El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

lunes, 16 de abril de 2018

La víctima perfecta



Dirección: Antti Jokinen.
Guión: Antti Jokinen y Robert Orr.
Música: John Ottman.
Fotografía: Guillermo Navarro.
Reparto: Hilary Swank, Jeffrey Dean Morgan, Lee Pace, Christopher Lee, Aunjanue Ellis, Sean Rosales, Deborah Martinez.

Juliet Devereau (Hilary Swank), tras dejar a su novio por infiel, busca apartamento en Nueva York. Contra todo pronóstico, encuentra un piso perfecto a muy buen precio y su casero además parece ser un hombre encantador.

Parece mentira que a estas alturas aún se sigan haciendo películas de este estilo que no aportan absolutamente nada al género. Y siempre es posible crear algo diferente, darle un nuevo punto de vista a géneros donde aparentemente ya está todo dicho. Lo que es imperdonable es que se produzcan películas como esta sin ningún rubor.

La víctima perfecta (2011) es un thriller más sobre un trastornado que se obsesiona con la guapa de turno y va pasando de parecer una persona normal, amable y servicial, a transformarse en un degenerado fetichista y pervertido. Nada nuevo bajo el sol. Pero el problema viene cuando el guión se limita a poner en pie una serie de tópicos y estereotipos sin siquiera molestarse en darles forma, en trabajar mínimamente los pocos elementos puestos en juego.

Y es que el guión es de una simplicidad pasmosa. Por no molestarse, los guionistas ni pierden el tiempo en crear unos personajes complejos, en especial el psicópata, sino que se limitan a dibujar muy someramente a los protagonistas, dejando incluso en penumbra total a los dos secundarios con cierto protagonismo: el novio de Juliet y el abuelo del psicópata, encarnado por un Christopher Lee por desgracia reducido a un mero elemento decorativo que busca despistarnos en su primera aparición y poco más.

Ya el comienzo nos deja una pista importante de por dónde van a ir los tiros, y es que los primeros minutos están repletos de escenas de relleno donde lo único que se hace es permitir que Hilary Swank, productora del film, luzca palmito. Aquí ya empecé a sospechar que se trataba de un film reducido a la mínima expresión y, por desgracia, conforme iban pasando los minutos se iban confirmando mis temores.

La intriga es mínima, pues enseguida adivinamos que Max (Jeffrey Dean Morgan), el casero, es en realidad un bicho raro. Y como la historia no se complica en absoluto, el desarrollo de la película es plano, sin sorpresa alguna, tedioso por momentos y absolutamente predecible. Lo único bueno es que el director evita jugar al despiste con los consabidos amagos, sustos y engaños. Por lo menos nos evita estos trucos de mal pagador. Puede que por cierto sentido de la honestidad, aunque puede ser que la simplificación tan radical de la historia afectara incluso a la posibilidad de elaborar este tipo de situaciones falsas.

El caso es que La vícitma perfecta es un film absolutamente rutinario y aburrido, sin personajes, sin sorpresas, sin un mínimo de imaginación para salir de los caminos más trillados y buscar algo novedoso.

Es de las peores películas que he visto en muchos años. Huyan de ella como de la peste. Al final, las víctimas perfectas somos los espectadores.

viernes, 6 de abril de 2018

Actividades criminales



Dirección: Jackie Earle Haley.
Guión: Robert Lowell.
Música: Keefus Ciancia.
Fotografía: Seamus Tierney.
Reparto: Michael Pitt, Dan Stevens, John Travolta, Edi Gathegi, Rob Brown, Jackie Earl Haley, Christopher Abbott, Travis Aaron Wade, Lisa Catara.

Cuatro amigos del instituto se reúnen tras el funeral de otro compañero y acuerdan invertir en una compañía farmacéutica pensando que sus acciones sufrirán una subida inesperada que los hará ricos. Sin embargo, cuando la empresa quiebra, descubrirán que le deben una fortuna a un mafioso local.

