El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 28 de julio de 2016

Cazador blanco, corazón negro



Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Peter Viertel, James Bridges y Burt Kennedy (Novela: Peter Viertel).
Música: Lennie Niehaus.
Fotografía: Jack N. Green.
Reparto: Clint Eastwood, Jeff Fahey, George Dzundza, Alun Armstrong, Marisa Berenson, Timothy Spall, Mel Martin, Charlotte Cornwell.

John Wilson (Clint Eastwood) es un director de cine un tanto difícil, con un carácter peculiar y al que le gusta hacer las cosas a su manera. Su último proyecto es rodar un film de aventuras en África, aunque parece que lo que más le interesa es viajar al continente negro para satisfacer sus ganas de cazar, en especial elefantes.

Cazador blanco, corazón negro (1990) se centra en la novela de Peter Viertel donde éste contaba los avatares ocurridos durante el rodaje de la mítica película de aventuras La reina de África (1951), cuyo rodaje aprovechó el también aventurero John Huston para dar rienda suelta a su afición por la caza. Sin embargo, hay que aclarar que el relato de Viertel no se ciñe estrictamente a la verdad y cuenta con algunas aportaciones personales. De hecho, llama la atención que se cambien los verdaderos nombres de los protagonistas, cuando cualquiera que se hubiera documentado mínimamente antes de ver la película sabría quienes son los verdaderos protagonistas de la historia. Ese cambio nos viene a poner en guardia en relación a la autenticidad del relato. Aún así, la base de la película, el interés de Huston por aprovechar el rodaje de La reina de África para satisfacer sus ansias de realizar un safari, es del todo cierto.

Clint Eastwood, admirador de John Huston, aprovecha la historia para mostrarnos el difícil carácter del director, un hombre que en la vida real parece ser que aún era más complicado de llevar que lo que vemos en el film. De hecho, la imagen que sacamos de Huston es bastante positiva, como la de un hombre amante de la vida y por lo tanto de vivir todo al límite, aprovechando las oportunidades y no conformándose con una existencia plácida y mediocre. Pero también se nos muestra al director como un hombre justo, dispuesto a pelear (incluso físicamente) por defender sus principios, entre los que está el respeto por el ser humano, incluso los más débiles, como era el caso de los negros, explotados por los colonizadores. Puede que movido por esa admiración por Huston, el caso es que la película lo presenta casi como un héroe, incluso llegando a parecer en algunos momentos un retrato demasiado amable. Es uno de los puntos que menos me convencieron del guión, pues en algunas escenas el personaje de Huston/Wilson parecía un tanto artificial.

Si nos centramos en la historia en sí, en el propio relato y cómo Eastwood afronta la realización de la película, hay que reconocer que el ritmo resulta un tanto irregular. En general, me pareció que la historia carecía de fuerza, como si el guión no llegara a dibujar unos personajes con verdadero nervio, quizá por el peso de la historia. Y si bien es verdad que algunas secuencias están muy bien logradas, con diálogos por momentos brillantes, también hay que reconocer que otros pasajes carecen directamente de interés o presentan caídas de ritmo importantes.

No estamos, por lo tanto, ante una de las obras maestras de Clint Eastwood como director y, de hecho, la película fue un fracaso en taquilla. Quede pues como curiosidad para los amantes de ese cine que nos habla del cine y en todo caso, sirva para llevar al público actual a ver una de las joyas clásicas del cine de aventuras: la maravillosa La reina de África.

domingo, 19 de junio de 2016

Muerte entre las flores



Dirección: Joel Coen.
Guión: Joel Coen, Ethan Coen (Novelas: Dashiell Hammett).
Música: Carter Burwell.
Fotografía: Barry Sonnenfeld.
Reparto: Gabriel Byrne, Marcia Gay Harden, Albert Finney, Jon Polito, J. E. Freeman, John Turturro, Steve Buscemi, Mike Starr, Richard Woods, Al Mancini, Sam Raimi, Frances McDormand.

