El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

domingo, 6 de octubre de 2013

Desde Rusia con amor



Dirección: Terence Young.
Guión: Richard Maibaum (Personaje: Ian Fleming).
Música: John Barry.
Fotografía: Ted Moore.
Reparto: Sean Connery, Robert Shaw, Daniela Bianchi, Lotte Lenya, Bernard Lee, Lois Maxwell, Pedro Armendáriz.

La organización SPECTRA desea hacerse con una máquina rusa para descifrar claves. El plan es utilizar con engaños a Tatiana Romanova (Daniela Bianchi), una funcionaria soviética, y al mismísimo James Bond (Sean Connery) para conseguir la máquina.

Segunda entrega de la serie de James Bond, protagonizada de nuevo por Sean Connery que aunque había firmado al principio por una sola película, tras el éxito de Agente 007 contra el Dr. No (1962) aceptó reinterpretar al agente 007 en esta película y se comprometió para dos entregas más. La serie más longeva del cine estaba en marcha.

Para la segunda película de Bond, los productores se decidieron por la novela Desde Rusia con amor por ser la preferida del presidente John F. Kennedy. Aquí se van definiendo más claramente los elementos que identificarán la saga, como el prólogo inicial al argumento propiamente dicho o la entrega a Bond antes de su misión de algún artilugio sofisticado para su trabajo, en este caso un maletín muy bien pertrechado.

De nuevo, el guión es un mero telón de fondo para el despliegue de la acción y de las escenas románticas del agente británico con las bellezas de turno. Pero en esta ocasión la intriga es un tanto más sofisticada y hasta confusa por momentos, aunque sin llegar a resultar del todo convincente. Sin embargo, la cinta tiene el acierto de lograr concentrar la tensión en la parte final con una acertada puesta en escena, especialmente en las secuencias en el tren, prescidiendo en esta ocasión de la escena tan repetida, típica y un tanto cansina del agente secreto capturado por el genio del mal y llevado a su centro de control para el clímax final. Así, asistimos a un desenlace más original, donde predomina el suspense y que Terence Young sabe manejar con maestría. También hay que reconocer que gran parte del éxito estriba en haber acertado de lleno con los malvados de turno.

Por un lado, contamos con la presencia de Robert Shaw, por entonces no muy conocido, pero que da vida a un frío e inquietante asesino implacable e infalible. También fue un gran acierto la presencia de la actriz Lotte Lenya como la Coronel Klebb; su aspecto masculino le dio una fuerza especial a su personaje, consiguiendo componer una malvada inolvidable. De quién no vemos el rostro es del jefe de SPECTRA, que aparece por primera vez en la serie y que, como en la primera entrega, vuelve a ser la organización criminal que está detrás de todo. El malvado Ernst Stavro Blofeld aparece en los títulos de crédito con el signo de interrogación, si bien lo interpretó Anthony Dawson, que ya había encarnado al profesor Dent en Agente 007 contra el Dr. No.

Para la chica Bond se optó en esta ocasión por la Miss Fotogénica del certamen de Miss Universo de 1960, la italiana Daniela Bianchi. Pero el actor más recordado del film es sin duda Pedro Armendáriz, que encarna aquí a Kerim Bey, jefe del Servicio Secreto en Turquía. Enfermo de cáncer en estado terminal, esta fue su última película, que ni siquiera llegó a ver estrenada, pues se suicidó en el hospital en que estaba internado. En cuanto a Sean Connery, su presencia volvió a confirmar el acierto de haberlo elegido para el papel.

Desde Rusia con amor aún mantiene un tono serio e incluso sombrío, que luego la serie irá perdiendo con el devenir de los años y otras entregas más autoparódicas y repetitivas. Se trata de una buena película de espionaje y acción que sabe combinar ambos elementos con acierto, añadiendo unos toques de sexo y comedia para aligerar y endulzar el conjunto, pero sin que lleguen a empañar la verdadera esencia del film. A pesar del tiempo transcurrido se mantiene entre lo mejor de la serie.

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