Con Actividades criminales (2015) tenemos la quinta esencia de este cine vacío, tramposo y descarado que tanto abunda por desgracia hoy en día. Y no solo eso, es un cine que ni siquiera se avergüenza de su falta de ética, sino que hasta parece creerse el más listo de la clase, alardeando de que sus engaños se mantienen bien agazapados hasta el final.

La película es en general una comedia bastante negra sobre unos antiguos amigos que se ven involucrados en un secuestro para pagar sus deudas con un mafioso. A todas luces, la situación los supera y parte del interés de la historia resulta de intentar ver cómo van a poder salir airosos del trance.

El problema es que tras la introducción, la película entra en un impasse bastante largo, cuando los cuatro mantienen secuestrada a su víctima en espera de las instrucciones del mafioso, donde la acción se estanca sin remedio. Jackie Earle Haley, que debuta como director con esta cinta, intenta mantener en pie la historia a base de unos interminables diálogos más o menos afortunados que nos recuerdan inevitablemente el estilo de Tarantino. A pesar de ello, a esta parte crucial de la película le cuesta avanzar y se pierde un poco la emoción y la sorpresa que teníamos en el comienzo.

Al final, la historia se va complicando irremediablemente en una especie de espiral de sorpresas que culminan, triste y torpemente, en un desenlace inesperado que nos descubre que, o bien el guión era una absoluta estupidez a la que solo se le encontró salida con un amaño inverosímil y precipitado, o bien estaba todo tramado así desde el principio, lo cuál no sé si no es más triste.

Uno, finalmente, sospecha que o bien el guionista nos tomó a los espectadores por idiotas o bien el idiota es en realidad él propio guionista. El caso es que la resolución del embrollo final no solo carece del humor que presidía la historia, sino que tiene todo el mal gusto de presentarse como un mero truco de prestidigitador, sin importar en absoluto que tenga o parezca tener algún sentido. Es más, uno tiene la impresión de que valdría cualquier final, por grotesco que fuera, y que el guionista lo presentaría como lo más natural del mundo, desafiando a cualquier lógica y al mínimo de respeto debido a los espectadores.

En cuanto al reparto, en general todos los actores están bastante correctos, con la sorpresa de un extraño John Travolta, cuya presencia parece la de una máscara hecha con sus propios rasgos exagerados y excesivamente maquillados. En cuanto a su interpretación, estamos ante una más en las que se ha ido encasillando, con sus tics y muecas estereotipadas.

Resumiendo, Actividades criminales parece más una broma de mal gusto que una película seria. Podría haberse hecho una historia ciertamente original, explotando las muchas posibilidades del planteamiento inicial, pero en cambio se optó por lo absurdo, llevando la historia a un terreno que roza lo ridículo. No todo vale. Al menos, no para mí.

jueves, 5 de abril de 2018

Primavera en otoño



Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Jo Heims.
Música: Michel Legrand.
Fotografía: Frank Stanley.
Reparto: William Holden, Kay Lenz, Roger C. Carmel, Marj Dusay, Joan Hotchkis, Jamie Smith-Jackson, Normand Bartold, Lynn Borden.

Frank Harmon (William Holden) es un hombre maduro, divorciado, con algunas aventuras esporádicas, pero que vive feliz con su independencia. Un día, se cruza en su vida accidentalmente Breezy (Kay Lenz), una joven hippie que vaga por California sin dinero, trabajo ni hogar.

Primavera en otoño (1973) es una de las primeras películas dirigidas por Clint Eastwood y eso se nota y mucho. Vemos a un director que aún no domina la cámara, con momentos en que pierde el pulso de la historia o que no consigue trasmitir toda la intensidad que se supone que debería contagiarnos una escena. Además, está el inevitable paso del tiempo que, en el caso de las películas de la década de los setenta del siglo pasado, se hace demasiado evidente.

