El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

martes, 13 de febrero de 2018

Pacto de silencio



Dirección: Robert Redford.
Guión: Lem Dobbs (Novela: Neil Gordon).
Música: Cliff Martinez.
Fotografía: Adriano Goldman.
Reparto: Robert Redford, Shia LaBeouf, Nick Nolte, Julie Christie, Richard Jenkins, Chris Cooper, Susan Sarandon, Sam Elliott, Anna Kendrick, Brendan Gleeson.

Nick Sloan (Robert Redford), un antiguo activista radical en los años de la Guerra del Vietnam, ha cambiado de identidad y lleva una vida tranquila como abogado civil en Albany. Pero cuando el FBI detiene a una camarada de lucha y la prensa descubre su identidad, Sloan deberá huir de nuevo.

Se nota que Robert Redford es un veterano en esto del cine. Pacto de silencio (2012), bajo el manto del thriller, es un film que nos ofrece mucho más que intriga. De alguna manera, me ha parecido una película no de esta época, en la que las historias suelen ser más escuetas y se cede el protagonismo a la acción y a argumentos trufados de trampas.

En Pacto de silencio hay cierta intriga, es cierto, especialmente en la primera parte de la película, que es en un primer momento lo que capta nuestra atención. Y dentro del juego, es verdad que Redford no nos muestra todas las cartas abiertamente, dejando para más tarde la revelación de la implicación de Sloan en el atraco al banco que está detrás todo.

Pero la película es mucho más que eso, de ahí que cuando se vayan desvelando todas las claves que mantenían la intriga vigente, junto al hecho de que vamos anticipando el verdadero nudo del pasado del protagonista, la historia no pierde interés, pues el argumento nos ha ido adentrando en el aspecto más humano de los personajes, creando una red de relaciones, recuerdos, fracasos y miedos que se encargan de llevarnos de la mano hacia el final, previsible, es cierto, pero donde la resolución no es la clave de todo, como en otros muchos thrillers que basan su interés casi exclusivamente en el desenlace. Porque Pacto de silencio ofrece mucho más que un simple thriller al uso.

Y de ahí que me parezca que es una película más clásica, con ese sabor de los films de antes. Y en eso el veterano Redford ha de tener mucho que ver. Incluso en esas secuencias largas, pausadas, de diálogos íntimos, que no parecen casar muy bien con el género. Además, en Pacto de silencio no veremos huidas espectaculares, ni persecuciones ni disparos. Es otra cosa.

En cuanto al reparto, sin duda ese es otro de los puntos fuertes de la película, con la presencia de grandes actores como Susan Sarandon o Nick Nolte. También nos reencontramos con Julie Christie, Sam Elliott o Brendan Gleeson. Todo un regalo aunque sus apariciones sean puntuales en muchos casos. También es un grato descubrimiento el buen hacer de Shia LaBeouf en el papel del periodista que va haciendo de hilo conductor en su busca de un reportaje histórico.

Sin embargo, también es verdad que en algunos momentos se hubiera agradecido un metraje algo menor, en especial en la parte central del relato, pues hay momentos en que la historia parece perder vigor. También se hubiera agradecido una explicación menos enrevesada en algunos pasajes, aunque poco a poco vayan encajando las piezas. Son pequeños detalles que si se hubieran pulido habrían ayudado a que la película fuera más intensa y ágil.

Sin duda, Robert Redford demuestra que ha sabido hacerse con el papel de director tras su brillante carrera delante de las cámaras. Su estilo no es el de estos tiempos, lo que se agradece. Y es que Redford viene de unos años en que las películas se cuidaban bastante, no solo en el aspecto técnico, y eso se nota en este caso.

Shooter: El tirador



Dirección: Antoine Fuqua.
Guión: Jonathan Lemkin (Novela: Stephen Hunter).
Música: Mark Mancina.
Fotografía: Peter Menzies Jr.
Reparto: Mark Wahlberg, Michael Peña, Danny Glover, Kate Mara, Elias Koteas, Rhona Mitra, Tate Donovan, Jonathan Walker, Justin Louis, Ned Beatty.

