El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

domingo, 17 de junio de 2018

The Tourist



Dirección: Florian Henckel von Donnersmarck.
Guión: Julian Fellowes, Christopher McQuarrie y Florian Henckel von Donnersmarck (Remake: Jérôme Salle).
Música: James Newton Howard.
Fotografía: John Seale.
Reparto: Johnny Depp, Angelina Jolie, Paul Bettany, Timothy Dalton, Rufus Sewell, Bruno Wolkowitch, Steven Berkoff, Clément Sibony.

Elise (Angelina Jolie) viaja a Venecia para reunirse con su novio, un delincuente perseguido por la policía. Para despistarlos, Elise traba conocimiento con Frank (Johnny Depp), un turista americano que viaja en su mismo tren.

Comencemos explicando que The Tourist (2010) es un remake del film francés El secreto de Anthony Zimmer (Jérôme Salle, 2005), que no tuve el gusto de ver pero que no cosechó demasiado éxito en su momento.

Lo primero que nos llama la atención en el inicio de The Tourist son las evidentes semejanzas con el cine de Alfred Hitchcock. Parece, en efecto, un intento de homenajear al director inglés, salvando las distancias. Y la película tiene además un arranque intrigante y prometedor, con el misterio de la protagonista vigilada por la policía y huyendo para encontrarse con su amante. Además, por el camino implicará en la trama a un completo desconocido, un inocente que pronto se verá en peligro, lo que nos vuelve a remitir a Hitchcock, inevitablemente.

Sin embargo, lo que era un comienzo emocionante y prometedor pronto se va cayendo por su peso, derivando en un film un tanto extraño, con un argumento que se va complicando sin mucho convencimiento y que además opta por alternar momentos muy próximos a la comedia con otros en que se vuelve a la intriga, en una mezcla que no termina de funcionar. A la historia parece que le cuesta seguir una dirección acertada, ya que el guión comienza a parecerse a un lío sin mucho sentido que nos cuesta bastante digerir.

Por momentos, la película incluso se diría que es una mera excusa para el lucimiento de Angelina Jolie, que parece caminar sobre algodones, despertando una excesiva y exagerada admiración entre los hombres que la rodean.

Por fallar, hasta el director falla a la hora de intentar transmitirnos el flechazo entre Depp y Jolie. Lo achaco a que todos los personajes de la película parecen incompletos, sin peso, con lo que uno de los elementos claves de la historia tampoco llega a convencernos lo más mínimo.

Pero si la parte central de la historia pierde el interés del comienzo, es en el final donde todo este entramado cogido con alfileres se cae estrepitosamente en uno de los más desafortunados desenlaces que he visto: un cúmulo de despropósitos, un juego de engaños penoso e irritante en un intento absurdo de perseguir una especie de cuadratura del círculo. Hasta uno puede llegar a pensar que nos están tomando por idiotas, lo cuál ya sería el colmo.

Lo más curioso es comprobar como el director de esta tontería nos había regalado la maravillosa La vida de los otros (2006), con su merecido Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Es triste ver qué rápido ha perdido el gusto por el buen cine para caer en este producto comercial tan pobre.

Solamente salvo dos detalles en The Tourist: el primero, la belleza formal de la película, con un gusto exquisito que se refleja en los decorados, la fotografía y la maravillosa banda sonora. Es una pena que el argumento no acompañe esta casi perfecta puesta en escena, que es un regalo para la vista y el oido. Por momentos me habría gustado que se detuviera el desarrollo de la película y el director nos permitiera disfrutar más de algunos instantes especialmente hermosos. Y el segundo, la presencia de Johnny Depp, un actor carismático que llena la pantalla con su presencia y gracias al cuál la película es medianamente comestible. Salvando estos detalles, el resto es una caída en picado desde el comienzo de un film absurdo que termina lastimosamente.

miércoles, 13 de junio de 2018

Desafío total



Dirección: Len Wiseman.
Guión: Kurt Wimmer (Historia: Philip K. Dick).
Música: Harry Gregson-Williams.
Fotografía: Paul Cameron.
Reparto: Colin Farrell, Kate Beckinsale, Jessica Biel, Bryan Cranston, Bill Nighy, John Cho, Bokeem Woodbine, Steve Byers.

