El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

domingo, 9 de marzo de 2025

Oscura obsesión



Dirección: Yann Gozlan.

Guión: Michel Fessler, Aurélie Valat, Jean-Baptiste Delafon y Yann Gozlan.

Música: Philippe Rombi.

Fotografía: Antoine Sanier.

Reparto: Diane Kruger, Mathieu Kassovitz, Marta Nieto, Amira Casar. 

Estelle (Diane Kruger) es piloto de aviación y está casada con el doctor Guillaume (Mathieu Kassovitz). Su vida es tranquila hasta que aparece Ana (Marta Nieto), su antiguo amor de juventud.

Al poco de comenzar Oscura obsesión (2023) empecé a sospechar que podría tratarse de un bodrio. Un ritmo demasiado tranquilo, alargando las escenas, y la mezcla de sueños o visiones de Estelle mezclándose contínuamente con la realidad parecían avisarnos de que estábamos ante un guión hueco que recurría a crear cierto misterio para poder abarcar un metraje aceptable. Eran solo sospechas.

Sin ellas, habría que admitir que la película ofrecía ciertos detalles de interés. Por un lado, el reencuentro de Estelle con un antiguo amor, con el toque lésbico que siempre añade algo de morbo al asunto. Además, los sueños de la protagonista van creando un clima misterioso que nos invita a querer seguir la trama para aclarar lo que se insinúa.

El problema de este tipo de enfoques es doble: no se debe alargar demasiado la intriga con excesivos amagos sin que lleven a nada concreto, pues terminan por actuar en contra de sus intereses y, en lugar de mantener la intriga, cansan. Y ese es uno de los defectos de la película.

El otro problema es que el misterio planteado ha de resolverse de manera coherente y convincente, de manera que veamos recompensada nuestra espera. Y de nuevo Oscura obsesión nos decepciona. Y en esta ocasión además de manera terriblemente patética, con un final absurdo, incoherente, que pretende resultar confuso a propósito, como queriendo darle un giro más al misterio y que resulta todo menos creíble y convincente y añade la última gota que colma el vaso de nuestras sospechas iniciales. 

Quizá lo único salvable es Diane Kruger, que realiza un trabajo muy convincente, creando un personaje atormentado cuyo sufrimiento al final es lo único creíble de la película.

Sin duda, una de las mayores tonterías que he visto últimamente y que convierte el engaño, los trucos y las mentiras del guión en el único recurso de una historia que, llevada con más sentido común, hubiera podido resultar interesante.

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