El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Historia de un soldado



Dirección: Norman Jewison.
Guión: Charles Fuller.
Música: Herbert Hancock.
Fotografía: Russell Boyd.
Reparto: Howard E. Rollins Jr., Adolph Caesar, Art Evans, Denzel Washington, David Alan Grier, David Harris, Dennis Lipscomb, Robert Townsend.

Año 1944, el sargento Waters (Adolph Caesar) es asesinado una noche cerca de su base militar, en Louisiana. Aunque al principio se intenta hechar tierra sobre el asunto, la presión de la opinión pública obliga al Estado Mayor a enviar al capitán Davenport (Howard E. Rollins Jr.), oficial negro, a investigar el crimen.

Bajo la coartada de una investigación sobre un asesinato, lo que le daría a la película un corte bastante conocido, Historia de un soldado (1984) añade un elemento diferenciador, el del racismo, que le otorga a la película una dimensión completamente nueva.

Gran parte del mérito del guión de Fuller, basado en una obra suya, es haber logrado aunar de manera bastante armoniosa ambos aspectos de la trama. Ni el racismo ni la investigación se pisan el uno al otro, corriendo de la mano a lo largo de toda la película, empezando por el hecho de que el militar encargado de la investigación es precisamente negro, lo que crea bastantes suspicacias por parte de los oficiales blancos de la base y bastante extrañeza entre la tropa negra, que nunca habían conocido a ningún oficial de su raza.

La película gira en torno a numerosos flash-backs que van desvelando la identidad y el difícil carácter del sargento asesinado, un hombre obsesionado por las enseñanzas de su padre, que quería que fuera un negro digno, alejado de los acostumbrados negros analfabetos sumisos a los blancos. Esa obsesión lo ha transformado en un militar duro, racista y cruel hacia los de su propia raza, en especial hacia los que consideran que denigran a los negros, por cobardes, idiotas y dóciles. Poco a poco, el capitán Davenport descubre que el sargento era odiado y temido por los hombres a su mando, con lo que sus iniciales sospechas de un crimen racista se van desmoronando.

La otra base de la historia el es racismo. A pesar de alistarse para defender a su país, el ejército norteamericano seguía tratando a los soldados negros con desprecio, manteniéndolos en unidades a parte, sin mezclarlos con los blancos y con oficiales blancos a su mando. Solamente algunos suboficiales podían ser de raza negra.

Si bien la película está narrada con agilidad, es verdad también que los numerosos flash-backs, que uno es capaz de anticipar con claridad, hacen que en algunos momentos el ritmo no sea del todo fluido, con algunos instantes en que el interés baja un poco. Es la intriga sobre quién es el asesino lo que nos mantiene en vilo, cruzando los dedos en que el final está a la altura. Tampoco los diálogos y el reparto me perecieron demasiado inspirados, dejando patente que la película acusa un poco el paso de los años.

El reparto, compuesto en su mayoría por actores negros, cumple con acierto con su trabajo, si bien ningún trabajo destaca especialmente. Howard E. Rollins Jr. me pareció demasiado acartonado y sin carisma y Adolph Caesar un poco sobreactuado. A señalar el papel secundario de un joven Denzel Washington, que ya apuntaba maneras de buen actor.

Afortunadamente, el desenlace es bastante aceptable, dejando una buena sensación de historia bien construida, con lo que la película deja un buen sabor de boca final. En todo caso, quizá resulta un poco precipitado, dejando en evidencia que la denuncia del racismo imperante, tanto en el ejército como en la sociedad norteamericana de la época, finalmente termina imponiéndose como tema principal de la historia.

Historia de un soldado recibió tres nominaciones: mejor película, mejor guión y mejor actor secundario (Adolph Caesar).

martes, 29 de diciembre de 2015

El pacificador



Dirección: Mimi Leder.
Guión: Micheal Schiffer.
Música: Hans Zimmer.
Fotografía: Dietrich Lohmann.
Reparto: George Clooney, Nicole Kidman, Armin Mueller-Stahl, Marcel Iures, Alexander Baluev, Rene Medvesek, Gary Werntz, Randall Batinkoff, Jim Haynie.

Un general soviético roba diez cabezas nucleares para venderlas al mejor postor. Una de ellas va a parar a un político de antigua Yugoslavia que pretende utilizarla para vengar la muerte de su mujer y su hija.

El pacificador (1997) tuvo cierta fama en su momento por ser la primera película de la productora Dreamworks, fundada por Steven Spielberg en compañía de Jeffrey Katzenberg y David Geffen. Supuso también el debut en la gran pantalla de Mimi Leder, hasta ese momento directora de series de televisión. Se trata de un thriller bastante entretenido, aunque convencional y sin demasiadas sorpresas.

El argumento de la película se aprovecha de las turbulencias en la Unión Soviética tras la caída del comunismo y de las guerras en los Balcanes para crear una trama que mezcla tráfico de armas y terrorismo. Es verdad que algunos detalles de la historia parecen cogidos con alfileres, pero hay que admitir que resulta un buen recurso para ambientar la historia. Y de todos modos, el problema en los Balcanes o la corrupción política en la antigua URSS se quedan finalmente como meros telones de fondo; lo que de verdad interesa es poner en pie un film de acción para mayor lucimiento de sus protagonistas: George Clooney y Nicole Kidman. Y si Clooney está perfecto en su papel, una especie de James Bond norteamericano, cuesta más convencerse del papel de Nicole Kidman como jefa de operaciones. Es el punto más débil de la trama. Ya se sabe que es necesario meter a una mujer atractiva en cualquier historia, por el tema de la tensión sexual, el romance, etc, pero en esta ocasión cuesta creerse que una científica tenga que tomar decisiones que corresponderían por toda lógica a militares experimentados y menos aún verla metida hasta el cuello en persecuciones y tiroteos. Pero es lo que hay.

Salvado ese escollo, hay que reconocer que la película está muy bien realizada, primando por encima de todo el ofrecer un ritmo acelerado y bastantes escenas de acción de una factura impecable. Los últimos minutos de la cinta, con la persecución del terrorista por las calles de Nueva York elevan la tensión al máximo, aún a sabiendas de que vamos hacia el consabido final feliz, lo cuál dice mucho del buen hacer de Mimi Leder tras las cámaras.

Otro detalle que me gustó especialmente es que en esta ocasión el malo de turno no es un chiflado psicópata malhumorado y cruel. La figura de Dusan Gavric, interpretado de manera magistral por Marcel Iures, me parece todo un acierto. Se trata de un hombre que ha perdido a su mujer y así hija en la guerra de Yugoslavia y tal dolor lo empujan a busca cierto tipo de compensación llevando el dolor a quienes fomentan esos conflictos. No es un loco, es un hombre culto y sensible destrozado por el dolor. Sin duda, creo que éste es el mayor acierto de la película. Película que, si bien no es de lo mejor del género, al menos me pareció un film cuidado y entretenido. Dentro de sus pretensiones, cumple con creces la función de hacernos pasar un buen rato.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Los próximos tres días



Dirección: Paul Haggis.
Guión: Paul Haggis (Remake: Fred Cavayé, Guillaume Lemans).
Música: Danny Elfman.
Fotografía: Stéphane Fontaine.
Reparto: Russell Crowe, Elizabeth Banks, Liam Neeson, Olivia Wilde, Jonathan Tucker, Brian Dennehy, RZA, Sean Huze, Lennie James, Jason Beghe, Moran Alias, Ty Simpkins.

La tranquila vida de John Brennan (Russell Crowe) se viene abajo cuando su mujer, Lara (Elizabeth Banks), es detenida acusada de asesinato. Celebrado el juicio, Lara es declarada culpable.

Parece que Paul Haggis se ha decidido a dar el salto definitivo a la dirección, si bien sigue también firmando los guiones de sus películas, puesto, el de guionista, donde ha recibido mejores críticas que como director.

En esta ocasión, Haggis realiza el remake de la película francesa Pour elle (Fred Cavaré, 2008) y parece que sin salirse demasiado del original. Como me he perdido el film francés, se evitan las comparaciones, odiosas según se dice, pero a veces inevitables.

Los próximos tres días (2010) plantea un dilema un tanto peliagudo: hasta dónde puede llegar una persona corriente, con una vida normal, con el fin de ayudar a su esposa, injustamente encarcelada por un crimen que no cometió. Nuestro protagonista, John, tras superar sus reticencias y miedos iniciales, decide dar el paso y llevar adelante su plan: sacar por la fuerza a su mujer de la cárcel y huir del país. Lo que sí que está claro es que la moralidad norteamericana pone una serie de líneas rojas al comportamiento de John, de modo que en ningún caso pueda traspasar una serie de límites que lo llevarían directamente al punto de no retorno, punto en el que debería pagar por su comportamiento. Esa moralidad presente en todo instante resta algo de fuerza al relato, pues, previendo un final feliz, sabemos casi con certeza lo que hará y lo que no hará el protagonista.

Los próximos tres días peca quizá de un excesivo metraje para lo que finalmente nos cuenta Haggis o cómo decide contarlo. Y es que la parte en que acusan y enjuician a Lara es omitida por completo, lo cuál nos priva de algunos momentos que hubieran dado bastante juego, quedando casi toda la primera parte de la película centrada en cómo John encaja su nueva situación y cómo va planeando la liberación de su mujer. Uno de los problemas del film es que, tal y como está planteado, cuesta creerse que John pueda dar el paso al lado delictivo para liberar a su mujer. Además, esta parte de la historia, si bien es interesante, tiene una duración excesiva, cayendo en momentos un tanto vacíos, en especial la prescindible amistad de John y Nicole (Olivia Wilde), que no aporta absolutamente nada a la trama.

Es cuando la historia se centra más en la acción, con la huída del matrimonio Brennan, cuando vivimos los momentos más intensos, más emocionantes, con un ritmo ágil y la tensión de la persecución policial, que dan vida a la película y nos despiertan del letargo anterior. Sin embargo, de nuevo el director vuelve a pecar de excesivo y en lugar de cortar cuando debía, nos prolonga el final con unas escenas explicativas a todas luces innecesarias; a ninguna persona le cabía la más mínima duda de la inocencia de Lara; excederse en confirmarlo hasta el más mínimo detalle no revela más que la torpeza narrativa de Haggis, obsesionado con no dejar ni la más mínima sombra de duda.

El lo que sí que salimos ganando es con la presencia de Russell Crowe, sobre el que recae el peso de la película, que lleva con absoluta naturalidad y aplomo. Sin desmerecer tampoco el buen trabajo del resto de actores, si bien el papel de Liam Neeson o Brian Dennehy es casi testimonial.

Los próximos tres días se nos queda, al final, en un entretenimiento un tanto superficial que quizá deja de aprovechar gran parte de las posibilidades dramáticas de la historia para centrarse más en un relato que tira más al thriller y que, sin ser completamente redondo, se deja ver y ofrece un pasable entretenimiento. Aún así, Paul Haggis no termina de convencerme como director, al menos en esta ocasión.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Regreso al futuro



Dirección: Robert Zemeckis.
Guión: Bob Gale y Robert Zemeckis.
Música: Alan Silvestri.
Fotografía: Dean Cundey.
Reparto: Michael J. Fox, Christopher Lloyd, Lea Thompson, Crispin Glover, Claudia Wells, Thomas F. Wilson, James Tolkan, Billy Zane, Sachi Parker.