Douglas Quaid (Colin Farrell), un obrero en una fábrica de robots, sufre una pesadilla que se repite invariablemente. Al mismo tiempo, está aburrido de su monótona vida y sueña con acudir a Rekall, una empresa que te implanta recuerdos en el cerebro, para que puedas vivir nuevas experiencias.

Remake del año 2012 de la película homónima dirigida por Paul Verhoeven en 1990, y protagonizada por Arnold Schwarzenegger, esta versión tiene puntos fuertes donde creo que supera a la original, si bien para muchos no será más que una actualización inferior.

He de admitir que la película de 1990 tenía la gracia de su originalidad, con un argumento muy imaginativo que te sorprendía, además de su peculiar ambientación y su universo de tipos raros y deformes. En muchos aspectos, se quedó en el imaginario colectivo como un hito diferente dentro del género.

Pero si somos sinceros, vista hoy en día, la cinta de Verhoeven ha envejecido realmente mal, con unos efectos especiales y una estética que parecen casi cómicos. En este sentido, la actualización de Wiseman nos ofrece una película visualmente mucho más lograda, en especial en el tema de la ambientación, logrando crear un mundo futurista mucho más plausible, con claras referencias a Blade Runner (Ridley Scott, 1982), y sin necesidad de recurrir al planeta Marte, lo que nunca me terminó de convencer de la primera versión.

En cuanto a la historia, este Desafío total sigue la trama de la primera, si bien en el desarrollo establece unas cuantas variaciones que, en general, creo muy acertadas. Por un lado, porque los que, como yo, ya han visto la primera versión, se ahorran ver una copia de aquella, lo que a menudo sucede en algunos remakes demasiado literales. Así, si bien la base de la película es la misma, el desarrollo cambia, con lo que podemos disfrutar de un film relativamente nuevo. Para aquellos que no tienen la referencia de la primera versión, será un espectáculo lleno de acción y sin un minuto de reposo, con algunos giros argumentales interesantes y una cierta intriga muy bien llevada.

En cuanto al aspecto visual, como decía, la película se beneficia de nuevas técnicas de efectos especiales y una mejor ambientación, lo que crea un universo más creíble, que contribuye a una mejor inmersión en el universo de Desafío total.

Quizá lo que menos me convenció fue que esta versión está mucho más orientada a la acción pura y dura, llenando la pantalla por momentos de un espectáculo pirotécnico y circense un tanto increíbles. Pero es el cine que se lleva actualmente y puede gustar más o menos, pero no se le puede negar su espectacularidad. Personalmente, prefiero historias que lleven dentro algún dilema, alguna reflexión y no sean un mero cúmulo de efectos especiales, sin que con ello no se pueda disfrutar de vez en cuando de ofertas como esta, siempre que tengan un cierto nivel de calidad, como es el caso aquí.

El reparto creo que cumple con nota. Colin Farrell me parece un Douglas Quaid más creíble que el encarnado por Schwarzenegger, además de ser mucho mejor actor, con lo que la película sale ganando en este aspecto. En cuanto a Kate Beckinsale, su personaje gana protagonismo en esta ocasión y compone una villana realmente convincente y peligrosa. En general, me gustó más este elenco que el de la versión original.

A pesar de no gustarme demasiado las comparaciones, en esta ocasión ha sido casi inevitable establecerlas. Y si en general suele ser cierto que no hay segundas partes buenas, en esta ocasión este Desafío total me pareció una digna versión de la primera, con cierta originalidad, visualmente impactante y que te permite disfrutar de un cine de palomitas muy bien construido y lleno de ritmo. Quizá el final resulta muy poco original, con lo que, por lo esperado del mismo y por cómo se desarrolla, no deja un buen sabor de boca como colofón a la historia. Pero es no se trata de un film con más pretensiones que crear un espectáculo apabullante, una especie de montaña rusa de acción pura y dura. Y Len Wiseman lo sabe hacer bastante bien.

martes, 12 de junio de 2018

Insomnio



Dirección: Christopher Nolan.
Guión: Hillary Seitz (Remake: Erik Skjoldbjaerg y Nikolaj Frobenius).
Música: David Julyan.
Fotografía: Wally Pfister.
Reparto: Al Pacino, Robin Williams, Hilary Swank, Maura Tierney, Martin Donovan, Nicky Katt, Paul Dooley, Jonathan Jackson.

