lunes, 7 de agosto de 2017
Ocho sentencias de muerte
Dirección: Robert Hamer.
Guión: Robert Hamer y John Dighton (Novela: Roy Horniman).
Música: W.A. Mozart.
Fotografía: Douglas Slocombe.
Reparto: Dennis Price, Valerie Hobson, Joan Greenwood, Alec Guinness, Audrey Fildes, Miles Malleson, Clive Morton, John Penrose, Cecil Ramage, Hugh Griffith.
El joven Louis Mazzini (Dennis Price) decide vengar a su madre el día de su muerte, tras haber sufrido toda su vida el desprecio de su noble familia por haberse casado por amor en contra de sus deseos. Uno tras otro, Louis se irá deshaciendo de todos los que le preceden en la línea sucesoria del título ducal.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el cine británico renació de la mano de grandes cineastas (Carol Reed y David Lean) y también con las producciones de los estudios Ealing, nombre legendario en la historia del cine. De estos estudios saldría esta comedia negra, Ocho sentencias de muerte (1949), que podemos situar sin ninguna duda entre las mejores de todo el cine británico.
Ocho sentencias de muerte es un film tremendamente irreverente, amoral y muy divertido, con unos diálogos impagables y donde se hace un análisis implacable de la sociedad de principios del siglo XX, poniendo en evidencia sus míseras reglas sociales, con sus graves consecuencias para el individuo, especialmente para la mujer, referentes a todos los aspectos de la vida: matrimonio, posición social, trabajo, aspiraciones, herencia, religión y hasta la muerte. Nada se escapa al agudo análisis y precisa crítica de un guión cargado de maldad y también de lucidez a la hora de analizar las lacras sociales. Y lo mejor de todo es que la historia derrocha un humor sumamente inteligente y muy, muy negro que nos sorprende a cada instante.
A través de sus memorias, escritas mientras espera ser ejecutado, Louis Mazzini, genialmente interpretado por Dennis Price, nos cuenta en flashback la historia de su vida, narrando en primera persona los principales acontecimientos y el porqué se encuentra a punto de morir. Lejos de ser un inconveniente, esta elección narrativa aporta sin duda un punto elegante y un toque pedante que cuadran perfectamente con la historia. Además, nos sirve también para conocer de primera mano la curiosa personalidad de Louis, un tipo egoísta y sin escrúpulos que asume su tarea como algo casi noble, justificado y obligatorio.
A destacar la presencia de Alec Guinness que da vida, en un prodigio de caracterizaciones, a los ocho primos de Louis que irán muriendo en su macabro plan para heredar el título nobiliario familiar. Ocho personajes grotescos todo ellos a los que da vida con su maravilloso talento.
Sin duda alguna, estamos ante una pequeña obra de arte, la cumbre del humor negro. Un film maravilloso que se mantiene a lo largo del tiempo como una de las mejores comedias del cine británico de todos los tiempos.

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