El joven Marty McFly (Michael J. Fox) es muy amigo de un excéntrico científico que lleva años ideando los más curiosos experimentos. Ahora, afirma haber inventado una máquina para viajar por el tiempo. Marty acude a presenciar el experimento, pero algo va a complicarlo todo.

Con Regreso al futuro (1985) estamos ante una de esas películas que, sin ser obras maestras, se hacen un hueco, primero en el corazón del público, y luego en la historia del cine.

Regreso al futuro pertenece a ese cine de aventuras lleno de fantasía e imaginación desbordante que dio lugar a títulos ya legendarios en la década de los ochenta y se ha ganado a pulso un lugar privilegiado entre las mejores películas de ciencia-ficción de la historia.

El argumento de la película es bastante sencillo: un adolescente, Marty, viaja al pasado, a 1955 concretamente, y conoce allí a los que serán sus padres, cuando ellos ni siquiera eran novios. Cuando su futura madre (Lea Thompson), entonces una adolescente también, se enamore de él, Marty deberá hacer todo lo posible para desengañarla y lograr que se enamore de su futuro padre (Crispin Glover) o ni él ni sus hermanos podrán nacer.

Si uno se parara a analizar la historia se daría cuenta de que el argumento cae en numerosas contradicciones y paradojas de imposible explicación. Sin embargo, al final todo ello importa bien poco. Es uno de los grandes aciertos del guión de Regreso al futuro, aún siendo conscientes de lo fantástico del argumento, nadie le presta atención. Y es que la premisa de la historia es crear un entretenimiento absurdo pero simpático, una comedia amable, alegre y optimista que mezcle cine romántico con ciencia-ficción y comedia adolescente. Y el guión de Zemeckis y Bob Gale es tan genial que toda esa mezcla funciona a la perfección sin que a nadie le importe lo más mínimo la lógica de los acontecimientos.

Sin duda, una de las claves de la película es el vertiginoso ritmo de la historia. Todo sucede a mil por hora, con diálogos saturados de términos científicos tan absurdos como geniales, como el mítico condensador de fluzo, que le dan al film un ritmo frenético donde todo sucede con una precisión matemática y no deja ni un minuto al aburrimiento.

Pero también hay que destacar unos diálogos absolutamente perfectos, con el humor omnipresente y con guiños a la política, la música, los avances técnicos, que funcionan como un reloj suizo. Atención, tampoco es que estemos hablando de chistes demasiado originales, no es así. Se trata de bromas bastante básicas pero que tienen la virtud de funcionar perfectamente y que tampoco caen en lo excesivo ni en el mal gusto. Es un humor sencillo pero que funciona.

Mención especial merecen los personajes de la historia. Haber centrado la trama en adolescentes, con el personaje central de Marty y sus jóvenes padres padres en el pasado, le da un toque dinámico y el encanto de las comedias de adolescentes pero, como decía antes, sin perder nunca el buen gusto y el acierto de no caer en los chistes demasiado vulgares. Pieza clave de la película también es el personaje de "Doc" Brown, el científico extravagante encarnado a la perfección por un maravilloso Christopher Lloyd, cuya expresividad le da un encanto y una fuerza a su personaje insuperables.

La película fue la más taquillera de 1985 y si bien sólo ganó un Oscar secundario, a los mejores efectos de sonido, es una cinta que ha ido ganando fuerza con el paso de los años, dando lugar a tres secuelas más, hasta ganarse un puesto en la historia del cine.

Regreso al futuro es entretenimiento garantizado desde el primer minuto. Un film que no destaca por nada especialmente, pero en la la mezcla de todos los ingredientes da como resultado un film tremendamente entretenido que se sigue viendo treinta años después con la misma frescura que en su estreno.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Los cazafantasmas




Dirección: Ivan Reitman.
Guión: Dan Aykroyd, Harold Ramis.
Música: Elmer Bernstein (Canción: Ray Parker Jr.).
Fotografía: Laszlo Kovacs.
Reparto: Bill Murray, Dan Aykroyd, Sigourney Weaver, Harold Ramis, Ernie Hudson, Rick Moranis, William Atherton, Annie Potts, David Margulies, Reginald VelJohnson.

Los doctores en parapsicología Peter Venkman (Bill Murray), Ray Stantz (Dan Aykroyd) y Egon Spengler (Harold Ramis) son expulsados de la Universidad de Columbia donde investigaban ante la falta de resultados en sus trabajos. Al verse en la calle, deciden probar fortuna montando una empresa de cazafantasmas.

Los años ochenta del pasado siglo vieron llegar a las pantallas una buena cantidad de películas fantásticas y de aventuras (Willow, La princesa prometida, Regreso al futuro, Gremlins, Los Goonies, Conan, el Bárbaro, Dentro del laberinto, ...) enfocadas preferentemente a un público infantil y juvenil. Fue una especie de moda donde todo tenía cabida. Eran un cine de una fantasía desbordante que mezclaba géneros y situaciones con total libertad creativa. Y dentro de esta tendencia tenemos que sitúar a Los cazafantasmas (1984).

La película de Ivan Reitman no es una obra de arte, ni mucho menos. Y sin embargo, pasados tantos años desde su estreno no sólo conserva su encanto inicial, sino que puede verse perfectamente en nuestros días y sigue resultando un espectáculo bastante entretenido.

El tono general de la película es el de comedia, tanto por su tratamiento ligero y unos diálogos llenos de bromas y chistes, como por la visión simpática y divertida de los fantasmas que pueblan la cinta. Más que asustar, uno desearás jugar con ellos. Solamente al final, el argumento toma un giro algo más siniestro y oscuro, con algunas criaturas algo más amenazadoras, pero sin perder jamás el tono de parodia y comedia que presiden la historia. Y aquí reside parte de su éxito: un film tan surrealista nunca debe tomarse en serio a sí mismo. Es ese tono alegre, a veces pícaro, el que nos predispone a aceptar las múltiples bromas que llenan la cinta con benevolencia, pues sería imposible intentar analizar con rigor un cúmulo tal de disparates y un argumento tan simple y fantástico como el de Los cazafantasmas.

La película funciona porque es sencilla, sin pretensiones. Y porque sabe mezclar con humor temas tan dispares como el fin del mundo, la comedia, el film romántico y el de aventuras, todo bien agitado y mezclado en una historia un tanto confusa pero que funciona dentro de su improbable realidad. Se trata de una entretenimiento, pero bien diseñado, bien realizado y correctamente orquestado.

Dentro del reparto, habría que destacar a Bill Murray, el centro sin duda de la historia y el personaje que encarna el espíritu burlón y golfo en la historia. Un supuesto científico más preocupado por ligar con sus pacientes que por otra cosa. Su actitud lacónica, incrédula y chulesca son sin duda el alma de la película.

Pero cuidado, como decía anteriormente, no estamos ante un gran film. Se trata de una comedia sencilla que a veces cae en la broma fácil y un tanto burda y que, en terminos generales, no pasa de ser un mero pasatiempo. Eso sí, la originalidad de la historia y el tono simpático permiten que pasemos un rato de diversión sana y sin complicaciones.

La película posee unos más que aceptables efectos especiales que aún resisten más de treinta años después.

Contra toda lógica, Los cazafantasmas fue un éxito rotundo de taquilla, apoyado en una simple y pegadiza canción, y que dio lugar a unas cuantas secuelas y a series de dibujos animados, videojuegos, libros, etc. Todo un fenómeno más grande que el film mismo. Hoy en día, estaría dentro de la historia del Séptimo Arte como un buen ejemplo de ese cine de evasión de los ochenta que tantas horas de diversión proporcionaron a la juventud de entonces. Un clásico que aún se deja ver con alegría.

La película recibió dos nominaciones a los Oscar: mejores efectos especiales y mejor canción original.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Leaving Las Vegas



Dirección: Mike Figgis.
Guión: Mike Figgis (Novela: John O'Brien).
Música: Mike Figgis.
Fotografía: Declan Quinn.
Reparto: Nicolas Cage, Elisabeth Shue, Julian Sands, Richard Lewis, Steven Weber, Valeria Golino, Laurie Metcalf, Vincent Ward, Danny Huston, Bob Rafelson, Mark Coppola.

El guionista Ben Sanderson (Nicolas Cage), al que abandonó su mujer, es un alcohólico. Esta dependencia de la bebida termina por costarle el puesto de trabajo. Es entonces cuando decide irse a Las Vegas con la intención de beber hasta morir.

Leaving Las Vegas (1995) está inspirada en la novela autobiográfica de John O'Brien, que se suicidó poco antes de que se estrenara la película. Mike Figgis dirige, escribe y pone la música a un film, como se ve, tremendamente personal.

La película afronta un tema bastante espinoso que ya habíamos visto en dos obras geniales: Días sin huella (Billiy Wilder, 1945) y Días de vino y rosas (Blake Edwards, 1962). El acercamiento al tema del alcoholismo por parte de Figgis es bastante más crudo que en las películas anteriores, fruto sin duda de la manera de hacer cine de estos tiempos. Crudeza que se pone de manifiesto en unos diálogos directos y con alusiones sin rodeos al sexo y especialmente en el sombrío final de la historia, muy distante de los moralizadores y convenientes finales felices a que nos tiene acostumbrados el cine norteamericano.

La película narra los últimos días de un guionista en crisis que se ha dado a la bebida sin que se expliquen del todo los motivos que le llevaron a esa situación. Como dice el propio Ben, no sabe muy bien si empezó a beber cuando lo dejó su esposa o si ésta lo dejó porque bebía. Y tampoco recuerda ya cuando y cómo tomó la decisión de beber hasta morir. En todo caso, se trata de un completo perdedor que no desea de ninguna manera redención alguna. Es un suicida convencido y hasta enamorado del método elegido para terminar con su vida. Por ello, cuando conoce a Sera (Elisabeth Shue), una prostituta, nada más llegar a Las Vegas, y a pesar de enamorarse de ella, Ben le explica sus intenciones y le advierte que no le pida nunca que deje de beber.

Si poco sabemos sobre los motivos de Ben, más extraño resulta casi el enamoramiento de Sera, pues Ben no tiene nada que ofrecerle más allá de un par de semanas de borracheras. Sin embargo, tal vez el deseo de cuidar de alguien aún más desgraciado que ella, o la sinceridad de un hombre que ya no espera nada, provocan en ella el deseo de estar a su lado, de cuidarlo. Es el amor de dos seres infelices que unen sus desgracias como un último intento de buscar un oasis final de felicidad.

Creo que unos de los grandes aciertos de Figgis es precisamente no dar demasiadas explicaciones sobre los personajes y sus motivaciones. No desvela los motivos de Ben para su drástica decisión ni tampoco nos cuenta apenas nada de la vida de Sera. Se ahorra pues pesadas justificaciones y deja que cada uno de nosotros intente buscar, o incluso ni eso, las explicaciones que considere oportunas. En el fondo, poco importan los por qués. Se trata de mostrar un suicidio y nunca hay una única causa. Nadie es infeliz de repente. La única concesión que se da el director son las charlas de Sera, quizá en el psicoanalista, en las que habla de su vida con Ben.