Will Dormer (Al Pacino), un veterano policía de Los Ángeles, es enviado con su compañero (Martin Donovan) a un pequeño pueblo de Alaska para ayudar a la policía local en la investigación del asesinato de una joven de 17 años.

Tras el éxito de Memento (2000), Christopher Nolan fue elegido para realizar el remake de Insomnia (Erik Skjoldbjaerg, 1997), un thriller noruego que había llamado la atención de Hollywood. Nolan realiza pues un film de encargo, sin participar en el guión, pero que le ayudó a asentarse en el cine norteamericano.

Insomnio (2002) es un thriller especial que gira en torno al remordimiento de Dormer, un buen policía que, sin embargo, ha cruzado una peligrosa línea, manipulando pruebas para inculpar a un asesino. Y aunque en teoría, su manipulación permitió de alguna manera hacer justicia, es un acto inmoral que un policía no debe hacer nunca. Por eso Dormer está siendo investigado por Asuntos Internos, por eso se enfrenta a su propio compañero, que desea testificar contra Dormer para quedar libre de sospechas. Y por eso, cuando Dormer mata accidentalmente a su compañero, vuelve a cruzar la línea y vuelve a sentir los remordimientos. La investigación sobre el asesinato de la joven se convierte casi en algo secundario por momentos. Una historia, como se ve, enrevesada, con planteamientos morales interesantes, un tanto alejada de lo que suele ser el cine policíaco norteamericano y donde la tradicional división de buenos y malos queda desdibujada, con un protagonista culpable acosado por las dudas, el miedo y la culpa. Se entiende mejor sabiendo que la historia es de dos autores noruegos.

En cuanto al trabajo de Nolan, la verdad es que intenta llevar la película con mano firme, aunando la investigación sobre el asesinato con los problemas personales del protagonista. En líneas generales, cumple con solvencia, si bien no logra hacer que la película funcione del todo. Puede que en parte sea porque el argumento se encalla en algunos instantes o porque el final, un tanto moralista en exceso, cambiando el del film original, se quede como un apaño un poco forzado, precipitado y no muy convincente.

De lo que se beneficia Nolan es de contar con Al Pacino y Robin Williams como protagonistas. Pacino, que en su etapa madura me dejó a menudo un regusto contradictorio, está en esta ocasión más comedido, sin los excesos de algunos de sus últimos papeles, con lo que me convenció algo más que en otros trabajos. Robin Williams es un actor que me encanta y, aunque me cuesta verlo en el papel de un psicópata, es de agradecer su presencia. Me hubiera gustado, eso sí,  que tuviera más protagonismo. Por desgracia, Hilary Swank tiene un rol demasiado secundario, con lo que no termina de encajar en la historia, lo que constituye otra debilidad del guión.

Otro punto interesante es el ambiente agobiante que se crea en torno al insomnio del protagonista, con esa noche que no llega nunca y esas imágenes repentinas que le asaltan, casi como disparos, y que le dan una original y marcada personalidad al desarrollo de la película.

Insomnio, sin ser un thriller redondo, al menos tiene un enfoque diferente sobre el trabajo policial, menos simplista que de costumbre. Lástima que en el desenlace se pierda esa originalidad para terminar recurriendo un poco a lo de siempre.

martes, 5 de junio de 2018

Los odiosos ocho



Dirección: Quentin Tarantino.
Guión: Quentin tarantino.
Música: Ennio Morricone.
Fotografía: Robert Richardson.
Reparto: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Walton Goggins, Demian Bichir, Tim Roth, Michael Madsen, Bruce Dern.

