El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

martes, 14 de noviembre de 2017

Situación límite



Dirección: Aaron Harvey.
Guión: Aaron Harvey.
Fotografía: Jeff Cutter.
Reparto: Forest Whitaker, Bruce Willis, Malin Akerman, Nikki Reed, Deborah Ann Woll, Brad Dourif, Jill Stokesberry, Shea Whigham, Jimmy Lee Jr., Nikita Kahn, Ivory Dortch.

Tes (Malin Akerman), Kara (Nikki Reed) y Dawn (Deborah Ann Woll) trabajan para Mel (Bruce Willis), un traficante de drogas que les encarga una misión aparentemente sencilla para que se resarzan de su fracaso anterior.

El principal problema de Situación límite (2011) es que juega a copiar el estilo de Quentin Tarantino y, como toda copia, se expone a la comparación con el modelo. Y quien ama el estilo de Tarantino, imagino que preferirá el original. Es como quien hace una versión de The Beatles; por buena que sea, siempre será una imitación.

Aaron Harvey no disimula en absoluto en su imitación. Al igual que Tarantino, juega con los tiempos, haciendo avanzar y retroceder la historia a su antojo, repitiendo incluso una escena tres veces, cada vez contando un poco más, en lo que busca ser un modo original de presentar la historia. El problema es que ya no es original, con lo que falla el factor sorpresa. Aclarado este punto, queda ver la solidez del argumento, la fuerza de los personajes, el peso de la intriga... en resumen, qué hay detrás de los adornos narrativos.

Y la verdad es que Situación límite, sin ser un mal thriller, resulta demasiado esquemático. Por un lado, los protagonistas están definidos muy sucintamente, reduciéndolos a lo mínimo, incluso algunos ni eso, como es el caso de Kara y Dawn, por ejemplo. Harvey prefiere recrearse en las formas, dejando el contenido en lo más elemental. Y al estilo de Tarantino, se centra en diálogos un tanto intrascendentes, alarga las secuencias al límite, juega con la fotografía y la banda sonora, que adquieren un protagonismo destacado, y recurre también a la violencia, si bien en este caso menos explícita y algo más contenida que la de Tarantino.

El resultado es un film con cierta dosis de intriga, que se deja ver y hasta cierto punto nos atrapa en espera de poder desvelar todas las claves del guión, en espera del final, que en este caso, sin ser demasiado original, al menos concuerda con lo sombrío de la historia. No decepciona, aunque tampoco nos seduce, y ello se debe a la poca consistencia de la trama y a la escasa entidad de los personajes. Con todo ello, Situación límite queda reducido a un ejercicio de estilo, una copia de Tarantino, que puede gustar más o menos, pero que tiene poca sustancia, se mire como se mire.

Donde hay que reconocer que el director acierta es con el reparto, en especial con la presencia de Forest Whitaker, que realiza un buen trabajo, ayudado también por el hecho de que su personaje es el más atractivo e interesante de la historia. Bruce Willis tiene una presencia muy pequeña y creo que su personaje, en contraste con lo que me pareció el de Whitaker, es mucho menos interesante, rozando casi la caricatura. En cuanto a las protagonistas femeninas, parecen estar ahí con una función más bien estética, si bien su trabajo es correcto.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Los crímenes del museo de cera



Dirección: André De Toth.
Guión: Crane Wilbur.
Música: David Buttolph.
Fotografía: Bert Glennon.
Reparto: Vincent Price, Phyllis Kirk, Frank Lovejoy, Carolyn Jones, Paul Cavanagh, Paul Picerni, Roy Robets, Charles Bronson.

El profesor Henry Jarrod (Vicent Price) esculpe figuras de cera que expone en su modesto museo, del que se siente muy orgulloso. Pero no piensa así su socio Matthew Burke (Roy Roberts), cuyo interés principal es ganar dinero y desdeña la vertiente artística de las obras de Jarrod. Por ello, se le ocurre incendiar el museo para poder cobrar el seguro.