Ante un tema tan crudo, la puesta en escena va pareja al mismo. Una atmósfera claustrofóbica, rincones oscuros y la constante presencia del alcohol mientras Ben se va descomponiendo. Lo único que, desde mi punto de vista, llega a resultar cansino es la omnipresente banda sonora de jazz que invade todas y cada una de las escenas de la película. Incluso en algunos momentos resulta demasiado protagonista, casi invasora, llegando a parecerme cansina. Como digo, es un punto de vista personal.

Lo que sí que tenemos que alabar es el acierto a la hora de elegir a los protagonistas. Tanto Nicolas Cage, ganador del Osacr al mejor actor, como Elisabeth Shue, nominada a la mejor actriz, están absolutamente colosales. De hecho, gran parte de la fuerza dramática y lo conmovedores de muchos momentos es "culpa" de sus magníficas interpretaciones, absolutamente convincentes.

Leaving Las Vegas no es una película para todo el mundo. De hecho, puede herir muchas sensibilidades. Es un film demasiado amargo que conviene ver estando preparado para una experiencia dolorosa.

La película también estuvo nominada en el apartado de mejor director y mejor guión adaptado.




sábado, 12 de diciembre de 2015

El legado de Bourne



Dirección: Tony Gilroy.
Guión: Tony Gilroy, Dan Gilroy.
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Robert Elswit.
Reparto: Jeremy Renner, Rachel Weisz, Edward Norton, Joan Allen, Albert Finney, Oscar Isaac, Scott Glenn, Stacy Keach, David Strathairn, Corey Stoll, Donna Murphy, Paddy Considine.

Cuando estalla el problema Jason Bourne, un agente especial fuera de control, otros programas de inteligencia del gobierno corren el riesgo de ser descubiertos. Por ello, el Departamento de Defensa decide investigar las posibles ramificaciones del programa Treadstone y poner en cuarentena su propio programa, Outcome, hasta que se calme la situación; los agentes de Outcome deben ser eliminados.

Visto el éxito de la trilogía de Jason Bourne, no extraña en absoluto la aparición de El legado de Bourne (2012), cuyo único cometido parece ser seguir explotando el éxito de aquella. El problema fue que ni Paul Greengrass ni Matt Damon aceptaron rodar una cuarta entrega, de ahí el tener que hacer un film con una trama paralela a la de la trilogía y contar con un nuevo protagonista, algo que no deja de ser un lastre.

El guión de El legado de Bourne, como decía, se inventa una historia que corre paralela al caso Bourne, lo que justificaría esta nueva entrega, implicando a otros departamentos de inteligencia y nuevos programas de adiestramiento de agentes secretos. Sin embargo, hay que reconocer que el argumento de El legado de Bourne parece mucho menos creíble que el Bourne. Tal vez por carecer de la originalidad de aquel, resultando algo repetitivo; tal vez por ser más rebuscado y, quizá, por estar mucho peor explicado y menos integrado con la acción. Y es que el principal defecto de esta película es que su historia resulta algo confusa y, bien analizada, la trama es de un esquematismo total, repitiendo pautas, escenas y situaciones de la trilogía, lo que a todas luces le resta interés y emoción. Además, algunos detalles, como el de las pastillas y las alteraciones genéticas, pueden resultar un tanto inverosímiles. En general, la historia es mucho menos atractiva y emocionante, lo que pesa como una losa a lo largo de todo el film.

Dicho ésto, hay que aclarar que El legado de Bourne no es una mala película. Es cierto que el comienzo no es demasiado brillante, pero el director va aumentando la intensidad progresivamente y la persecución final resulta bastante brillante, al menos en su puesta en escena. Sin embargo, el hecho de que la película esté entroncada con las de Bourne hace inevitable ciertas comparaciones y en todas sale perdiendo El legado de Bourne, cuyas peleas y persecuciones están un peldaño por debajo de las protagonizadas por Matt Damon. Y eso que Jeremy Renner, sin tener el carisma de Damon, logra realizar un más que aceptable trabajo, resultando del todo creíble y convincente. Quizá el único punto en que estoy más con Tony Gilroy es en que su dirección no resulta tan estresante y nerviosa como la de Greengrass, algo que agradezco profundamente.

La simplicidad del guión también se pone en evidencia en el desenlace de la película, que resulta a todas luces precipitado y un tanto desconcertante. La muerte del agente que acosa a los protagonistas es todo menos brillante y las escenas que intentan explicar y cerrar el caso parecen metidas ahí de manera un tanto forzada. Es uno de los finales más extraños que recuerdo y que dejan un triste broche a la película. No entiendo como no se cuidó un poco mejor algo tan importante como esta.

El legado de Bourne finalmente queda reducida a una aceptable y entretenida película de acción que, sin embargo, hubiera ganado si se hubiera desvinculado de la trilogía de Bourne y la hubieran escrito como algo independiente. Al querer vincularla a las películas precedentes, queda como una secuela menor y pobre de las otras, perdiendo en las comparaciones y presentándose como un producto muy poco original y que no aporta nada a la serie. Entretiene, pero no fascina.





lunes, 7 de diciembre de 2015

El hombre del tiempo



Dirección: Gore Verbinski.
Guión: Steve Conrad.
Música: Hans Zimmer y James S. Levine.
Fotografía: Phedon Papamichael.
Reparto: Nicolas Cage, Michael Cane, Hope Davis, Gemmenne de la Peña, Nicholas Hoult, Michel Rispoli, Gil Bellows, Judith McConnell.

David Spritz (Nicolas Cage) es el popular hombre del tiempo de Chicago. Sin embargo, su éxito profesional no se corresponde en absoluto con el personal. Ensombrecido por su padre (Michael Cane), un escritor de éxito, y separado de su mujer (Hope Davis), David no logra ser la persona que hubiera querido ser.

Curiosa propuesta del Hollywood comercial, pues El hombre del tiempo (2005) va en contra de la corriente de cine de super héroes y acción, que es el que parece garantizar buenas recaudaciones. De hecho, comercialmente la película no fue lo que se dice un éxito.

El hombre del tiempo se adentra en los problemas personales de un hombre de mediana edad que, aparentemente, debería sentirse satisfecho, pues tiene un trabajo apacible con una más que generosa retribución y que le aporta cierta notoriedad. Sin embargo, el protagonista está muy lejos de ser feliz. En una curiosa paradoja, mientras profesionalmente sigue subiendo, con una generosa oferta de una cadena nacional, a nivel personal es un completo fracasado.

El principal problema de David es que ha crecido bajo la alargada sombra del éxito como escritor de su padre. David se siente avergonzado ante él por su rutinario y monótono trabajo, del que no se siente orgulloso, y piensa que ha defraudado las expectativas de su progenitor. Por si esto no fuera suficiente, su matrimonio ha fracasado y no logra reconciliarse con su esposa, a pesar de sus intentos, además de no tener una buena relación con sus hijos.

El argumento, como se ve, es bastante sombrío. Y aunque Verbinski intenta aderezarlo con algunas gotas de humor, éste resulta siempre más amargo que simpático. El hombre del tiempo es un drama en toda regla. Me recordó a American Beauty (Sam Mendes, 1999), pues también tiene un ritmo cansino, monólogos en off del protagonista y un tono pesimista sobre la crisis de un hombre de mediana edad. Hay diferencias, claro; la más notable es el tono más optimista de El hombre del tiempo, especialmente con ese final un tanto complaciente que, sin ser del todo feliz, sí que al menos arroja cierta esperanza. Y es que David, tras tocar fondo a nivel personal, parece que finalmente comienza a sacar fuerzas para afrontar su vida con las decisiones adecuadas, gracias también al apoyo y cierto reconocimiento que obtiene por fin de su padre.

Aplaudo la idea de afrontar este tipo de argumentos, y más viniendo de donde viene, que nos propongan películas con contenido y que nos obliguen a reflexionar. Vaya esto por delante.  Sin embargo, el principal inconveniente que le veo a El hombre del tiempo es su patente artificiosidad. A pesar de las buenas intenciones que se adivinan en el guión, éste creo que se queda algo corto a la hora de enfocar los problemas personales de David. No digo que tenga que ser un todo un tratado científico, pero echo de menos más profundidad y menos afectación a la hora de enfocar la personalidad de Spritz. Es más, si al principio sentimos cierta compasión hacia David, poco a poco vamos perdiendo esa empatía por culpa de algunos comportamientos suyos del todo absurdos. Al final, cuesta un poco creerse al personaje.

Por si fuera poco, la película va perdiendo fuerza progresivamente y hacia la mitad de la misma sentimos cierta fatiga por la reiteración de situaciones, la cadencia cansina, la musiquilla repetitiva...es decir, parece como si se acabaran las buenas ideas y el director se limitara a la repetición de situaciones, algunas sin chispa, otras sin gracia.

Y cuando llega el momento del desenlace, tampoco el guión se muestra especialmente brillante. Se mantiene en la misma línea un tanto extraña de toda la película: es un final sin fuerza, predecible y que parece que intenta contentar a todos; no es del todo pesimista pero tampoco podemos tacharlo de final feliz. El protagonista alcanza el éxito profesional y personalmente parece aceptarse tal y como es, pero con ese deje tristón que no abandona a David.

Lo mejor, sin duda, el buen trabajo de Nicolas Cage, bastante convincente, y la presencia de un notable Michael Cane, que ha ido ganando con los años, como un buen vino,; es todo un regalo disfrutar de su presencia.

El hombre del tiempo, resumiendo, me pareció un film cargado de buenas intenciones y ciertamente interesante, pero un tanto pedante en las formas y más aparente que profundo en el contenido. Lástima, pues el tema sin duda resulta muy interesante y cambia de las propuestas más comerciales que invaden las taquillas.

jueves, 3 de diciembre de 2015

The Mechanic



Dirección: Simon West.
Guión: Richard Wenk, Lewis John Carlino.
Música: Mark Isham.
Fotografía: Eric Schmidt.
Reparto: Jason Statham, Ben Foster, Donald Sutherland, Tony Goldwyn, Mini Anden, Christa Campbell.

Arthur Bishop (Jason Statham) es un asesino a sueldo, el mejor. Realiza sus trabajos con rapidez y eficacia. Sin embargo, un día recibe un encargo especial: ha de matar a su mentor y amigo (Donald Sutherland), que ha traicionado a sus compañeros a cambio de dinero.

Aclaremos en primer lugar que este film viene a ser una especie de remake de Fríamente...sin motivos personales (Michael Winner, 1972), interpretado por el especialista del género en aquella época, Charles Bronson. Quede este dato como mera anécdota, pues tampoco es que un argumento como el que nos ocupa necesite de muchas referencias.

Se que lo que voy a decir sonará a repetido, pues no dudo que palabras parecidas habré dedicado a  otros films de acción parecidos a éste, pero es que es tal la similitud de las fórmulas empleadas en este tipo de películas que resultaría inverosímil no recurrir a ciertas frases hechas a la hora de escribir sobre ellas. Por desgracia, The Mechanic (2011) es una película que recoge casi todos los tópicos del género para ofrecernos un espectáculo de violencia apoyado en una puesta en escena muy cuidada pero sin nada realmente que valga la pena, más allá del mero pasatiempo de palomitas y refresco. De hecho, el argumento es tan esquemático que lo único que podremos decir sobre él es que se limita a construir un mínimo entramado que sirve para encajar las múltiples escenas de violencia que nos regala el guión. Por no haber no hay ni la consabida historia de amor del protagonista, que se limita aquí a encuentros esporádicos de Bishop con una mujer de la que no sabemos nada y que, en la película, tampoco ella parece saber nada de su amante.

