El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

sábado, 23 de abril de 2016

La noche es nuestra



Dirección: James Gray.
Guión: James Gray.
Música: Wojciech Kilar.
Fotografía: Joaquín Baca-Asay.
Reparto: Joaquin Phoenix, Mark Wahlberg, Eva Mendes, Robert Duvall, Danny Hoch, Alex Veadov, Oleg Taktarov, Dominic Colon, Joe D'Onofrio, Antoni Corone, Moni Moshonov.

Bobby Green (Joaquin Phoenix) es el encargado de un local de moda en Brooklyn propiedad de un ruso al que la policía investiga en relación con el tráfico de drogas. Lo que Bobby oculta a su jefe y a sus amigos es que su padre y su hermano pertenecen a la policía de Nueva York y le presionan además para que colabore con ellos en la lucha contra el narcotráfico.

La noche es nuestra concitó en su momento un buen número de críticas bastante dispares. Desde las más elogiosas, alabando un film con muchos elementos clásicos; hasta las más demoledoras, ahondando en las irregularidades de la cinta. Sin decantarme claramente por ningún bando, mi impresión se acerca más al grupo de los críticos.

La noche es nuestra (2007) se presenta como un film policíaco más, con la trama de lucha contra el narcotráfico, tantas veces vista, como elemento de tensión principal. Sin embargo, tal vez en busca de un enfoque diferente y un punto de vista más dramático, el guión mete de por medio un drama familiar que termina por ser el eje principal de la película. El principal problema que encuentro es que el conflicto familiar entre Joseph (Mark Wahlberg), el policía e hijo modélico, y Bobby, la oveja negra, carece de la fuerza suficiente como para implicarnos y emocionarnos decididamente en él. Y ello por culpa de un guión que no termina de dibujar en profundidad y con la entidad suficiente a los protagonistas, limitándose a un esquemático diseño que deja más sombras que luces y que, en mi caso, me impidió vivir ese conflicto con el interés que hubiera sido necesario. En especial, la transformación de Bobby, si bien se comprende, not termina de resultar tan convincente como me hubiera gustado. Todo queda un poco cogido por alfileres.

Y al fallar ese elemento, toda la película se resiente. Está claro que el film contiene momentos muy interesantes y algunas escenas están filmadas con originalidad, apoyándose en una muy interesante fotografía. Pero si nos falta la emoción...

Y si el guión falla con los protagonistas, tampoco se muestra muy acertado con los malos. Y está claro que la fuerza de una historia radica muy a menudo en la fuerza de sus villanos. En este caso, ninguno de ellos llega a parecer lo bastante peligroso como para asustarnos realmente. O quizá se deba a que el guión se orienta demasiado hacia los problemas de los protagonistas, dejando un tanto de lado la definición de los villanos. Incluso el viejo Marat (Moni Moshonov) parece un amable abuelito incapaz de hacer daño a nadie. Es el riesgo de jugar al despiste, dejando la sorpresa para el desenlace final.

Si además de estas lagunas del guión le añadimos unos diálogos muy poco impactantes, el resultado es que la intriga de la película me dejó bastante indiferente, pasando las escenas más cruciales de la historia sin llegar a atraparme en el drama de los personajes.

Y tampoco la dirección de James Gray me resultó del todo convincente. Su trabajo es correcto, pero un tanto impersonal. En ningún momento me llegó a trasmitir la tensión del momento ni tampoco me sentí conmovido, sino más bien sorprendido, en algunos de los momentos más dramáticos de la película. Su recurso a los movimientos nerviosos de la cámara en las escenas de acción, además de estar ya muy vistos, tan solo aportaban cierta confusión a dichas escenas.

La elección de los actores no es ni buena ni mala. Personalmente, ninguno de los dos protagonistas me convencen, si bien sus trabajos no son malos. Es algo personal, pero no les encuentro demasiado carisma. Robert Duvall aporta una veteranía que se agradece y Eva Mendes es más una figura decorativa que otra cosa. El resto de secundarios se mantienen en la línea de toda la película: no destacan por nada en concreto, pero no se puede decir que desentonen.