Tom Reagan (Gabriel Byrne) es el fiel lugarteniente de Leo (Albert Finney), un gángster que domina la ciudad. El problema surge cuando Tom se enamora de Verna (Marcia Gay Harden), que resulta ser la novia de Leo y a quién éste quiere pedir en matrimonio. Cuando Tom le confiesa a Leo su relación con Verna, éste lo expulsa de su lado.

Tercer largometraje de los Coen, para el que se basan en un par de novelas de Dashiell Hammett que adaptan con bastante libertad. Muerte entre las flores (1990) viene a ser la peculiar visión del mundo del hampa bajo la original mirada de los Coen.

En líneas generales, se trata de un film bastante logrado en cada uno de sus apartados. Quizá la mejor nota se la pondría a la fotografía así como a la puesta en escena, lo mismo que a la recreación de los años veinte, perfectamente conseguida en cuanto a decorados, vestimenta y cualquier pequeño detalle que pueda imaginarse. Otro acierto son los diálogos, con un nivel bastante superior al que nos ofrece el cine contemporáneo. Técnicamente, por lo tanto, me parece un film que roza la perfección.

Sin embargo, frente a los que derrochan alabanzas hacia esta película, fieles seguidores del cine de los Coen, que tienen la virtud innegable de crear toda una legión de fans con sus películas, he de reconocer que Muerte entre las flores no terminó de engancharme a su historia como hubiera deseado.

Puede que parte de la culpa resida en ese tono casi de parodia que rodea a los personajes, en especial a Johnny Caspar (Jon Polito), que en algunos momentos me parecía casi una caricatura, lo que restaba credibilidad y hasta fuerza a su personaje. Me resultaba casi cómico, con lo que me era imposible tomarlo en serio. Por otra parte, la acción transcurre circunscrita a unos pocos personajes y aún menos escenarios, produciéndome la impresión de una historia pequeña, casi infantil por momentos. Jamás me dio la impresión de estar frente a peligrosos gángsters en una dura batalla por el poder, sino frente a un asunto casi familiar.

El argumento es interesante, en efecto, y a pesar de algunos pasajes un tanto enrevesados, creo que está explicado de una manera bastante clara. Sin embargo, la suerte que acompaña al protagonista, a veces apoyada en curiosas casualidades, también termina por estar dramatismo a su situación. De alguna manera, intuía que siempre iba a salir bien librado de todos sus problemas, con lo que me faltó esa dosis de peligro que hubiera añadido emoción y dramatismo a su situación.

En cuanto al reparto, tenemos de nuevo a los actores que pueblan el cine de los Coen, destacando especialmente John Turturro, sin duda un actor que me resulta especialmente interesante; lástima que su papel sea un tanto limitado. Gabriel Byrne, sin hacer un mal trabajo, no terminó de convencerme, tal vez porque su personaje estaba dibujado con bastante indefinición, a lo que su aspecto un tanto apático tampoco ayudaba a darle más entidad. A Marcia Gay Harden me costó un poco verla como la típica mujer fatal de este tipo de películas, lo mismo que Albert Finney no terminaba de convencerme como jefe mafioso. Tal vez no se trate tanto de la elección de los actores como de un dibujo de los personajes un tanto extraño, sin acabar de profundizar en ellos del todo, quedándose más su retrato en rasgos más o menos decorativos.

Sin ser una mala película, he de reconocer que nunca he conseguido meterme de lleno en la trama, con lo que disfruté de Muerte entre las flores con cierto distanciamiento, algo que a veces me pasa con el peculiar enfoque que los Coen dan a sus historias.

sábado, 18 de junio de 2016

Carta de una desconocida



Dirección: Max Ophüls.
Guión: Howard Koch (Relato: Stefan Zweig).
Música: Daniele Amfitheatrof.
Fotografía: Franz Planer.
Reparto: Joan Fontaine, Louis Jourdan, Mady Christians, Marcel Journey, Art Smith, Carol Yorke.