La clave de todo será la venganza. Como se ve, muy original también. Pero dado el esquematismo del argumento, ésta sólo se materializa en los últimos minutos de la película y por partida doble, siendo un mero conductor hacia el desenlace final. El núcleo central de la historia es el adiestramiento por parte de Bishop del hijo de su mentor, en un rocambolesco giro argumental que cuesta aceptar y asimilar. ¿Cómo es posible que Bishop, tras matar a Harry, se dedique a cuidar y entrenar a su hijo, que además es un completo descerebrado? La única explicación es que todo ellos es necesario para encadenar las escenas de acción que son la base del film y, de paso, preparar el desenlace que, cómo no, contará con las típicas trampas que ya no engañan a nadie y que cualquier espectador medianamente puesto en el género adivinará desde el minuto veinte de la historia.

Si como vemos, argumentalmente la película tiene un nivel por debajo del mínimo, lo único que nos queda es disfrutar de las múltiples escenas de acción, rodadas con dinamismo y eficacia y con las dosis normales de violencia y sangre de este tipo de películas. No es más desagradable que la mayoría y si uno se sitúa en modo palomitas, hasta puedes entretenerte sin más. El problema que veo en este tipo de films es que se banaliza terriblemente el valor de la vida, la dignidad de las personas (sobre todo de las mujeres) y que se juega con el crimen como si fuera algo normal. No sé..., hasta para este tipo de películas creo que debería exigirse cierto nivel ético. Al final, como decía, entretienen, pero solamente si lo ves como un espectáculo; si te dedicas a rascar un poco bajo la superficie resultan propuestas bastante inmorales.

Como viene siendo normal, para asegurarse unas taquillas decentes, hay que recurrir a un actor con peso en la pantalla y en estos momentos Jason Statham es el número uno. La pena es que está siendo encasillado en este tipo de papeles, con lo que corre el riesgo de acabar siendo una caricatura de si mismo. La presencia de otro peso pesado, como es Donald Sutherland, también se justifica en términos de taquilla, siendo si participación en la película meramente decorativa.

En definitiva, The Mechanic es un film menor, un entretenimiento sin nada en sus entrañas, un cúmulo de tópicos del género que solo está ahí para sacar tajada en taquilla con una fórmula muy socorrida pero que sigue funcionando. Puede resultar un pasatiempo correcto, a nivel formal, pero no es el mejor film de acción ni tampoco nos aportará nada novedoso. Sólo para incondicionales del género.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

El invitado



Dirección: Daniel Espinosa.
Guión: David Guggenheim.
Música: Ramin Djawadi.
Fotografía: Oliver Wood.
Reparto: Ryan Reynolds, Denzel Washington, Brendan Gleeson, Vera Farmiga, Sam Shepard, Robert Patrick, Rubén Blades, Nora Arnezeder, Liam Cunningham, Joel Kinnaman, Fares Fares.

Después de haber desertado de la CIA diez años atrás y de pasar todo ese tiempo vendiendo información confidencial al mejor postor, Tobin Frost (Denzel Washington) se ve obligado a refugiarse en el consulado norteamericano de Ciudad del Cabo para salvar su vida.

La verdad es que el arranque de El invitado (2012) es de lo más prometedor: acción a raudales, intriga, ritmo frenético... y todo con un muy buen hacer por parte de Daniel Espinosa, que sabe jugar con la cámara y el ritmo hasta dejarnos casi sin respiración. Esta vez el uso de la cámara nerviosa está realizado de manera muy inteligente, sin llegar a resultar mareante.

Poco o nada sabemos del argumento o de los personajes en estos primeros minutos, es algo que se irá desvelando a medida que avanza la película. Lo importante, de momento, es captar nuestra atención y el director lo logra con este espectacular comienzo.

Luego, la película sigue a revoluciones muy elevadas, plena de escenas de acción y persecuciones de coches espectaculares. El argumento sigue estando en un segundo plano. Y, si hemos de ser sinceros, tampoco nos importa demasiado en esos momentos. La película es pura adrenalina y la tensión y la acción nos mantiene en vilo. El mérito, sin duda, hay que dárselo a la magnífica puesta en escena con todos los elementos ayudando a crear un espectáculo de lo mas entretenido. Y en este punto hemos de mencionar también el excelente juego de los actores, tanto los principales como los secundarios, encabezados por el siempre eficaz Denzel Washington. A su lado, un interesante Ryan Reynolds como aprendiz de agente que vivirá un curso forzado de acción real y que nos hace olvidar sus papeles en comedias románticas para interpretar con bastante solvencia un registro ciertamente dramático.

A pesar de todo, a medida que avanza la historia, empezamos a notar algunos giros algo forzados del guión que hacen que dudemos de la solidez argumental de la cinta. Nada grave, sin embargo, pero son los indicios de que la película se decanta más por la acción pura y dura que por un trasfondo más serio o comprometido.

Por desgracia, es en el desenlace cuando El invitado se nos revela claramente como un mero film de acción, muy bien planteado, pero algo vacío de contenidos. Cuando la historia debe dejar paso a las explicaciones, en el momento en que hay que desvelar la trama que sustenta tanto fuego de artificio es cuando descubrimos un entramado que se parece demasiado a otras películas recientes, en concreto estoy pensando en la serie de Bourne, y que carece por tanto de originalidad y profundidad. Además, como suele ser demasiado habitual ya, todo se resuelve en unos pocos minutos de manera un tanto brusca. Y para rematar la faena, de nuevo estamos ante un final moralista donde no hay lugar para la redención: los malos, todos, han de pagar con su vida por sus fechorías. De nuevo esas reglas tan propias del cine norteamericano que impiden finales más originales o incluso transgresores. Una pena que esta superficialidad argumental final arruine parte de la magia que habíamos disfrutado hasta entonces.

¿Que nos queda finalmente? Una buena película de acción, llena de tensión y un ritmo perfecto, pero que desperdicia gran parte de sus posibilidades al carecer de un buen trabajo del guionista, que corta por el atajo más trillado y superficial. Aún así, si quieres pasar un buen momento de acción, la película no defrauda. Eso sí, es pura teatralidad.


jueves, 5 de noviembre de 2015

En el valle de Elah



Dirección: Paul Haggis.
Guión: Paul Haggis (Historia: Paul Haggis, Mark Boal).
Música: Mark Isham.
Fotografía: Roger Deakins.
Reparto: Tommy Lee Jones, Charlize Theron, Susan Sarandon, Jason Patric, James Franco, Josh Brolin, Wes Chatham, Rick Gonzalez, Jonathan Tucker, Jake McLaughlin, Victor Wolf.

Mike, el hijo de Hank Deerfield (Tommy Lee Jones), un veterano de guerra, regresa de la Guerra de Iraq y, misteriosamente, desaparece de su base sin permiso. Hank, sorprendido y preocupado, decide presentarse allí e investigar personalmente la desaparición de su hijo.

Tras el éxito de Crash (Colisión), Paul Haggis se embarcó en este proyecto del que él mismo es guionista. La película quedó muy lejos en taquilla de su obra anterior. Tal vez porque es un film un tanto pesimista y muy crítico con algunos detalles de los militares y las recientes guerras norteamericanas.

Hay que reconocer el valor y el mérito de Haggis a embarcarse en un film que va un tanto contra corriente de ese cine comercial de films de acción tan fáciles de hacer y con resultados asegurados para la taquilla. Por ello, aplaudo la decisión de Haggis y hemos de valorar en su justa medida esta elección.

En el valle de Elah (2007) cuenta la búsqueda de un padre de su hijo desaparecido y, aunque el argumento incluya una investigación policial, no hemos de dejarnos confundir por ese detalle pensando que estamos ante un thriller al uso. La historia no va por ahí. De hecho, pronto descubrimos que Mike ha muerto asesinado, dejando ya aparcado un posible punto de interés narrativo. Solamente queda por averiguar quién y por qué mató al soldado, pero incluso ese detalle acaba por resultar secundario. La clave del film, su esencia, es adentrarnos en el dolor de un padre (y de una madre, aunque de un modo más secundario) y su lucha por intentar comprender qué salió mal, si podría haber evitado de alguna manera el comportamiento de su hijo, que va conociendo mientras intenta aclarar lo ocurrido. Porque Hank, en su búsqueda, comienza a descubrir a un hijo diferente del que él conocía; un joven amargado por la guerra, adicto a las drogas y con rasgos de crueldad impensables en alguien a quién creía conocer bien. Poco a poco, la fotografía que va componiéndose de Mike es la un hombre casi desconocido para su padre. ¿Podía haber hecho algo más por su hijo?, ¿por qué no vio las señales del cambio a tiempo o no las valoró como debía? El viaje que emprendemos junto a Hank es muy descorazonador. Al mismo tiempo que él, vamos descubriendo los traumas que la guerra deja en las mentes aún infantiles de unos soldados que no han de pelear de una manera heroica, sino en un país desolado que los odia y al que odian y donde combaten sus miedos por medio de una huída hacia adelante de violencia gratuita, drogas y alcohol.

La crítica hacia estas guerras modernas de los Estados Unidos es brutal, dejando una sensación de amargura y dolor a partes iguales, perfectamente reflejadas en el rostro ajado de un grandísimo Lee Jones. Sin duda, él soporta todo el peso de la cinta y lo hace con una naturalidad conmovedora. También habría que mencionar el gran trabajo de Susan Sarandon, por desgracia bastante desaprovechada, pues su papel es demasiado corto, casi secundario, a pesar de la conmovedora secuencia en que va a ver el cadáver de su hijo.

Sin embargo, todas las buenas intenciones de Paul Haggis pierden algo de fuerza con algunos detalles que quizá podrían haberse evitado. Por un lado, el personaje de Charlize Theron parece metido en el argumento de un modo un tanto forzado, por esa manía de tener que contar con una protagonista femenina; y si es atractiva, mejor. Tampoco ayuda mucho a la película su excesiva duración, con algunas escenas que podrían haberse acortado, con lo que se evitarían algunos momentos en que el film se hace algo pesado, tal vez por la excesiva redundancia en ciertas escenas donde se pretende reflejar la soledad y el dolor de Hank y que terminan por resultar demasiado parecidas entre sí.

Tampoco me gustó especialmente esa manía de algunos directores por dejar detalles aquí y allá en sus películas que después vuelven a aparecer como elementos dramáticos que intentan cerrar un círculo emocional o narrativo. El caso de la bandera que hondea hacia abajo, al comienzo del film, sería el caso más representativo. Si bien no se puede negar cierta carga dramática, ese tipo de efectos convierten a una idea de film natural y verídico en algo más peliculero, con lo que termina por ser un tanto contraproducente. Incluso la sonrisa final en el rostro de Hank, cuando contempla la foto de su hijo de nuevo en el marco, está de más. Si lo que se pretendía era dulcificar el final, creo que se trata más de un error que de un acierto. La película es triste, es dolorosa, y así debe ser hasta el final.