Tras ser abandonado a su suerte durante una misión extraoficial en Etiopía, el tirador de élite de los Marines Bob Lee Swagger (Mark Wahlberg) abandona el servicio. Sin embargo, tres años después, el coronel Johnson (Danny Glover) le pide su ayuda para intentar impedir un inminente atentado contra el presidente de los Estados Unidos.

Shooter: El tirador (2007) es una muestra más de esa corriente de cine de acción pura y dura de la que tanto abusa Hollywood y que cuenta con una larga nómina de tipos duros con sus carreras claramente orientadas a este tipo de entretenimiento. Pero aún dentro de este género, hay evidentes niveles de calidad, desde infumables films protagonizados por musculosos actores de escaso talento, como Van Damme o Chuck Norris, a otras propuestas más elaboradas donde se percibe cierta calidad e inteligencia a la hora de plantearse la historia. Shooter: El tirador estaría en un término medio entre ambos extremos; no es un film de serie B, pero tampoco alcanza la calidad necesaria para convertirse en una referencia.

Lo que no podemos negar es que el director consigue que la película funcione como un reloj en cuanto a ritmo, tensión y espectáculo. Fuqua maneja con acierto los tiempos y hace que la historia transcurra con agilidad, metiéndonos de lleno en las escenas de acción con eficacia y sin recurrir tampoco a esa manía de caer en lo macabro a la hora de explotar las escenas más violentas.

Quizá se pueda reprochar que la historia va perdiendo fuerza conforme avanza, pero ello lo achaco más a fallos en el guión que al trabajo del director. Y es que hay que reconocer que el argumento no es del todo plausible, con algunos detalles más que dudosos y, encima, a la hora del desenlace, el guión se enreda quizá innecesariamente. Me hubiera gustado un final más concreto en lugar de alargarse en varias escenas aclaratorias que no parecen muy bien hilvanadas y dan la sensación de añadidos prescindibles.

En cuanto al reparto, Mark Wahlberg lleva el peso de la película y la verdad es que da la talla en todo momento. Es un tipo duro sin parecerlo en exceso que aporta sin embargo completa credibilidad a su personaje. La película también cuenta con dos veteranos muy solventes, como Danny Glover y Ned Beatty. Kate Mara y Rhona Mitra, sin embargo, parece que están ahí como simples comparsas decorativas, desaprovechándose por completo sus personajes, pues el guión parece despreciar las ramificaciones que podrían dar a la historia sus papeles.

Por otro lado, el trasfondo político del argumento, con una crítica hacia los manejos del todo inmorales del poder, no deja de ser un mero decorado de la historia. No está mal como complemento, pero no es ni mucho menos el interés principal de Shooter: El tirador. Se agradece, eso sí, que no se alinee con los films de propaganda militarista, pero la película nunca deja de ser un simple film de acción.

lunes, 12 de febrero de 2018

El único superviviente



Dirección: Peter Berg.
Guión: Peter Berg (Libro: Marcus Luttrell).
Música: Steve Jablonsky.
Fotografía: Tobias A. Schliessler.
Reparto: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Ben Foster, Emile Hirsch, Alexander Ludwig, Eric Bana, Jerry Ferrara, Scott Elrod, Yousuf Azami, Ali Suliman.

En el años 2005, cuatro militares del grupo de élite SEAL recibe el encargo de una peligrosa misión: adentrarse en territorio enemigo, en Afganistán, para matar a un líder terrorista talibán.

Con El único superviviente (2013) el cine norteamericano regresa a una vieja fórmula del cine bélico, incluso del western, que consiste en aprovechar un conflicto, en este caso de terrible actualidad, como es el terrorismo islámico, para hacer propaganda de sus fuerzas armadas.

Peter Berg lo tiene claro: basándose en hechos reales, construye una película con un argumento tremendamente simplista. Todo se reduce, tras una breve introducción, donde se dedica a presentar a los protagonistas de la historia remarcando el elemento humano, con breves pero muy intencionadas pinceladas, a crear un film dominado al completo por la acción donde se va a dejar muy claro quienes son los buenos y quienes los malos. En el primer bando, claro, los norteamericanos, que son un dechado de virtudes, incluyendo una extraña y suicida compasión hacia el enemigo que de verdad que cuesta entender. Curiosamente, o no tanto, en función de esa extraña y peculiar moralidad siempre presente en este tipo de historias, el único superviviente de los cuatro será aquel que se muestra partidario de liberar a los prisioneros afganos, a pesar de ser consciente de las consecuencias de hacerlo. Las buenas acciones, divina o milagrosamente, son recompensadas, parece decirnos esta moralidad simplista.

