El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

lunes, 2 de noviembre de 2026

La mujer que camina delante



Dirección: Susanna White.

Guion: Steven Knight.

Música: George Fenton.

Fotografía: Mike Eley.

Reparto: Jessica Chastain, Michael Greyeyes, Sam Rockwell, Ciarán Hinds, Chaske Spencer, Bill Camp. 

Al enviudar, Catherine Weldon (Jessica Chastain) decide retomar su afición por la pintura y viaja hasta Dakota con la intención de hacerle un retrato al jefe sioux Toro Sentado (Michael Greyeyes). 

La mujer que camina por delante (2017) es de esas películas que, antes de verla, me hacía sospechar de su pretenciosidad desde el mismo título. Y no suelo tener una buena predisposición ante este tipo de historias.

Sin embargo, la primera parte de la película me pareció muy interesante y, además, la belleza plástica (fotografía, paisajes, ambientación) no me resultaba pedante, sino que parecía complementar con acierto lo narrado, dónde se agradecía algún detalle de humor que refrescaba la historia.

El problema viene después, cuando la película avanza sin llegar a alcanzar la profundidad ni la intensidad que necesitaba un relato como este. El hecho de que a mitad de la cinta me sintiera cansado y tuviera que tomarme un respiro delataba las carencias dramáticas de La mujer que camina delante, porque tras el prometedor comienzo, la historia empieza a decaer en secuencias hermosas pero un tanto vacías. No hay nada que te saque del lento sopor en que Susanna White te va metiendo, ni siquiera cuando el relato al fin parece llegar a los momentos críticos.

Puede que la culpa esté en que la relación de Catherine y Toro Sentado no ofrezca más que amagos de llegar a algo más que una admiración mutua. Puede que los personajes no alcancen la profundidad necesaria, tanto la pareja protagonista como los secundarios, que siempre son una pieza fundamental en cualquier drama que se precie y que aquí están muy poco presentes. Puede que falte un malo bien definido, fundamental en cualquier historia.

En todo caso, La mujer que camina delante es tan hermosa por fuera como fría por dentro, fallando precisamente en lo fundamental: contagiarnos de la pasión de Catherine, hacer que nos angustiemos con la situación de los indios, conseguir que lloremos con la muerte de Toro Sentado. En lugar de ello, asistimos a una historia sin emoción, un relato hermoso, pero un tanto insulso y previsible.