Lisa Berndle (Joan Fontaine) es todavía una adolescente cuando un joven pianista, Stefan Brand (Louis Jourdan), se muda a su mismo inmueble. Fascinada por su música, Lisa se enamorará perdidamente de Stefan cuando finalmente lo conoce.

Estamos ante uno de esos dramas románticos imperecederos que nos deja un tremendo poso de tristeza por el fatal desenlace de una historia marcada desde el comienzo por la tragedia. Y es que el relato, narrado en un largo flash-back, ya nos avisa, al comienzo de la película, que cuando Stefan lea la carta de Lisa, ella puede ya estar muerta.

La historia es sencilla: Lisa se enamora perdidamente de su vecino siendo aún una chiquilla. Pero lo que podría ser un amor pasajero e infantil, se convierte en un amor eterno y absoluto que ella alimenta sin descanso. Cuando al fin Lisa alcance la mayoría de edad, volverá en busca de Stefan y vivirá con él un corto pero intenso romance, fruto del cuál ella dará a luz a un hijo de ambos. Pero el pianista, alocado y mujeriego, desaparecerá de la vida de Lisa sin saber siquiera que está embarazada. Solo mucho tiempo después volverán a coincidir, pero él no recuerda quien es esa mujer que le resulta tan familiar como atractiva. La muerte de ella y un duelo del que sabemos que Stefan no saldrá bien parado pondrá el punto y final a un drama colosal.

Hay que destacar, naturalmente, la elegante y cuidada puesta en escena de Max Ophüls, un director especializado en este tipo de temática y caracterizado por su cuidada ambientación y un gusto exquisito por el detalle. El director crea un universo elegante y sofisticado donde nada se deja al azar. Maneja además con gran cuidado tanto los movimientos de la cámara como los encuadres y el ritmo de la película, recreándose especialmente en el idilio de los protagonistas, donde nos ofrece los mejores momentos de la película.

Sin embargo, parece evidente que el paso del tiempo ha dejado algunas huellas en el argumento. Visto con cierta frialdad, el enamoramiento de Lisa no parece del todo justificado y hasta podría parecer, en algún momento, un comportamiento un tanto obsesivo. Algo que podría justificarse por el tono abiertamente trágico de la historia, más cercana a una visión de un romanticismo desatado que a una historia de tintes más reales. Y es que todo en la película parece marcado por un signo trágico que los protagonistas no parecen poder controlar.

Resulta interesante también la economía de medios y tiempo que emplea el director para retratar a los personajes principales. Hay muchos detalles que no quedan del todo explicados, con lo que tendremos que completar el cuadro nosotros mismos, en función lo que nos sugieran las imágenes. Lisa se nos presenta como una joven romántica que idealiza la figura de Stefan, pero tampoco el guión aporta muchos más detalles de su personalidad, salvo una pasión que se impone por encima de cualquier otra consideración. Y en cuanto al pianista, intuimos una vida de placeres un tanto irresponsable, pero también algunos detalles revelan a una persona sensible y algo atormentada, infeliz en lo más profundo de sí mismo.

No sé si la elección de los protagonistas es la más acertada para dar vida a ambos personajes. En el caso de Joan Fontaine creo que sí, aportando un aire frágil y desvalido a su personaje, además de un aire romántico realmente especial. Sin embargo, Louis Jourdan, a pesar de un atractivo que cuadra muy bien con su personaje, me parece un actor sin carisma y un tanto plano, que no aporta demasiada fuerza a su personaje.

Carta de una desconocida (1948), a pesar de ciertas huellas por el paso del tiempo, creo que sigue siendo un buen ejemplo de cine trágico, donde la felicidad de los protagonistas es tan efímera como inevitable su fracaso. Lo mejor, la elegancia de la puesta en escena. Un clásico del género para románticos empedernidos.

sábado, 23 de abril de 2016

La noche es nuestra



Dirección: James Gray.
Guión: James Gray.
Música: Wojciech Kilar.
Fotografía: Joaquín Baca-Asay.
Reparto: Joaquin Phoenix, Mark Wahlberg, Eva Mendes, Robert Duvall, Danny Hoch, Alex Veadov, Oleg Taktarov, Dominic Colon, Joe D'Onofrio, Antoni Corone, Moni Moshonov.