Unos años después del final de la Guerra de Secesión, una diligencia intenta llegar a Red Rock en medio de una ventisca. En ella viaja el cazarrecompensas John Ruth (Kurt Russell), que lleva a su prisionera Daisy (Jennifer Jason Leigh) camino de la horca.

El cine de Tarantino es como es. Con su violencia, sus manías, sus diálogos gratuitos, su libertad narrativa, su mezcla de géneros... y en Los odiosos ocho (2015) tenemos todo ello en estado puro, un film típicamente genuino de un director especial. O te gusta, o lo detestas. En mi caso, para llevarme la contraria, ni me gusta ni lo detesto. Y en consonancia con ésto, Los odiosos ocho tiene cosas que me gustaron y otras no tanto.

Para empezar, hay que reconocer que Tarantino le concede al film un inicio cuando menos intrigante, que hace que tengas ganas de seguir las aventuras de John Ruth, su prisionera y los diversos personajes que van encontrándose en su camino. Si algo hemos aprendido del cine de este director es su imprevisibilidad, el no seguir las pautas marcadas por la tradición del cine americano. De ahí el interés, la incertidumbre sobre lo que nos espera. Y eso es mérito indiscutible de Tarantino.

Otro punto a su favor, sin duda, es su cuidada puesta en escena, con una fotografía maravillosa y un saber mover la cámara con precisión matemática. Y, claro, su control del tiempo, del ritmo del relato, apoyado en su famoso manejo de los diálogos, si bien en esta ocasión creo que no llegan al nivel de sus mejores películas, y estoy pensado en Pulp Fiction (1994). El dominio narrativo, reducida la mayor parte de la película en un espacio cerrado, es quizá otro de los aspectos más deseables de la película. Tarantino alarga la situación en ese espacio reducido con un pulso firme y hace que la película avance sin interrupción.

Sin embargo, el problema de Los odiosos ocho es precisamente que es hija de Quentin Tarantino. Y así tenemos, por ejemplo, una duración excesiva para lo que se tiene que contar, sobre todo en el desenlace, demasiado largo a mi entender, donde el director vuelve a hacer gala de una violencia desatada y gratuita, una de sus evidentes señas de identidad. Tarantino parece disfrutar con ese estilo truculento, recreándose esa parte de la historia donde se desatan los acontecimientos, con una especie de deleite por lo macabro y lo obsceno.

Pero además de esa duración excesiva, la película termina perdiendo parte de su encanto porque la supuesta intriga se muestra bastante burda, llevándonos a más de lo tantas veces visto en el cine de Tarantino: baño de sangre, muerte de todo bicho viviente y unos personajes que terminan siendo casi caricaturas, sin identidad ni interés real.

En cambio, he de reconocer que sabe elegir a los actores de sus películas, a veces actores que ganan su puesto y cierto prestigio de la mano precisamente del director. Todos los principales protagonistas de este western están impecables, sin excepción.

Los odiosos ocho apuntaba a los Oscar, aunque finalmente sólo se llevó el premio a la banda sonora de Morricone, un clásico del western. Creo que el cine de Tarantino, por mucho que fascine a sus incondicionales y a buena parte de la crítica, no deja de ser cine de serie B, lo que creo que lo aleja de representar una seria candidatura a los máximos premios del cine. Es cierto que es un cine con medios, ambicioso y esperado con expectación. Pero sigo viendo el cine de este director como una especie de cómic barroco, primitivo, centrado en lo nimio, adorador de lo anecdótico y donde sus personajes y sus argumentos no dejan de ser caricaturas y estereotipos de un cine muy marginal, cutre a veces, que tiene su encanto, pero, desde mi punto de vista, poco más, al menos para acercarse a los Oscars más importantes.

martes, 29 de mayo de 2018

Irrational Man



Dirección: Woody Allen.
Guión: Woody Allen.
Música: Ramsey Lewis.
Fotografía: Darius Khondji.
Reparto: Joaquin Phoenix, Emma Stone, Jamie Blackley, Parker Posey, Ethan Phillips, Julie Ann Dawson, Mark Burzenski, Gary Wilmes, Geoff Schuppert, David Pittu.

