil ni está tan bien construido como habría sido deseable.

Gracias al menos que contamos con un buen reparto, que logra amortiguar los efectos de tanto metraje. Denzel Washington parece una especie de rey Midas, y todo lo que toca lo convierte en algo mejor de lo que es. Aquí mantiene el tipo con holgura y logra que no perdamos demasiado interés gracias a sus buenas artes. Clive Owen está más limitado al salir durante gran parte de la historia con el rostro tapado. En cuanto a Jodie Foster, decir que su presencia es más testimonial que otra cosa, pues su trabajo es bastante corto. Lo mismo que el de Christopher Plummer, que ha ganado mucho con el paso de los años.

Plan oculto resulta ser un proyecto ambicioso que no logra encajar del todo las piezas. Quizá con un metraje menor habría resultado un entretenimiento más acorde con lo que tiene verdaderamente que ofrecernos. Pretender darle más calado del real a base de pequeños engaños y muchas escenas de más no es sin duda la mejor solución.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Granujas de medio pelo



Dirección: Woody Allen.
Guión: Woody Allen.
Fotografía: Zhao Fei.
Reparto: Woody Allen, Tracey Ullman, Hugh Grant, Michael Rapaport, Tony Darrow, Jon Lovitz, Elaine May, Elaine Stritch, Larry Pine.

Tras salir de la cárcel, Ray Winkler (Woody Allen) no se conforma con la vida que lleva. Harto de ser pobre, tiene una idea genial para robar un banco: alquilará un local cercano donde, como tapadera, su mujer venderá galletas mientras su banda excava un túnel hasta la cámara acorazada del banco.

Granujas de medio pelo (2000) nos devuelve al Woody Allen de sus comienzos, donde la base de sus películas era el humor, sencillo y directo. De hecho, no pocos elementos de esta cinta nos van a recordar a Toma el dinero y corre (1969), con Allen otra vez en la piel de un torpe delincuente y con una banda de compinches bastante incompetentes. El director deja a un lado las reflexiones intelectuales, los problemas religiosos y existenciales y se centra en algo que sabe hacer muy bien: comedia de diálogos ágiles y ocurrentes.

La historia tiene dos partes bastante diferenciadas. El comienzo de la película, donde asistimos a la planificación e intento de ejecución del robo, y que cuenta con el excelente y divertido giro argumental por el que Winkler y su banda se hacen ricos gracias al negocio de galletas que montan como mera tapadera. Sin duda, son los mejores momentos de la cinta, con el genial personaje de Frenchy (Tracey Ullman), la mujer de Ray, de cuyos labios salen las mejores réplicas de la película.

La segunda parte desarrolla los problemas matrimoniales de Ray y Frenchy una vez que han alcanzado la riqueza con el negocio de las galletas. En esta segunda parte, Granujas de medio pelo pierde bastante del encanto y la gracia del comienzo, en parte porque la historia se vuelve mucho más previsible, los diálogos carecen del ingenio de los del comienzo y desaparecen de escena los compinches de Ray, que aportaban su granito de arena a la comicidad de la historia. Frente a la agilidad y frescura del comienzo, esta parte es más pesada, si bien al final recobra un poco de chispa, aunque creo que el desenlace resulta a todas luces lo menos original de toda la película.

Da la impresión que ambas mitades no terminan de formar un todo homogéneo y uno se queda con las ganas de que la primera parte se hubiera desarrollado mucho más, convirtiéndose en la base de la película y no al revés, como finalmente sucede.

También es cierto que frente a momentos muy logrados y diálogos relamente inspirados, en otros momentos Allen cae en chistes un tanto toscos y bromas demasiado infantiles, con lo que Granujas de medio pelo no alcanza la brillantez de otros trabajos del director.

En Granujas de medio pelo, Woody Allen aborda algunos temas interesantes, como la crisis matrimonial provocada por el éxito, la pérdida de identidad, el mito de Pygmalion, la ostentación y mal gusto de los nuevos ricos..., pero todo ello como base y al servicio de la comedia.