Estamos ante todo un clásico del cine de terror, si bien en la actualidad dudo que asuste a casi nadie, pues el cine ha ido superando sus límites hasta llegar a unos niveles en el género, en la actualidad, escalofriantes. Y sin embargo, a pesar de que puede que no nos cause un gran impacto, Los crímenes del museo de cera (1953) es una película más que recomendable.

Es cierto que su trama y su puesta en escena parecen hoy en día bastante elementales, si bien se hizo un esfuerzo remarcable a la hora de crear todo un repertorio de figuras de cera y con la caracterización de Vincent Price, que requería de horas de maquillaje. Pero el misterio de quién es el personaje que mata y roba los cuerpos de sus víctimas no resulta tal, pues en seguida adivinamos de quién se trata. Y de igual manera no es nada complicado anticiparnos al desarrollo y desenlace de la historia. Y, a pesar de todo esto, que podría debilitar la emoción y el interés por el argumento, la película se mantiene viva gracias precisamente a su sencillez y a un desarrollo donde se va a lo fundamental, sin perderse en detalles, ni siquiera a la hora de definir la personalidad de los personajes, reducidos a un esquematismo radical, y aumentando progresivamente la intensidad, apoyándose en una fotografía intensa y una banda sonora clásica que acompaña a la perfección los momentos más álgidos de la historia, hasta llegar al desenlace, no por previsible menos intenso y que culmina de manera brillante la historia.

Y además contamos con Vincent Price, todo un ícono del cine de terror clásico, con su impresionante presencia, elegante y amenazadora.

Como ocurre en algunos de los clásicos del género, Los crímenes del museo de cera se centra en un personaje que originalmente no era una mala persona, pero que, maltratado por el destino, sucumbe a sus obsesiones, convirtiéndose, quizá a su pesar, en un verdadero monstruo. Sin ser quizá su objetivo principal, al igual que otros grandes títulos del género, la película nos deja una pequeña reflexión sobre la naturaleza humana y los límites de la cordura.

Los crímenes del museo de cera además contaba con un atractivo añadido en la época, como era que se trataba de una de las primeras películas rodadas en 3D, lo que sin duda añadiría un punto más de intensidad sobre los espectadores.

La película de André De Toth es un remake del film homónimo de Michael Curtiz de 1933.

martes, 31 de octubre de 2017

Salt



Dirección: Phillip Noyce.
Guión: Kurt Wimmer Y Briand Helgeland (Historia: Kurt Wimmer).
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Robert Elswit.
Reparto: Angelina Jolie, Live Schreiber, Chiwetel Ejiofor, Marion McCorry, Daniel Olbrychski, August Diehl, Daniel Pearce, Hunt Block.

Evelyn Salt (Angelina Jolie) es una eficaz agente de la CIA. Sin embargo, su lealtad será puesta en duda cuando un desertor ruso afirme que ella no es sino un topo ruso.

Hay dos clases de películas de espías: las que se toman este tipo de argumentos en serio y las que se apoyan en sus intrigas para crear películas de acción pura y dura, dejando la historia en una mera excusa. Salt (2010) pertenece a este segundo grupo. Yo prefiero, sin embargo, las primeras, si bien ello no impide que a veces podamos disfrutar de films de acción de un gran nivel, como la serie de Bourne. De hecho, Evelyn Salt vendría a ser como una especie de versión femenina de Jason Bourne. Pero nada más lejos de la realidad. Donde la serie de Bourne ofrecía acción apoyada en una trama inteligente, rica y cautivadora, Salt parece más bien una especie de caricatura.

Para empezar, el argumento, si se analiza con cierto detalle, es un cúmulo de despropósitos, un absurdo en sí mismo, con lo que toda la supuesta intriga se desmigaja sin remedio. Y más aún cuando adivinamos que todo lo que se nos cuenta no es más que una gran mentira que descubrimos demasiado pronto. El guión, no obstante, se empeñará en seguir intentando engañarnos, con señuelos, falsas insinuaciones y todos los trucos baratos que se les ocurran a los guionistas. En vano. Hay un tufo a falsedad y a film tramposo desde el principio. Incluso la gran mentira final, el juego de mal prestidigitador que pretende dejarnos boquiabiertos se adivina sin demasiada dificultad.