En resumen, La noche es nuestra resulta un film más de policías, sin nada en particular que justifique, desde mi punto de vista, algunas críticas demasiado buenas que he visto por ahí. Su principal defecto es un guión que se queda en la superficie de los personajes y sus conflictos, de ahí que no funcione del todo. Tampoco es un film desdeñable. Simplemente, lo calificaría como un buen pasatiempo, quizá un poco excesivo en su duración, sin más.

domingo, 17 de abril de 2016

Sueños de seductor



Dirección: Herbert Ross.
Guión: Woody Allen (Teatro: Woody Allen).
Música: Billy Goldenberg.
Fotografía: Owen Roizman.
Reparto: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Jerry Lacy, Susan Anspach, Jennifer Salt, Allelon Ruggiero, Joy Bang.

A Allan Felix (Woody Allen) lo acaba de dejar su mujer, cansada y aburrida de vivir con él. Sus amigos Linda (Diane Keaton) y Dick (Tony Roberts) intentan animarlo arreglándole algunas citas con mujeres que conocen. Pero Allan parece incapaz de congeniar con ninguna de ellas.

Sueños de seductor (1972) es la adaptación al cine de una obra de teatro escrita por Woody Allen y representada con éxito en Broadway por el mismo cuarteto de actores que la llevaría a la gran pantalla. Allen, aún en sus comienzos en el mundo del cine, si bien ya había dirigido Bananas en 1971, prefirió dejar en esta ocasión la dirección en manos de otro, fruto de su impericia tras la cámara en esos momentos.

La película, además de girar en torno al amor y un enredo entre tres, es también un homenaje de Woody Allen hacia el cine clásico, con referencias a muchas películas a lo largo de Sueños de seductor, pero especialmente al film Casablanca (Michael Curtiz, 1942), con el que comienza y termina esta película, y a la figura de Humphrey Bogart, que ejerce de mentor de Allan Felix en su complicada vida amorosa. De esta manera, Woody Allen deja clara su pasión y su admiración por el cine clásico, lo que le permite a su vez intercalar hábilmente las apariciones de su Bogart imaginario, punteando el desarrollo de la comedia con algunos momentos muy originales.

Sin embargo, el eje central de Sueños de seductor son las difíciles relaciones del protagonista con las mujeres, lo que permite a Allen lanzar toda una batería de chistes y frases ingeniosas en su línea a cerca del amor, la seducción y las relaciones personales, como irá desarrollando a lo largo de toda su personal filmografía posterior. Aquí, sin embargo, no figuran sus habituales referencias al judaísmo o la muerte, pues es el amor en este caso el protagonista absoluto.

Si bien es evidente que estamos ante una de las primeras películas de Allen, lo que queda en evidencia especialmente en la actuación del cómico, no del todo segura, y algunos momentos que no están al mismo nivel que las mejores secuencias, el mundo personal y peculiar del actor ya muestra las características básicas que irá desarrollando en el resto de su producción; en especial ese humor basado en ocurrencias llenas de chispa y frases verdaderamente inspiradas que nos dejan algunos momentos realmente geniales, si bien no tan numerosos como nos hubiera gustado. De la misma manera, Woody Allen ya nos presenta al personaje que va a desarrollar en su filmografía, un individuo torpe, inseguro y con evidentes problemas de identidad y seguridad en sí mismo.

A pesar de esos defectos de juventud, la película sigue manteniendo su vigencia y todo su encanto, siendo el primer gran éxito de Woody Allen, lo que le permitió continuar en el mundo del cine afianzando su peculiar sentido del humor y su particular lucha interior.

Imprescindible para los fanáticos del director.


jueves, 14 de abril de 2016

Rambo: Acorralado Parte II (Rambo 2)



Dirección: George Pan Cosmatos.
Guión: Sylvester Stallone y James Cameron.
Música: Jerry Goldsmith.
Fotografía: Jack Cardiff.
Reparto: Sylvester Stallone, Richard Crenna, Steven Berkoff, Charles Napier, Julia Nickson-Soul, Martin Kove.

Mientras John Rambo (Sylvester Stallone) cumple condena por la violencia desatada en Hope, recibe la visita del coronel Trautman (Richard Crenna) que le propone una nueva misión a cambio de salir de la prisión: volver a Vietnam en busca de prisioneros de guerra norteamericanos.

Tras el éxito de Acorralado (Ted Kotcheff, 1982), Stallone de embarca en una continuación de aquella película. El guión lo escribe James Cameron, si bien el actor decide cambiar algunas partes del mismo, algo que no gustaría demasiado a Cameron, que declararía que finalmente a él habría que atribuirle las escenas de acción, pero que la parte más comprometida políticamente era obra de Stallone.