A pesar de los buenos momentos que encierra la película, en realidad estamos ante una obra menor dentro de la extensa filmografía de Allen. Creo que el ritmo con el que produce sus películas a veces puede pasar factura a la calidad de las mismas o, simplemente, no siempre se puede estar igual de inspirado. Pienso que la idea de partida era genial, pero el desarrollo de la misma no logró la excelencia. Aún así, es un film entretenido, con algunos momentos bastante logrados. Merece la pena.

domingo, 9 de noviembre de 2014

American Gangster



Dirección: Ridley Scott.
Guión: Steven Zaillian.
Música: Marc Streitenfeld.
Fotografía: Harris Savides.
Reparto: Denzel Washington, Russell Crowe, Carla Gugino, Cuba Gooding Jr., Josh Brolin, Ruby Dee, Chiwetel Ejiofor, Lymari Nadal, RZA, Ted Levine, Armand Assante, Idris Elba, Ric Young, Clarence Williams III, John Ortiz, John Hawkes, Jon Polito, Kevin Corrigan, KaDee Strickland, Common, T.I., Linda Powell, Albert Jones, Yul Vazquez.

Finales de los años sesenta: Frank Lucas (Denzel Washington) es el chofer y mano derecha de Bumpy Johnson, un mafioso negro que controla Harlem. A su muerte, Lucas aprovecha el vacío de poder que ha dejado para hacerse con el control del negocio de la droga.

Hacer un film sobre el mundo de mafia tiene, para mí, un riesgo enorme y no es otro que la alargada sombra de El Padrino (Francis F. Coppola), la obra maestra del género. Me resulta muy complicado no establecer comparaciones entre la obra de Coppola y cualquier film posterior. Dicho ésto, hay que admitir que American Gangster (2007) es un film bastante digno, bien construido y bien dirigido por un director de talento como Ridley Scott. Sin embargo, dista mucho, desde mi modesto punto de vista, de ser una gran película.

El primer pero que le tengo que poner es su excesiva duración. A veces tengo la impresión que para algunos viene a ser casi lo mismo calidad y longitud de una película. Es como una especie de ambición que se midiera en metraje. Nos hemos olvidado de "lo bueno, si breve..." y algunos directores se tiran a filmar metros y metros de película como posesos sin mucha explicación. En el caso que nos ocupa, creo que a American Gangster le sobran minutos por todos lados; en especial, todo lo relacionado con el matrimonio fallido de Richie Roberts (Russell Crowe), que no aporta nada al argumento y no funciona más que como un estereotipado relleno. Es como una moda: el protagonista ha de tener un matrimonio roto, nada de solterías o felicidades conyugales vulgares. No entiendo esa moda, la verdad. Todo lo que termina siendo un cliché resultará, como aquí, insustancial y aburrido.

El caso es que esta desmesurada extensión de American Gangster termina por pasarle factura. Aún reconociendo el acierto de Ridley Scott con la puesta en escena, el ritmo y la claridad narrativa, algunos cortes aquí y allá hubieran beneficiado sin duda a la película, que se pierde a veces en disgresiones  un tanto innecesarias.

Una de las sorpresas de American Gangster es su escasa violencia, sobre todo tratándose de un tema tan apropiado para los excesos en esa materia. En contra de la corriente actual, Scott opta por un film mucho más pausado, donde el mafioso de turno no es un colgado de gatillo fácil, sino un inteligente hombre de negocios. Quién esperase un derroche de sangre se sentirá defraudado. Sin embargo, para mí es una de las mejores virtudes del film.

La historia se centra en las figuras del mafioso y del policía de narcóticos que irá tras sus pasos. Scott va relatando por separado sus caminos que, sabemos, terminarán por converger. Como ya apuntaba anteriormente, el director tiene el suficiente talento como construir un relato sólido, muy bien contado y con un ritmo preciso que mantiene el film sobre unas sólidas bases. Sin embargo, hay que admitir que el relato de las andanzas de Lucas resulta muchísimo más interesante que el de Roberts, cuya honradez profesional contrastada con sus miserias matrimoniales no termina de resultarme ni atractiva ni convincente, sonando un tanto a estereotipo barato. Por el contrario, la figura de Lucas, sin terminar de estar tallada a la perfección, es mucho más compleja y atractiva, al tiempo que más real también. Es por ello que el relato sufre una pequeña alteración en su desenlace, de manera que terminamos por sentirnos más afines al villano que al policía. Uno casi sufre con la caída de Lucas, cuando lo lógico sería que nos alegráramos de que un traficante así terminara con sus huesos en la cárcel.

