El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Intrusión



Dirección: Adam Salky.

Guion: Christopher Sparling.

Música: Alex Heffes.

Fotografía: Eric Lin.

Reparto: Freida Pinto, Logan Marshall-Green, Robert John Burke, Megan Elisabeth Kelly, Sarah Minnich, Hayes Hargrove, Clint Obenchain, Mark Sivertsen.

Poco después de establecerse en Corrales (Nuevo México), Meera (Freida Pinto) y Henry Parsons (Logan Marshall-Green) descubren que alguien entró a robar en su nueva casa. Poco después, en plena noche, tres extraños entran en la casa.

He aquí un buen ejemplo de como un mal guión echa por tierra cualquier posibilidad de llevar este thriller a buen puerto, porque el problema básico de Intrusión (2021) es la absoluta falta de profundidad en todo lo narrado.

El comienzo no es muy esperanzador, con una puesta en escena un tanto elemental donde conocemos a la pareja protagonista de un modo bastante superficial, algo que no se arregla en el resto de la historia, de manera que lo único que conocemos de Meera es su profesión y que ha padecido cáncer tiempo atrás. De su marido aún sabremos menos, solamente que es arquitecto.

Tampoco se aclara por qué se mudaron de Boston a Corrales, salvo por la escueta explicación de buscar un sitio tranquilo donde vivir.

Esta falta de profundidad en los protagonistas va a ser un lastre que afecte a toda la cinta, pues no llegamos a empatizar con unos personajes demasiado planos como para interesarnos especialmente.

Después, cuando entramos en materia con el asalto, de nuevo vemos que el guión es incapaz de pasar de la superficie, dejando el tema en casi nada. Incluso con la muerte de los asaltantes, nada de lo que vemos logra impactarnos mínimamente, como si estuviéramos anestesiados por la falta de nervio del guión.

Solo el interés por desentrañar el misterio que sabemos que se esconde en algún sitio nos mantiene pegados a la pantalla. Y otra vez el argumento se muestra plano y torpe a la hora de contarnos las dudas que empiezan a asomar en la mente de Meera respecto a su marido. 

Así pues, cuando llegamos a la parte crucial de la película, volvemos a notar la falta de consistencia del guión, incapaz de meternos en la piel de Meera, de mostrarnos su asombro y desconcierto cuando descubre el lado oscuro de su esposo y, lo peor, incapaz de conseguir que temamos por su vida. Aun sabiendo que estas películas suelen acabar bien, no hay nada en las últimas escenas que nos lleve a sufrir o preocuparnos un poco por el destino de Meera y la joven secuestrada. Es todo tan plano y predecible que parece mentira que nadie intentara arreglarlo un poquito al menos.

En resumen: un thriller sin sustancia, demasiado simple y sin vida como para provocarnos la más mínima reacción en cualquier sentido.

miércoles, 13 de mayo de 2026

La mujer del camarote 10



Dirección: Simon Stone.

Guion: Joe Shrapnel, Anna Waterhouse y Simon Stone (Novela: Ruth Ware).

Música: Benjamin Wallfisch.

Fotografía: Ben Davis.

Reparto: Keira Knightley, Guy Pearce, David Ajala, Art Malik, Gugu Mbatha-Raw, Kaya Scodelario, David Morrissey, Daniel Ings, Hannah Waddingham, Lisa Loven Kongsli.

Laura Blacklock (Keira Knightley), una prestigiosa periodista, es invitada al yate de Anne Lyngstad (Lisa Loven Kongsli), una millonaria noruega aquejada de cáncer, para cubrir una gala benéfica de la fundación creada por el esposo de Anne.

La mujer del camarote 10 nos presenta un misterio del estilo de las novelas de Agatha Christie, pero sin la a veces tediosa explicación final con los sospechosos reunidos. Es por tanto una película que te atrapa si eres de los que les gusta este tipo de planteamientos, pero en conjunto no es una obra del todo redonda.