Lo que es evidente, es que esta segunda entrega tiene un espíritu totalmente distinto de la primera. Si en Acorralado el guión se acercaba a los traumas de los veteranos del Vietnam y sus problemas para adaptarse a la vida civil, en esta película lo que se busca es una mera revancha. La Guerra de Vietnam fue una espina dolorosa clavada en el orgullo del pueblo norteamericano, la primera gran derrota militar de ese país. Por tanto, en plena era Ronald Reagan (cuya fotografía se puede ver en un par de escenas), Rambo 2 pretende, a su manera, reescribir la historia ofreciendo una cumplida revancha de aquella derrota nunca asimilada; esta vez, además, a manos de un solo hombre: Rambo. El solito se encarga de rescatar a unos prisioneros americanos y mandar al otro mundo a vietnamitas y soviéticos a la vez, los enemigos jurados de Estados Unidos en los años ochenta.

El corte militarista, el mensaje revanchista y un aire un tanto fascista son pues las señas de identidad de esta película, mero vehículo propagandístico hecho para la mayor gloria de Sylvester Stallone, convertido de nuevo en un militar casi indestructible, que se dedica a lucir su impresionante musculatura mientras defiende, a su manera, una visión muy simplificada del honor, el deber y la lealtad a su país. Y es que en Rambo 2 no hay lugar para sutilezas: los soldados son los auténticos héroes; personas que lo dieron todo por su patria y a los que la política ha traicionado, olvidándolos y engañándolos. Pero si los políticos no son muy bien tratados, los enemigos de Estados Unidos son, sencillamente, el demonio. Tanto los vietnamitas como los soviéticos aparecen como seres crueles, inhumanos, traicioneros y sanguinarios, además de tener una apariencia no muy atractiva en el caso de los asiáticos. La visión sectaria es tan evidente como superficial y torpe.

Si dejamos de lado los aspectos panfletarios, la película tampoco es un portento en otros apartados. Es cierto que contiene escenas de acción espectaculares, pero también es verdad que se percibe un aire algo cubre en muchos momentos, como si todo fuera un montaje de estudio aparatoso pero no del todo convincente. No basta con llenar la pantalla de explosiones, es necesario saber crear tensión, tener unos personajes con entidad y fuerza y todo ello está ausente en esta película. Los malos son meros figurantes que mueren aparatosamente llegado el momento, con una coreografía muy cinematográfica y bastante previsible. El personaje de Rambo, que en la primera entrega presentaba un trasfondo de dolor y amargura, de traumas de guerra, es ahora un Geyperman rocoso al que cuesta descubrir un sentimiento más allá de la venganza ciega.

El trabajo en la dirección de Cosmatos tampoco me convenció demasiado. Prácticamente se limita a filmar una sucesión de escenas de acción cada vez más intensas y espectaculares, pero sin llegar a emocionarme realmente ni a hacerme sentir tensión o peligro. Y cuando tiene que mantener el relato, se limita a intercalar escenas de la base de operaciones, añadidos que resultan forzados, artificiosos y un tanto vacíos de contenido. Lo que mantiene el ritmo, que no la tensión argumental, son solo la sucesión de las escenas violentas y explosiones.

Y tampoco el reparto es para lanzar las campanas al vuelo. Stallone nunca destacó por sus dotes interpretativas, especialmente en sus comienzos, algo que deja muy claro en esta película, con un trabajo torpe, inexpresivo y muy poco convincente. Richard Crenna, que ya no gustó en la primera entrega por acartonado e hierático, con una pulcritud en su vestuario un tanto ridícula, sigue aquí en la misma línea, dando vida a un coronel sin alma ni sangre en las venas. Y el resto del reparto se dedica a dar vida a  meros estereotipos con un trabajo muy limitado.

En este caso se cumple pues, al pie de la letra, lo de que segundas partes nunca fueron buenas. No es que sea muy partidario de este tipo de sentencias tan lapidarias y rotundas, pero está claro que Rambo 2 se queda a años luz de Acorralado, que aportaba algo más que la mera violencia desatada. Por desgracia, el éxito de la película fue colosal, con recaudaciones millonarias, lo que propiciaría nuevas entregas de la serie.

