El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

lunes, 23 de julio de 2012

Viaje a la Luna



Dirección: Georges Méliès.
Guión: Georges Méliès (Novelas: Julio Verne, H. G. Wells).
Fotografía: Michaut, Lucien Tainguy.
Reparto: Georges Méliès, Bleuette Bernon, Henri Delannoy, Jeanne d'Alcy.

En una reunión de astrónomos, su presidente (Georges Méliés) les propone realizar un viaje a la Luna. Serán seis astronautas los que viajarán en el cohete especialmente diseñado para la ocasión.

Viaje a la Luna (1902) es el film más ambicioso de su realizador y es, también, el primer film de ciencia-ficción de la historia del cine. Basado en "De la tierra a la Luna" (1865) de Julio Verne y en "El primer hombre en la Luna" (1901) de H.G. Wells, se trata de un pequeño cortometraje de poco más de catorce minutos, pero para la época era un logro considerable.
La película se filmó originalmente en blanco y negro, aunque Méliés solía colorear sus producciones más destacadas, lo que hizo con Viaje a la Luna. Sin embargo, con la ruina económica de Méliés, fruto de su estancamiento comercial y las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, gran parte de la obra de este pionero se perdió. El film actual procede de una laboriosa restauración de diez años de una copia coloreada del film que se encontró en la Filmoteca de Cataluña en 1993. A pesar de su pésimo estado de conservación, que hizo temer por la imposibilidad de salvar un film que se daba hasta entonces por desaparecido, al final fue posible restaurarla y, con fragmentos coloreados de otra copia en blanco y negro, poder disponer hoy en día de una copia más que decente de esta joya del cine.

Georges Méliès era un mago que vio en el cine la posibilidad de seguir haciendo magia con el nuevo invento. Su obra se aleja de la tendencia más realista de otros pioneros y se lanza a crear ilusiones y trucos con el cinematógrafo. Es dentro de esta vertiente lúdica donde debemos encuadrar su Viaje a la Luna.

Está claro que no podemos analizar el film con los criterios actuales. Viaje a la Luna es un producto de los primeros años del cine, donde aún era un espectáculo de ferias, una diversión sencilla, muy limitada y muy ingenua. La película no es más que una fantochada, un juego. Su argumento es de lo más elemental y transcurre en una serie de breves cuadros totalmente comprensibles. Primero, el presidente de los astrónomos le explica a sus colegas su proyecto de viajar hasta la Luna. En el siguiente cuadro visitan la fábrica donde se construye el cohete que ha de llevarles a la Luna. Otro breve cuadro muestra a los científicos visitando otra fábrica. En otra escena embarcan finalmente en el cohete y en la siguiente, son lanzados al espacio. A continuación tenemos la famosa secuencia en que el cohete impacta contra el ojo derecho de la Luna, una imagen que se ha convertido ya en un ícono del cine. Se suceden entonces una serie de escenas con los científicos en la Luna, como su primera noche allí, el encuentro y lucha con los habitantes del satélite y cómo son capturados y llevados ante el monarca de los selenitas, al que matan y escapan, amerizando en el mar de regreso del satélite, y siendo recibidos como héroes, trayendo consigo además a un selenita como prisionero. Termina el film con el pueblo festejando la hazaña.
Como se puede suponer, todo en este film es muy casero, muy inocente. Como aún no existía el lenguaje cinematográfico, Méliés se limita a filmar de frente, contra un fondo pintado, las diferentes escenas, al estilo del teatro. No hay montaje, ni primeros planos ni ningún tipo de elaboración más allá de algunos trucos bastante elementales. Tampoco podemos hablar de personajes con una identidad definida. Todo en esta cortometraje es muy rudimentario, tremendamente básico. El conjunto es como un cuento fantástico, lo que se traduce en unos personajes que son caricaturas, con unas vestimentas de cuento, para que el público los identifique sin problemas. No hay, lógicamente, ningún fundamento científico para la historia. El viaje no es más que el sueño de un niño, algo sin lógica, pura fantasía o mero surrealismo.

Y por todo ello, Viaje a la Luna es una obra maravillosa e impagable. Porque nos muestra los primeros pasos del cine, cómo se concebía cuando aún no era, en rigor, verdadero cine, sino la diversión de unos cuantos pioneros que jugaban con ese invento con la inocencia y la curiosidad de un niño. De ahí que su valor resida más en su carácter histórico que como obra en sí misma. Estamos ante un documento único y la experiencia de disfrutarlo hoy en día es realmente fascinante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario