El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 8 de octubre de 2015

La mejor oferta



Dirección: Giuseppe Tornatore.
Guión: Giuseppe Tornatore.
Música: Ennio Morricone.
Fotografía: Fabio Zamarion.
Reparto: Geoffrey Rush, Jim Sturgess, Sylvia Hoeks, Donald Sutherland, Philip Jackson, Dermot Crowley, Liya Kebede, Kiruna Stamell.

Virgil Oldman (Geoffrey Rush) es un reputado agente de subastas, tasador y experto en arte, además de un tipo solitario y un tanto excéntrico. Un día, una joven (Sylvia Hoeks) que vive recluida en una vieja mansión, le llama para que se ocupe de tasar y vender viejas propiedades de sus difuntos padres.

Qué complicado me resulta realizar una valoración en conjunto de La mejor oferta (2013). Y es que si nos quedamos con la primera hora de la cinta, el sobresaliente casi se podría quedar pequeño. Sin embargo, la última parte del film echa por tierra las buenas sensaciones iniciales. Veamos por qué.

La primera parte de la película resulta cautivadora. La manera en que Tornatore nos presenta al excéntrico Oldman, cómo va sucumbiendo al misterio de la enigmática Claire, dejando al lado su arrogancia para convertirse en un admirador de esa extraña mujer; la manera en que nos introducimos en un mundo mágico de arte, belleza y refinamiento, acompañados por la música de Morricone y una fotografía exquisita de Fabio Zamarion... la verdad es que hay momentos fantásticos en que casi puedes oír tus propios latidos. Flota en el aire el misterio, la magia incluso, y el maravilloso Geoffrey Rush llenando la pantalla con una imponente presencia. Es cine del bueno. Un regalo.

Sin embargo, hacia la mitad de la cinta, todo comienza a desmoronarse. Al principio, de manera casi imperceptible, en pequeños detalles sin importancia: algún personaje secundario algo forzado, unos celos de Virgil sin mucho fundamento, alguna escena precipitada, una historia que parece encallarse, un misterio que se va diluyendo sin que podamos saber el por qué de una manera coherente... El caso es que poco a poco la magia va desapareciendo. Tal vez porque el personaje de Claire se va curando de su miedo a las personas y ese misterio que la envolvía desaparece tristemente sin explicación. Sea como sea, la película pierde brillo, encanto y se va convirtiendo en una historia más vulgar. Pero aún nos queda lo peor: un desenlace forzado y estúpido que nos deja con la tristeza de haber sido engañados tan torpemente que casi da risa. Nada tiene sentido. Ni siquiera merece la pena buscar una explicación. Giuseppe Tornatore quiso decantarse por un desenlace absurdo en lugar de optar por algo más inteligente. ¿Por qué? Imagino que pensaría que una sencilla historia de amor algo decadente no funcionaría a nivel internacional tan bien como una especie de thriller refinado, que es lo que parece que buscaba. El caso es que creo que el tiro le salió por la culata.

Y aún así, aún a pesar del lamentable final, pienso que la primera hora de película es tan buena que no me arrepiento de haberla visto. Ojalá con el tiempo me olvide del desenlace o me invente yo uno que rime mejor con la poesía de algunas escenas del comienzo. Si son capaces de abstraerse del final, creo que La mejor oferta merece la pena.

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