Y si el argumento hace aguas y no logra despistarnos, las escenas de acción van subiendo de intensidad en un más difícil todavía hasta resultar sencillamente inverosímiles. Y no es que Angelina Jolie no ponga de su parte, con algunos momentos que nos recuerdan a su Lara Croft, pero a mí me sigue pareciendo un tanto increíble ver a una mujer como ella a mamporro limpio.

Como es habitual hoy en día, y más en este tipo de películas, los efectos especiales y la generosidad de medios empleados para lograr la mayor espectacularidad posible están a un gran nivel. Pero como suele ser también habitual, parecen más fuegos de artificio sin una sólida historia que los sustente.

Es evidente que los guionistas se decantaron por lo fácil, con lo que la película termina pareciéndose más a la saga de Misión imposible o un James Bond en femenino que a un film serio de espionaje o tan siquiera a la saga Bourne, también centrada en la acción pero mucho más elaborada, con mucha más calidad e infinitamente más trabajada.

Salt, que en su escena final ya nos anuncia nuevas entregas para estirar el cuento y exprimir la taquilla, no deja de ser un producto de mero consumo, sin demasiado interés, como no sea dejarse llevar en una montaña de rusa de peleas, persecuciones y disparos sin tregua.

lunes, 30 de octubre de 2017

Las dos caras de enero



Dirección: Hossein Amini.
Guión: Hossein Amini (Novela: Patricia Highsmith).
Música: Alberto Iglesias.
Fotografía: Marcel Zyskind.
Reparto: Viggo Mortensen, Oscar Isaac, Kristen Dunst, David Warshofsky, Nikos Mavrakis, Daisy Bevan, Aleifer Prometheus.

Chester (Viggo Mortensen) y Colette (Kristen Dunst) son un elegante matrimonio norteamericano que está de vacaciones en Atenas. Allí conocen por casualidad a Rydal (Oscar Isaac), también americano, que trabaja como guía turístico. Sin querer, Rydal se verá involucrado en un turbio asunto de Chester.

Nueva adaptación al cine de una novela de Patricia Highsmith, que supone además el debut como director del guionista iraní Hossein Amini, que nos ofrece un film impecable en su puesta en escena pero algo decepcionante en cuanto a thriller.

Como decía, Hossein Amini nos presenta una película bastante clásica en sus formas, elegante y pausada. Su estilo es un tanto impersonal, lo cuál no lo digo como crítica, sino para resaltar su ortodoxia. Además, se apoya en una buena fotografía y logra captar bien la atmósfera de Grecia, primero, y de Creta y Turquía después. A nivel técnico, Las dos caras de enero resulta un film más que correcto.

Sin embargo, donde la película no logra destacar es a nivel de la intriga y los personajes. Las novelas de Patricia Highsmith suelen contar con protagonistas de personalidades complejas, inquietantes, inteligentes y amorales; y es en este aspecto donde Las dos caras de enero no termina de convencerme. Parece que el director y guionista no logra ahondar convenientemente en los personajes, dejando sus personalidades y motivaciones con más sombras que luces. Sabemos que Rydal se fija, en un primer momento en Chester, no en Colette. Hemos de adivinar que es porque le recuerda a su padre, con quién mantuvo una extraña relación en vida; pues el guión se queda más bien en tinieblas sobre ese punto, sin que termine de profundizar en la personalidad de Rydal. Luego, de pronto, la historia gira y aparece la atracción de Rydal hacia Colette, aunque tampoco el relato llega a adentrarse en ese terreno, quedándose en meras insinuaciones. Y tampoco Chester, el otro eje sobre el que gira la historia, está dibujado de manera precisa, más allá de saber que es un estafador que está en Europa huyendo de sus víctimas. Y en cuanto a Colette, de los tres protagonistas es la más olvidada, quedando su personaje en una mera comparsa.