Aún así, y a pesar de esos pequeños detalles, En el valle de Elah resulta una película más que interesante, con una muy inteligente reflexión sobre las guerras y sus secuelas y, sobre todo, una hermosa y dolorosa reflexión sobre las consecuencias de la pérdida de un ser querido y cómo todo ello puede derrumbar el mundo y las vidas de cualquiera de manera irremediable.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Busca tu refugio



Dirección: Nicholas Ray.
Guión: Winston Miller (Historia: Harriet Frank Jr., Irving Ravetch).
Música: Howard Jackson.
Fotografía: Daniel L. Fapp.
Reparto: James Cagney, Viveca Lindfors, John Derek, Jean Hersholt, Grant Withers, Jack Lambert, Ernest Borgnine, Ray Teal, Irving Bacon, Trevor Bardette, John Miljan, Gus Schilling.

Matt Dow (James Cagney), tras pasar seis años en la cárcel por un crimen que no cometió, se encuentra en su camino con un muchacho de veinte años, Davey Bishop (John Derek). Por un desafortunado malentendido, son confundidos con unos asaltantes de trenes y Davey resulta gravemente herido. Aclarado el error, Matt se queda para cuidar de Davey, al que parece haber cogido un afecto especial.

Nicholas Ray es un cineasta curioso. Tiene en su haber títulos inolvidables como Johnny Guitar (1954) o Rebelde sin causa (1955). Sin embargo, algo le ha impedido codearse con los más grandes; algo que hacía que muchas de sus películas no fueran del todo redondas. Y un buen ejemplo de ello lo tenemos con Busca tu refugio (1955), un título un tanto desconcertante pues aúna momentos y detalles muy interesantes con otros bastante mediocres.

Lo que está claro es que Busca tu refugio no es un western al uso, algo que puede llegar a desconcertarnos en algunos momentos. Y es que Ray no se ciñe a las normas del género, que parecen quedársele pequeñas, y la película se adentra en terrenos que bien podrían encasillarse mejor en el melodrama familiar. Porque la película se centra primordialmente en la relación entre un vaquero solitario, Matt, que ha perdido a su hijo, fue abandonado por su esposa y cumplió una condena injustamente, y un joven un tanto perdido, Davey, en quién Matt se vuelca intentando hacer de él el hijo que que perdió. Y aquí la película se enreda en una serie de matices psicológicos y problemas en la relación entre Matt y Davey que parecen no casar bien con las normas del western clásico. Y no es que el cine del oeste no haya tratado los problemas familiares anteriormente, es simplemente que el cine de Nicholas Ray esconde algo más, como pudimos descubrir en Johnny Guitar, un western totalmente atípico, donde nada seguía los cánones clásicos.

Y aquí sucede algo parecido en la relación entre los dos protagonistas: Matt se empeña en ayudar al joven Davey sin querer ver que es un caso perdido, una mala persona. El drama está servido. Y el resto, la relación amorosa de Matt, el pueblo de miserables en que ejerce de shérif Matt, todo parece secundario, incluso algo forzado, como si, a pesar de la larga duración de la cinta, a Nicholas Ray le faltara tiempo para poder expresarse con comodidad. Y es que hay pasajes un tanto infantiles, giros argumentales demasiado forzados, diálogos muy básicos, pérdidas notables de ritmo, escenas más propias de una serie B, actores secundarios carentes de cualquier atractivo o carisma...; toda una serie de errores que acaban por arruinar el potencial de la película y que nos dejan un cierto mal sabor de boca.

Al final, tenía la impresión de que En busca tu refugio estaba como mal rematada, como si hiciera todo un tanto de prisa, sin tomarse el tiempo necesario para pulir múltiples detalles que no quedan del todo bien. Una lástima porque, sin esos fallos, estaríamos hablando de una película notable.

sábado, 24 de octubre de 2015

En la mente del asesino



Dirección: Rob Cohen.
Guión: Marc Moss, Kerry Williamson (Novela: James Patterson).
Música: John Debney.
Fotografía: Ricardo Della Rosa.
Reparto: Tyler Perry, Matthew Fox, Edward Burns, Jean Reno, Rachel Nichols, John C. McGinley, Giancarlo Esposito, Cicely Tyson, Carmen Ejogo.

En una lujosa mansión aparecen los cadáveres de una mujer y sus tres guardaespaldas. El inspector Alex Cross (Tyler Perry), encargado del caso, sospecha que los asesinatos son obra de un solo y peligroso psicópata.

Alex Cross, el personaje creado por el novelista Patterson y que ya habíamos visto en El coleccionista de amantes (Gary Fleder, 1997) y en La hora de la araña (Lee Tamahori, 2001), es también el protagonista de esta En la mente del asesino (2012) y de nuevo comprobamos como los best selles de James Patterson no han producido grandes películas ni mucho menos.

En la mente del asesino es un thriller bastante vulgar, tanto en su planteamiento como en su desarrollo, plagado de tópicos, empezando por el asesino psicópata, y situaciones un tanto forzadas que no termina en ningún momento de cuajar, quizá lastrado desde el comienzo mismo por una historia un tanto absurda que resulta muy difícil de creer. Incluso los pasajes más íntimos de la vida familiar de Cross, tendentes a dotar a la historia de un punto de interés humano, resultan tan poco originales y son tan predecibles que no aportan tampoco nada nuevo al film.

Por si todo esto no fuera ya bastante, la película cuenta con un reparto muy poco afortunado. Tyler Perry, el protagonista, carece por completo de carisma y no consigue darle entidad suficiente a su personaje, que tiene hasta un punto de pedantería que no resulta muy agradable. Edward Burns demuestra sus limitaciones como actor y Jean Reno, quizá el rostro más llamativo del elenco, se limita a un par de apariciones bastante rutinarias. Solo Matthew Fox parece haberse tomado en serio su trabajo y compone a un asesino que da miedo solo con verlo. Eso sí, su personaje carece de profundidad y es solo un mero cliché, en la línea de todo el argumento de esta película.

Tampoco entendemos muy bien el trabajo de Rob Cohen, que desaprovecha la fuerza dramática de algunas escenas protagonizadas por el asesino chiflado, mientras que se recrea en otras, como en las relaciones familiares de Alex Cross, dejando que gran parte de la posible fuerza dramática de los asesinatos se pierda sin remedio.

En la mente del asesino termina siendo un film menor, un serie B sin demasiado que ofrecernos, salvo una hora y pico de pasatiempo rutinario. Lo único que aporta algo de emoción a la historia el el psicópata, por lo despiadado y cruel que es, aunque nunca dudamos del final de sus andanzas. Así pues, no perdemos nada si pasamos de largo por este thriller tan poco original.


jueves, 8 de octubre de 2015

La mejor oferta



Dirección: Giuseppe Tornatore.
Guión: Giuseppe Tornatore.
Música: Ennio Morricone.
Fotografía: Fabio Zamarion.
Reparto: Geoffrey Rush, Jim Sturgess, Sylvia Hoeks, Donald Sutherland, Philip Jackson, Dermot Crowley, Liya Kebede, Kiruna Stamell.

Virgil Oldman (Geoffrey Rush) es un reputado agente de subastas, tasador y experto en arte, además de un tipo solitario y un tanto excéntrico. Un día, una joven (Sylvia Hoeks) que vive recluida en una vieja mansión, le llama para que se ocupe de tasar y vender viejas propiedades de sus difuntos padres.

Qué complicado me resulta realizar una valoración en conjunto de La mejor oferta (2013). Y es que si nos quedamos con la primera hora de la cinta, el sobresaliente casi se podría quedar pequeño. Sin embargo, la última parte del film echa por tierra las buenas sensaciones iniciales. Veamos por qué.

La primera parte de la película resulta cautivadora. La manera en que Tornatore nos presenta al excéntrico Oldman, cómo va sucumbiendo al misterio de la enigmática Claire, dejando al lado su arrogancia para convertirse en un admirador de esa extraña mujer; la manera en que nos introducimos en un mundo mágico de arte, belleza y refinamiento, acompañados por la música de Morricone y una fotografía exquisita de Fabio Zamarion... la verdad es que hay momentos fantásticos en que casi puedes oír tus propios latidos. Flota en el aire el misterio, la magia incluso, y el maravilloso Geoffrey Rush llenando la pantalla con una imponente presencia. Es cine del bueno. Un regalo.

Sin embargo, hacia la mitad de la cinta, todo comienza a desmoronarse. Al principio, de manera casi imperceptible, en pequeños detalles sin importancia: algún personaje secundario algo forzado, unos celos de Virgil sin mucho fundamento, alguna escena precipitada, una historia que parece encallarse, un misterio que se va diluyendo sin que podamos saber el por qué de una manera coherente... El caso es que poco a poco la magia va desapareciendo. Tal vez porque el personaje de Claire se va curando de su miedo a las personas y ese misterio que la envolvía desaparece tristemente sin explicación. Sea como sea, la película pierde brillo, encanto y se va convirtiendo en una historia más vulgar. Pero aún nos queda lo peor: un desenlace forzado y estúpido que nos deja con la tristeza de haber sido engañados tan torpemente que casi da risa. Nada tiene sentido. Ni siquiera merece la pena buscar una explicación. Giuseppe Tornatore quiso decantarse por un desenlace absurdo en lugar de optar por algo más inteligente. ¿Por qué? Imagino que pensaría que una sencilla historia de amor algo decadente no funcionaría a nivel internacional tan bien como una especie de thriller refinado, que es lo que parece que buscaba. El caso es que creo que el tiro le salió por la culata.

Y aún así, aún a pesar del lamentable final, pienso que la primera hora de película es tan buena que no me arrepiento de haberla visto. Ojalá con el tiempo me olvide del desenlace o me invente yo uno que rime mejor con la poesía de algunas escenas del comienzo. Si son capaces de abstraerse del final, creo que La mejor oferta merece la pena.

lunes, 5 de octubre de 2015

Indomable



Dirección: Steven Soderbergh.
Guión: Lem Dobbs.
Música: David Holmes.
Fotografía: Steven Soderbergh.
Reparto: Gina Carano, Ewan McGregor, Michael Douglas, Channing Tatum, Michael Fassbender, Antonio Banderas, Bill Paxton, Michael Angarano, Mathieu Kassovitz.

Mallory Kane (Gina Carano) es una agente secreta de una agencia privada muy eficaz en su trabajo. Tras una misión en Barcelona, Mallory debe ocuparse de otro asunto en Dublin, aparentemente sencillo. Sin embargo, en dicho trabajo será traicionada.

Parece que las películas de acción son un excelente reclamo para la taquilla. Solo con ver la cantidad de títulos del género que pululan por los estrenos es evidente que son una especie de filón inagotable. Además, a veces tenemos la suerte de que aparecen títulos como la saga de Bourne y el género gana enteros y parece que se hace más serio y respetable.

Pero no nos engañemos, la mayoría de títulos suelen ser de un nivel bastante justito, destacando solamente en las escenas de acción, cada vez más espectaculares y rodadas con un derroche de medios impresionante. Pues bien, Indomable pertenece a esa que podríamos llamar serie B de las películas de acción, aunque con deseos de figurar en el top ten, al menos en cuanto a reparto se refiere. Es decir, yo diría que es un film con pretensiones que se queda, desgraciadamente, en muy poca cosa.

