El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 30 de julio de 2026

La odisea



Dirección: Christopher Nolan.

Guion: Christopher Nolan (Obra: Homero).

Música: Ludwig Göransson.

Fotografía: Hoyte van Hoytema.

Reparto: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong'o, Samantha Morton, John Leguizamo, Zendaya, Charlize Theron, Jon Bernthal, Elliot Page.

Terminada la Guerra de Troya, Odiseo (Matt Damon) emprende el regreso a Ítaca, donde su esposa Penélope (Anne Hathaway) lo aguarda mientras es asediada por decenas de pretendientes al trono.

Pocas ilusiones me hacía antes de ver La odisea (2026) siendo la creación de un hombre especializado en películas de super héroes y cuando además su Dunkerque (2017) me dejó más frío que calor en el cuerpo. Además, esos aterradores ciento setenta y dos minutos de duración imponían bastante respeto y miedo.

Lo que está claro al final es que la duración de la película es quizá el menor de los problemas: la variedad de situaciones, los momentos de lucha y las intrigas palaciegas aportan suficiente material como para que el exceso de metraje se lleve relativamente bien. En ese sentido, la película carece de caídas serias de ritmo e intensidad, así que deja ver.

El problema es que con los medios disponibles y la ambición del director, esperaba mucho más a nivel de producción, que está bien cuidada, es cierto, pero que no impresiona ni sorprende ni enamora. Todo resulta correcto, pero sin más. Incluso las escenas de lucha, en Troya y en Ítaca, me parecieron muy poco convincentes, con más espectáculo que emoción e incluso con cierta torpeza en algunos momentos, donde la confusión domina sobre la claridad narrativa. 

En esencia, La odisea tiene los defectos típicos del cine actual, donde el dinero intenta reemplazar a la intensidad y raramente lo consigue, porque la esencia de una buena película está en la profundidad del guión y de los personajes y nada de ello brilla en la obra de Nolan.

Quizá la clave también esté en preguntarse qué necesidad había de filmar la obra de Homero, donde el mundo de dioses, héroes y seres mitológicos dista mucho de poder ofrecernos un relato cercano que podamos asumir como propio. Pero si encima el director no es capaz de hilvanar un relato convincente, donde el ser humano sea la media de las cosas, y no el espectáculo y cierta arrogancia, la historia se convierte en una aventura algo impersonal y superficial, con demasiados detalles estudiados para producir efectos y reacciones de un modo muy poco original, recurriendo a muchos trucos demasiado conocidos y a un desenlace tan excesivo que es imposible que nos impliquemos en ello, quedando todo como un montaje efectista y artificial, propio de super héroes o películas de artes marciales, pero no de algo serio.

Además, la obra de Homero es compleja y entiendo que no sea sencillo llevarla a un formato como el cinematográfico, incluso alargando la cinta a casi tres horas de duración, pero la manera que tiene Nolan de darnos explicaciones de lo que sucede resulta patéticamente torpe, con momentos sonrojantes por su falta de sutileza y de integración armónica en el relato; lo que me lleva a resaltar el escaso nivel artístico de los diálogos, tan básicos que casan muy poco con lo que uno podría esperar de una obra como La Odisea.

Viendo esta película, me queda mucho más claro que Christopher Nolan está a años luz de directores como David Lean, quizá el ejemplo más evidente de alguien que supo aunar grandilocuencia y espectáculo con un trasfondo humano, algo que esta cinta no ha logrado encontrar.

martes, 21 de julio de 2026

Un ladrón honesto



Dirección: Mark Williams.

Guion: Steve Allrich, Mark Williams y Louis Per Bruno.

Música: Mark Isham.

Fotografía: Shelly Johnson.

Reparto: Liam Neeson, Kate Walsh, Jeffrey Donovan, Jai Courtney, Anthony Ramos, Robert Patrick, Jasmine Cephas Jones. 

Tom Dolan (Liam Neeson) es un ex marine reconvertido a astuto atracador de bancos que no deja pistas ni huellas de sus trabajos. Pero cuando conoce a Annie (Kate Walsh) y se enamora de ella, decide entregarse al FBI y empezar de cero.

Un ladrón honesto (2020) nos vuelve a mostrar al un tanto inverosímil Liam Neeson en plan vengador justiciero, rol en que parece encasillado desde el éxito de Venganza (Pierre Morel, 2008), y en el que ha sabido encajar bastante bien.

La historia en sí es n tanto increíble, casi surrealista: un ladrón de bancos decide entregarse por amor; quiere pagar sus errores pasados para poder vivir con la conciencia tranquila al lado de su enamorada. La simplicidad del planteamiento junto a la manera un tanto naif en la que la expresa al FBI ya nos dan una idea desde el principio de la escasa profundidad o seriedad del guión, que parece buscar una excusa creíble y sencilla con la que montar una cinta de acción tan básica como funcional.

A este planteamiento tan original se suma otro hecho sorprendente: Tom no ha gastado ni un céntimo de los nueve millones robados. Por si tantas cosas surrealistas juntas no bastaran, en un alarde de ingenuidad, Tom desvela a dos agentes del FBI dónde guarda el dinero, sin más, dejando que vayan solos a buscarlo. Es algo un tanto inconcebible, pero necesario para dar pie a la acción y eso es lo único importante en este caso: todo está pensado para que la historia cobre vida, sin importar la ingenuidad de sus bases.