Rambo 2 fue nominada a los mejores efectos de sonido.


sábado, 2 de abril de 2016

Sospechosos habituales



Dirección: Bryan Singer.
Guión: Christopher McQuarrie.
Música: John Ottman.
Fotografía: Newton Thomas Sigel.
Reparto: Gabriel Byrne, Kevin Spacey, Chazz Palminteri, Stephen Baldwin, Benicio del Toro, Pete Postlethwaite, Giancarlo Esposito, Dan Hedaya, Suzy Amis, Frank Medrano, Ron Gilbert, Kevin Pollak.

Roger "Verbal" Kint (Kevin Spacey), un estafador lisiado, es el único superviviente de una matanza ocurrida en un barco en el puerto de San Pedro de Los Ángeles. Interrogado por la policía, Kint se remonta a seis semanas atrás, en Nueva York, cuando fue detenido junto a cuatro sospechosos habituales en relación a un robo de un camión con armas.

Sospechosos habituales (1995) puede inscribirse en esa nueva tendencia del cine actual de darle una vuelta de tuerca a los géneros tradicionales, en busca de un enfoque novedoso. A veces el resultado es un film original, a veces es solo un intento fallido.

Lo mejor que puede decirse de esta película es que te atrapa. Con un guión enrevesado a propósito y una puesta en escena que parte de un flash-back y es un relato subjetivo del protagonista, el director se recrea en despistar al espectador, en mantenerlo en vilo intentando atar cabos, esperando descubrir la identidad de un misterioso capo de la droga, Keyser Soze, y aguardando un desenlace inquietante.

Es cierto que, bien mirada, la intriga es bastante elemental y que el guión está lleno de trucos y trampas que podrían desesperarnos. Incluso, quién logre adivinar el desenlace, verá mermada la intensidad de la intriga. Sin embargo, y a pesar de estos detalles, el mérito de Singer es hacer un relato intenso, apoyado en un buen reparto y una puesta en escena muy cuidada, donde todo va funcionando sin fisuras. De esta manera, descubierto el engaño final, uno está más predispuesto a aceptar las mentiras que pueblan el guión, porque al menos ha pasado un buen rato.

El director realiza un trabajo impecable tras la cámara, con una dirección precisa al servicio de la historia, donde logra momentos de máxima tensión que nos mantienen pegados a la butaca con pegamento del bueno. Otro punto a favor de Bryan Singer es que no ha basado la película en el impacto de las escenas violentas, algo a lo que es habitual recurrir para suplir otras carencias argumentales. En esta ocasión, existiendo algunas escenas violentas, Singer opta por evitar los detalles morbosos, recurriendo a elipsis o pequeños trucos, como apagar las luces de un ascensor, para no resultar excesivamente explícito.

En cuanto al reparto, sin duda hay que destacar a un genial Kevin Spacey, ganador además del Oscar al mejor secundario. Spacey es un actor especial, con una fuerza que a veces contradice su aparente falta de expresividad, y que realiza en esta ocasión un trabajo excepcional, componiendo a un villano absolutamente convincente.

Sospechosos habituales demuestra que aún no está todo dicho en el género. Que con un guión inteligente se pueden hacer películas entretenidas y que aporten algo nuevo. La clave, como siempre, es la inteligencia y el talento.

La película, además del Oscar de Spacey, ganó el premio al mejor guión original.

jueves, 31 de marzo de 2016

El puente de los espías



Dirección: Steven Spielberg.
Guión: Matt Charman, Ethan Coen y Joel Coen.
Música: Thomas Newman.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Reparto: Tom Hanks, Mark Rylance, Amy Ryan, Scott Shepherd, Sebastian Koch, Billy Magnussen, Alan Alda, Jesse Plemons, Eve Hewson, Peter McRobbie, Austin Stowell.

James Donovan (Tom Hanks), un abogado de Brooklyn, recibe el encargo de llevar la defensa de un espía ruso (Mark Rylance) recientemente capturado. A pesar de ser consciente de lo impopular que resultará su tarea, Donovan acepta el encargo.

Sin duda ninguna hay que quitarse el sombrero ante el talento de Steven Spielberg a la hora de contarnos historias; o quizá sería más acertado decir a la hora de engancharnos a sus historias. Es como un mítico contador de cuentos que empieza su relato y te mantiene en vilo durante el tiempo que sea.

En El puente de los espías (2015) nos vuelve a demostrar su capacidad natural de abordar cualquier tema, llevarlo a su terreno y crear una historia apasionante y cautivadora, rigurosa y personal, con una capacidad fascinante de dotar de intensidad y de vida a cualquier asunto.

