Dirección: Reed Morano.
Guion: Mark Burnell (Novela: Mark Burnell).
Música: Steve Mazzaro.
Fotografía: Sean Bobbitt.
Reparto: Blake Lively, Jude Law, Sterling K. Brown, Max Casella, Raza Jaffrey, Richard Brake.
Stephanie Patrick (Blake Lively) ha visto arruinada su vida con la pérdida de su familia en un accidente de avión. Pero cuando descubre que no fue un accidente, su rabia la empuja a buscar venganza.
Siguiendo la estela inaugurada por Nikita (Luc Besson, 1990), El ritmo de la venganza (2020) vuelve a contarnos una historia donde una mujer es la protagonista.
Partiendo de una vida arruinada por el dolor, que la llevó a la prostitución y las drogas, Stephanie encuentra una motivación para rehacerse como persona cuando encuentra un objetivo claro: vengar a su familia.
Asistimos a las típicas secuencias donde es entrenada duramente y, contra cualquier esperanza, alcanza el éxito.
Y entonces viene la parte de acción: las misiones que Stephanie lleva a cabo con la meta de llegar hasta el culpable final de la muerte de su familia. Debería ser lo más interesante de la película y es cierto que algunas escenas de acción y persecuciones están bien filmadas, con una cámara nerviosa que molesta un poco pero nos mete de lleno en la vorágine de la acción, sin embargo, es aquí dónde empezamos a ver las carencias del guión.
Por un lado, ese moralismo absurdo que hace que una persona que busca venganza no se atreva a matar a nadie. En sus primeras misiones, un objetivo muere por falta de oxígeno y a otro lo deja con vida. Es una completa contradicción que no tiene mucho sentido y más aún cuando al final Stephanie no duda en apretar el gatillo sin dudarlo o ejecutar fríamente su venganza.
El otro punto débil que encontramos es la flojedad del argumento, con una serie de misiones justificadas someramente, como si crear una historia sólida no fuera una prioridad, lo que acaba debilitando el entramado seriamente.
Por suerte, Blake Lively demuestra su oficio, sobre todo en la primera parte, cuando el guión se centra en mostrarnos su dolor con todo detalle. Es verdad que en esta parte sobra metraje, pues hay momentos repetitivos, pero el buen hacer de la actriz lo hace más que soportable.
Pero ello no evita que al final tengamos la impresión de que El ritmo de la venganza se queda coja en cuanto a historia, algo imperdonable, incluso en un mero pasatiempo como es esta película.
