El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

domingo, 12 de julio de 2015

Los crímenes de Oxford



Dirección: Álex de la Iglesia.
Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría (Novela: Guillermo Martínez).
Música: Roque Baños.
Fotografía: Kiko de la Rica.
Reparto: Elijah Wood, John Hurt, Leonor Watling, Julie Cox, Burn Gorman, Anna Massey, Jim Carter, Dominique Pinon.

Martin (Elijah Wood) es un joven estudiante norteamericano que llega a Oxford con la idea de que un famoso matemático, Arthur Seldom (John Hurt), dirija su tesis doctoral. Sin embargo, al poco de llegar, su casera aparece asesinada. Es el comienzo de lo que parece ser la obra de un asesino en serie.

Los crímenes de Orford (2008) fue, en su momento, el proyecto más ambicioso del irregular Álex de la Iglesia. Rodada en inglés, con un reparto mayoritariamente anglosajón, el director se lanza al mercado internacional con un film tan pretencioso como fallido.

Da la sensación de que el director se mueve en un terreno que le queda grande o, sencillamente, que no es capaz de poner en pie un proyecto que peca de impersonal, pues lo primero que nos choca del guión del film, que co-escribe Álex de la Iglesia, es que pica de muchas fuentes sin terminar de resultar ni original ni convincente. Y es que el principal defecto de Los crímenes de Oxford es su guión: pretendiendo escribir un thriller cautivador, el resultado no es más que un cúmulo de situaciones poco originales, a veces demasiado forzadas, momentos y personajes de relleno, con muchos elementos que se intuyen copiados y que definitivamente nunca termina de funcionar correctamente. En parte, también, porque los personajes principales carecen de verdadera fuerza y se parecen más a un pequeño cúmulo de tópicos que a personas de carne y hueso. Hasta sus relaciones se presentan un tanto forzadas, con algunos momentos en que tenemos la impresión de que todo se comprime en un intento de encajarlo todo para que quepa dentro de un metraje no demasiado excesivo. Hasta las relaciones sentimentales de Martin resultarán un tanto artificiales y no muy convincentes, como en general sucede con cualquier relación entre los personajes de la película.

El resultado, desde mi punto de vista, es un relato bastante artificial que nunca llega a atraparnos y donde las situaciones parecen demasiado forzadas. Álex presenta una historia cargada de detalles un tanto pedantes que se adornan con algunos diálogos vulgares o intrascendentes, amén de excesivos, y unos personajes demasiado artificiosos. Todo el film da la impresión de ser un puzzle hecho de diferentes piezas cogidas de aquí y de allá y que no terminan de encajar convenientemente.

El director tampoco es capaz de esquivar su tendencia a los excesos, cuyas consecuencias quedan patentes en un par de escenas y algún que otro personaje pasado de vueltas. Es evidente que el afán de espectáculo pudo con la contención, algo que personalmente lamento.

Y otro de los detalles más decepcionantes de la historia es que tampoco Álex de la Iglesia pudo resistirse a uno de esos finales rocambolescos. A una primera explicación seguirá una segunda que tampoco se quedará ahí, pues es necesario un colofón más que nos deje entre sorprendidos y mosqueados. Está claro que la sencillez no era una de las premisas de este proyecto.

De lo que se beneficia la película, sin duda, es de la presencia de John Hurt, magnífico actor que compone un profesor bastante creíble, a pesar de la endeblez del argumento. Quién no casa del todo con su personaje es Elijah Wood, que dista mucho de parecer un galán, que es como parece definirlo el guión al enamorar sin mucho esfuerzo a las dos protagonistas femeninas de la película.

Los crímenes de Oxford termina resultando un thriller muy artificial, donde nada parece suceder de un modo convincente, pedante, hueco y pretencioso. Lástima que tantos medios den un fruto tan pobre.

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