Del lado contrario, los talibanes: enemigos sin identidad, de mirada hosca, con una superioridad numérica del todo insultante y antideportiva, sin ninguna compasión, de una crueldad, hasta con sus propios compatriotas, espeluznante.

Como se puede ver, un maniqueismo y un enfoque para nada equilibrado ni objetivo. Se trata de vender una causa y Peter Berg se ocupa de ello sin el más mínimo disimulo.

Si somos capaces de mantener la propaganda al margen, hemos de reconocer que la película, de una duración importante, está contada con una agilidad y un nervio sobresalientes. La tensión se masca en cada instante, logrando trasmitirnos con gran acierto la tensión y el peligro en que se encuentran los soldados americanos, llegando a sentir la angustia casi en carne propia. El realismo como están filmados los disparos, las caídas, las heridas... parece traspasar la pantalla. Desde este punto de vista, exclusivamente, la película es excepcional.

Para aquellos que busquen un film bélico de acción pura y dura filmado con maestría, sin duda disfrutarán de esta propuesta, que va directa al grano. Sin embargo, es difícil abstraerse de la carga propagandística que se huele en cada fotograma, lo que penaliza y mucho la valoración de la película,  bastante tendenciosa y demasiado simplista en todo su planteamiento.


miércoles, 7 de febrero de 2018

La amenaza de Andrómeda



Dirección: Robert Wise.
Guión: Nelson Gidding (Novela: Michael Crichton).
Música: Gil Mellé.
Fotografía: Richard H. Kline.
Reparto: Arthur Hill, David Wayne, Kate Reid, James Olson, Paula Kelly, George Mitchell, Ramon Bieri.

Cuando un satélite se estrella en una pequeña población de Nuevo México, todos sus habitantes mueren misteriosamente, menos un viejo y un bebé. Un equipo científico intentará descubrir la causa de esas muertes.

La amenaza de Andrómeda (1971) es todo un clásico del género de ciencia-ficción que conserva, a pesar del tiempo transcurrido, no pocos alicientes para verla, como por ejemplo el intentar darle al género un trasfondo científico lo suficientemente bien elaborado para otorgarle ciertos visos de realidad a la historia.

De esta manera, lo primero que destaca es que la película no pretende ser un mero film de acción bajo el envoltorio de la ciencia-ficción. Al contrario, se trata de una película que ahonda en los aspectos científicos, siguiendo con bastante fidelidad la novela del mismo título de Michael Crichton. Se trata de tomarse en serio el género, dejando de lado los aspectos más rocambolescos para buscar un rigor en todo lo relatado.

Y precisamente, esa búsqueda de la credibilidad y rigor científico por encima de todo son uno de los lastres del film, que se vuelve por momentos un tanto tedioso. El relato se excede en detalles técnicos, olvidándose el guionista que el cine requiere de un tratamiento propio, muy diferente al relato escrito. Y precisamente, por la profusión de esos detalles, el film adquiere una duración demasiado larga, lo que tampoco ayuda a hacer de la historia un relato dinámico, contando la película de no pocas partes que seguramente podrían haberse acortado o suprimido.

A pesar de ello, hay que reconocer que Wise se esfuerza en mantener la tensión y el interés de espectador dentro de un envoltorio poco propicio. El director busca crear cierta emoción con los pocos elementos que tiene a su alcance y quizá donde mejor se aprecia eso en el final. Pero a pesar de los intentos del director, la película parte de un planteamiento un tanto equivocado.

En cambio, lo que me parece todo un acierto es el diseño de producción, en el que se nota el paso del tiempo, es verdad, pero que aún a día de hoy resulta del todo convincente a pesar de los años transcurridos. Visualmente, La amenaza de Andrómeda recuerda en no pocos detalles a 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), sin duda un film que marcó el futuro del género.