Lo que sin duda es un gran acierto es la presencia de Denzel Washington y Russell Crowe al frente del reparto. El primero lo borda en uno de esos personajes que le van como anillo al dedo. La elegancia de Frank Lucas, su sangre fría, incluso sus arrebatos de ira parecen pan comido para el señor Washington, responsable en buena medida de que su personaje termine resultándonos muy atractivo. Crowe, sin llegar a convencerme tanto, también hace un trabajo notable. El problema es que su caracterización de policía duro, pero con problemas, algo abandonado y honesto hasta el límite  no resulta tan original como quisiéramos, repitiendo algunos registros que ya conocíamos.

American Gangster también peca de cierta frialdad. Tal vez la misma excesiva duración termina por afectarle en este sentido, favoreciendo que nos perdamos en nimiedades que nos descentran de lo fundamental. Pero también es verdad que noté cierta imprecisión en el retrato de los protagonistas, dibujados con coherencia pero también con la sensación de haber recurrido demasiado a estereotipos que los convierten en algo no del todo real o creíble al cien por cien.

American Gangster es, en definitiva, una película ambiciosa, bien narrada, con destellos de buen cine, con algunas escenas muy logradas (en especial aquellas en se muestra la cara más triste de la drogadicción) y un reparto excelente, pero que no termina de darnos todo lo que parecía prometer, por culpa quizá de un metraje excesivo a todas luces y una historia que, a pesar de estar basada en hechos reales, resulta un tanto peliculera.


lunes, 3 de noviembre de 2014

La momia



Dirección: Terence Fisher.
Guión: Jimmy Sangster.
Música: Franz Reizenstein.
Fotografía: Jack Asher.
Reparto: Peter Cushing, Christopher Lee, Yvonne Furneaux, Eddie Byrne, Felix Aylmer, Raymond Huntley, George Pastell, Michael Ripper.

En 1895, John Banning (Peter Cushing), arqueólogo británico, junto a su padre Stephen (Felix Aylmer) y su tío Joseph Whemple (Raymond Huntley), descubre la tumba de Ananka, una antigua princesa egipcia. Por desgracia, Stephen leerá en voz alta un papiro que devuelve a la vida a Kharis (Christopher Lee), el amante momificado de la princesa.

La momia (1959) es un maravilloso ejemplo de ese cine sencillo, directo y encantador de la famosa productora británica Hammer, especializada desde los años cincuenta en films de terror gótico. En La momia tenemos presentes a los tres pilares de dicha productora: Terence Fisher como director y Peter Cushing y Christopher Lee como actores.

Fiel a los principios de la Hammer, la película cuenta con un reducido presupuesto, lo que condiciona la puesta en escena. Sin embargo, ello no impide que asistamos, por ejemplo, a una minuciosa y simpática reconstrucción del Egipto de los faraones en uno de los flashbacks que salpican el relato. Aún así, los decorados y el nivel general de los actores, salvando a Cushing y Lee, siguen delatando la modestia del proyecto.

La momia retoma el tema de la película de 1932 de Karl Freund del mismo título, aunque aquí Terence Fisher opta por un film más centrado en la acción y el terror, con algunos sutiles toques sensuales. Es innecesario decir que la sorpresa o el miedo que podía infundir este film en la época de su estreno ha perdido hoy en día toda su fuerza. Vista en la actualidad, La momia no deja de resultar un film curioso y hasta gracioso en algún instante.

El desarrollo de la historia es bastante simple y hasta predecible, no muy diferente de otros films de terror que mezclaban alegremente verdades científicas o históricas con elementos mágicos o fantásticos y en los que la ciencia terminaba por desafiar ciertas leyendas y mitos, acarreando la muerte a aquellos impíos que no respetaban las tradiciones. Sin embargo, hay que reconocer que el argumento cae en algunas imprecisiones o giros un tanto forzados, teniendo por ejemplo en su final precipitado y algo tosco uno de los elementos menos sólidos de la historia.