Por todo ello, aquellos que estén familiarizados con la etapa más reciente del director se sentirán inevitablemente algo defraudados con Primavera en otoño. Película además que fue un rotundo fracaso en su momento, a pesar de lo cuál el propio Eastwood la defendía con cierta pasión. Y, si sabemos leer entre líneas y dejar de lado las múltiples deficiencias o limitaciones, me parece una película que, por momentos, contiene algunos detalles que merecen destacarse.

La primera impresión que tuve es que se trata de un film como desangelado. Da la impresión de que le falta algo, tanto a nivel de la puesta en escena como en la definición de los personajes. Es todo demasiado simple, casi como si no estuviera del todo terminada. Lo noto, por ejemplo, en la presentación de los personajes, demasiado elemental, si bien no es que el director caiga en clichés, pero deja a Frank y a Breezy dibujados de una manera muy básica. Y lo mismo sucede con el resto de personajes, todos definidos con grandes líneas pero sin terminar de profundizar.

Y esa misma sensación la tuve con la puesta en escena y, sobre todo, con el desarrollo de la historia. La relación entre Frank y Breezy arranca de un modo un tanto elemental y después sigue un poco en esa línea, sin que Eastwood consiga adentrarse realmente en el corazón y el alma de los dos, dejando la historia de amor a un nivel algo superficial, sin intensidad. Quizá donde más patente resulta esa falta de emoción sea en la ruptura de Frank y Breezy y posterior reconciliación. Son los dos momentos cubres de la historia y sin embargo se resuelven precipitadamente, con cierta ingenuidad y con un distanciamiento que les quita toda la intensidad que hubiera sido necesaria.

¿A que son debidos estos fallos narrativos? Sin duda, lo achaco a la impericia de Clint Eastwood al frente de la cámara. El actor convertido en director está explorando su nuevo rol y es patente que aún no ha encontrado la plenitud de su estilo y se limita a una puesta en escena un tanto rutinaria. Y quizá el guión tampoco ayude demasiado. En definitiva, es una película que se queda a medias entre lo que plantea y cómo lo resuelve.

Pero, a pesar de todo lo dicho, Primavera en otoño contiene pequeños detalles que sí que llamaron mi atención y que, en esencia, son los que me hicieron apreciarla más allá de sus limitaciones.

Así, el personaje de Breezy es mucho más que una joven hippie un tanto alocada e irresponsable. Su personaje me pareció una hermosa mezcla de ingenuidad frente al mundo, como su emoción infantil maravillosa cuando descubre el mar por primera vez, al tiempo que una sabiduría y valentía propias de una juventud decidida, libre de prejuicios y, sobre todo, abierta y bondadosa. Y es esa mezcla imposible la que al final conquista el corazón cansado de Frank, un perro viejo que está de vuelta de todo, desencantado con la vida, y que no está preparado para enfrentarse a una persona como Breezy, la primera vez en su vida que conoce a alguien así.

Y por este camino es por donde surgen los momentos más mágicos de la película, con algunas frases realmente memorables: "no existe la llamada madurez, es solo cansancio", le reconoce Frank a Breezy en un momento de lucidez sobre su propia existencia.

Son esos pequeños destellos, nacidos del choque entre la experiencia y la inocencia, entre el desencanto y al amor a la vida desmedido y puro, los que me fascinaron de esta película, disfrutando de ellos como quien encuentra agua en un desierto.

En cuanto a los protagonistas de la historia, decir que fue un placer disfrutar de la presencia de Kay Lenz en su primer papel importante en el cine. Sin duda, su frescura y su espontaneidad pegan perfectamente con su personaje, si bien como actriz me pareció un tanto limitada. En cuanto a William Holden, siempre es agradable ver a actores de su talla, si bien lo encontré demasiado mayor para ese papel. Por momentos, no me parecía el padre de Breezy, sino su abuelo.

