El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 28 de julio de 2016

Cazador blanco, corazón negro



Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Peter Viertel, James Bridges y Burt Kennedy (Novela: Peter Viertel).
Música: Lennie Niehaus.
Fotografía: Jack N. Green.
Reparto: Clint Eastwood, Jeff Fahey, George Dzundza, Alun Armstrong, Marisa Berenson, Timothy Spall, Mel Martin, Charlotte Cornwell.

John Wilson (Clint Eastwood) es un director de cine un tanto difícil, con un carácter peculiar y al que le gusta hacer las cosas a su manera. Su último proyecto es rodar un film de aventuras en África, aunque parece que lo que más le interesa es viajar al continente negro para satisfacer sus ganas de cazar, en especial elefantes.

Cazador blanco, corazón negro (1990) se centra en la novela de Peter Viertel donde éste contaba los avatares ocurridos durante el rodaje de la mítica película de aventuras La reina de África (1951), cuyo rodaje aprovechó el también aventurero John Huston para dar rienda suelta a su afición por la caza. Sin embargo, hay que aclarar que el relato de Viertel no se ciñe estrictamente a la verdad y cuenta con algunas aportaciones personales. De hecho, llama la atención que se cambien los verdaderos nombres de los protagonistas, cuando cualquiera que se hubiera documentado mínimamente antes de ver la película sabría quienes son los verdaderos protagonistas de la historia. Ese cambio nos viene a poner en guardia en relación a la autenticidad del relato. Aún así, la base de la película, el interés de Huston por aprovechar el rodaje de La reina de África para satisfacer sus ansias de realizar un safari, es del todo cierto.

Clint Eastwood, admirador de John Huston, aprovecha la historia para mostrarnos el difícil carácter del director, un hombre que en la vida real parece ser que aún era más complicado de llevar que lo que vemos en el film. De hecho, la imagen que sacamos de Huston es bastante positiva, como la de un hombre amante de la vida y por lo tanto de vivir todo al límite, aprovechando las oportunidades y no conformándose con una existencia plácida y mediocre. Pero también se nos muestra al director como un hombre justo, dispuesto a pelear (incluso físicamente) por defender sus principios, entre los que está el respeto por el ser humano, incluso los más débiles, como era el caso de los negros, explotados por los colonizadores. Puede que movido por esa admiración por Huston, el caso es que la película lo presenta casi como un héroe, incluso llegando a parecer en algunos momentos un retrato demasiado amable. Es uno de los puntos que menos me convencieron del guión, pues en algunas escenas el personaje de Huston/Wilson parecía un tanto artificial.

Si nos centramos en la historia en sí, en el propio relato y cómo Eastwood afronta la realización de la película, hay que reconocer que el ritmo resulta un tanto irregular. En general, me pareció que la historia carecía de fuerza, como si el guión no llegara a dibujar unos personajes con verdadero nervio, quizá por el peso de la historia. Y si bien es verdad que algunas secuencias están muy bien logradas, con diálogos por momentos brillantes, también hay que reconocer que otros pasajes carecen directamente de interés o presentan caídas de ritmo importantes.

No estamos, por lo tanto, ante una de las obras maestras de Clint Eastwood como director y, de hecho, la película fue un fracaso en taquilla. Quede pues como curiosidad para los amantes de ese cine que nos habla del cine y en todo caso, sirva para llevar al público actual a ver una de las joyas clásicas del cine de aventuras: la maravillosa La reina de África.

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