Para empezar, la idea de una super mujer agente secreto que reparte mamporros sin romperse una uña ya queda un tanto forzada de inicio. Exige una cierta complicidad por nuestra parte para aceptar esa premisa. Pero en los tiempos que corren, con cierta tendencia actual a hacer que las mujeres dejen de ser meras comparsas del cine masculino, hay que asumir el papel de la super agente como parte de la modernidad. Además, hemos de reconocer que Gina Carano (con un pasado como luchadora en artes marciales) tiene argumentos muy convincentes para encarnar el papel estelar.

El problema es que el guión de Indomable parece una broma y así es muy difícil tomarse en serio el argumento. La trama es de lo más simple que podemos echarnos a la cara: una traición y la venganza correspondiente. Sin embargo, hasta con una historia tan elemental es posible hacer un guión creíble, cosa que aquí no sucede. Es todo tan endeble, suena tanto a tinglado, es tan patente que la agente Kane va a poder con cuantos escollos y matones se le pongan al paso, que me encontraba viendo un film supuestamente intrigante y excitante con una relajación próxima al bostezo. Incluso algunos detalles, como la presencia del padre de Mallory o el chico que ayuda a Kane y al que ésta le cuenta increíblemente sus problemas como si fueran íntimos, llegaban a parecer un insulto al sentido común.

Si a todo este montaje absurdo le añadimos un ritmo deshilvanado, escenas excesivamente largas o sin mucho contenido, repetitivas luchas sin ninguna duda del resultado y una tediosa explicación final de la trama que no convence a nadie, el resultado es una peliculita estúpida, llena de tópicos, con personajes vacíos y sin nervio ni interés.

Es cierto que el reparto parecía prometer un film más interesante, pero la presencia de Banderas o Michael Douglas es más nominal que otra cosa. Sus personajes, como en general todos, son someros, burdos y sin interés alguno. Quizá, como espectador masculino, solo puedo alabar el acierto de contar con Gina Carano como actriz principal: sabe pelear y es muy atractiva. Pero insisto en que en general se ha de hacer un esfuerzo para creerse todas las proezas que hace.

En definitiva, Indomable es un film fallido de principio a fin. Suena un poco a Misión imposible, a la serie de Bourne, a Alias y otros productos similares, pero con una calidad demasiado pobre y una puesta en escena tan flojita que nos deja indiferentes en todo momento a las vicisitudes de la protagonista. Con eso está dicho todo.


domingo, 4 de octubre de 2015

Confesiones de una compradora compulsiva



Dirección: P.J. Hogan.
Guión: Tim Firth, Tracey Jackson (Novelas: Sophie Kinsella).
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Jo Willems.
Reparto: Isla Fisher, Hugh Dancy, Krysten Ritter, Joan Cusack, John Goodman, John Lithgow, Kristin Scott Thomas, Julie Hagerty, Lynn Redgrave.

Rebecca Bloomwood (Isla Fisher) es una joven que sueña con trabajar en su revista de moda favorita. Y es que Rebecca es una gran entendida en ropa y complementos, sobre todo porque es una compradora compulsiva. Por casualidades de la vida, acabará trabajando para una revista de economía.

Aparentemente Confesiones de una compradora compulsiva (2009) es una de esas películas que tachamos de un plumazo sin más contemplaciones. Intuimos que se trata de una comedia superficial, algo pija y taquillera enfocada hacia adolescentes y asimilados. Y en realidad, si pensamos así no es que estemos muy desencaminados. Y sin embargo..., es una comedia que funciona. Empecé a verla uno de esos días en que no hay nada mejor que hacer, pero me enganchó por un comienzo original, alegre, algo alocado y, especialmente, por unos breves destellos de humor muy oportunos y bastante ingeniosos. Luego, el argumento se va acomodando a caminos más trillados, con la previsible y muy poco original historia de amor entre los protagonistas, pero siempre con esos detalles simpáticos y la alegre presencia de Isla Fisher, sin duda el alma de la película.

Como decía, Confesiones de una compradora compulsiva es lo que parece: una comedia superficial y un tanto pija. Sin embargo, no se queda solamente en eso, sino que el guión consigue darle un tono alocado y, sobre todo, crear situaciones originales (los maniquíes que hablan son el mejor ejemplo) y diálogos llenos de ingenio que elevan sin duda el nivel y nos regalan algunas escenas realmente divertidas y originales. El acierto, además, está en que la protagonista, que es una consumista un tanto pija, nos cae bien desde el principio. Parece una chica superficial, se comporta como tal, pero es simpática, tiene ángel y es muy natural. Y eso es fundamental para que su historia nos enganche, para que estemos de su lado incluso en sus mentiras más idiotas. Y es que Rebecca se hace querer, así de sencillo.

Si buscamos algún mensaje en la película, éste iría en el sentido de criticar a la sociedad de consumo, el materialismo y la superficialidad. Sin embargo, creo que no es lo fundamental. Pienso que no debemos darle demasiadas vueltas a la historia, al mensaje. Para mí, no es necesario justificar el qué quiere trasmitir la película. Y es que todo es realmente básico, no se trata de una crítica profunda al capitalismo o al mundo de la moda (y eso que las críticas existen), es simplemente un juego que busca divertirnos, una comedia sencilla sin demasiadas pretensiones. Y como tal, funciona.

Quizá donde resulta menos lograda es en su apartado romántico: la historia de amor entre Rebecca y Luke (Hugh Dancy) es demasiado obvia y no tiene la chispa ni la imaginación de la otra vertiente del film. Sabemos de antemano lo que va a suceder y, además, el enamoramiento está en un segundo plano durante toda la película. Es quizá más relevante incluso la relación Rebecca con su compañera de piso Suze (Kristen Ritter).

En lo que sí que funciona de maravilla la película es cuanto al reparto. Isla Fisher resulta una encantadora y alocada compradora compulsiva a la que es difícil no cogerle cariño. Hugh Dancy, si bien es mucho menos expresivo y vital que Isla, compone un empresario cercano, alejado del tipo empalagoso de guaperas perfecto. Y los secundarios (John Goodman, Kristen Ritter, Kristin Scott Thomas o Joan Cusack) cumplen sus cometidos con absoluta perfección. Un reparto culpable, sin duda, de que la historia funcione tan bien.

Dentro del panorama actual, donde es verdad que el nivel no es muy alto, Confesiones de una compradora compulsiva termina por ofrecernos un buen rato de entretenimiento sencillo, sin muchas pretensiones, pero bien planificado y con un guión con la suficiente chispa para sorprendernos y divertirnos sin complicaciones.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Sin identidad



Dirección: Jaume Collet-Serra.
Guión: Oliver Butcher, Stephen Cornwell (Novela: Didier Van Cauwelaert).
Música: John Ottman, Alexander Rudd.
Fotografía: Flavio Martínez Labiano.
Reparto: Liam Neeson, Diane Kruger, January Jones, Bruno Ganz, Aidan Quinn, Frank Langella, Sebastian Koch, Karl Markovics, Eva Löbau, Mido Hamada, Olivier Schneider, Stipe Erceg, Michael Baral.

El doctor Martin Harris (Liam Neeson) sufre un accidente de coche nada más llegar con su mujer (January Jones) a Berlín para acudir a un congreso científico. Al despertar del accidente, tras cuatro días en coma, descubre que su esposa no lo reconoce y que otro hombre dice ser el doctor Harris.

El comienzo de Sin identidad (2011) es de esos que me gustan especialmente: una persona que, de repente, ve como todo lo que era su mundo se desvanece en cuestión de segundos; su mujer dice no conocerlo, otro hombre lleva su nombre y él no logra poner en orden sus recuerdos. Sin duda una situación intrigante que nos incita a permanecer pegados al televisor para desvelar el misterio.

La clave en este tipo de situaciones es conseguir mantener el interés a lo largo de todo el metraje de la película y, sobre todo, no defraudar con el desenlace. Y hemos de reconocer que Jaume Collet-Serra sale airoso en ambos casos.

Para lograr mantenernos pegados a la pantalla, el director prolonga con habilidad la intriga a cerca de la identidad del protagonista, creando más dudas sobre quién es realmente con gran acierto, a la vez que añade a un par de matones que quieren liquidarlo. El interés está garantizado. Si a ello añadimos algunas escenas de acción muy bien filmadas, el resultado es que la película avanza de manera ágil y la intriga nos mantiene en vilo.

En cuanto al desenlace, clave sin duda para la nota final de la película, es cierto que no es tan bueno como lo visto anteriormente, pero al menos tiene la virtud de que parece plausible, dentro de lo rebuscado que es, y, sobre todo, no hace que nos sintamos engañados. Además, al final tenemos la convicción de que el desenlace no es realmente lo importante, sino que la historia haya logrado mantenernos entretenidos de principio a fin. Que el protagonista sea una persona u otra se queda en un segundo plano, lo mismo que el final feliz, algo que se adivinaba desde el principio.

Es cierto, sin embargo, que la historia no es muy original que digamos. Si al principio, la presencia de un médico con su esposa en una ciudad extranjera nos recuerda vivamente a Frenético (1988) de Roman Polanski, el problema de la amnesia de Harris y su desvelada identidad al final de la historia nos remite directamente a El caso de Bourne (Doug Liman, 2002). Y no es que el guión de Sin identidad busque referencias en ambos títulos, es que las similitudes son demasiado evidentes. Como vemos, la historia carece de originalidad. Es por ello que Sin identidad puede perder unos cuantos puntos de interés, sin duda, pero el mérito está en que, a pesar de todo, la película resulta bastante entretenida, con lo que uno puede mostrarse indulgente y perdonar de buen grado esas coincidencias; y más teniendo en cuenta que en el caso del film de Liman, no descubrimos la filiación de la historia hasta el último tramo del film, cuando ya hemos pasado un buen rato de acción e intriga.

En cuanto al reparto, notable presencia de Liam Neeson, perfecto en su papel y con una actuación destacable. Diane Kruger y January Jones ponen la nota de glamour y belleza de manera muy convincente. Pero quizá quien destaca especialmente es Bruno Ganz, con el personaje más interesante de la historia y un trabajo impecable. Hemos de agradecer a las co-producciones que nos regalen la presencia de actores así, y esta película es una especie de Babel donde participan Gran Bretaña, Alemania, Francia, Japón, Canadá y Estados Unidos; ahí es nada.

Para los que les gusten los thriller de intriga con buenas dosis de acción, sin duda Sin identidad no les defraudará. Es una película sin demasiadas pretensiones, un film comercial sin más, pero está bien realizado y garantiza un entretenimiento casi de principio a fin.


domingo, 20 de septiembre de 2015

Soy leyenda



Dirección: Francis Lawrence.
Guión: Akiva Goldsman, Mark Protosevich (Novela: Richard Matheson).
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Andrew Lesnie.
Reparto: Will Smith, Alice Braga, Sally Richardson-Whitfield, Paradox Pollack, Charlie Tahan, Willow Smith, Darrell Foster, Emma Thompson.

En el año 2009, un virus se extiende por todo el planeta infectando a más del 90% de la población. Robert Neville (Will Smith), un científico, tras ver morir a su familia, es el único ser vivo sano de Nueva York. Mientras intenta sobrevivir, busca desesperado una vacuna contra el virus.

