El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

domingo, 11 de junio de 2017

La ciudad de las estrellas (La La Land)



Dirección: Damien Chazelle.
Guión: Damien Chazelle.
Música: Justin Hurwitz.
Fotografía: Linus Sandgren.
Reparto: Emma Stone, Ryan Gosling, John Legend, Rosemarie DeWitt, J.K. Simmons, Finn Wittrock, Sonoya Mizuno, Jessica Rothe, Jason Fuchs.

Los Angeles: Mia (Emma Stone), una aspirante a actriz que no ha tenido mucha suerte, se tropieza por primera vez con Sebastian (Ryan Gosling), un pianista de jazz, en medio de un atasco. Luego, se vuelven a encontrar por casualidad un par de veces más, surgiendo de pronto una atracción mutua.

La La Land (2016) representa la vuelta gloriosa del musical al primer plano de Hollywood y, por lo tanto, del mundo del cine. El musical no es un género que me guste demasiado. La interrupción de la acción con los consabidos números musicales me resulta, en general, artificial y cansina. Sin embargo, los premios obtenidos por esta película y una recomendación especial me animaron a darle una oportunidad. ¿El veredicto?

Analizar La La Land requiere enfocarla desde diferentes puntos de vista, pues quizá con uno solo no podría abarcar todo su contenido.

Como musical, la verdad es que la película fue de menos a más. Tal vez porque al principio me costaba meterme en los interludios musicales, que me parecían algo artificiosos. Sin embargo, poco a poco te vas dejando llevar, gracias a una banda sonora muy buena que te va ganando y también porque la película es, en esencia, una obra que se asienta fundamentalmente en la música, hasta el punto que la historia de Mia y Sebastian se ciñe, al menos en el 80% de la película, a los detalles más básicos, casi como una mera excusa para desplegar los números musicales. Por cierto, sea como homenaje a los musicales clásicos o por gusto personal del director, el recurso a los colores me resultar un tanto excesivos, quizá porque no resultaba nada sutil. Puede que estéticamente queden bien, pero le dan a la película un toque un tanto artificial y pretencioso.

En cuanto al reparto, aquí la película merece un sobresaliente. Y es que Emma Stone nos gana en seguida merced a su espontaneidad y a una gracia especial, casi hipnótica. Es el alma de la película y además cuenta con Ryan Gosling que, sin resultar tan fascinante como ella, consigue darle la réplica perfectamente. En ellos recae todo el peso de La La Land y el mérito de que su historia de amor nos enganche es gracias a ellos.

Pero sin duda, lo mejor de la historia estaba reservado para el final. Para unos diez o quince minutos maravillosos que justifican ellos solos el ver la película. Es cuando la historia de Mia y Sebastian por fin cobra forma, deja de ser un mero soporte de la parte musical y se convierte en la esencia y la clave de la película. Son quince minutos donde, sin palabras, en la mejor tradición de cine mudo, se muestra lo que fue y lo que pudo ser en la vida de la pareja. Cómo un viaje por trabajo a Francia separa a los amantes sin remedio, cambiando el curso de sus vidas. Pero la magia del cine crea una segunda oportunidad, al menos durante los breves segundos que dura un sueño, el tiempo que dura una canción al piano. Y entonces todo encaja de nuevo y es hermoso, perfecto y conmovedor. Son unos minutos de buen cine, donde por fin hay una cohesión perfecta entre la música y la historia, sin imposturas, sin artificios, con sinceridad. Lástima que no sea así durante todo el metraje, porque estaríamos hablando de una obra maestra.

Aún así, a pesar de sus defectos, La La Land es un film notable, cuidado, ambicioso y por momentos casi mágico.

La película recibió catorce nominaciones a los Oscar (récord absoluto junto a Eva al desnudo y Titanic), ganando finalmente seis: mejor director, actriz (Emma Stone), diseño de producción, fotografía, canción original y banda sonora.

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