Bobby Green (Joaquin Phoenix) es el encargado de un local de moda en Brooklyn propiedad de un ruso al que la policía investiga en relación con el tráfico de drogas. Lo que Bobby oculta a su jefe y a sus amigos es que su padre y su hermano pertenecen a la policía de Nueva York y le presionan además para que colabore con ellos en la lucha contra el narcotráfico.

La noche es nuestra concitó en su momento un buen número de críticas bastante dispares. Desde las más elogiosas, alabando un film con muchos elementos clásicos; hasta las más demoledoras, ahondando en las irregularidades de la cinta. Sin decantarme claramente por ningún bando, mi impresión se acerca más al grupo de los críticos.

La noche es nuestra (2007) se presenta como un film policíaco más, con la trama de lucha contra el narcotráfico, tantas veces vista, como elemento de tensión principal. Sin embargo, tal vez en busca de un enfoque diferente y un punto de vista más dramático, el guión mete de por medio un drama familiar que termina por ser el eje principal de la película. El principal problema que encuentro es que el conflicto familiar entre Joseph (Mark Wahlberg), el policía e hijo modélico, y Bobby, la oveja negra, carece de la fuerza suficiente como para implicarnos y emocionarnos decididamente en él. Y ello por culpa de un guión que no termina de dibujar en profundidad y con la entidad suficiente a los protagonistas, limitándose a un esquemático diseño que deja más sombras que luces y que, en mi caso, me impidió vivir ese conflicto con el interés que hubiera sido necesario. En especial, la transformación de Bobby, si bien se comprende, not termina de resultar tan convincente como me hubiera gustado. Todo queda un poco cogido por alfileres.

Y al fallar ese elemento, toda la película se resiente. Está claro que el film contiene momentos muy interesantes y algunas escenas están filmadas con originalidad, apoyándose en una muy interesante fotografía. Pero si nos falta la emoción...

Y si el guión falla con los protagonistas, tampoco se muestra muy acertado con los malos. Y está claro que la fuerza de una historia radica muy a menudo en la fuerza de sus villanos. En este caso, ninguno de ellos llega a parecer lo bastante peligroso como para asustarnos realmente. O quizá se deba a que el guión se orienta demasiado hacia los problemas de los protagonistas, dejando un tanto de lado la definición de los villanos. Incluso el viejo Marat (Moni Moshonov) parece un amable abuelito incapaz de hacer daño a nadie. Es el riesgo de jugar al despiste, dejando la sorpresa para el desenlace final.

Si además de estas lagunas del guión le añadimos unos diálogos muy poco impactantes, el resultado es que la intriga de la película me dejó bastante indiferente, pasando las escenas más cruciales de la historia sin llegar a atraparme en el drama de los personajes.

Y tampoco la dirección de James Gray me resultó del todo convincente. Su trabajo es correcto, pero un tanto impersonal. En ningún momento me llegó a trasmitir la tensión del momento ni tampoco me sentí conmovido, sino más bien sorprendido, en algunos de los momentos más dramáticos de la película. Su recurso a los movimientos nerviosos de la cámara en las escenas de acción, además de estar ya muy vistos, tan solo aportaban cierta confusión a dichas escenas.

La elección de los actores no es ni buena ni mala. Personalmente, ninguno de los dos protagonistas me convencen, si bien sus trabajos no son malos. Es algo personal, pero no les encuentro demasiado carisma. Robert Duvall aporta una veteranía que se agradece y Eva Mendes es más una figura decorativa que otra cosa. El resto de secundarios se mantienen en la línea de toda la película: no destacan por nada en concreto, pero no se puede decir que desentonen.