En cuanto al reparto, no contamos en este caso con unos actores muy conocidos y ello quizá penaliza un poco la película. En general, su trabajo no es demasiado brillante y están quizá también lastrados por una caracterización de sus personalidades demasiado simplista y estereotipada.

Sin estar al nivel de las grandes obras del género, podemos decir que La amenaza de Andromeda es un digno exponente de las tendencias del género en los años setenta, conservando aún muchas de sus virtudes intactas. Recomendada sin duda para entusiastas del género especialmente y también para amantes de la historia del cine.

lunes, 5 de febrero de 2018

La conspiración de noviembre



Dirección: Roger Donaldson.
Guión: Karl Gajdusek y Michael Finch (Novela: Bill Granger).
Música: Marco Beltrami.
Fotografía: Romain Lacourbas.
Reparto: Pierce Brosnan, Luke Bracey, Olga Kurylenko, Will Patton, Caterina Scorsone, Eliza Taylor, Bill Smitrovich, Patrick Kennedy, Lazar Ristovski.

Peter Devereaux (Pierce Brosnan), antiguo agente de la CIA, vive un retiro tranquilo en Suiza cuando son requeridos sus servicios para una misión especial: sacar de Rusia a una antigua amiga que posee información confidencial muy valiosa.

La primera impresión que nos da La conspiración de noviembre (2014) es la de una especie de versión de los films de James Bond, algo que se refuerza por la presencia de Pierce Brosnan en un papel que bien podría jugar el agente 007. Si además le sumamos la presencia de una chica Bond, Olga Kurylenko, parece que ya no falta nada.

Además, el argumento de La conspiración de noviembre parece una mera excusa para dar rienda suelta a un film lleno de peleas, persecuciones, espionaje, agentes que no son lo que parecen, conspiraciones internacionales... es decir, un coctel que podríamos encontrar sin problemas en una de las entregas de la saga Bond.

Y La conspiración noviembre en realidad no se plantea nada más que ser un mero vehículo de entretenimiento, un film de acción pura y dura con toda la serie de elementos típicos de este género. Así, nos encontramos con el agente implacable que ha de hacer frente a la que puede ser su última misión y, además, la más dura, pues no sólo tendrá que ver morir a su antigua amante, sino que su propia hija estará en peligro y, por si todo esto no fuera suficiente, deberá enfrentarse a un antiguo discípulo suyo que ahora va tras sus pasos.

Sí, es cierto, todo suena a demasiado visto, el argumento no es precisamente muy original. Es quizá el principal problema de esta película: no aporta en realidad nada nuevo al género, con una acumulación  constante de tópicos y, por lo tanto, con la sensación de que todo lo que nos cuenta está ya muy explotado. Y cuando queremos buscarle sentido a la trama, enrevesada y caótica por momentos, nos damos cuenta que en realidad no es del todo coherente. Y es que parece que tampoco es lo que se pretendía; es el conocido MacGuffin de Alfred Hitchcock, es decir, una mera disculpa que da igual que se entienda o no, que sea coherente o no, basta que sirva para crear una base mínima de intriga sobre la que montar la película.

Porque lo que en realidad importa es la acción, hacer un film dinámico, sin pausas, sin detenerse en nada que no apoye el ritmo frenético.

Eso sí, el director cuenta con la ayuda inestimable de Pierce Brosnan, sin duda un actor muy dotado para encarnar este tipo de personajes, a los que aporta glamour y credibilidad a partes iguales.

¿Consigue finalmente Roger Donaldson su propósito? Si lo que pretendemos es pasar un rato entretenido, sin demasiadas complicaciones, la película cumple con su función. Hay nervio, hay  tensión, intriga, el final no decepciona y el director consigue mantener el interés sin problemas.

Sin embargo, también constatamos que la historia podría haber aportado algo más. La saga de Jason Bourne, a la que nos recuerda también esta película, demostró que un film de acción puede ser muy bueno, no solo como mero pasatiempo, sino aportando algo más y sin salirse de los cánones del género. Aquí tenemos la sensación de que el argumento es demasiado rutinario, los personajes parecen casi caricaturas de unos modelos ajenos e incluso en algunos momentos tenemos la impresión de que algunas escenas están mal rematadas o metidas con calzador, con personajes que no se sabe muy bien qué aportan. En resumen, que parece un entramado algo chapucero, hecho sin el cuidado suficiente.

