El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

miércoles, 13 de mayo de 2026

La mujer del camarote 10



Dirección: Simon Stone.

Guion: Joe Shrapnel, Anna Waterhouse y Simon Stone (Novela: Ruth Ware).

Música: Benjamin Wallfisch.

Fotografía: Ben Davis.

Reparto: Keira Knightley, Guy Pearce, David Ajala, Art Malik, Gugu Mbatha-Raw, Kaya Scodelario, David Morrissey, Daniel Ings, Hannah Waddingham, Lisa Loven Kongsli.

Laura Blacklock (Keira Knightley), una prestigiosa periodista, es invitada al yate de Anne Lyngstad (Lisa Loven Kongsli), una millonaria noruega aquejada de cáncer, para cubrir una gala benéfica de la fundación creada por el esposo de Anne.

La mujer del camarote 10 nos presenta un misterio del estilo de las novelas de Agatha Christie, pero sin la a veces tediosa explicación final con los sospechosos reunidos. Es por tanto una película que te atrapa si eres de los que les gusta este tipo de planteamientos, pero en conjunto no es una obra del todo redonda.

A favor de esta adaptación de una novela de Ruth Ware, hemos de decir que el argumento va directo al grano tras la inevitable presentación de los hechos y personajes. Y esta brevedad, hay que reconocerlo también, juega en contra de la historia, pues salvo la protagonista, el resto de personajes se quedan en muy poca cosa, cuando no en meras caricaturas que no aportan nada al desarrollo, salvo el médico de la anfitriona (Art Malik) y el marido de esta (Guy Pearce), pero sin tener tampoco profundidad alguna.

Sin embargo, esta simplicidad hace que desde muy temprano nos metamos en el meollo de la cuestión: el supuesto asesinato de una misteriosa mujer alojada en el camarote 10 del que Laura es testigo y, al estilo de Alarma en el expreso (Alfred Hitchcock, 1938), nadie dice haber visto a esa mujer, afirmando que ese camarote estaba vacío.

A partir de ahí ya no hay respiro, con Laura luchando por demostrar que está en lo cierto mientras intenta mantenerse con vida y es tachada de loca por los otros viajeros.

Así pues, la película transcurre con agilidad y la intriga nos mantiene alerta. Simon Stone consigue mantener el pulso en todo momento y en su favor hay que decir que logra sacar un buen resultado de los pocos elementos de que dispone.

Tampoco el desenlace defrauda: la trama tiene lógica, aunque resulte algo descabellada, pero al menos no resulta incoherente ni se juega con el espectador, con lo que el final, sin ser demasiado elaborado ni brillante, nos deja un aceptable sabor de boca.

La mujer del camarote 10 es pues una propuesta aceptable, pero que nadie espere contemplar una gran película, sino un simple pasatiempo que funciona aceptablemente dentro de su sencillez.

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