Abe Lucas (Joaquin Phoenix) es un profesor de filosofía sumido en una profunda crisis personal a raíz de su divorcio y la muerte de su mejor amigo. En este estado de ánimo llega a una pequeña universidad a dar clases en verano.

Tras Delitos y faltas (1989) y Match Point (2005), Woody Allen vuelve a abordar el tema del asesinato y la culpa en Irracional man (2015), un film denso y sencillo a la vez, claves del estilo del director, tanto en la comedia como en el drama.

Irracional man  es la crónica de un profesor de filosofía desengañado y deprimido, convencido de que todo le ha salido mal en la vida: matrimonio, amistad, metas personales... hasta su especialidad, la filosofía, le ha defraudado. Sus intentos de comprender la vida a través de ella le han llevado a un total desengaño. Ni el cambio de ciudad ni el convertirse en objeto de deseo de dos mujeres logran animar a Abe, incapaz de salir de la espiral de alcohol y abandono en que ha caído.

Sin embargo, algo casual, el escuchar a una mujer desesperada porque un juez le va a quitar la custodia de sus hijos, será el revulsivo inesperado que cambiará su vida. Porque Abe comprende que toda su filosofía y sus buenos deseos no eran nada porque se quedaban en mera teoría. Pero el plantearse matar a ese juez, ayudando realmente a alguien, librando al mundo de una mala persona, eso sí es un hecho, con unos beneficios palpables. Y entonces, la vida cambia para Abe. Ya no es una penosa carga sin interés, sino algo excitante, estimulante, llena de nuevos alicientes. Abe se entrega al amor como hacía años que no lo hacía. Y desea cuidarse, disfrutar de la comida, de los pequeños placeres. Ha encontrado un aliciente para vivir.

Y al mismo tiempo, liberado de sus propias ideas filosóficas, de su obsesión por racionalizar y conocer, Abe abraza el azar como parte integrante de la vida misma, entroncando de nuevo con las ideas expresadas por el director en Match Point. Solo que aquí el azar jugará en contra de Abe, convirtiendo su genial idea en un fracaso cuando la casualidad empiece a plantar en Jill (Emma Stone), la alumna enamorada del maestreo, la semilla de la duda.

Ahora Woody Allen nos muestra la otra versión del azar que había mostrado en Match Point y donde éste jugaba en favor del protagonista. Aquí el destino se conjura en contra de Abe, condenado por el imprevisto que él había abrazado.

En Irracional Man Allen deja de lado el tono cómico y las réplicas agudas. Es quizá lo que más puede chocar a los seguidores del cineasta, habitualmente profundo y reflexivo pero sin renunciar a un punto de vista cómico e irreverente. Sin embargo, ahora no se vislumbra ese humor por ningún lado, dejándonos una obra más próxima al thriller o al drama que a la comedia.

En el aspecto meramente técnico, la película es preciosa, desde la fotografía a la banda sonora, pasando por una dirección sencilla y muy elegante de Woody Allen, que deja de lado experimentos con la cámara para ofrecer un film muy clásico en este aspecto.

En cuanto al reparto, destacar a Emma Stone, radiante y muy natural, junto a Joaquin Phoenix, un gran actor que, sin embargo, me pareció algo menos convincente que su pareja.

En definitiva, un nuevo film de este director que, haga lo que haga, parece que todo lo hace bien. Puede que la película no tenga la genialidad o el encanto de otros films de Allen, pero sigo pensando que siempre vale la pena disfrutar de sus propuestas, que nos invitan a reflexionar sobre aspectos fundamentales de la existencia: el amor, la religión, el éxito, la familia... o el azar.

jueves, 24 de mayo de 2018

Persecución mortal



Dirección: Rowdy Herrington.
Guión: Rowdy Herrington y Martin Kaplan.
Música: Brad Fiedel.
Fotografía: Mac Ahlberg.
Reparto: Bruce Willis, Sarah Jessica Parker, Dennis Farina, Brion James, Tom Sizemore, Robert Pastorelli, Timothy Busfield, John Mahoney.