Tal vez, si Clint Eastwood hubiera hecho esta película cuando ya era un director reconocido, el resultado habría sido muy diferente, sin ese aire de serie B que marca todo el film y sin esa fuerza que hemos visto después en muchas de sus películas más recientes. A pesar de todo, si buscas por debajo de la superficie, Primavera en otoño contiene detalles maravillosos que justifican disfrutarla.

domingo, 25 de marzo de 2018

El mejor padre del mundo



Dirección: Bobcat Goldthwait.
Guión: Bobcat Goldthwait.
Música: Gerald Brunskill.
Fotografía: Horacio Martínez.
Reparto: Robin Williams, Daryl Sabara, Alexie Gilmore, Morgan Murphy, Henry Simmons, Naomi Glick, Dan Spencer, Geoff Pierson, Zachary Vitale.

Lance Clayton (Robin Williams) es un hombre fracasado: desea ser escritor, pero ninguna editorial quiere publicarle sus libros; es profesor de poesía y su clase peligra por la escasez de alumnos; su novia no parece muy contenta a su lado y empieza a distanciarse de él y, encima, su único hijo es un descerebrado que lo desprecia profundamente.

En algunas reseñas El mejor padre del mundo (2009) aparece clasificada como comedia. No entiendo el sentido último de esta clasificación y mucho menos la comparto. El mejor padre del mundo es un terrible drama sobre el dolor de vivir, sobre la soledad, sobre la lucha por adaptarse a un rol en la sociedad sintiendo que fracasas a cada paso que das. Todo esto lo encarna el malogrado Robin Williams con una entereza y un talento magníficos, que nos ponen los pelos de punta por la triste casualidad, o no, de su suicidio, que ponía de manifiesto, una vez más, que la realidad siempre supera a la ficción.

Pero volviendo a la película, El mejor padre del mundo es la crónica amarga de un perdedor, Lance, que ve como todo en la vida le ha salido mal. Su matrimonio ha fracasado y se encuentra ahora solo con un hijo adolescente, Kyle (Daryl Sabara), que es, en palabras del propio Lance, "un ser despreciable", pero al que tiene que soportar como buenamente puede, buscando darle todo el afecto posible a pesar de sus muestras de desprecio absoluto hacia su padre y un egoísmo insoportable.

Además, Lance quería ser escritor y a pesar de cierto talento para el oficio ve como las editoriales han rechazado todos sus libros. Así que se tiene que contentar con ganarse la vida como profesor de poesía, un trabajo que desempeña sin entusiasmo, bajo la amenaza de despido y menospreciado por sus compañeros. Hasta su relación sentimental con Claire (Alexie Gilmore), también profesora, no deja de ser una especie de juego para ella, convirtiendo a Lance en una marioneta en sus manos.

Y cuando parece que nada puede irle peor en la vida, Lance se encuentra muerto a su hijo una tarde al llegar a casa. Se trata de un accidente estúpido que Lance, avergonzado, intenta disimular haciendo que parezca un suicidio y escribiendo una nota de despedida realmente conmovedora. Comienza así, con una pequeña mentira, una cadena de acontecimientos gracias a los cuales Lance empieza a tener al fin el reconocimiento de los demás, a través de una imagen falsa de su hijo.

Lance se deja llevar y disfruta al fin del respeto de sus compañeros y descubre, a través de la figura de Kyle, que en realidad es un buen escritor. Al fin le publican algo, aunque tenga que ocultar que es él el autor. Hasta Claire se ha vuelto más cariñosa y demuestra admiración por él.

Pero Lance sabe que todo es mentira. Su hijo no era la persona inteligente y sensible que él ha inventado y Lance se da cuenta que todo lo que lo rodea es igual de falso que esa imagen de Kyle. Lance descubre que en la fama y el reconocimiento sigue estando tan solo como antes. Más aún, pues no hay nada peor que el sentimiento de soledad estando rodeado de gente. Así que, finalmente, en un acto de orgullo y de sinceridad absolutas, Lance se libera de todas las cargas, las mentiras, las sonrisas forzadas y los silencios y queda desnudo frente a todos y frente a sí mismo. Es libre al fin.