En resumen, La noche es nuestra resulta un film más de policías, sin nada en particular que justifique, desde mi punto de vista, algunas críticas demasiado buenas que he visto por ahí. Su principal defecto es un guión que se queda en la superficie de los personajes y sus conflictos, de ahí que no funcione del todo. Tampoco es un film desdeñable. Simplemente, lo calificaría como un buen pasatiempo, quizá un poco excesivo en su duración, sin más.

domingo, 17 de abril de 2016

Sueños de seductor



Dirección: Herbert Ross.
Guión: Woody Allen (Teatro: Woody Allen).
Música: Billy Goldenberg.
Fotografía: Owen Roizman.
Reparto: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Jerry Lacy, Susan Anspach, Jennifer Salt, Allelon Ruggiero, Joy Bang.

A Allan Felix (Woody Allen) lo acaba de dejar su mujer, cansada y aburrida de vivir con él. Sus amigos Linda (Diane Keaton) y Dick (Tony Roberts) intentan animarlo arreglándole algunas citas con mujeres que conocen. Pero Allan parece incapaz de congeniar con ninguna de ellas.

Sueños de seductor (1972) es la adaptación al cine de una obra de teatro escrita por Woody Allen y representada con éxito en Broadway por el mismo cuarteto de actores que la llevaría a la gran pantalla. Allen, aún en sus comienzos en el mundo del cine, si bien ya había dirigido Bananas en 1971, prefirió dejar en esta ocasión la dirección en manos de otro, fruto de su impericia tras la cámara en esos momentos.

La película, además de girar en torno al amor y un enredo entre tres, es también un homenaje de Woody Allen hacia el cine clásico, con referencias a muchas películas a lo largo de Sueños de seductor, pero especialmente al film Casablanca (Michael Curtiz, 1942), con el que comienza y termina esta película, y a la figura de Humphrey Bogart, que ejerce de mentor de Allan Felix en su complicada vida amorosa. De esta manera, Woody Allen deja clara su pasión y su admiración por el cine clásico, lo que le permite a su vez intercalar hábilmente las apariciones de su Bogart imaginario, punteando el desarrollo de la comedia con algunos momentos muy originales.

Sin embargo, el eje central de Sueños de seductor son las difíciles relaciones del protagonista con las mujeres, lo que permite a Allen lanzar toda una batería de chistes y frases ingeniosas en su línea a cerca del amor, la seducción y las relaciones personales, como irá desarrollando a lo largo de toda su personal filmografía posterior. Aquí, sin embargo, no figuran sus habituales referencias al judaísmo o la muerte, pues es el amor en este caso el protagonista absoluto.

Si bien es evidente que estamos ante una de las primeras películas de Allen, lo que queda en evidencia especialmente en la actuación del cómico, no del todo segura, y algunos momentos que no están al mismo nivel que las mejores secuencias, el mundo personal y peculiar del actor ya muestra las características básicas que irá desarrollando en el resto de su producción; en especial ese humor basado en ocurrencias llenas de chispa y frases verdaderamente inspiradas que nos dejan algunos momentos realmente geniales, si bien no tan numerosos como nos hubiera gustado. De la misma manera, Woody Allen ya nos presenta al personaje que va a desarrollar en su filmografía, un individuo torpe, inseguro y con evidentes problemas de identidad y seguridad en sí mismo.

A pesar de esos defectos de juventud, la película sigue manteniendo su vigencia y todo su encanto, siendo el primer gran éxito de Woody Allen, lo que le permitió continuar en el mundo del cine afianzando su peculiar sentido del humor y su particular lucha interior.

Imprescindible para los fanáticos del director.


jueves, 14 de abril de 2016

Rambo: Acorralado Parte II (Rambo 2)



Dirección: George Pan Cosmatos.
Guión: Sylvester Stallone y James Cameron.
Música: Jerry Goldsmith.
Fotografía: Jack Cardiff.
Reparto: Sylvester Stallone, Richard Crenna, Steven Berkoff, Charles Napier, Julia Nickson-Soul, Martin Kove.

Mientras John Rambo (Sylvester Stallone) cumple condena por la violencia desatada en Hope, recibe la visita del coronel Trautman (Richard Crenna) que le propone una nueva misión a cambio de salir de la prisión: volver a Vietnam en busca de prisioneros de guerra norteamericanos.