A favor de esta adaptación de una novela de Ruth Ware, hemos de decir que el argumento va directo al grano tras la inevitable presentación de los hechos y personajes. Y esta brevedad, hay que reconocerlo también, juega en contra de la historia, pues salvo la protagonista, el resto de personajes se quedan en muy poca cosa, cuando no en meras caricaturas que no aportan nada al desarrollo, salvo el médico de la anfitriona (Art Malik) y el marido de esta (Guy Pearce), pero sin tener tampoco profundidad alguna.

Sin embargo, esta simplicidad hace que desde muy temprano nos metamos en el meollo de la cuestión: el supuesto asesinato de una misteriosa mujer alojada en el camarote 10 del que Laura es testigo y, al estilo de Alarma en el expreso (Alfred Hitchcock, 1938), nadie dice haber visto a esa mujer, afirmando que ese camarote estaba vacío.

A partir de ahí ya no hay respiro, con Laura luchando por demostrar que está en lo cierto mientras intenta mantenerse con vida y es tachada de loca por los otros viajeros.

Así pues, la película transcurre con agilidad y la intriga nos mantiene alerta. Simon Stone consigue mantener el pulso en todo momento y en su favor hay que decir que logra sacar un buen resultado de los pocos elementos de que dispone.

Tampoco el desenlace defrauda: la trama tiene lógica, aunque resulte algo descabellada, pero al menos no resulta incoherente ni se juega con el espectador, con lo que el final, sin ser demasiado elaborado ni brillante, nos deja un aceptable sabor de boca.

La mujer del camarote 10 es pues una propuesta aceptable, pero que nadie espere contemplar una gran película, sino un simple pasatiempo que funciona aceptablemente dentro de su sencillez.

miércoles, 6 de mayo de 2026

Mi año en Oxford



Dirección: Iain Morris.

Guion: Allison Burnett y Melissa Osborne (Novela: Julia Whelan).

Música: Isabella Summers.

Fotografía: Remi Adefarasin.

Reparto: Sofía Carson, Corey Mylchreest, Dougray Scott, Catherine McCormack, Harry Trevaldwyn, Esmé Kingdom, Nikhil Parmar, Poppy Gilbert. 

Anna de la Vega (Sofía Carson), tras graduarse y antes de comenzar su carrera profesional en Wall Street, acude a la Universidad de Oxford para cumplir su sueño de estudiar la poesía victoriana.  

Mi año en Oxford (2025) es la típica película romántica con protagonistas guapos que nos vende una historia de amor tan perfecta como dramática. Esto queda muy bien sobre el papel, otra cosa es llevarlo a la práctica.

Para empezar, la historia arranca en tono más bien ligero, con una presentación de los personajes algo simple, sin rodeos. Da la sensación de que las guionistas tenían prisa para meternos de lleno en el romance, que acapara todo el resto del metraje, bastante extenso, por cierto. El inconveniente de esas prisas es que no nos permiten conocer a fondo a la pareja protagonista. Es más, la imagen que obtenemos de Anna es un tanto pobre, como de alguien inmaduro, pero peor es la primera impresión que nos ofrecen de Jamie (Corey Mylchreest): un playboy infantil, cobarde y algo tonto que, para lograr que encaje en la vida de Anna, lo convierten en su improbable profesor.

Con este comienzo no es de extrañar que cueste empatizar con los protagonistas, sobre todo porque tampoco hay ninguna tensión previa a su enamoramiento, transcurriendo sus primeros encuentros de manera superficial, sin nada que aporte emoción o incertidumbre. Su encuentro y su enamoramiento están telegrafiados con absoluta falta de elaboración.

Y como todo va como de prisa y corriendo, tampoco los personajes secundarios, que suelen jugar siempre un rol más cómico que aligere la historia, son desarrollados con sentido común, sino que se meten en la trama de una manera que puede resultar precipitada. Ellos tampoco tienen la profundidad necesaria para adquirir un peso dramático y quedan como meros decorados necesarios, pero muy secundarios en todo.