El guión de Amini, definitivamente, se limita a breves pinceladas sobre los protagonistas, lo que debilita terriblemente la emoción y la intriga, que no llega a adquirir la entidad suficiente como para llenar el relato, que se vuelve una crónica de los viajes de Chester y Rydal sin que nos apasione realmente, habiendo momentos un tanto pesados, como si a la historia le costase avanzar.

En cuanto al reparto, destacaría sobre todo a Viggo Mortensen, impecable dando vida a este estafador amante de la buena vida. Y también me gustó mucho Kristen Dunst, perfecta en su papel. A Oscar Isaac, sin embargo, lo encontré algo gris al lado de ellos dos, sin mucho carisma.

Una lástima, pues las novelas de Patricia Highsmith han dado lugar a películas muy inquietantes e interesantes y ésta podría haber sido una de ellas, pero le ha faltado algo de concreción y profundidad para que así fuera. Aún así, es un film interesante, con un punto de suspense por lo incierto del desenlace y con una puesta en escena elegante y cuidada.

martes, 24 de octubre de 2017

Mensaje en una botella



Dirección: Luis Mandoki.
Guión: Gerald DiPego (Novela: Nicholas Sparks).
Música: Gabriel Yared.
Fotografía: Caleb Deschanel.
Reparto: Kevin Costner, Robin Wright Penn, Paul Newman, John Savage, Illeana Douglas, Robbie Coltrane, Jesse James, Tom Aldredge, Bethel Leslie.

Durante un paseo por una playa, Theresa Osborne (Robin Wright Penn), periodista del Chicago Tribune, encuentra un mensaje en una botella. Es una desgarradora carta de amor que la conmueve profundamente. Por medio de su periódico, iniciará la búsqueda del autor.

Parece que Nicholas Sparks es la versión romántica de Stephen King. Otras novelas suyas adaptadas al cine son Un paseo para recordar (2002) o Diario de Noa (2004). Con Mensaje en una botella (1999) volvemos al drama romántico con mayúsculas, del estilo de Love Story (1970), para hacernos una idea.

Pare ser justos, la película cuenta con una cuidada puesta en escena que demuestra sin duda la ambición de Luis Mandoki por ofrecer una película de peso. Sin embargo, el resultado quizá no está a la altura de sus deseos.

Lo que me sorprendió gratamente es la calidad literaria de algunos pasajes, como las primeras cartas de Garret (Kevin Costner) o algunos de los diálogos, que están muy encima de la media de lo que suele ofrecernos el cine en la actualidad. También se aprecia un buen gusto en el cuidado de la fotografía, con hermosos paisajes, decorados preciosistas, luces cálidas... el problema es que todo ello lleva a un edulcoramiento un tanto excesivo, lo mismo que algunas escenas románticas que podrían resultar un tanto artificiales, aunque nunca se cae en lo cursi, al menos desde mi punto de vista.

Pero quizá lo peor de Mensaje en una botella sea que, en líneas generales, evitando el desenlace, la historia transcurre sin mucho nervio, como si al director le costara arrancar, lo que unido a su larga duración hace que la película transcurra de un modo algo pesado, sin implicarnos de lleno, como si hubiera algo que nos impidiera vivir de lleno la historia. No sé si es cierta indefinición de los protagonistas o el hecho de que la parte central de la película es un tanto estereotipada, sin verdaderas sorpresas, con situaciones y reacciones que resulta sencillo anticipar. El caso es que había momentos en que sentía que la historia encallaba y me costaba mantener el interés.

El final, sin embargo, es como una sacudida brutal, por sorpresa, que te despierta de golpe. No por lo atinado del desenlace, sino por la avalancha de emociones en un breve espacio de tiempo. Es imposible no emocionarse, si bien tenemos la sensación de que todo es demasiado fatalista, al estilo de una tragedia clásica. Y aún así, creo que otro director también hubiera podido afrontar ese final con mucho más acierto. El colmo es la última carta que le escribe Garret a su esposa muerta, cuyo nivel es infinitamente inferior a las primeras, además de ser una explicación un tanto tosca sus sentimientos por Theresa. Es un momento que resulta forzado, metido casi a la fuerza para arrancarnos un último suspiro de dolor.

