El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

sábado, 9 de marzo de 2013

Mi gran boda griega



Dirección: Joel Zwick.
Guión: Nia Vardalos.
Música: Chris Wilson & Alexander Janko.
Fotografía: Jeffrey Jur.
Reparto: Nia Vardalos, John Corbett, Michael Constantine, Laine Kazan, Andrea Martin, Joey Fatone, Christina Eleusiniotis, Kaylee Vieira, Louis Mandylor, Jayne Eastwood.

Los padres de Toula Portokalos (Nia Vardalos) están preocupados por su hija, que a sus treinta años sigue soltera. Para ellos, la mayor alegría sería casarla con un joven griego para seguir con la tradición familiar, de ahí la sorpresa cuando Toula les confiese que está enamorada de Ian Miller (John Corbett), el cuál no tiene absolutamente nada de griego.

Mi gran boda griega (2002), un film modesto del llamado cine independiente, fue la gran sorpresa en el año de su estreno, con unas críticas bastante buenas y una gran aceptación por parte del público. Contra todo pronóstico, la película se encaramó al primer puesto de las comedias más taquilleras de la historia del cine norteamericano.

Sin embargo, este inesperado éxito no se corresponde, desde mi punto de vista, con lo que la película nos ofrece. Sinceramente, a mitad de la misma estuve a punto de rendirme y dejar de verla. Me cuesta bastante entender los méritos de esta comedia que se va desinflando poco a poco hasta llegar a resultar cansina e insípida.

El arranque de Mi gran boda griega es, sin embargo, un tanto esperanzador. Cuando la protagonista comienza a recordar su infancia asistimos sin duda a los mejores momentos de la película, con un humor fresco y algunos detalles bastante logrados. Por desgracia, este prólogo dura lo justo que debe durar un prólogo y en cuanto volvemos al presente la película empieza a peder gas. Aún así, en la primera parte conservamos la incertidumbre de por dónde va a discurrir la historia, si bien el argumento comienza a definirse y empezamos a adivinar que se trata de una variación de la historia del patito feo, que acabará logrando hacer realidad sus sueños de ser feliz. Pero, como decía, aún reina algo de incertidumbre sobre lo que puede ofrecernos la película y es ésto lo que nos mantiene frente a la pantalla.

Por desgracia, el argumento se va volviendo más previsible a medida que pasan los minutos y vamos comprendiendo con desagrado y con pena que la historia no guarda ya ninguna sorpresa. Lo que nos espera es una historia demasiado vista ya y, además, contada con escaso sentido del humor. Así que en cuanto Toula e Ian se enamoran, lo cuál tampoco resulta medianamente convincente, se puede decir que se terminó lo que se daba. El guión se vuelve rutinario, explotando los tópicos sobre las peculiaridades de la familia griega de la novia, y comienzan a sucederse los chistes sin gracia y las situaciones más clásicas de este tipo de planteamientos donde el novio, en principio, no es bien aceptado por la familia de la novia. Pero incluso este detalle tampoco es explotado convenientemente: no hay conflicto alguno y pronto la oposición inicial se va diluyendo sin hacer el mínimo ruido.

Y lo que es peor aún, el ritmo de la película decae estrepitosamente y las escenas comienzan a hacerse pesadas, sin chispa, sin un desarrollo ágil, con la sensación de que se han quedado a medias, desangeladas. A veces parece como si los actores no supieran realmente como continuar en medio de una escena. La constante repetición por parte de Toula de un gesto de sorpresa parece ser el espejo en que nos podríamos mirar los espectadores.

Quizá lo mejor de todo sea un reparto bastante convincente, con actores de poco nombre pero que dan la talla con nota, especialmente Nia Vardalos, autora de un guión que parece ser que se basa en su propia infancia, y Michael Constantine y Laine Kazan en el papel de sus padres. Pienso que sin hacer un trabajo memorable, bastante mérito tienen intantando dar vida a unos personajes muy esquemáticos y a unos diálogos banales y muy poco originales.

La verdad es que me cuesta entender el porqué esta película tuvo tan buena acogida de crítica y público. Es de esos casos en que uno podría plantearse si el raro puede que sea yo. Pero sin duda no lo creo. Pienso que el éxito de Mi gran boda griega no es más que un gran golpe de suerte, pero no tengo duda de que el paso de los años terminará por poner a esta película en su justo lugar, que no es otro que el de las comedias vulgares.

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