Soy leyenda (2007) es la tercera adaptación al cine de la novela apocalíptica de Richard Mathewson, tras El último hombre sobre la Tierra (Ubaldo Ragona y Sidney Salkow, 1964) y El último hombre... vivo (Boris Sagal, 1971), y la demostración una vez más de que el cine actual está basado de un modo muy importante en los aspectos visuales. Soy leyenda es una prueba más del desarrollo tecnológico que permite unas escenas de acción espectaculares apoyadas en unos formidables efectos especiales. ¿Pero es verdaderamente eso lo más importante? En el caso de Francis Lawrence parece que sí. La película plantea una interesante reflexión sobre el desarrollo irresponsable de la ciencia, pero Lawrence prefiere dejar ese camino sin explorar, quedando sólo como mera base argumental para lo que realmente le interesa: un film de acción pura y dura.

El problema es que al descuidar tanto el argumento, reduciéndolo al mínimo, nos queda muy poca cosa. Y eso se evidencia con gran claridad en algunos pasajes de la película donde parece que el director se encalla. Ni el recurso a los flash-backs, donde el protagonista recuerda la pérdida de su familia, parece dotar de la energía necesaria a una historia carente de nervio. Lawrence sólo parece lucir toda su fuerza en las escenas de acción. Ahí, gracias a la tecnología, consigue dotar al fin a la historia de un ritmo trepidante. Incluso los pasajes con Anna (Alice Braga) y su hijo, que hubieran dado mucho juego dramático, me parecieron en gran parte desaprovechados; de la misma manera que se desaprovecha la presencia de los infectados por el virus, reducidos a meras bestias salvajes, si explotar sus posibilidades dramáticas más allá de su fiereza.

La película sigue de un modo bastante fiel el argumento de El último hombre... vivo, y si bien es cierto que la película de Charlton Heston acusa claramente le paso del tiempo, también es verdad que Soy leyenda parece superarla solamente en el apartado técnico, prueba de que argumentalmente no es un film que nos vaya a sorprender en absoluto.

De lo que ya no cabe duda alguna es de que Will Smith tiene algo especial para encarnar a este tipo de héroes. Su sola presencia llena la pantalla y, aunque creo que tiene otros trabajos mucho más acertados, es sin duda el actor perfecto en la actualidad para estos papeles.

Soy leyenda consiguió unas recaudaciones millonarias en su estreno, demostración palpable del tipo de entretenimiento que parece colmar las expectativas del público actual. Solamente la puedo recomendar si deseas pasar un rato más o menos entretenido, pero incluso en propuestas de acción hay películas mucho más logradas. En ésta, se conformaron con lo mínimo indispensable para hacer un film comercial. Una pena.

jueves, 17 de septiembre de 2015

La trama (Broken City)



Dirección: Allen Hughes.
Guión: Brian Tucker.
Música: Joseph S. DeBeasi, Season Kent.
Fotografía: Ben Seresin.
Reparto: Mark Wahlberg, Russell Crowe, Catherine Zeta-Jones, Jeffrey Wright, Barry Pepper, Kyle Chandler, Justin Chambers, Natalie Martínez, Alona Tal, Griffin Dunne, James Ransone.

Siete años atrás, Billy Taggart (Mark Wahlberg) fue expulsado de la policía por haber matado a un violador en circunstancias un poco dudosas. Ahora trabaja como detective privado y recibe un encargo nada menos que del alcalde de Nueva York.

A veces el envoltorio lo es casi todo. Es una de las máximas del marketing, saber vender el producto. Y esto mismo es lo que sucede con La trama (2013), un film que, bien analizado, es un thriller más, pero que con un reparto atractivo y una trama intrigante consigue salir adelante con cierta soltura.

El argumento de la La trama no ofrece nada excesivamente original. Es más, desde el comienzo adivinamos que en el encargo del alcalde Hostetler (Russell Crowe) al bueno de Billy hay gato encerrado. Ya son tan habituales los guiones retorcidos, tramposos y con sorpresa que estamos sobre aviso desde el primer momento. No es posible, pensamos, que el meollo de la cuestión sea un simple caso de adulterio. Sin embargo, el mérito de Hughes reside en que, aún teniendo un material no excesivamente novedoso, logra crear un ambiente lo suficientemente intrigante como para captar nuestra atención, aún a sabiendas que es posible que nos llevemos un cierto desencanto final. Desencanto que viene más por esa moralidad barata de Hollywood, que obliga a pagar las culpas a cualquiera que quebrante los códigos éticos tradicionales (en este caso Taggart es culpable, aunque le movieran buenas razones para hacer lo que hizo), que a un desenlace malo, que no lo es. Sencillamente, estamos ante un argumento un tanto banal y un desenlace acorde con el mismo.

Incluso echamos de menos un mejor desarrollo de los personajes secundarios, como el comisario Fairbanks (Jeffrey Wright) o la propia esposa del alcalde (Catherine Zeta-Jones), pero el relato está excesivamente centrado en la historia principal, con lo que deja un poco de lado otras tramas secundarias que hubieran podido dar cierto juego. Hasta el personaje de Billy deja algunas preguntas en el aire: está claro que se trata de un tipo íntegro y honrado, pero tiene un lado oscuro (y violento) que parece chocar un poco con su faceta más humana.

De lo que sí peca La trama es de cierto nivel de confusión argumental por culpa de un defecto un tanto evidente y que, sin embargo, viene siendo bastante habitual: ofrecer las explicaciones en diálogos cargados de nombres sin un apoyo visual que clarifique las cosas. Hay que utilizar el vídeo para ir hacia atrás en busca de una mejor comprensión de quién es quién en la historia. Un defecto que puede ser exasperante y que hubiera tenido fácil solución de haberla buscado.

Lo que no cabe duda es que el director ha sabido buscar a los protagonistas adecuados, pues Mark Wahlberg representa a la perfección al detective Taggart, con un trabajo muy eficaz, apoyado en un rostro que ha ganado fuerza en la madurez; en cuanto a Russell Crowe, tengo que confesar mi debilidad por este actor, aún cuando en esta ocasión su trabajo sea mucho menos espectacular que en otras películas. Aún así, su presencia se impone en la pantalla gracias una personalidad muy definida. Ambos son los que aportan solidez y presencia entre un reparto llenos de rostros femeninos muy atractivos y de secundarios solventes.

La trama, como decíamos al principio, tiene el mérito de que, partiendo de un argumento no demasiado novedoso y en el que adivinamos las trampas, consigue entretenernos gracias a una dirección más que correcta y una historia que engancha. Es de esos films que se dejan ver con facilidad.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Intocable



Dirección: Olivier Nakache, Eric Toledano.
Guión: Olivier Nakache, Eric Toledano.
Música: Ludovico Einaudi.
Fotografía: Mathieu Vadepied.
Reparto: François Cluzet, Omar Sy, Anne Le Ny, Audrey Fleurot, Clotilde Mollet, Joséphine de Meaux, Alba Gaia Bellugi, Cyril Mendy, Christian Ameri, Marie-Laure Descoureaux, Gregoire Oestermann.

Philippe (François Cluzet), un millonario que se ha quedado tetrapléjico a causa de un accidente, está buscando un asistente personal. Ante una variada oferta de aspirantes, le llama la atención la persona menos capacitada de todas y que además parece no querer el empleo: Driss (Omar Sy), un negro de la zona marginal con antecedentes penales.

Comienza Intocable (2011) con la advertencia de que la película está basada en una historia real. El aviso es oportuno para que el espectador acepte esta fábula sobre la cooperación y amistad entre dos seres opuestos sin demasiadas suspicacias. Aún así, hay que aclarar que la realidad fue un tanto diferente a la historia que se nos cuenta en la película, mucho más positiva y edulcorada.

Hecha esta aclaración, y mirando la película con una obra de ficción, más allá de su base real, hemos de reconocer que Intocable es un film gratificante por muchos motivos. Por una parte, tenemos al joven marginal que es capaz de encauzar su vida de un modo nada ortodoxo, como es asistiendo a un tetrapléjico millonario. Por otra parte, la película nos reconforta con las posibilidades de amistad y entendimiento del ser humano, capaz de sobreponerse a barreras y diferencias como la clase social o la raza para construir una relación sincera y libre de prejuicios. El mensaje es edificante, sin duda, más allá de que en algunos instantes pueda parecer que todos los problemas que plantea la película se resuelvan con demasiada facilidad (los problemas del hermano pequeño de Driss con las drogas, la mala educación de la hija de Philippe, etc.) Es en estos detalles donde nos damos cuenta de que se trata de una ficción, ni más ni menos. Sin embargo, hemos de reconocer que la idea de los guionistas es positiva y, sobre todo, que su puesta en escena es impecable y funciona correctamente.

La clave de que el film funcione está en la naturalidad con que es presentada y se desarrolla la relación entre los dos protagonistas. Uno de los peligros de la historia, al tratarse de contar la vida de un minusválido, era sin duda la de cargar las tintas en la vertiente dolorosa y dramática de la vida de Philippe. Sin embargo, los directores sortean con maestría este escollo, pues se decantan por un tono de comedia que funciona perfectamente. Y eso que las bromas de Intocable no son realmente geniales, pero es ese tono ligero lo que permite que el film transcurra con alegría y que disfrutemos del aire fresco que supone la presencia de Driss en la vida tan enclaustrada de Philippe. La relación entre ambos resulta natural y es la clave para que la historia cuaje y nos agrade.

Parte fundamental del éxito de esta historia es la sólida actuación de los dos protagonistas. Cluzet es un veterano actor con muchas tablas, y demuestra aquí su talento con un trabajo impecable en el que su actuación se reduce a la expresividad del rostro. Consigue sin esfuerzo aparente trasmitir con naturalidad sus estados de ánimo de un modo totalmente convincente. Su compañero Omar Sy, habitual de los dos realizadores, aporta una actuación natural y que contagia a los espectadores esa frescura y alegría que parecen fusionarse con las de su personaje.

Intocable fue un éxito total de taquilla en Francia y en todo el mundo, con unas recaudaciones millonarias y prolongados números uno en las taquillas.

Sin ser una obra redonda, Intocable es un acierto de principio a fin: cuanta una bonita historia, es sencilla y edificante y está narrada con naturalidad y buen gusto. No se puede pedir casi nada más.


viernes, 11 de septiembre de 2015

El jardín de la alegría



Dirección: Nigel Cole.
Guión: Craig Ferguson y Mark Crowdy (Historia: Mark Crowdy).
Música: Mark Russell.
Fotografía: John de Borman.
Reparto: Brenda Blethyn, Craig Ferguson, Martin Clunes, Tcheky Karyo, Jamie Foreman, Bill Bailey, Valerie Edmond, Tristan Sturrock, Clive Merrison, Leslie Phillips, Phyllida Law.

Tras enviudar, Grace (Brenda Blethyn) descubre que está completamente arruinada. Su marido ha empeñado todos sus bienes, casa incluida, en dudosos negocios que no han dejado más que deudas.

La clave para que una comedia funcione es, evidentemente, que nos haga gracia. Esta afirmación de perogrullo es tan cierta como incuestionable. Y el problema de El jardín de la alegría (2000) es que no me provocó ni la más leve sonrisa.