En lo que no puedo poner ningún pero es en el reparto. Creo que Kevin Costner es un actor muy apropiado para encarnar al protagonista masculino, con un atractivo de hombre maduro innegable. Robin Wright, a parte de ser una mujer muy hermosa, resulta conmovedora y muy convincente en aquellas escenas en que debe mostrar sus sentimientos. Y Paul Newman... pues que es un placer disfrutar de un actor de su talento, aunque sea en un papel secundario.

Mensaje en una botella es, en resumen, un film ambicioso, pero un tanto fallido. Le sobran minutos y le falta profundidad. Lo recomendaría a los románticos empedernidos, que sabrán perdonar los defectos para disfrutar con una historia de amor desgarradora.

lunes, 23 de octubre de 2017

Non-Stop (Sin escalas)



Dirección: Jaume Collet-Serra.
Guión: Christopher Roach, John W. Richardson y Ryan Engle.
Música: John Ottman.
Fotografía: Flavio Martínez Labiano.
Reparto: Liam Neeson, Julianne Moore, Scoot McNairy, Michelle Dockery, Lupita Nyong'o, Nate Parker, Corey Stoll, Linus Roache, Omar Metwally.

Bill Marks (Liam Neeson), un agente del servicio aéreo con serios problemas personales, se embarca en un vuelo de Nueva York a Londres como un día de servicio más. Sin embargo, poco después de despegar, empieza a recibir mensajes en su móvil en los que le exigen un rescate millonario o los pasajeros irán muriendo cada veinte minutos.

De nuevo una película de acción e intriga que promete mucho más de lo que ofrece. De nuevo un cine sin sustancia, con gran presupuesto y pocas ideas. Y es que Non-Stop (2014) es de esas propuestas plagadas de pequeñas trampas para jugar al despiste con el espectador, único recurso que encuentran los guionistas para hacer que la historia se mantenga en pie.

Y es que jugar con la intriga es interesante y puede funcionar muy bien para atrapar al espectador si ésta, la intriga, es mínimamente coherente. Sin embargo, en esta ocasión nos encontramos con un argumento llevado al límite, tramposo y muy poco creíble.

Nos damos cuenta muy pronto que todo parece cogido con alfileres, como el hecho de que el malvado de turno, por ejemplo, conozca la vida de Bill Marks con pelos y señales o que la cuenta donde ha de ingresarse el dinero que solicita el asesino esté precisamente a nombre de Bill.

Al situar la acción en un avión, es evidente que nadie puede escapar, lo que añade un toque claustrofóbico y algo morboso al asunto. Pero también parece simplificar la tarea del policía, de ahí que los guionistas recurran al juego del engaño, insinuando que cualquiera podría ser el malo, desde el copiloto a la amable pasajera (Julianne Moore) con quién ha trabado conversación Bill. Incluso se retuerce el guión de manera sorprendente, poniendo en duda la integridad de Bill. Y es que si hay que crear confusión, que ésta sea total, parecen decirse los creadores de la historia.

Así, cada rostro, cada gesto da pie a una nueva sospecha, en un juego un tanto infantil que pronto resulta aburrido. Además, este juego nos hace sospechar que el malo puede ser al final cualquiera, en uno de esos desenlaces sorpresa tan habituales en películas malas. Y por desgracia eso es más o menos lo que sucede: un desenlace banal, increíble, atropellado y casi cómico donde la intriga, lo poco que queda de ella, deja paso al cine de palomitas, con explosiones, peleas, amenazas, tensión, aterrizaje forzoso y hasta un comienzo de romance. Vamos, un cúmulo de tópicos no demasiado convincentes apoyados en una dirección nerviosa y un despliegue de efectos especiales apabullante.

Si he de salvar algo de esta historia, sería el trabajo de Liam Neeson, un actor con una presencia rotunda y un talento a prueba de bombas, si bien me sigue costando mucho verlo en este tipo de papeles.