El tema de los espías y la Guerra Fría ha dado lugar a muchas novelas y películas caracterizadas por la intriga, las traiciones y el suspense. Con Spielberg, el tema adquiere otra dimensión. No se pierde la intriga, ni el rigor a la hora de mostrarnos un mundo de desconfianzas, intereses ocultos y mentiras, donde nadie queda libre de sospechas, donde tus propios compatriotas pueden ser más peligrosos que el enemigo, donde todos juegan la misma mentira intentando que parezca cierta. Pero Spielberg, además, le da a cada personaje una dimensión humana, cercana, real. Los protagonistas de un juego de guerra son también seres con una historia, un alma y unos principios; y el director sabe plasmarlos con sencillas imágenes, con planos cargados de sentimientos, con pequeños detalles que en apariencia resultan muy sencillos, pero que solo están al alcance de directores tocados por un talento y una sensibilidad especiales. Y Steven Spielberg es uno de ellos.

Puede que no siempre estemos del todo de acuerdo con su mensaje, o que a veces peque de demasiado patriotero, algo que se percibe claramente en algunos pasajes de la cinta. Sin embargo, todo queda relegado a un segundo plano cuando comprobamos cómo es capaz de ponernos al borde de la lagrimita con un solo plano, una mirada o un detalle aparentemente insignificante.

A nivel argumental, El puente de los espías es un relato muy lúcido de aquellos terribles años de la Guerra Fría, mostrándonos la paranoia y el miedo reinante en los Estados Unidos en cualquier tema relacionado con el comunismo y los soviéticos. Hasta el extremo de no tener reparos ni los propios jueces a la hora de vulnerar los derechos constitucionales del supuesto espía soviético. Spielberg no duda en mostrar los extremos a que podían llegar los norteamericanos cuando se trataba de atacar al comunismo y cualquiera que pareciera simpatizar o ayudar a la causa soviética.

Del mismo modo, en la segunda parte de la película, el director muestra sin reparos la miseria de los países del este, el miedo de sus gentes, la penuria, el control policial y político, la miseria, el hambre y el terror. Desde este punto de vista, la película es un interesante viaje a unos años oscuros donde todo parecía estar permitido con tal de aventajar al enemigo y donde los peligros reinaban por igual en ambos bandos para cualquier ciudadano corriente enfrentado a la maquinaria política.

Pero, como decía al comienzo, ese rigor no le impide mostrar también un enfoque muy humano, poniendo énfasis en los sentimientos, los deseos, la soledad de las personas. Ni el espía Rudolf Abel es un demonio ni los muchachos de la CIA son unos santos. Spielberg huye del maniqueísmo e intenta contar, por encima de todo, una historia humana, centrándose en la figura de Donovan, su héroe, defensor del valor de los principios, el honor y la integridad, incluso poniéndolos por encima de la familia. Lo importante, como dice el abogado al final, no es lo que piense la gente de uno, sino lo que uno sabe que ha hecho.

Y una vez más, el director vuelve a confiar en Tom Hanks, un actor asiduo de sus películas y que de nuevo demuestra la madera y la talla de que está hecho. Hanks está espléndido, con una interpretación sencilla pero cargada de fuerza, especialmente en su mirada. A su lado, el excelente Mark Rylance, ganador del Oscar al mejor secundario por un trabajo lleno de convicción y todo un reparto donde todos resultan absolutamente convincentes.

Y, como no, tampoco podemos olvidarnos de la puesta en escena, con una ambientación perfecta, una fotografía maravillosa y una banda sonora sublime. Es decir, un apartado técnico sobresaliente al que Spielberg sabe sacar todo el partido posible con un relato intenso y muy bien contado donde deja claro que es, actualmente, el mejor director en activo.

Solo con algunas secuencias, como las que componen el final de la película, comprendemos el talento natural de este director para expresar mil sentimientos en un solo plano. En algunos momentos me ha recordado al gran John Ford y su facilidad para condensarlo todo en un solo plano. Spielberg domina su trabajo y eso se nota en cada secuencia. Sabe cómo contar una historia, eso es evidente.

La película, basada en hechos reales, recibió seis nominaciones, aunque finalmente se tuvo que conformar con el único premio a Mark Rylance.

martes, 22 de marzo de 2016

Crazy, Stupid, Love



Dirección: Glenn Ficarra y John Requa.
Guión: Dan Fogelman.
Música: Christophe Beck y Nick Urata.
Fotografía: Andrew Dunn.
Reparto: Steve Carrell, Ryan Gosling, Julianne Moore, Emma Stone, Analeigh Tipton, Marisa Tomei, Kevin Bacon, Jonah Bobo, Joey King, Crystal Reed, Liza Lapida, John Carroll Lynch, Josh Groban.

