El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

miércoles, 8 de octubre de 2014

La verdad oculta (Proof)



Dirección: John Madden.
Guión: David Auburn (Obra: David Auburn).
Música: Stephen Warbeck.
Fotografía: Alwin Kuchler.
Reparto: Gwyneth Paltrow, Anthony Hopkins, Hope Davis, Jake Gyllenhaal, Gary Houston, Roshan Seth.

Catherine (Gwyneth Paltrow) ha pasado los últimos años cuidando de su padre (Anthony Hopkins), un genio de las matemáticas que había perdido el juicio. Catherine teme que ella pueda llegar a sufrir la misma enfermedad.

Basada en una obra de teatro ganadora de un Pulitzer, La verdad oculta (Proof) (2005) viene a demostrar que no siempre una buena fuente de partida da lugar a una gran película.

No se si consciente o no de lo limitado del argumento que tenía entre manos, John Madden (Shakespeare in love , 1998) recurre a una estudiada puesta en escena en la que mezcla presente con pasado, conversaciones imaginarias de Catherine con el padre difunto junto a otras reales y flash-backs, logrando una puesta en escena un tanto enigmática, aunque no confusa, que logra, al menos, mantener cierta tensión en el relato, con lo que podemos decir que nuestro interés no decae demasiado; si bien es verdad que conforme avanza la película vamos sospechando que su historia encierra menos de lo que prometía. Ya con el desenlace, los temores o sospechas se tornan en dura y triste realidad.

Y es que la lucha de Catherine entre su amor por su padre, su propio talento y sus dudas acerca de su propia salud mental no son tan apasionantes ni tan complejas ni tan cautivadoras como habría sido de esperar. Puede que parte del fallo resida en que no llegamos a conocer a Catherine realmente a lo largo de la película. Madden lleva la confusión de su puesta en escena al retrato de los protagonistas, de manera que tanto Catherine como su padre no se presentan jamás de una manera clara, que nos permita comprenderlos y, por consiguiente, meternos en su piel y en su mente. Así, Catherine se pasa casi toda la película casi como una desconocida para nosotros. La primera impresión que da es la de una joven triste y deprimida por la muerte de su padre. No conocemos su talento ni tampoco su trabajo. Y cuando finalmente descubrimos que ella también es una brillante matemática, el guión decide de nuevo jugar a la confusión, dando a entender que Catherine se ha querido apropiar de los descubrimientos de su padre, algo que parece incomprensible. Pero es que de nuevo Madden quiere jugar al despieste con nosotros, buscando la manera de dotar de interés y emoción a un relato un tanto plano y frío que en ningún instante logra emocionarnos.

Ni la presencia de Claire (Hope Davis), hermana de Catherine, ni la de Hal (Jake Gyllenhaal), enamorado de Catherine, logran aportar nada nuevo a la historia. Claire se percibe como una presencia confusa, entre la compasión y la presión sobre Catherine; mientras, la presencia de Hal, que podría dar un toque pasional a la historia, tampoco es el bálsamo que de algo de vida al relato, quedando el posible romance en un amago triste.

Solamente el gran trabajo de Gwyneth Paltrow, sorprendentemente auténtica y convincente en su depresión y ensimismamiento, consigue despertar nuestra admiración por algo de La verdad oculta (Proof). Sus compañeros de reparto tampoco están nada mal en sus trabajos, pero se quedan algo empequeñecidos ante la solidez de Paltrow.

En definitiva, un film que partía de una buena materia prima pero que traspasado a la pantalla se queda en casi nada. La historia no funciona, no entendemos del todo a los personajes, sus problemas no nos conmueven lo más mínimo y al final estamos deseando que se termine esta historia un tanto absurda y sin sentido que, para remate, nos brinda un forzado final feliz que no se entiende más que por la necesidad de dejarnos con una pequeña esperanza, aunque a esas alturas nos importe ya todo un pimiento.

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