Puestos a buscarle algún mensaje, cosa que no creo que estuviera en los planes del equipo de la película, podríamos verla como una advertencia frente a la intolerancia, religiosa o de pensamiento.

En cuanto al reparto, tanto Cushing como Lee están sin duda a un nivel muy superior al resto de sus compañeros, actores bastante limitados en su mayor parte. Lee está perfectamente caracterizado de momia, y podemos imaginar el pavor que podía infundir su presencia en el público de los años cincuenta. Dentro de las limitaciones que le imponía el disfraz, hay que destacar lo bien que lograba expresar sus emociones simplemente con su mirada. De Peter Cushing, ¿qué decir?, siento debilidad por este actor de edad indeteminada. En todos los films que le recuerdo me parecía siempre un hombre que bordeaba la vejez, pero siempre conjuraba esa impresión con su presencia enérgica, su delgadez y la fuerza de su trabajo.

La momia no es un film brillante, pero tiene un encanto irrepetible. Es el cine de mi infancia, de las sesiones de los sábados, de los decorados cantosos, los coloridos chillones, las actrices hermosas y exageradas y los héroes sin demasiado glamour. Tiene esa torpeza de las cosas hechas con pocos medios, y ahí reside su encanto. Me devuelve a mi infancia y ya no me asusta, solo me asombra.

martes, 28 de octubre de 2014

Cita a ciegas



Dirección: Blake Edwards.
Guión: Dale Launer.
Música: Henry Mancini.
Fotografía: Harry Stradling Jr.
Reparto: Kim Basinger, Bruce Willis, John Larroquette, William Daniels, George Coe, Mark Blum.

Walter Davis (Bruce Willis), un ejecutivo soltero y sin compromiso, necesita una acompañante para una importante cena de negocios de su empresa. Desesperado, recurre a su hermano que le recomienda a Nadia (Kim Basinger), una atractiva y simpática joven con la que sólo debe tener cuidado con un detalle: no debe dejar que beba alcohol.

Blake Edwards es uno de los nombres más reconocibles en la comedia moderna, con títulos tan taquilleros como la serie de La Pantera Rosa, si bien sus mejores películas están adscritas a otros registros más serios, como Desayuno con diamantes (1961) o Días de vino y rosas (1962). Pero quizá lo que mejor caracteriza a este director es su larga e irregular carrera. Cita a ciegas (1987) no es de sus mejores películas, si bien resulta una comedia amena con algunos buenos momentos.

Para empezar, Blake Edwards vuelve con esta película a screwball comedy del Hollywood de los años treinta, con un argumento que abunda en personajes y situaciones alocadas, con abundantes gaga visuales y momentos un tanto surrealistas. No todos estos momentos están igual de logrados y junto a detalles bastante cómicos y originales nos encontramos también con algunos menos afortunados y más vulgares. Aún así, el mérito de Edwards es lograr un conjunto bastante equilibrado, con un ritmo logrado y que proporciona un entretenimiento más que aceptable.

Eso sí, Cita a ciegas dista mucho de poseer una calidad excelente. Entre otras cosas porque los personajes protagonistas no terminan de estar todo lo bien construidos que uno quisiera, especialmente el de Nadia (su problema con el alcohol resulta algo forzado) o el de su novio David (John Larroquette), si bien es un personaje que finalmente aporta una buena dosis de locura y chispa al desarrollo de la comedia. Tampoco el argumento es ningún prodigio: la base romántica del film no termina de tener la fuerza necesaria, quedando a un nivel muy básico, y los diálogos son muy limitados también.

El reparto, en cambio, funciona de maravilla. Bruce Willis, que venía del mundo de la televisión, funciona de maravilla, consiguiendo con esta cinta el asentamiento definitivo como estrella del cine. Por su parte, Kim Basinger, que apuntaba como la nueva sex symbol tras 9 semanas y media (Adrian Lyne, 1986), demuestra sus dotes de actriz todoterreno con una interpretación más que notable. John Larroquette está genial como novio posesivo-agresivo y William Daniels, el juez, completa un elenco que funciona de maravilla.