En resumen, una película bastante normal, mero cine de entretenimiento, lastrada sin duda por un guión muy flojo y un tanto absurdo, donde prima lo efectista y donde el sentido común brilla por su ausencia.

domingo, 22 de octubre de 2017

El encargo



Dirección: David Grovic.
Guión: Paul Conway y David Grovic.
Música: Tony Morales y Edward Rogers.
Fotografía: Steve Mason.
Reparto: John Cusack, Rebecca da Costa, Robert De Niro, Crispin Glover, Dominic Purcell, Martin Klebba, Sticky Fingaz.

Jack (John Cusack) es un matón a las órdenes de Dragna (Robert De Niro), un mafioso medio sádico, medio filósofo. Para ponerlo a prueba, Dragna le encarga un trabajo tan sencillo como misterioso: recoger una bolsa y aguardar en un motel a que vaya a buscarla;  pero bajo ningún concepto debe mirar lo que guarda en su interior.

El encargo (2014), primer film como director de David Grovic, es una película interesante en muchos aspectos, pero también con ciertos detalles que impiden que se convierta en un thriller redondo. Según cómo lleguemos a preciar sus virtudes y a sopesar sus defectos, la balanza se inclinará hacia un lado u otro.

Para empezar, es evidente que Grovic no quiere hacer un thriller convencional, con lo que la trama arranca con el encargo de Dragna y, de golpe, da un salto para situarnos justo en el instante después de que Jack consiga la misteriosa bolsa. Este detalle ya nos da una pista de las intenciones del director, deseoso de marcar la historia con un sello personal.

Y esta personalidad se plasma sobre todo en la atmósfera que envuelve casi toda la película, con el sórdido motel, la noche, las sombras, los diferentes personajes que van surgiendo de la nada, cada uno con un sello peculiar... Y digo que surgen de la nada porque el guión no se preocupa de presentarlos ni de aclarar quienes son ni que hacen ahí. Y ello añade misterio, incertidumbre y cierta tensión, que es lo que pretende conseguir Grovic desde el primer minuto, con la misteriosa bolsa que no debe ser abierta bajo ningún concepto. Y es que el misterio, la incertidumbre, es la clave de El encargo, lo que hace que permanezcamos anclados a la butaca. Es algo tan elemental como eficaz: crea un misterio y la curiosidad hará el resto.

Por desgracia, a veces el misterio no es suficiente y se necesita una tensión constante, un ritmo, un engranaje que alimente y mantenga el interés. Y hay algunos momentos en que la espera en el motel se hace demasiado larga, con situaciones que no parecen aportar demasiado a la intriga y que alargan sin necesidad el ansiado desenlace. Es quizá uno de los mayores defectos del trabajo de David Grovic, perder a veces el hilo, la tensión, y dejar que la historia tenga algunos bajones.

Afortunadamente, la película cuenta con bastantes situaciones curiosas y giros inesperados, con brotes repentinos de intensidad y algún que otro toque casi surrealista, de manera que siempre estamos atentos, porque cuando menos se espera surge algún personaje o situación que provocan un pequeño cataclismo en la trama.

Sin embargo, como suele suceder con demasiada frecuencia, es el desenlace lo menos conseguido. Y es que cuando la intriga es demasiado alta, las expectativas de un final a la altura también lo son. Y el desenlace de El encargo me pareció algo chapucero, muy poco creíble y demasiado preocupado por aclarar detalles de la trama que no exigían ser aclarados. Al final le hubiera venido mejor un poco de esa dosis de misterio que contiene el film, por coherencia con el argumento y por mero sentido común. Lástima que Grovic decidiera ser demasiado explícito y no muy convincente.

En cuanto al reparto, destacar una vez más a John Cusack como un actor magnífico. Lástima que a veces los papeles no estén a la misma altura que su talento. En cuanto a De Niro, pues está ya al final de su carrera, sin nada que demostrar, haciendo aquello que quiere. Pero no cabe duda que conserva una presencia magnética y en esta ocasión, su trabajo, al comienzo y al final de la película, es más que correcto.

El encargo no es un thriller perfecto, pero consigue mantenernos en vilo, sin saber qué nos deparará la siguiente secuencia, y eso es ya un punto a su favor, pues logra meternos de lleno en su misteriosa trama.