El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Copycat



Dirección: Jon Amiel.

Guión: Ann Biderman y David Madsen.

Música: Christopher Young.

Fotografía: László Kovács.

Reparto: Sigourney Weaver, Holly Hunter, Dermot Mulroney, Harry Connick Jr., William McNamara, J. E. Freeman, Will Patton, Richard Conti. 

La doctora Helen Hudson (Sigourney Weaver) es una experta en asesinos en serie. Pero tras ser atacada por el psicópata Daryll Lee Cullum (Harry Connick Jr.), al que ayudó a condenar, queda traumatiza y se recluye en su apartamento. Pero cuando empiezan a cometerse nuevos asesinatos, Helen no duda en intentar ayudar a la policía.

 El thriller con asesinos psicópatas es un género bastante explotado por el cine comercial. Imagino que su éxito se debe al morbo que produce en el espectador, ávido de emociones fuertes, lo que explica también la aceptación del cine de terror, emparentado con este.

Sin embargo, hemos de reconocer que es complicado encontrar en el género películas verdaderamente innovadoras. La mayoría se mueven en unos parámetros muy concretos, dando la impresión de que si has visto una, las has visto todas. Y Copycat (1995) por desgracia se encuentra en ese grupo de films que parecen rodados a piñón fijo, con todos los trucos del género y detalles menores que hemos visto cientos de veces. Pocas sorpresas nos depara, salvo hacer que la doctora Helen padezca agorafobia, intentando que este detalle aporte algo más de emoción, pues le da un punto de vulnerabilidad a la protagonista que, sin embargo, el guión tampoco logra explotar convincentemente.

En realidad, el guión es el culpable de todos los males de Copycat, pues es precisamente por su intento de crear algo novedoso en el género por lo que acaba construyendo una historia extraña, incoherente y por momentos hasta absurda. No hay en el intento del asesino en imitar crímenes históricos de famosos psicópatas nada especialmente estimulante. Tampoco las pesquisas de M. J. Monahan (Holly Hunter), la policía encargada del caso, con la ayuda de Helen, resultan muy apasionantes, moviéndose más bien entre lo rutinario y cierto intento efectista que no funcionan demasiado bien. En parte, como decía, por el guión, pero también por el trabajo del director, que no logra darle fuerza a ningún momento del film, dejando una puesta en escena simplona y vulgar que no aporta nada a la floja historia.

Otro detalle importante en este tipo de argumentos es crear un malvado fuerte, algo imprescindible para que la tensión sea la necesaria y nos atemorice del mismo modo que a sus víctimas. Y por desgracia, de nuevo Copycat deja este elemento crucial en segundo plano, de manera que el papel del psicópata es muy secundario y nunca llegamos a verlo como alguien con la entidad suficiente. Incluso la elección de William McNamara, un guaperas de poco nivel interpretativo, aumenta la falta de fuerza del villano.

Pero en general, vemos que la película tiene un problema serio con los actores, no solo con McNamara. Holly Hunter me pareció apagada, como sin vida. Dermot Mulroney no pasa de ser un rostro agraciado e incluso Sigourney Weaver no resulta muy convincente en sus cambios de humor y su miedo a los espacios abiertos, quedando su trabajo algo artificial. El resto de secundarios... en la misma línea poco convincente.

Con un malo que no asusta, unos diálogos rutinarios, situaciones más que previsibles, alguna sorpresa no del todo muy bien explotada y actuaciones muy justas, tenemos pues el cóctel preciso para asistir a una propuesta sin emoción ni sustancia. Un film rodado sin personalidad y que no ofrece nada que no se haya visto miles de veces. Por desgracia, no será el último en cometer este tipo de errores.

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