Tom Hardy (Bruce Willis), policía en Pittsburgh, ha tenido que declarar contra su primo y compañero en el cuerpo por violencia policial, con lo se ha ganado la animadversión de gran parte de sus compañeros al considerar lo que hizo una traición.

Persecución mortal (1993) es uno de esos subproductos que dan la impresión de estar hechos de prisa, juntando ideas aquí y allá de manera un tanto chapucera para conseguir un film que pretende resultar entretenido y con cierta dosis de intriga y emoción, pero sin estrujarse mucho la cabeza. ¿El resultado?: un bodrio previsible, ramplón y que llega a producir casi vergüenza ajena.

La historia de un psicópata que parece tenerla tomada con el héroe de turno está ya demasiado manoseada para llegar a sorprender a nadie. Y este es el eje principal de esta historia, donde los guionistas no se complican mucho la vida y se dedican a acumular tópicos sin disimulo. Así, Tom se verá arrinconado como policía por testificar, con todo derecho y razón, contra un compañero por malos tratos hacia un detenido. Rizando el rizo, el guión quiere que ese compañero sea además su primo, hijo y sobrino de policías. Con lo que el tema profesional se carga de connotaciones familiares, es decir, un plus de emotividad. Además, el padre de Tom, policía también, muere trágicamente en acto de servicio y, poco después, el primo agresivo se suicida... Efectivamente, todo esto es una especie de folletín mal traído.

Por si fuera poco, Tom acaba dejando el cuerpo y pasa a ser un patrullero del río, alcoholizado y amargado por culpa de los remordimientos. Y encima, con una lesión permanente en una pierna. Vamos, que no falta nada en este pastel.

A partir de aquí, poca cosa. Se trata de ir alargando la historia convenientemente a base de algunos cadáveres más y una historia de amor traída por los pelos y sin mucho interés hasta llegar al desenlace, lo que se supone que será el glorioso colofón final, donde el director-guionista parece que ha decidido echar el resto para culminar su magna obra.

Pero, como era de suponer, el final, que se llega a intuir más o menos a la media hora de proyección, no es más que un cúmulo terrible de inverosimilitudes, absurdos, intentos de alargar el desenlace a base de las consabidas reapariciones del psicópata indestructible, etc, etc. Es decir, una acumulación de disparates que rematan vergonzosamente una película ya de por sí bastante insulsa, pero que, con ese desenlace, llega a cotas de idiotez impensables.

Quizá lo peor de todo sea que la película se tome en serio a sí misma. Semejante cúmulo de tonterías no debería pretender ser algo más de lo que es. Y mucho menos pretender justificar a toda costa al protagonista de turno, librándolo del estigma de la delación a base de retorcer el argumento hasta límites que caen en lo absurdo. Lo único decente era tomarse esta peliculilla en broma.

Hasta Bruce Willis, que normalmente suele estar en su salsa en papeles de tipo duro y desengañado, aquí tiene un nivel de actuación bastante pobre, quizá por estar bajo la batuta de este Rowdy Herrington, que si como guionista demuestra ser un desastre, como director mantiene el mismo nivel.

No he visto toda la filmografía de Bruce Willis, pero me atrevería a afirmar que Persecusión mortal debe figurar entre sus peores películas. Es increíble que se hagan tonterías tan grandes bajo una apariencia seria. Infumable.

domingo, 13 de mayo de 2018

El niño 44



Dirección: Daniel Espinosa.
Guión: Richard Price y Johan Melin (Novela: Tom Rob Smith).
Música: Jon Ekstrand.
Fotografía: Oliver Wood.
Reparto: Tom Hardy, Noomi Rapace, Gary Oldman, Joel Kinnaman, Paddy Considine, Jason Clarke, Vincent Cassel, Fares Fares, Josef Altin.

Año 1953. Leo Demidov (Tom Hardy), oficial de la seguridad estatal en la Unión Soviética, sospecha que existe un maníaco detrás de las muertes de varios niños que el Estado, para defender su utópica visión de la sociedad, atribuye a simples accidentes.