Como se ve, nada más alejado de una comedia. La gente que se anime a ver El mejor padre del mundo bajo esa reseña se llevará una sorpresa gigantesca. La película es una de las más tristes y demoledoras que he visto en mucho tiempo.

Sorprende, gratamente, eso sí, que en el cine actual de consumo aparezca un film tan descarnado y tan directo. Es realmente una historia muy sombría que ni el supuesto final feliz parece dulcificar. El personaje de Lance es tristísimo. No ya por las circunstancias de su vida, sino porque comprendemos que no será capaz, nunca, de sobreponerse y dar un giro a su vida. Porque él no tiene carácter, ni fuerza. Cada persona es como es y no se puede luchar contra uno mismo. Lo que cambia la vida de Lance, por desgracia, es la muerte de su hijo. No puede haber nada más desolador. Y el cambio tampoco es por una decisión consciente de Lance, sino por una serie de casualidades y por la estupidez de los que lo rodean. La conclusión es que los supuestos triunfadores, la gente que parece feliz y segura de sí misma no son más que seres también perdidos, solo que saben disimular mejor sus miedos, se adaptan mejor, tienen disfraces más elaborados. Pero las personas como Lance están condenadas a vagar solas; si acaso, como se ve en la escena final, a compartir rarezas con otros inadaptados.

La sociedad se divide en los aceptados socialmente, no por ello mejores, y los inadaptados. Lance finalmente encuentra su lugar en la vida, y es cuando deja de intentar parecer otra persona y asume que su lugar está en los márgenes, con los raros. Y ahí sí que podrá ser feliz.

martes, 13 de marzo de 2018

Caza al asesino



Dirección: Scott Walker.
Guión: Scott Walker.
Música: Lorne Balfe.
Fotografía: Patrick Murguia.
Reparto: Nicolas Cage, John Cusack, Vanessa Hudgens, Curtis "50 Cent" Jackson, Radha Mitchell, Dean Norris, Kevin Dunn, Jodi Lyn O'Keefe, Katherine LaNasa.

Una joven prostituta (Vanessa Hudgens) es rescatada por la policía en un motel en Anchorage (Alaska). Cuenta cómo fue secuestrada y violada por un tal Robert Hansen (John Cusack), un respetable vecino, por lo que policía pone en duda la veracidad de su declaración. Al mismo tiempo, en un bosque en Alaska, se encuentra el cadáver de una joven con evidencias de haber sido asesinada de un disparo de rifle.

Debut en la dirección de largometrajes de Scott Walker, autor también del guión, Caza al asesino (2013) puede parecer una película más sobre un asesino en serie, pero cuenta con algunos detalles que la diferencian de lo que viene siendo habitual en este género.

Para empezar, todo lo que se cuenta en la película está basado en hechos reales. De hecho, Caza al asesino viene a ser como un homenaje a las múltiples víctimas de un terrible asesino en serie, autor de más de una veintena de crímenes, todos ellos de mujeres jóvenes a las que violaba primero y luego daba caza en el bosque como si de una cacería de animales se tratara. Es precisamente la veracidad de lo que se narra lo que convierte al relato es especialmente espeluznante.

Además, Scott Walker consigue explotar la localización del film en Alaska para darle a su película una marcada personalidad visual, gracias a la buena fotografía de Patrick Murguia, que subraya las posibilidades expresivas de los paisajes helados. La sensación de frío y cierto aire claustrofóbico dan un tono triste y sombrío al relato, lo que acentúa su fuerza.

Además, a diferencia de otros historias de asesinos en serie que se centran más en el espectáculo y la intriga, Caza al asesino, quizá al contar un caso real, se deja de los típicos juegos de ocultar la identidad del asesino hasta el final para darle un enfoque diferente a la película. Se trata de mostrar el lado más humano de la historia, centrándose en las víctimas y su fragilidad frente al despiadado depredador, en especial con la joven Cindy, la prostituta que logró escapar de Hansen. Y también la lucha desesperada del sargento Jack Halcombe (Nicolas Cage) para conseguir pruebas que le permitan detener al asesino.