Y a partir de esa breve presentación, la película entra en lo interesante: Tom y Annie en peligro, sospechoso él de matar a un agente federal (Robert Patrick) y teniendo que buscar la manera de mantenerse vivos y a la vez demostrar su inocencia. Es una fórmula muy vista, pero que sigue funcionando como eje de este tipo de cintas. Y la verdad es que el director consigue un ritmo ágil que nos mantiene pegados a la pantalla sin importarnos demasiado que sepamos de antemano cómo va a terminar la historia.

Un ladrón honesto va a lo fácil y lo sencillo. No ofrece nada memorable, pero entretiene, que es para lo que se ha pensado. Si no te importa pasar el rato con una película tan inofensiva como inocente, pues adelante.

jueves, 9 de julio de 2026

10x10



Dirección: Suzi Ewing.

Guion: Noel Clarke y Suzi Ewing.

Fotografía: Aaron Reid.

Reparto: Luke Evans, Kelly Reilly, Stacy Hall, Jason Maza, Skye Lucia Degruttola, Olivia Chenery, Norma Dixit, Noel Clarke.

Lewis (Luke Evans) sigue a una mujer llamada Cathy (Kelly Reilly) y la secuestra.

La fuerza de 10x10 (2018) reside en el misterio de por qué Luke secuestra a Cathy, una simple vendedora de flores. De ahí que el guión se esfuerce en ocultarnos el motivo del secuestro durante todo el tiempo posible, haciendo que la única pregunta que le haga Lewis a su secuestrada sea su nombre y que esta, curiosamente, nunca le pregunte el motivo por el que la secuestró.

Sí, resulta todo un tanto artificial, pero nos mantiene en vilo porque uno de los pecados del ser humano es la curiosidad y, por lo tanto, los guionistas saben que mientras esta dure nos mantendremos al pie del cañón.

Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que ni siquiera el misterio, que sospechamos que puede ser algo decepcionante, puede mantener una historia que en seguida parece agotada. Habría hecho falta algo más para no tener la sensación de que el desenlace se alarga artificialmente. Y es que 10x10 se podría haber resuelto en media hora prácticamente.

Por suerte, los dos protagonistas mantienen el tipo y hacen más llevadera la película. Cuando al fin se descubre el misterio, no voy a decir que decepcione, pero conlleva un cambio sustancial en la historia que me pareció excesivo. Es cierto que este tipo de argumentos suelen basarse en la sorpresa final, algo que desde mi punto de vista nunca debería ser la baza principal de una película. En este caso lo es y creo que no cumple con el papel que los guionistas tenían pensado y el desenlace, además de muy previsible y algo torpe, se desvela como algo muy poco convincente.

Así pues, estamos ante un film mediocre que solo entretiene mientras permanecemos ignorantes de los motivos de Lewis y justo en la parte que debería ser crucial, se desploma.

viernes, 3 de julio de 2026

Sin rastro (Gone)



Dirección: Heitor Dhalia.

Guion: Allison Burnett.

Música: David Buckley.

Fotografía: Michael Grady.

Reparto: Amanda Seyfried, Daniel Sunjata, Jennifer Carpenter, Sebastian Stan, Wes Bentley, Nick Searcy, Socratis Otto, Emily Wickersham, Joel David Moore, Katherine Moennig, Michael Paré.

Jill Conway (Amanda Seyfried) es una joven que fue secuestrada y logró escapar. Cuando tiempo después secuestran a su hermana Molly (Emily Wickersham), Jill cree que se trata del mismo secuestrador.

Sin rastro (Gone) (2012) es un thriller bastante vapuleado por la crítica que, sinceramente, no es una gran película, pero creo que tiene algunos detalles positivos por los que no merece ser tan despreciada. 

Para empezar, es una cinta donde se ha eliminado todo lo superfluo. Ello puede que deje a la historia un tanto desnuda; por ejemplo, los personajes de los policías se quedan sin desarrollar, lo cual hace que la película cojee un poco, pero como compensación tenemos una historia que no se va por las ramas, concentrándose en lo que de verdad nos interesa en este tipo de propuestas: la protagonista y sus intentos de encontrar a su hermana secuestrada ante la pasividad de la policía.

La investigación de Jill además me pareció del todo coherente, descubriendo pistas poco a poco hasta dar con el posible secuestrador. No hay nada retorcido ni cogido con alfileres, lo cual aumenta la credibilidad de lo que estamos viendo.

Pero quizá el detalle más sorprendente y que me gustó de un modo especial, es que la película es honesta de principio a fin, sin esos engaños tan habituales en este género o esos giros inesperados que lo cambian todo de manera arbitraria. Por fin me encuentro con un relato que no busca sorprendernos a toda costa, sino que se centra en lo que tiene, sin más. Y eso no solo es de agradecer, sino que, acostumbrados a que la norma sea el engaño, esta simplicidad y honestidad nos coge un tanto por sorpresa.

Es cierto que la escena clave del enfrentamiento de Jill y el secuestrador (Socratis Otto) es algo descafeinada, echándose en falta un poco más de intensidad y emoción, pero es un detalle que puedo pasar por alto a cambio de un relato sin engaños.

Amanda Seyfried, por su parte, hace un trabajo más que correcto y creo que trasmite su angustia con total convicción.

Está claro que Sin rastro (Gone) no es una película memorable, pero creo que como pasatiempo sin más cumple sobradamente, manteniendo la tensión en los momentos claves y proporcionando un entretenimiento honesto y sencillo.