Cal Weaver (Steve Carrell) lleva casado con Emily (Julianne Moore) veinticinco años y aún está enamorado de ella. Pero todo su mundo se viene abajo cuando Emily le pide el divorcio, anunciándole también que le ha sido infiel.

Hacer comedia no es fácil. Puede que sea el género más complicado que existe. Hacer llorar es sencillo, provocar miedo también, pero hacer reír, o sonreír, crear una historia divertida sin caer en lo vulgar... eso está reservado a muy pocos. Y la verdad es que, salvando contadas excepciones, la comedia actual es un cúmulo de tópicos y disparatas donde la imaginación y el talento parecen haber desaparecido.

Dicho todo lo anterior, Crazy, Stupid, Love (2011) parece ofrecernos algo de más calidad que la media del género. Al menos, en sus inicios. La ruptura del matrimonio de Cal y Emily, la desesperación de él, la aparición de un don Juan encantador (Ryan Gosling) dispuesto a reconducir y reeducar al pobre Cal... la verdad es que el arranque de la película es prometedor, además de encerrar las mejores frases de toda la película. Es una introducción donde aparecen todos los personajes del enredo con sus fobias y filias, y que resulta muy entretenida.

Sin embargo, todas estas buenas expectativas y el aire un tanto gamberro de este comienzo empiezan a diluirse poco a poco conforme avanza la historia y empiezan a surgir las buenas intenciones, la buena moral, el encarrilamiento de la vida de los personajes hacia el consabido final feliz. Entonces, sin remedio, la película empieza a declinar, los enredos pierden gracia, la chispa del comienzo se apaga, los personajes pasan de ser originales a meros peleles que repiten sin mucha convicción lo de tener una alma gemela, quererse para toda la vida y perdonarse los pequeños deslices en busca del amor perfecto, monógamo y ejemplar.

El argumento entonces ya no es novedoso ni transgresor ni gracioso. Todo se vuelve tan previsible que pierde la gracia, porque ya comprendemos que no hay sorpresa posible. El don Juan se reconduce milagrosamente, el esposo engañado no solo perdona la infidelidad, sino que descubre nuevas fuerzas para ser feliz con su mujer, el adolescente cargante recupera su fe en el amor perfecto... y todo delante de la comunidad, proclamando las verdades voz en alto, en una escena que me produjo vergüenza ajena.

¿Qué se puede salvar de esta película? Sin duda, el reparto, con un Ryan Gosling magnífico, lleno de encanto y frescura; un Steve Carrell que, sin gustarme especialmente, resulta muy convincente, lo mismo que Julianne Moore. Y el resto, pues tampoco desentonan, la verdad. La pareja de directores, a pesar del desfondamiento final del guión, llevan bien las riendas del relato. Y, como decía, el comienzo de la película resulta bastante aceptable. Sin embargo, en su conjunto, Crazy, Stupid, Love resulta un film un tanto decepcionante, sin encanto, sin talento, superando por poco la mediocridad en que ha caído el género en la actualidad.

Sé que es injusto, pero mientras veía la película no pude evitar recordar alguna de las comidas clásicas de los años treinta y cuarenta: Capra, Lubitsch... y lamentarme al comprobar cómo se ha perdido la magia de aquellas comedias.

domingo, 20 de marzo de 2016

El intercambio



Dirección: Clint Eastwood.
Guión: J. Michael Straczynski.
Música: Clint Eastwood.
Fotografía: Tom Stern.
Reparto: Angelina Jolie, John Malkovich, Jeffrey Donovan, Colm Feroe, Amy Ryan, Gattlin Griffith, Michael Kelly, Jason Butler Harner, Devon Conti, Pamela Dunlap.

Los Ángeles, 1928: el hijo de nueve años de Christine Collins (Angelina Jolie), madre soltera, desaparece un día sin dejar rastro. Meses más tarde, la policía le comunica a Christine que han encontrado a Walter (Gattlin Griffith), pero cuando al fin se reúne con él, se da cuenta de que no es su hijo. Sin embargo, ante su asombro, la policía insiste en que sí lo es.