Tras el éxito de Acorralado (Ted Kotcheff, 1982), Stallone de embarca en una continuación de aquella película. El guión lo escribe James Cameron, si bien el actor decide cambiar algunas partes del mismo, algo que no gustaría demasiado a Cameron, que declararía que finalmente a él habría que atribuirle las escenas de acción, pero que la parte más comprometida políticamente era obra de Stallone.

Lo que es evidente, es que esta segunda entrega tiene un espíritu totalmente distinto de la primera. Si en Acorralado el guión se acercaba a los traumas de los veteranos del Vietnam y sus problemas para adaptarse a la vida civil, en esta película lo que se busca es una mera revancha. La Guerra de Vietnam fue una espina dolorosa clavada en el orgullo del pueblo norteamericano, la primera gran derrota militar de ese país. Por tanto, en plena era Ronald Reagan (cuya fotografía se puede ver en un par de escenas), Rambo 2 pretende, a su manera, reescribir la historia ofreciendo una cumplida revancha de aquella derrota nunca asimilada; esta vez, además, a manos de un solo hombre: Rambo. El solito se encarga de rescatar a unos prisioneros americanos y mandar al otro mundo a vietnamitas y soviéticos a la vez, los enemigos jurados de Estados Unidos en los años ochenta.

El corte militarista, el mensaje revanchista y un aire un tanto fascista son pues las señas de identidad de esta película, mero vehículo propagandístico hecho para la mayor gloria de Sylvester Stallone, convertido de nuevo en un militar casi indestructible, que se dedica a lucir su impresionante musculatura mientras defiende, a su manera, una visión muy simplificada del honor, el deber y la lealtad a su país. Y es que en Rambo 2 no hay lugar para sutilezas: los soldados son los auténticos héroes; personas que lo dieron todo por su patria y a los que la política ha traicionado, olvidándolos y engañándolos. Pero si los políticos no son muy bien tratados, los enemigos de Estados Unidos son, sencillamente, el demonio. Tanto los vietnamitas como los soviéticos aparecen como seres crueles, inhumanos, traicioneros y sanguinarios, además de tener una apariencia no muy atractiva en el caso de los asiáticos. La visión sectaria es tan evidente como superficial y torpe.

Si dejamos de lado los aspectos panfletarios, la película tampoco es un portento en otros apartados. Es cierto que contiene escenas de acción espectaculares, pero también es verdad que se percibe un aire algo cubre en muchos momentos, como si todo fuera un montaje de estudio aparatoso pero no del todo convincente. No basta con llenar la pantalla de explosiones, es necesario saber crear tensión, tener unos personajes con entidad y fuerza y todo ello está ausente en esta película. Los malos son meros figurantes que mueren aparatosamente llegado el momento, con una coreografía muy cinematográfica y bastante previsible. El personaje de Rambo, que en la primera entrega presentaba un trasfondo de dolor y amargura, de traumas de guerra, es ahora un Geyperman rocoso al que cuesta descubrir un sentimiento más allá de la venganza ciega.

El trabajo en la dirección de Cosmatos tampoco me convenció demasiado. Prácticamente se limita a filmar una sucesión de escenas de acción cada vez más intensas y espectaculares, pero sin llegar a emocionarme realmente ni a hacerme sentir tensión o peligro. Y cuando tiene que mantener el relato, se limita a intercalar escenas de la base de operaciones, añadidos que resultan forzados, artificiosos y un tanto vacíos de contenido. Lo que mantiene el ritmo, que no la tensión argumental, son solo la sucesión de las escenas violentas y explosiones.

Y tampoco el reparto es para lanzar las campanas al vuelo. Stallone nunca destacó por sus dotes interpretativas, especialmente en sus comienzos, algo que deja muy claro en esta película, con un trabajo torpe, inexpresivo y muy poco convincente. Richard Crenna, que ya no gustó en la primera entrega por acartonado e hierático, con una pulcritud en su vestuario un tanto ridícula, sigue aquí en la misma línea, dando vida a un coronel sin alma ni sangre en las venas. Y el resto del reparto se dedica a dar vida a  meros estereotipos con un trabajo muy limitado.