Nicolas Cage, no siempre en papeles interesantes, consigue hacer aquí una buena interpretación, sin caer en excesos. John Cusack es un actor soberbio que, una vez más, demuestra su capacidad para cualquier tipo de papel, en este caso dando vida a un psicópata con una economía de gestos admirable. Para completar el buen trío de protagonistas, debemos destacar a la desconocida Vanessa Hudgens, que compone a una prostituta a la vez desgarrada y frágil de un modo sobresaliente.

No es que Caza al asesino sea un gran film, pero al menos consigue dos cosas fundamentales: mantener nuestra atención desde el primer hasta el último minuto y resaltar el lado humano de la historia, lo que convierte a este thriller en algo más que un simple relato morboso o de intriga.

jueves, 8 de marzo de 2018

Moby Dick



Dirección: John Huston.
Guión: Ray Bradbury y John Huston (Novela: Herman Melville).
Música: Philip Sainton.
Fotografía: Oswald Morris.
Reparto: Gregory Peck, Richard Basehart, Leo Genn, James Robertson Justice, Harry Andrews, Friedrich von Ledebur, Bernard Miles, Edric Connor, Orson Welles.

Ishmael (Richard Basehart), fascinado por el mar, decide embarcarse en un barco ballenero para aprender el oficio. El azar le lleva a hacerlo en el bergantín Pequod, capitaneado por el misterioso capitán Ahab.

Nueva adaptación de la novela homónima de Herman Melville que es, por méritos propios, todo un clásico del cine de aventuras.

Esta versión de John Huston de Moby Dick (1956) se beneficia sin duda de la calidad de la novela, algo patente especialmente en la riqueza y profundidad de los diálogos, uno de los rasgos más desetacables del film.

Pero como buena película de aventuras, no podían faltan las escenas de tormenta y las de la caza de ballenas, que aún a día de hoy resultan espectaculares y, en muchos aspectos, hacen palidecer a películas más recientes, incluida la prodigiosa Tiburón de Steven Spielberg. Es verdad que Huston utiliza escenas reales de la caza de cachalotes, pero para el año en que se rodó esta película la verdad es que los resultados de esas secuencias siguen siendo admirables.

Pero por encima de la belleza y espectacularidad de la aventura, Moby Dick es, por encima de todo, el relato de una obsesión: la locura del capitán Ahab en su deseo de vengarse de la ballena que le comió una pierna y dejó su cuerpo lleno de cicatrices. Ahab es consciente de que su deseo de venganza es irracional, de que lo domina más allá de toda lógica. Y sin embargo no es capaz de vencer ese demonio que lo corroe por dentro.

Puede que en esta descripción de la locura de Ahab la película quizá muestre las limitaciones del cine frente a los recursos de la novela, a pesar del buen trabajo de Gregory Peck, en una de sus caracterizaciones más impactantes. Aunque pudiera parecer que Orson Welles, con un pequeño pero bien aprovechado papel, pudiera ser en teoría un capitán Ahab más convincente , la verdad es que Gregory Peck creo que cumple con nota. Y lo mismo hay que decir del resto del reparto, salvo la extrañeza que produce que el papel de Ishmael, presentado como un mozalbete en la película, lo interprete Richard Basehart, a todas luces todo un señor de mediana edad.

Lo que también me gustó, y mucho, es el estilo de Huston en la dirección. Cada plano tiene sentido e intenta expresar algo con la composición, la posición de la cámara, el enfoque o el desenfoque. Me pareció un estilo que aporta bastante al relato, sin llegar a acaparar el protagonismo de un modo absoluto.

En definitiva, una película de aventuras ejemplar, con un buen tratamiento en el plano del espectáculo pero acompañado de una calidad en los diálogos, la dirección y el trasfondo que la mantienen aún a día de hoy como un clásico con plena vigencia, capaz de sorprendernos y entretenernos a partes iguales.

sábado, 24 de febrero de 2018

Wind River



Dirección: Taylor Sheridan.
Guión: Taylor Sheridan.
Música: Nick Cave y Warren Ellis.
Fotografía: Ben Richardson.
Reparto: Jeremy Renner, Elizabeth Olsen, Julia Jones, Graham Greene, John Bernthal, Matthew Del Negro, Kelsey Chow, Gil Birmingham, Ian Bowen.