Pero la clave de la historia se desvela a mirad de la misma, cuando descubrimos que Jamie padece cáncer y que Cecelia (Poppy Gilbert), la que presumíamos que era su novia, en realidad lo era de su difunto hermano, también víctima del cáncer.

Es el giro sorpresa que pretende conducirnos sin tregua de ahí hasta el final por un drama lacrimógeno de libro. Y de nuevo aquí se manifiestan las limitaciones de la película, pues lo que debería provocarnos un mar de lágrimas se queda en casi nada, pues tampoco en el drama el guión consigue llegar a convencernos de la seriedad y profundidad de sus intenciones.

Y ese es el defecto clave de Mi año en Oxford, que se queda en la superficie de las personas y de sus sentimientos, con unos protagonistas muy guapos, pero con una historia tan mal abordada que no consigue llegarnos y mucho menos emocionarnos. 

De lo poco reseñable serían algunas citas de bonitos poemas, lo único en realidad que aporta algo de profundidad y calidad a una película bonita en las formas, pero sin calidad en lo importante y que cae en todo lo menos original que puede ofrecer el género.

domingo, 3 de mayo de 2026

Detonantes



Dirección: Mouly Surya.

Guion: John Brancato, Josh Olson y Halley Gross.

Música: Enis Rotthoff.

Fotografía: Zoë White.

Reparto: Jessica Alba, Mark Webber, Tone Bell, Jake Weary, Gabriel Basso, Anthony Michael Hall, Kaiwi Lyman, Hari Dhillon. 

Parker (Jessica Alba), una militar altamente cualificada, regresa a su pueblo natal cuando le comunican la muerte de su padre.

Detonantes (2024) es una película de acción que se inscribe en esa corriente actual que le da el protagonismo a las mujeres, convirtiéndolas en una copia de los héroes de acción masculinos, pues en realidad este es un género que se mueve por lo general en terrenos muy trillados.

Los fans de Jessica Alba están pues de suerte, pues vuelve a las pantallas convertida en toda una heroína de lo más dura, pero sin perder su innegable encanto, y puede que a la postre ese sea el principal atractivo de Detonantes, porque, el guión no ofrece realmente nada novedoso.

Para empezar tenemos la típica introducción que sirve para presentarnos a la protagonista con sus habilidades en la lucha, lo que nos indica a las claras por dónde van a ir los tiros. Pero además sirve también para mostrarnos su calado moral; Parker no duda en enfrentarse a un colega si es para oponerse a actos cobardes y reprobables. Y aquí vemos claramente la simpleza y candidez del argumento.

A partir de ahí, la acción pasa al pueblo natal de Parker, en dónde descubrirá una oscura trama de tráfico de armas que es la causa de la muerte de su padre, asesinado cuando supo de dicha trama. Y es aquí dónde el guión muestra sus debilidades, pues el regreso de Parker a su pueblo está desaprovechado al no profundizar el guión en sus relaciones pasadas o dar más relieve a personajes clave en la historia. Y es que el argumento parece despreciar todo lo secundario que nos desvíe de la acción pura y dura, lo cuál es un error, pues sin una historia convenientemente amueblada, las escenas de lucha pierden dramatismo y todo se queda en algo demasiado simple y básico como para interesarnos realmente.

Por ejemplo, habría ayudado mucho desarrollar la relación de Parker y el sheriff Jesse Swann (Mark Webber), el antiguo novio de la chica, con un papel clave en el drama; de ahí que esa omisión reste todo el dramatismo al desenlace, cuando él y Parker han de saldar cuentas.

A favor de Detonantes podemos decir que las escenas de acción resultan bastante correctas, sobre todo el incendio del local de Parker, y que, a pesar de las limitaciones argumentales, la cinta se desarrolla de manera bastante fluida, con lo que no llega a aburrir ni a cansar en ningún momento. Pero, en general, es una película bastante plana y predecible que no dejará huella en el espectador.