Sin ser de lo mejor de su realizador, Cita a ciegas es un film resultón. Nos permite pasar un buen rato, y nos saca alguna que otra risa; y en medio de ese mar de comedias estúpidas que tanto proliferan en la actualidad, uno siente que no le han tomado el pelo.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Las normas de la casa de la sidra



Dirección: Lasse Hallström.
Guión: John Irving (Novela: John Irving).
Música: Rachel Portman.
Fotografía: Oliver Stapleton.
Reparto: Tobey Maguire, Charlize Theron, Michael Caine, Delroy Lindo, Paul Rudd, Jane Alexander, Kathy Baker, Kieran Culkin, Heavy D, Kate Nelligan, Erykah Badu, Paz de la Huerta.

Homer Wells (Tobey Maguire) se ha criado en el orfanato de St. Cloud. Para el doctor Larch (Michael Caine) siempre ha sido un niño especial y lo ha educado enseñándole lo que sabe de la medicina, con la esperanza de que algún día sea su sustituto.

Basada en una novela de John Irving y con guión del mismo escritor, Las normas de la casa de la sidra (1999) es una de esas películas que apuntan directamente al corazón. Es un film sensible y hermoso pero que no alcanza toda la plenitud que hubiéramos deseado. Vayamos por partes.

Es innegable que Las normas de la casa de la sidra, cuyo título denota cierta pedantería, es un film impecable en muchos aspectos. Por un lado, Lasse Wallström realiza una puesta en escena excelente, apoyado en una fotografía delicada y hermosa, un ritmo lento pero sólido y una historia muy humana y llena de personajes entrañables, especialmente los niños huérfanos, con los que es difícil no sentir empatía. Además, el director tiene el suficiente tacto y elegancia para manejar las numerosas escenas emotivas con buen gusto, evitando cargar las tintas y caer en la sensiblería barata. Esa delicadeza es muy de agradecer.

Sin embargo, uno tiene la sensación, especialmente en algunos pasajes de la película y al final de la misma, de que al relato le falta algo. Todo en Las normas de la casa de la sidra es demasiado correcto, pero falta emoción, falta tensión en los personajes, profundidad, nervio. Es como si el éter que adormecía al buen doctor Larch hubiera empapado también al guión y lo dejara sin la fuerza necesaria para abordar los múltiples aspectos que toca con más seriedad o convicción. El problema del aborto, del racismo, el amor, la sexualidad, la guerra, la infidelidad, el incesto... aparecen de pasada, pero sin que sean abordados con todo el rigor que merecen. Incluso el personaje de Homer es demasiado plano, sin la entidad requerida al conductor de la historia. Así, la película se queda en un relato amable, placentero, donde hasta la violencia parece de un nivel menor. Es como si tuviéramos la sensación de que nada realmente malo pudiera pasar, de que las desgracias son como momentos felices más pequeñitos. En fin, que todo queda un tanto edulcorado.

Pero cuidado, ello no impide que estemos ante un film muy hermoso, lleno de momentos preciosos, en especial durante la primera parte del mismo, antes de que Homer decida irse a conocer mundo. Y es que esta segunda parte del relato resulta un poco menos convincente, menos "real" que la primera. La historia pierde algo de nervio y aunque las experiencias de Homer más allá de St. Cloud tengan su interés, parece que el relato de Irving pierde un poco la sencilla belleza y emotividad de la vida en el orfanato, sin duda lo mejor del film.

En relación al reparto, sería imperdonable no mencionar el buen trabajo de los niños, algo siempre destacable; aunque, si somos sinceros, debemos quedarnos por encima de todo con la gran interpretación de Michael Caine, sin duda colosal, que le valió ganar un merecido Oscar como mejor actor secundario. Tobey Maguire tampoco anda nada mal, si bien no logra alcanzar la plenitud interpretativa lograda por Caine. Y en cuanto a Charlize Theron, su presencia es ya de por sí un regalo.

Las normas de la casa de la sidra es el típico film candidato a bañarse en premios. Reúne no pocas virtudes para ello, aunque la mayoría son en el apartado técnico. Es por ello que, aún reconociendo sus grandes méritos, pienso que se queda a un paso de lograr la perfección. Y no es poco, claro.

Además del Oscar de Michael Caine, la cinta recibió otro al mejor guión adaptado, de un total de siete nominaciones.