El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 11 de junio de 2026

La hija de mi mejor amigo



Dirección: Julian Farino.

Guion: Ian Helfer y Jay Reiss.

Música: Klaus Badelt y Andrew Raiher.

Fotografía: Steven Fierberg.

Reparto: Hugh Laurie, Leighton Meester, Alia Shawkat, Oliver Platt, Catherine Keener, Allison Janney, Adam Brody, Sam Rosen. 

David (Hugh Laurie), un hombre maduro con un matrimonio en crisis, termina cediendo a la tentación e inicia una relación con Nina (Leighton Meester), la hija de su mejor amigo (Oliver Platt).

He aquí una comedia con un planteamiento novedoso, en cuanto el romance no es el típico entre jóvenes, sino que involucra a un hombre casado con una jovencita que podría ser su hija. Me parece un punto de partida realmente interesante desde el que abordar temas como la rutina, el aburrimiento, la crisis de la mediana edad, las normas sociales, el valor de la amistad, la búsqueda de la felicidad..., y todo ello está presente en La hija de mi mejor amigo (2011), aunque sin que el guión consiga sacarle todo el potencial a tantas posibilidades.

Para empezar, advertir que si esperas encontrarte con una comedia ingeniosa ese no es el caso. De comedia tiene que la cinta elude un enfoque dramático y apuesta por un tono ligero, pero el guión es muy soso como para sacarnos alguna sonrisa.

Otro detalle desconcertante es la falta de intensidad en los momentos clave, dando a veces la impresión de que la escena se ha quedado sin terminar o tal vez sin ofrecernos lo mínimo que esperaríamos de los momentos cruciales. Y por ahí es por dónde el guión muestra sus debilidades: ofrece un relato muy plano y superficial que no ahonda en todo lo que insinúa, como si los guionistas fueran incapaces de expresar con profundidad los temas abordados. Así, la crisis de David se queda en nada, las aclaraciones entre él y su esposa (Catherine Keener) y su hija (Alia Shawkat) pecan de simplistas y breves y los conflictos terminan por resultar muy poco elaborados, dejando a la historia sin sustancia alguna.

Incluso el desenlace es frustrante, con un intento absurdo por no salirse de lo más convencional, renunciando a todo lo que hubiera podido ser más transgresor o, sencillamente, más valiente.

Al final, lo mejor es el reparto, donde el personaje que finalmente resulta más interesante es el de Oliver Platt, cuya crisis de mediana edad resuelve con compras absurdas e intentos poco exitosos por mantenerse joven.

martes, 2 de junio de 2026

Romper el círculo



Dirección: Justin Baldoni.

Guion: Christy Hall (Novela: Colleen Hoover).

Música: Duncan Blickenstaff y Rob Simonsen.

Fotografía: Barry Peterson.

Reparto: Blake Lively, Justin Baldoni, Jenny Slate, Brandon Sklenar, Hasan Minhaj, Kevin McKidd, Amy Morton, Alex Neustaedter, Isabela Ferrer.

Lily Bloom (Blake Lively) viene de un hogar donde eran frecuentes los malos tratos por parte de su padre, ya fallecido. Cuando de adulta inicia una nueva vida en Boston y conoce a Ryle Kincaid (Justin Baldoni), no puede imaginar que será ella la que sufra malos tratos.

Romper el círculo (2024) pretende ser un drama sobre un tema tan delicado como los malos tratos, pero se queda en algo con muy poca sustancia. La culpa la tiene el guión, que no se atreve a ahondar en el tema y nos deja un sucedáneo de denuncia donde parece que se prioriza el envoltorio.

La historia comienza desvelando que el padre el Lily era un maltratador al que su esposa (Amy Morton) nunca llegó a denunciar ni a dejar, algo que Lily no acaba de entender. Cuando comience a sufrir ella malos tratos, tampoco reacciona al principio, pues prefiere engañarse fruto de su enamoramiento. Y esa es toda la profundización en el tema. El guión no va a adentrarse en serio, dejando que el relato se quede más en la superficie.

Tiene la ventaja de que así se evita caer en lo melodramático. Incluso las escenas de malos tratos se ruedan sin mostrar los detalles, en parte para que entendamos, al principio, la reacción pasiva de Lily y en parte porque está claro que el fin de la película es más superficial y edulcorado.

Por lo tanto Romper el círculo se acerca más a una historia romántica algo cursi que a una película de denuncia, pero, aun así, el guión es tan blando y tan poco imaginativo que ni el romance ni los conflictos presentados con el primer amor de Lily, Atlas (Brandon Sklenar), llegan a tener profundidad, de manera que todo lo que vemos es demasiado superficial, lo que incluye un final precipitado que intenta dejarnos un buen sabor de boca con la perspectiva de un futuro feliz para Lily al lado de Atlas. Pero se echa en falta que su reencuentro de adultos tenga más desarrollo, como lo tuvo el momento en que ambos se conocen e inician una amistad que los marcará de por vida, lo que constituye sin duda lo mejor de toda la cinta.

Solamente la presencia de Blake Lively eleva algo el nivel de la película que, de no contar con ella, podría pasar por el típico melodrama barato de bajo presupuesto y poca ambición que tan a menudo nos asalta por televisión.