El niño 44 (2015) podría resumirse afirmando que es un thriller sobre un asesino en serie. Y eso podría ser verdad, como suele pasar en la mayoría de los films de temática similar. Afortunadamente, en El niño 44 tenemos mucho más, muchísimo más. Y es por esa ambición y esa trama tan densa que podemos encontrarle algunas debilidades a esta historia.

La película está inspirada en el libro de Tom Rob Smith basado en un asesino en serie ruso, Andréi Chikatilo, que mató a cincuenta y dos personas entre 1970 y 1990. Pero Smith, tomándose una licencia literaria, lleva la trama a la Unión Soviética de los años 50, bajo la férrea dictadura de Stalin. Eso permite que el relato gane en cuanto a profundidad, pues la película aprovecha esa ubicación para ofrecernos una impresionante visión de la sociedad soviética de aquellos años.

Lo primero que me gustaría destacar de El niño 44 es la asombrosa calidad técnica del film. Desde la ambientación, soberbia, a una fotografía perfecta y la ágil dirección de Daniel Espinosa, que logra crear un clima claustrofóbico, triste y oscuro que transmite a la perfección la miseria que reinaba en la Unión Soviética de aquellos años.

Como decía al comienzo, la película cuenta la investigación del protagonista para intentar capturar al asesino en serie de niños que las autoridades soviéticas intentan ocultar, pues la dictadura estalinista pretendía dar una imagen perfecta del régimen, que no admitía que pudiera haber asesinos, ni siquiera homosexuales, en su paraíso socialista. Sin embargo, esa parte de la historia no es finalmente el eje principal de la película, sino una parte más de un relato muy amplio y mucho más ambicioso.

El niño 44 nos ofrece también una crítica muy precisa de esa dictadura, sabiendo plasmar con claridad el miedo que existía en la sociedad, pues nadie estaba libre de caer en desgracia por una simple delación, fundada o no. De ello es un ejemplo magistral la relación de Leo con su esposa Raisa (Naomi Rapace), que descubrimos que se casó con él por miedo. Y no es hasta mucho más tarde que ella se convence de los verdaderos sentimientos de Leo. Y este es otro de los elementos claves de la película: el retrato del matrimonio protagonista y sus difíciles relaciones con amigos, familiares y hasta compañeros de trabajo. Pues el miedo y la envidia están en cada vecino, en el subordinado o en el amigo. Un clima que, como decía, Daniel Espinosa también consigue trasmitir visualmente con gran acierto.

Y junto a ese miedo que inunda a toda la sociedad, El niño 44 también es una crónica de la miseria, el hambre, la precariedad de una sociedad tristemente encerrada en una burbuja de apariencias falsas y mentiras, llena de huérfanos, de hambre y sin esperanza. Sin duda, el retrato de la Unión Soviética bajo la dictadura de Stalin es sobresaliente.

Pero el intentar abarcar tantos aspectos provoca que la película sea por momentos un tanto confusa para el espectador, acostumbrado a relatos más lineales y que no presenten tal cantidad de aristas, matices y sorpresas.

Por ejemplo, los personajes principales de la historia permanecen un tanto en penumbra durante buena parte del relato, hasta que se van desvelando sus motivaciones, miedos y desconfianzas. Incluso algunos, como Nestorov (Gary Oldman), se quedan más en penumbra de lo que hubiéramos deseado. Incluso la trama parece imponerse sobre un enfoque más personal, algo que finalmente recupera el director en el tramo final de la película. Es el peaje que tiene que pagar un guión tan denso, obligado a ceñirse a un tiempo relativamente reducido para todo lo que se cuenta en la película.

Sin embargo, creo que se trata de pequeñas deficiencias que en ninguna manera empañan una película que me sorprendió gratamente por su ambición, su buena hechura y, especialmente, que no se limita a la típica historia comercialmente habitual, sino que aspira, y en gran parte lo consigue, a ser mucho más que un típico thriller made in Hollywood.