El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

domingo, 9 de febrero de 2014

Danzad, danzad, malditos


Dirección: Sydney Pollack.
Guión: James Poe & Robert E. Thompson (Novela: Horace McCoy).
Música: Johnny Green.
Fotografía: Philip H. Lathrop.
Reparto: Jane Fonda, Michael Sarrazin, Susannah York, Red Buttons, Gig Young, Michael Conrad, Bonnie Bedelia, Bruce Dern, Al Lewis.

Durante la Gran Depresión, la gente está dispuesta a cualquier cosa con tal de ir tirando. Por eso más de cien parejas se apuntan a un maratón de baile cuyo premio es de mil quinientos dólares para el ganador. La única condición para llevarse el premio es resistir hasta que no quede ningún rival.

En 1967 dejó de estar en vigor el famoso Código Hays, que establecía una serie de normas que debían cumplir las películas norteamericanas y que se había implantado en 1934. Liberado de este corsé, el cine americano pudo expresarse con una libertad hasta entonces desconocida.

Dentro de esta renovación se inscribe Danzad, danzad, malditos (1969), donde el director cuestiona el sueño americano, hecho pedazos en los duros años de la Depresión, con miles de personas sin trabajo ni recursos.

La película nos ofrece, por lo tanto, una muy pesimista visión del ser humano cuando se deja llevar por la desesperación o por la ambición. Ante la necesidad, fruto del paro y el hambre que siguieron al célebre Crac del 29, la gente humilde se buscaba la vida como podía, recurriendo a cuánto fuera necesario con tal de sobrevivir. El concurso de baile de la película no es sino una metáfora de la decadencia moral a la que se puede llegar con tal de salir de la miseria. Pero también, de cómo podemos explotar la necesidad del prójimo para hacer negocio con su miseria, aprovechando su falta de recursos con un espectáculo inmoral y degradante.

Dando un paso más, la película puede verse como un reflejo de la sociedad capitalista, competitiva, egoista y avariciosa. Y llevando la metáfora al límite, como se nos muestra en el prólogo del film, aquellos que no sean capaces de adaptarse a la situación serán eliminados por el sistema, de la misma manera que se mata al caballo que se ha roto una pata.

El inconveniente principal de Danzad, danzad, malditos es que argumentalmente la película tiene un recorrido bastante limitado. Pollack está obligado a explotar el baile, que ocupa todo el metraje de la película casi en su totalidad, y jugar con las posibilidades que le presenta dentro de un único escenario. Y la verdad es que, en general, el director sale bastante bien de la situación. Sydney Pollack explota al máximo las armas de las que dispone, jugando con las circunstancias de las cuatro parejas protagonistas y el maestro de ceremonias del baile. Pollack consigue dinamizar la acción a base de un inteligente uso de la cámara y alternado las situaciones para evitar que la rutina se instale en la narración, riego más que evidente.

Aún así, creo que el principal inconveniente del film es su excesiva duración. Sus ciento veintiun minutos terminan pareciéndome demasiados, lo que hace que en algunos momentos sintamos que el film se encalla. Hubiera sido mucho más inteligente acortar el metraje, con lo que la historia hubiera ganado en intensidad.

A modo de las típica películas de catástrofes, Pollack cuenta con un nutrido reparto que se reparte el protagonismo, si bien la pareja formada por Jane Fonda y Michael Sarrazin llevan el peso de la historia. Ella está realmente perfecta, con un trabajo excelente, el mejor que le recuerde. Sarrazin, sin ser un gran actor, también realiza una buena interpretación. El premio gordo, sin embargo, se lo llevó Gig Young, ganador del Oscar al mejor secundario por su papel de Rocky, el maestro de ceremonias. Del resto del reparto tenemos que destacar a Bruce Dern, Red Buttons, Bonnie Bedelia y Susannah York, si bien es cierto que, vistas hoy en día, algunas interpretaciones pueden resultar un tanto teatrales, acusando el paso de los años.

El paso del tiempo también le afecta negativamente al film en ciertos aspectos que nos pueden parecer en la actualidad un tanto pueriles, como los flashforward de Robert (Michael Sarrazin), que no terminaron de convencerme en cuanto a su puesta en escena, a pesar de lo inteligente del recurso, que añade una dosis de incertidumbre que sólo se revela al final de la película. Final, por cierto, de una rotundidad total, fruto sin duda de la nueva libertad expresiva que ofrecía la era post Hays.

Danzad, danzad, malditos (1969), a pesar de los efectos del tiempo, sigue siendo un film realmente interesante, abierto a muchas lecturas; en este sentido, sí que podemos afirmar que su mensaje sobre las debilidades y miserias del hombre y la sociedad capitalista no han perdido ni un gramo de actualidad.

La película tuvo nada más y nada menos que nueve nominaciones a los Oscars, obteniendo sólo el ya mencionado premio al mejor actor secundario.

2 comentarios:

  1. La tengo en casa desde hace tiempo, de una colección que hice con el País, pero nunca la he visto. Ando documéntandome sobre pelis en tu blog, que ando malita y además empiezo hoy la semana blanca jeje. Ya te diré cuando la vea, aunque para hoy no me inspira, creo que veré Pearl Harbor que la ponen esta noche en la tele. Besos y buen finde.

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  2. Esther, busca "(500) días juntos". Voy a subir al crítica prontito, creo que te puede gustar mucho. Un abrazo amiga.

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