La trama es bastante sencilla: una viuda al borde del desahucio recurre desesperada a la marihuana como única salida a su grave situación financiera. Con la ayuda de su jardinero (Craig Ferguson), la viuda creará una gran plantación en su invernadero. Y ya no hay nada más. El argumento se limita a esto y los posteriores intentos de vender la producción a un traficante en Londres. Muy poca cosa para alargarla durante noventa y cuatro minutos. A mitad del metraje tenía la impresión de que el argumento ya no daba para más, que no tenía nada interesante que contar, una sensación que el paso de los minutos no hacía más que incrementar. Con el agravante, como decía, de que la cinta carece de humor, con que como comedia nunca llega a funcionar.

Si a todo esto le añadimos un desarrollo de los acontecimientos del todo previsible (menos el desenlace, es cierto), tenemos un film que avanza torpemente sin demasiado interés y muy poco atractivo. Incluso los personajes secundarios, cuya finalidad debería ser aportar gracia y sorpresas en la historia, resultan un tanto vulgares, con comportamientos bastante predecibles y sin pizca de gracia. Las bromas, por ejemplo, derivadas del consumo de marihuana son tan poco originales que te sonrojan.

Solamente el final contiene un giro argumental un tanto inesperado, pero para mí tampoco satisfactorio. Es tal la ñoñería del argumento, la moralidad trasnochada, que no puede permitir que la viuda triunfe en su negocio por tratarse de un tema de drogas, aunque sea marihuana. Por ello, sus planes han de venirse abajo pero, en busca del soñado final feliz, Grace se verá de todos modos recompensada económicamente con un giro argumental tan tonto como tramposo. El caso es cerrar la historia de un modo positivo, aunque no pegue ni con cola.

Quizá lo más salvarle de todo sea el grupo de actores que, sin ser primeras figuras, dotan a sus personajes de una verosimilitud muy agradecida. Sin duda, son lo mejor de la película.

Pero como esto del cine es algo muy personal, he de señalar que El jardín de la alegría se llevó el Premio del Público en el festival de Sundance del año 2000, prueba evidente de que esta crítica mía no deja de ser un punto de vista muy personal.

De lo que no creo que haya dudas es de que se trata de un film menor, más allá de que nos guste más o menos. A cada uno de emitir su veredicto.

martes, 8 de septiembre de 2015

Ni en sueños



Dirección: Jim Field Smith.
Guión: Sean Anders, John Morris.
Música: Michael Andrews.
Fotografía: Jim Denault.
Reparto:  Jay Baruchel, Alice Eve, T.J. Miller, Kim Shaw, Nate Torrance, Mike Vogel, Krysten Ritter, Lindsay Sloane, Debra Jo Rupp, Jasika Nicole, Geoff Stults, Hayes MacArthur, Trevor Eve.

Kirk (Jay Baruchel), un chico bastante normalito, al que le ha dejado plantado su novia, conoce accidentalmente a Molly (Alice Eve), una mujer espectacularmente guapa. Contra toda lógica, Kirk descubre que Molly se siente atraída hacia él.

El género de la comedia romántica es uno de los más complicados que hay. No parece que su temática se preste a demasiadas novedades hoy en día y al final es frecuente que nos topemos con más películillas de bajo nivel que obras reseñables. Puede que la culpa resida en que quizá los espectadores nos conformamos con bien poco, con pasar el rato, soltar unas risas y contentarnos con el final feliz de siempre, como si con él nos pudiese tocar algo de felicidad a nosotros también.

Algo de todo ello puede sucedernos con Ni en sueños (2010), una comedia sencilla, con algunos toques más o menos simpáticos, pero que en líneas generales no deja de ser una pequeña tontería.

El meollo de la cuestión está en que una chica despampanante se siente atraída por un joven vulgar, sin un gran futuro y físicamente del montón. La premisa suena a imposible, así que parte de los esfuerzos del guión se dedican a convencernos de que tal milagro es posible. Y si somos sinceros, hemos de reconocer que los esfuerzos por hacer verosímil la relación entre Molly y Kirk terminan funcionando, de manera que llega un momento en que esa atracción nos resulta posible.

Luego, el argumento retoma las pautas más socorridas de los romances y asistimos, sin sorpresa alguna, al período romántico, salpicado de alguna que otra escena graciosa, el conflicto entre la pareja y, como no, la reconciliación final. Como se ve, nada nuevo bajo el sol. Todo demasiado previsible.

Así pues la clave para que esta historia funcione reside en el grado de empatía del público con los protagonistas y en la mayor o menor gracia de los toques de humor que salpican la película. La empatía puede que termine produciéndose, más porque queramos creer en esa atracción imposible de Molly hacia Kirk que en la posibilidad real de que algo así suceda. Y en cuanto al tema de los toques de humor... la verdad es que son escasos y muy poco originales. El humor debe ser inteligente, oportuno, agudo; sin embargo, aquí lo que abunda son las bromas fáciles y los personajes un tanto ridículos. En general, muy poca cosa. El colmo del humor de sal gorda llega con la escena final, donde parece que el guionista se vino arriba dejándose llevar por una extraña euforia y nos ofrece una especie de apoteosis entre cómica y romántica un poco pasada de rosca.

Para añadir un toque serio, que no está mal, al menos en su intención, la película reflexiona sobre el tema de la autoestima como base para el éxito, aunque tampoco aquí el planteamiento es demasiado original ni tampoco está expuesto con mucho rigor.

El reparto funciona bastante bien y al menos en eso el protagonista masculino, si bien está claro que está muy lejos del canon de belleza que encarna Alice Eve, da la talla sin resultar ridículo al lado de su hermosa compañera. Alice Eve, además de ser una actriz deslumbrante, resulta bastante natural, fundamental para que la comedia funcione correctamente al menos en este tema.  Los secundarios juegan también un papel importante y todos ellos cumplen con solvencia, más allá de lo acertado o no que nos puedan parecer algunos los personajes que han de encarnar, algunos de los cuales presentan tintes demasiado gruesos.

Personalmente me hubiera gustado que Ni en sueños tuviera un tono menos cómico y se tomara a sí misma un poco más en serio, pues creo que algunos de los chistes o personajes simpáticos de la película no son especialmente graciosos. Pero bueno, es lo que hay. Al final, estamos ante un mero pasatiempo sin demasiado interés que nos puede hacer pasar un rato agradable, pero que no sale del nivel mediocre de tantas y tantas propuestas parecidas. Y es que parece que a lo que se va en este tipo de películas es a lo fácil.
   

lunes, 7 de septiembre de 2015

El tiempo en sus manos



Dirección: George Pal.
Guión: David Duncan (Novela: H.G. Wells).
Música: Russell Garcia.
Fotografía: Paul C. Vogel.
Reparto: Rod Taylor, Alan Young, Yvette Mimieux, Sebastian Cabot, Tom Helmore, White Bissell, Doris Lloyd.

Inglaterra, 1899: George (Rod Taylor) ha creado una máquina que le permite viajar en el tiempo. Pero cuando le enseña a sus amigos un prototipo en miniatura de la misma, éstos no terminan de creerle. Pero George, venciendo sus miedos, decide probar la máquina esa misma noche, el 31 de diciembre, y viajar al futuro.

Sin duda, El tiempo en sus manos (1960) es uno de esos curiosos films que han resistido el paso del tiempo y han permanecido en la historia del cine como todo un hito del género de la ciencia-ficción. Es un ejemplo de como un film modesto, su presupuesto inicial fue muy pequeño, puede convertirse en todo un referente para la posteridad.

Si he de ser sincero, la película me hizo reír a carcajadas en no pocos momentos. Y es que si hay un género que se ve especialmente afectado por el paso del tiempo éste es el de la ciencia-ficción. Las elucubraciones de otros tiempos sobre el futuro pocas veces resultan acertadas. Y hemos de reconocer que El tiempo en sus manos es, vista hoy en día, un prodigio de simplicidad e ingenuidad. Si en el momento de su estreno pudo asombrar o asustar a alguien es algo que desconozco, pero hoy en día resulta una película simpática e increíble en muchos aspectos. Es evidente, por ejemplo, lo que hemos avanzado en el apartado de los efectos especiales. Los de El tiempo en sus manos son toscos y tan primitivos que no podemos menos que reírnos imaginando el despliegue técnico de la época y cómo pretendieron ser lo más verosímiles posible. El diseño de los Morlocks es realmente único.

Pero vayamos por orden. La película tiene su origen en la versión de La Guerra de los Mundos de H.G. Welles llevada al cine en 1953 por Byron Haskin y producida por George Pal. Ante el éxito de la cinta, la familia de Wells le propone a George Pal llevar al cine otra novela del escritor y éste se decanta por El tiempo en sus manos. La película tomará algunas licencias respecto a la novela, pero en esencia sigue el argumento de ésta de un modo fiel.

Lo que resulta bastante evidente en ambas obras es su carácter anti belicista: de nuevo asistimos a un panorama desolador en el futuro de la humanidad por culpa de las guerras, hasta el punto de que, en la película, la sociedad ha retrocedido a una época en la que se han perdido los conocimientos y donde los humanos se ha dividido en dos especies: una que ha sobrevivido viviendo bajo tierra, los Morlocks, y que se dedica a críar a los Eloi, la otra mitad de los humanos, para alimentarse de ellos. Es cierto que el mensaje es demasiado simplista, lo mismo que su puesta en imágenes, pero en ello reside gran parte del encanto del film. Pero quizá el elemento que mejor ha sobrevivido al paso de los años y que ha quedado como un referente y un ícono del género es la fantástica máquina del tiempo con forma de trineo. El diseño de la misma se benefició de la indefinición de la misma en la novela, lo que permitió una gran libertad creativa a sus diseñadores, entre los que se encontraba el propio director. Su curiosa forma es todo un símbolo del género.

Si el mensaje resulta muy simple, tampoco la puesta en escena se toma demasiadas complejidades. Sin ocuparnos del tema de los efectos especiales, al que ya me referí anteriormente, el desarrollo de la historia es también bastante claro. George Pal, con el limitado presupuesto con el que contaba, opta por un mensaje directo que busca ante todo la claridad expositiva, lo que hace que algunas escenas, como las explicaciones sobre la cuarta dimensión, sean de una ingenuidad bastante notoria. No hay que dar nada por sentado, el espectador debe poder comprender sin ninguna duda el fantástico relato que va a presenciar. Es evidente que muchos conceptos del cine de ciencia-ficción que hoy el público asume sin problema no debían resultar tan familiares entonces.

Con el mínimo de elementos y decorados, Pal expone una pesimista visión del futuro de la humanidad, llegando a niveles tan pobres de conocimiento que los hombres del futuro no conocen ni la lectura, pudriéndose los libros en sus apolilladas estanterías. Eso sí, al final la película deja abierta una puerta a la esperanza, algo más acorde con el mundo del cine y su tendencia a los finales esperanzadores, un detalle en el que sí que se aleja más de la obra de Wells.

El reparto de la película denota también lo limitado del presupuesto. Solamente la presencia de Rod Taylor le da cierto lustre a un elenco de actores de segunda fila que, realmente, hacen unas interpretaciones bastante ajustadas.

El tiempo en sus manos, dada su absoluta simplicidad, ha de verse con cierta perspectiva, inevitablemente. Para generaciones actuales no puede dejar de ser una curiosidad más graciosa que aterradora. Lo que no cabe duda es que es de esas películas que han dejado su huella y que, a pesar de su simpleza, debemos valorar más allá de sus evidentes carencias.