En este caso se cumple pues, al pie de la letra, lo de que segundas partes nunca fueron buenas. No es que sea muy partidario de este tipo de sentencias tan lapidarias y rotundas, pero está claro que Rambo 2 se queda a años luz de Acorralado, que aportaba algo más que la mera violencia desatada. Por desgracia, el éxito de la película fue colosal, con recaudaciones millonarias, lo que propiciaría nuevas entregas de la serie.

Rambo 2 fue nominada a los mejores efectos de sonido.


sábado, 2 de abril de 2016

Sospechosos habituales



Dirección: Bryan Singer.
Guión: Christopher McQuarrie.
Música: John Ottman.
Fotografía: Newton Thomas Sigel.
Reparto: Gabriel Byrne, Kevin Spacey, Chazz Palminteri, Stephen Baldwin, Benicio del Toro, Pete Postlethwaite, Giancarlo Esposito, Dan Hedaya, Suzy Amis, Frank Medrano, Ron Gilbert, Kevin Pollak.

Roger "Verbal" Kint (Kevin Spacey), un estafador lisiado, es el único superviviente de una matanza ocurrida en un barco en el puerto de San Pedro de Los Ángeles. Interrogado por la policía, Kint se remonta a seis semanas atrás, en Nueva York, cuando fue detenido junto a cuatro sospechosos habituales en relación a un robo de un camión con armas.

Sospechosos habituales (1995) puede inscribirse en esa nueva tendencia del cine actual de darle una vuelta de tuerca a los géneros tradicionales, en busca de un enfoque novedoso. A veces el resultado es un film original, a veces es solo un intento fallido.

Lo mejor que puede decirse de esta película es que te atrapa. Con un guión enrevesado a propósito y una puesta en escena que parte de un flash-back y es un relato subjetivo del protagonista, el director se recrea en despistar al espectador, en mantenerlo en vilo intentando atar cabos, esperando descubrir la identidad de un misterioso capo de la droga, Keyser Soze, y aguardando un desenlace inquietante.

Es cierto que, bien mirada, la intriga es bastante elemental y que el guión está lleno de trucos y trampas que podrían desesperarnos. Incluso, quién logre adivinar el desenlace, verá mermada la intensidad de la intriga. Sin embargo, y a pesar de estos detalles, el mérito de Singer es hacer un relato intenso, apoyado en un buen reparto y una puesta en escena muy cuidada, donde todo va funcionando sin fisuras. De esta manera, descubierto el engaño final, uno está más predispuesto a aceptar las mentiras que pueblan el guión, porque al menos ha pasado un buen rato.

El director realiza un trabajo impecable tras la cámara, con una dirección precisa al servicio de la historia, donde logra momentos de máxima tensión que nos mantienen pegados a la butaca con pegamento del bueno. Otro punto a favor de Bryan Singer es que no ha basado la película en el impacto de las escenas violentas, algo a lo que es habitual recurrir para suplir otras carencias argumentales. En esta ocasión, existiendo algunas escenas violentas, Singer opta por evitar los detalles morbosos, recurriendo a elipsis o pequeños trucos, como apagar las luces de un ascensor, para no resultar excesivamente explícito.

En cuanto al reparto, sin duda hay que destacar a un genial Kevin Spacey, ganador además del Oscar al mejor secundario. Spacey es un actor especial, con una fuerza que a veces contradice su aparente falta de expresividad, y que realiza en esta ocasión un trabajo excepcional, componiendo a un villano absolutamente convincente.

Sospechosos habituales demuestra que aún no está todo dicho en el género. Que con un guión inteligente se pueden hacer películas entretenidas y que aporten algo nuevo. La clave, como siempre, es la inteligencia y el talento.

La película, además del Oscar de Spacey, ganó el premio al mejor guión original.