Seguramente a aquellos que no busquen más que pasar el rato, la película les entretendrá, pero siempre se puede pedir algo más que un producto que la impresión de estar prefabricado.

domingo, 28 de enero de 2018

La guerra de los mundos



Dirección: Byron Haskin.
Guión: Barré Lyndon (Novela: H. G. Wells).
Música: Leith Stevens.
Fotografía: George Barnes.
Reparto: Gene Barry, Ann Robinson, Les Tremayne, Henry Brandon, Robert Cornthwaite, Jack Kruschen, Sandro Giglio, Lewis Martin, Houseley Stevenson Jr., William Phipps.

California, años 50. Un meteorito cae en las colinas cercanas a Linda Rosa. Para intentar investigar de qué se trata, el doctor Clayton Forrester (Gene Barry), un físico de renombre, se desplaza al lugar, donde se han concentrado multitud de curiosos.

El libro de H. G. Wells La guerra de los mundos (1898) ya había sido objeto de una famosa y polémica adaptación radiofónica a cargo de Orson Welles en 1938. Era evidente que el cine no dejaría pasar la oportunidad de llevar a la pantalla ese relato de una invasión marciana. Y eso finalmente tuvo lugar en 1953, pero no fue una gran película, sino un típico producto de serie B. Muy cuidado, eso sí, al menos técnicamente. De hecho, los efectos especiales del film ganaron nada menos que el Oscar ese año.

Sin embargo, vista hoy en día, La guerra de los mundos parece más un film de humor que otra cosa, por varios factores.

Por un lado, el guión intenta darle un aire de seriedad a la historia para lo que recurre a abundantes explicaciones científicas, no solo en boca de los científicos que investigan a los invasores, sino también visualmente. Tanta explicación, lógica dada la cultura cinematográfica más limitada del público de la época, provoca hoy en día un efecto contrario al pretendido, resultando excesivas y un tanto ingenuas.

Otro elemento que impide que sigamos la historia con más emoción es la limitada calidad interpretativa de los actores, bastante limitados a la hora de intentar expresar sus emociones, cayendo bien en sobre actuaciones clamorosas como, en el lado opuesto, en momentos de alarmante pasividad.

En cuanto al relato en sí, el argumento se centra esencialmente en la acción, sin dejar demasiado tiempo a cualquier otro elemento, con un intento de asombrar al público con un despliegue de efectos y, también, utilizando secuencias ajenas para rellenar metraje, recurso muy extendido en este tipo de películas de presupuestos ajustados.

Algunos momentos, es cierto, están más logrados que otros, logrando, dentro de lo mal que ha envejecido al cinta, transmitir cierta emoción, con lo que podemos imaginarnos lo debieron sentir los espectadores de la época.

De lo que no escapa pa película es de la moral de esos años, que queda patente en la fuerte de presencia de la religión a lo largo de la historia, especialmente al final de la película. Sin embargo, el milagro que salvará a la humanidad será finalmente de raíz científica: serán las bacterias las que matarán al invasor, sin capacidad de defensa frente a ellas. Un final no exento de cierta poesía.

La guerra de los mundos queda pues más como una curiosidad que como una película realmente vigente. Para ello tenemos la versión de Steven Spielberg de 2005, del mismo título.

sábado, 27 de enero de 2018

Blade Runner 2049



Dirección: Denis Villeneuve.
Guión: Hampton Fancher y Michael Green (Historia: Hampton Fancher).
Música: Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch.
Fotografía: Roger Deakins.
Reparto: Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Jared Leto, Sylvia Hoeks, Robin Wright, Mackenzie Davis, Carla Juri, Lennie James, Dave Bautista, Edward James Olmos.

Año 2049. Una nueva generación de replicantes se ha integrado perfectamente en la sociedad. Los nuevos blade runners, también replicantes, programados para obedecer, se dedican ahora a intentar erradicar a los viejos Nexus-8.