Cory Lambert (Jeremy Renner), cazador del Servicio de Pesca y Vida Silvestre, encuentra el cuerpo de una joven muerta en la nieve en una reserva india en Wyoming. El FBI envía a una agente novata, Jane Banner (Elizabeth Olsen), a investigar lo que podría ser un asesinato.

Hay gente que parece entrar en estado de gracia en el mundo de la dirección, como es el caso Taylor Sheridan, hasta ahora guionista, que se estrena con Wind River (2017) como director y, la verdad, el resultado es más que gratificante.

Wind River, partiendo de hechos reales, realiza una denuncia de la situación de las nativas norteamericanas, cuyas desapariciones no solo son más numerosas que las de cualquier otro colectivo del país, sino que incluso no están ni censadas oficialmente. Se tarta de una injusticia más con este pueblo tan castigado históricamente.

Así que, como se puede ver, no estamos ante un thriller al uso, sino ante un film que ofrece mucho más que la típica intriga policial. Y esa es la riqueza de Wind River: lograr utilizar con gran inteligencia el envoltorio del thriller para trascenderlo, narrando a la vez el drama personal de los protagonistas dentro del marco más amplio de los problemas de la minoría de los indios autóctonos de Norteamérica.

Porque Cory Lambert, el protagonista, está también marcado por una tragedia familiar, algo que se va desgranando poco a poco, al compás del ritmo lento de la narración, elegante, sin aspavientos ni excesos. Los dramas personales se viven en la intimidad, conteniendo el dolor, tragándolo. Y es que en Wind River se percibe cierto abandono de los personajes, entre resignación y una lucha que es, sobre todo, supervivencia. La vida en Wyoming es dura, como resalta una espléndida fotografía que nos muestra una vasta soledad en medio de grandes extensiones de tierras vacías cubiertas de nieve. Como un paisaje del alma.

Y junto a esa tragedia personal de los protagonistas se sobrepone la de todo un pueblo, los indios americanos, confinados en reservas, de ahí el título de la película, que es nombre de una de ellas, a modo de ghettos modernos, y abandonados a una vida sin mucho futuro.

Al final, la intriga se resuelve en una explosión de violencia muy bien orquestada, donde el director evita caer en esa tendencia tan de moda de recrearse en la sangre, lo cuál es muy de agradecer. Pero uno se da cuenta que lo importante en la historia no es resolver el crimen, que casi se va desvelando por su propio peso, bajo la lógica implacable de una comunidad encerrada en medio de un paraje que los condiciona sin remedio. Y es que el thriller aquí es casi la excusa. Lo importante es la lucha de los protagonistas, contra su propio dolor, contra su vida sin futuro; o en el caso de Jane Banner, contra su inexperiencia, contra las torpezas de quién entra en un mundo del que desconoce hasta su lenguaje.

En cuanto al reparto, destacar sin duda la naturalidad con que se desenvuelven todos los actores, pero con una mención especial para el gran trabajo de Jeremy Renner, un actor que hasta el momento no me había impresionado pero que en esta película logra unos registros envidiables.

Sheridan, en su debut, demuestra ser un director elegante, con muy buen gusto, dominando el tiempo del relato, sin querer ganarse más protagonismo del necesario, con lo que son el resto de elementos del film los que nos cuentan el relato, algo creo que muy necesario siempre.

Sin duda, una película más que recomendable. Con un estilo elegante y unos diálogos que invitan a reflexionar y que nos cuentan siempre algo sobre los protagonistas y sobre la vida; lo que se agradece en un cine donde no es habitual que se cuiden estos detalles. Una grata sorpresa sin ninguna duda.