Pocas veces se hace tan necesaria la advertencia inicial de que El intercambio (2008) está basada en hechos reales. Y es que el afirmar que una madre se equivoca a la hora de identificar a su hijo parece más bien un chiste surrealista. Y aún con esa advertencia preliminar, cuesta entender el torpe comportamiento de la policía, ni siquiera admitiendo que con ello pretendían lavar su mala imagen pública. Semejante torpeza me sigue pareciendo bastante increíble.

Leyendo la sinopsis de la película, la verdad es que no atraía demasiado. Parecía el resumen de una de esas películas de serie B o, peor aún, de un telefilm de esos infumables que pueblan las sobremesas veraniegas. Solamente la presencia de Clint Eastwood en la dirección me animó a sentarme frente al televisor. Y es que Eastwood nos ha dejado algunos films realmente maravillosos a lo largo de su carrera tras la cámara, lo que le concede un aval casi ilimitado.

Y de nuevo el director nos regala uno de esos trabajos impecables a cuanto a estilo, puesta en escena, narración y sensibilidad. Si algo caracteriza a Clint Eastwood es que conoce su oficio, tiene buen gusto y un talento natural a la hora de contar historias.

El intercambio destaca en todos los apartados en que posemos la mirada. Es una intensa e inquietante historia de sufrimiento de una madre ante la desaparición de su hijo, especialmente al encontrarse con la incompetencia y las mentiras de la policía, que lejos de ayudarla pretende aprovecharse de ella para dar un blanqueo a su imagen. Y aquí el director demuestra su habilidad para llevar la historia con mano firme, sin reparar en escenas con gran carga emocional, pero también evitando los peligros de cargar en exceso las tintas y caer en un folletín infumable.

Tampoco elude la crítica social, cuando la brutalidad policial conculca los derechos fundamentales y cuando la política impone sus reglas más allá del sentido del deber. Y completa la terna una triste y sórdida historia de un asesino de niños que nos pone los pelos de punta.

Y, como decía, todo ello con la elegancia y el saber hacer del director, siempre preciso, correcto y certero; dejándonos sin respiración en muchas ocasiones y, siempre, atándonos al sofá sin remedio.

Si la narración es impecable, lo mismo tenemos que decir de la ambientación, cuidada hasta el mínimo detalle para que nos sintamos en plenos años veinte; por ponerle un pero, todo está demasiado reluciente, demasiado nuevo. Y también, el lenguaje me pareció demasiado moderno, pero es sólo una apreciación personal. Y por si no le llegara con dirigir la película, Eastwood también es el autor de la banda sonora, como había hecho ya en Million Dollar Baby y en Banderas de nuestros padres, por ejemplo. En este punto he de reconocer que la partitura me pareció demasiado similar a la de Sin Perdón (1992), aunque el mérito del director sigue estando ahí.

En cuanto al reparto, la película es sin duda enteramente de Angelina Jolie, con un trabajo nada sencillo pero que ella lo borda de principio a fin. En sus numerosas escenas de dolor consigue resultar absolutamente creíble y convincente, llegando a contagiarnos su dolor con total naturalidad. Sin duda, su nominación al Oscar estaba más que justificada. Y como buen director, Eastwood consigue un buen registro de todos y cada uno de los actores, salvo quizá alguno de los niños que aparecen en la película, algo más complicado de conseguir.

Y sin embargo, hay algo que no me gustó del todo. A pesar de que El intercambio tiene cosas muy buenas, hay un detalle que me llamó la atención, y es la inclinación del director hacia argumentos un tanto peliagudos. Si repasamos su filmografía, descubrimos esa tendencia en no pocas de sus películas, que se inclinan hacia el drama de un modo descarado. Pienso en Mystic River (2003) o Million Dollar Baby (2004), por ejemplo. Está claro que que abordando temáticas tan melodramáticas es más fácil que nos sintamos emocionados y conmovidos con esas historias. Es verdad, también, que en manos de otro director, estos argumentos podrían dar lugar a verdaderos bodrios, pero me resulta inquietante que sus gustos le lleven a temas tan sórdidos y sensibleros como éstos.

A pesar de ello, El intercambio es una buena película, bien dirigida, bien ambientada y muy bien contada. Quizá un pelín larga de más, pues a mi entender creo que sobraban algunas escenas del final. De todos modos, como es habitual en él, Eastwood demuestra que es uno de los directores más inteligentes y eficaces de Hollywood. Larga vida para él.