A veces cuesta entender el por qué Hollywood se empeña en hacer nuevas versiones o, como en este caso, continuaciones de grandes clásicos del cine porque el resultado, salvo muy contadas excepciones, suele resultar frustrante. Bueno, el por qué está claro: el dinero. Otra cosa es que me cueste entenderlo.

En el caso de Blade Runner 2049 (2017), la tarea que tenía ante sí Denis Villeneuve era un imposible. La película de Ridley Scott no solo era perfecta, sino que tenía algo imposible de copiar: era original. Por lo tanto, cualquier secuela iba a partir de la premisa de que no podría sorprender como lo hizo el film de 1982 y, además, las comparaciones serían inevitables.

Quizá la mejor recomendación que puedo hacer a aquellos que no vieron aún Blade Runner, es que no la vean a propósito antes de ver la película de Villeneuve. Será la única manera de poder tener una valoración sin condicionamientos del film que nos ocupa.

En mi caso, he visto y admirado varias veces la obra de Ridley Scott pero, animado por las buenas críticas sobre esta entrega, me esperaba una digna continuación de aquella obra maestra. Quizá algo inferior, pero digna. Por desgracia, la película de Villeneuve me ha defraudado bastante.

Para empezar, había que conservar la estética de la primera entrega. Eso parecía obvio. El problema es que me ha parecido que Villeneuve se ha cegado por los aspectos visuales de su obra, creando un film impactante en el terreno formal, con una cuidada fotografía, unos planos cargados de belleza, coloridos, con una banda sonora que intenta conseguir la misma fuerza que la de Vangelis en la película de 1982, pero perdiendo quizá el alma que debía albergar ese preciosismo visual. Y es que Blade Runner 2019 es apabullante visualmente, pero fría y un tanto artificial. Si con Ridley Scott parecíamos sumergirnos en un mundo futurista casi palpable, con Villeneuve cuesta pensar que ese universo colorido sea algo más que un lujoso decorado.

Pero quizá lo peor de todo sea el contenido, el argumento de esta película. Y la manera de desarrollarlo. También aquí la obra de Villeneuve me pareció rebuscada, pretenciosa y terriblemente lenta y fría. Una historia se puede contar con parsimonia, es cierto, pero ha de conseguir engancharnos, hacer que vibremos con los personajes. Y eso no me ha sucedido aquí. Tampoco ayuda  el jugar durante demasiado tiempo al despiste, con personajes y situaciones que hasta bien entrada la película no descubrimos su papel en la historia. Incluso, en algunos momentos, me sentí desfallecido ante un espectáculo tan frío. Y es que entre, la parsimonia del relato y su desproporcionada duración, había momentos que me costaba no tirar la toalla. Solo cierta cabezonería me mantuvo firme hasta el final.

Es cierto que el último tercio de la película se anima un poco. Esa parte final, sin ser excepcional, al menos planeta algunas reflexiones que entroncan con las de la primera entrega. También el desenlace aporta algo más de acción. Pero aún así, la historia no terminó de convencerme. Tuve la sensación de que, mientras Blade Runner era un film coherente, con un mundo con su propia vida, con personajes con algo que aportar y que creaban un universo completo, en esta ocasión me parecía que todo se centraba en unos personajes como ajenos a todo, un duelo de unos pocos protagonistas que estaban como aislados en su mundo, independientes de todo cuanto les rodeaba.

En cuanto al reparto, creo que Ryan Goslin es una buena elección, aunque la frialdad que imprime el director a toda la película lastra un poco a su personaje, de una pasividad por momentos difícil de asumir. Harrison Ford y Edward James Olmos establecen la conexión con la película original, aunque me hubiera gustado que su papel no fuera tan secundario, pues quizá tirando más del hilo de la obra de Scott se hubiera ganado algo más de profundidad en esta historia.

En definitiva, puede que la película haya cosechado grandes críticas. No niego que formalmente la propuesta sea impecable, con la ayuda inestimable de la tecnología actual. Pero la esencia de una película no está en su estética ni en los deslumbraste de sus efectos especiales. Está en contar algo interesante, con sentido. Y Blade Runner 2049 carece de esa fuerza interior.