El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 5 de noviembre de 2015

En el valle de Elah



Dirección: Paul Haggis.
Guión: Paul Haggis (Historia: Paul Haggis, Mark Boal).
Música: Mark Isham.
Fotografía: Roger Deakins.
Reparto: Tommy Lee Jones, Charlize Theron, Susan Sarandon, Jason Patric, James Franco, Josh Brolin, Wes Chatham, Rick Gonzalez, Jonathan Tucker, Jake McLaughlin, Victor Wolf.

Mike, el hijo de Hank Deerfield (Tommy Lee Jones), un veterano de guerra, regresa de la Guerra de Iraq y, misteriosamente, desaparece de su base sin permiso. Hank, sorprendido y preocupado, decide presentarse allí e investigar personalmente la desaparición de su hijo.

Tras el éxito de Crash (Colisión), Paul Haggis se embarcó en este proyecto del que él mismo es guionista. La película quedó muy lejos en taquilla de su obra anterior. Tal vez porque es un film un tanto pesimista y muy crítico con algunos detalles de los militares y las recientes guerras norteamericanas.

Hay que reconocer el valor y el mérito de Haggis a embarcarse en un film que va un tanto contra corriente de ese cine comercial de films de acción tan fáciles de hacer y con resultados asegurados para la taquilla. Por ello, aplaudo la decisión de Haggis y hemos de valorar en su justa medida esta elección.

En el valle de Elah (2007) cuenta la búsqueda de un padre de su hijo desaparecido y, aunque el argumento incluya una investigación policial, no hemos de dejarnos confundir por ese detalle pensando que estamos ante un thriller al uso. La historia no va por ahí. De hecho, pronto descubrimos que Mike ha muerto asesinado, dejando ya aparcado un posible punto de interés narrativo. Solamente queda por averiguar quién y por qué mató al soldado, pero incluso ese detalle acaba por resultar secundario. La clave del film, su esencia, es adentrarnos en el dolor de un padre (y de una madre, aunque de un modo más secundario) y su lucha por intentar comprender qué salió mal, si podría haber evitado de alguna manera el comportamiento de su hijo, que va conociendo mientras intenta aclarar lo ocurrido. Porque Hank, en su búsqueda, comienza a descubrir a un hijo diferente del que él conocía; un joven amargado por la guerra, adicto a las drogas y con rasgos de crueldad impensables en alguien a quién creía conocer bien. Poco a poco, la fotografía que va componiéndose de Mike es la un hombre casi desconocido para su padre. ¿Podía haber hecho algo más por su hijo?, ¿por qué no vio las señales del cambio a tiempo o no las valoró como debía? El viaje que emprendemos junto a Hank es muy descorazonador. Al mismo tiempo que él, vamos descubriendo los traumas que la guerra deja en las mentes aún infantiles de unos soldados que no han de pelear de una manera heroica, sino en un país desolado que los odia y al que odian y donde combaten sus miedos por medio de una huída hacia adelante de violencia gratuita, drogas y alcohol.

La crítica hacia estas guerras modernas de los Estados Unidos es brutal, dejando una sensación de amargura y dolor a partes iguales, perfectamente reflejadas en el rostro ajado de un grandísimo Lee Jones. Sin duda, él soporta todo el peso de la cinta y lo hace con una naturalidad conmovedora. También habría que mencionar el gran trabajo de Susan Sarandon, por desgracia bastante desaprovechada, pues su papel es demasiado corto, casi secundario, a pesar de la conmovedora secuencia en que va a ver el cadáver de su hijo.

Sin embargo, todas las buenas intenciones de Paul Haggis pierden algo de fuerza con algunos detalles que quizá podrían haberse evitado. Por un lado, el personaje de Charlize Theron parece metido en el argumento de un modo un tanto forzado, por esa manía de tener que contar con una protagonista femenina; y si es atractiva, mejor. Tampoco ayuda mucho a la película su excesiva duración, con algunas escenas que podrían haberse acortado, con lo que se evitarían algunos momentos en que el film se hace algo pesado, tal vez por la excesiva redundancia en ciertas escenas donde se pretende reflejar la soledad y el dolor de Hank y que terminan por resultar demasiado parecidas entre sí.

Tampoco me gustó especialmente esa manía de algunos directores por dejar detalles aquí y allá en sus películas que después vuelven a aparecer como elementos dramáticos que intentan cerrar un círculo emocional o narrativo. El caso de la bandera que hondea hacia abajo, al comienzo del film, sería el caso más representativo. Si bien no se puede negar cierta carga dramática, ese tipo de efectos convierten a una idea de film natural y verídico en algo más peliculero, con lo que termina por ser un tanto contraproducente. Incluso la sonrisa final en el rostro de Hank, cuando contempla la foto de su hijo de nuevo en el marco, está de más. Si lo que se pretendía era dulcificar el final, creo que se trata más de un error que de un acierto. La película es triste, es dolorosa, y así debe ser hasta el final.

Aún así, y a pesar de esos pequeños detalles, En el valle de Elah resulta una película más que interesante, con una muy inteligente reflexión sobre las guerras y sus secuelas y, sobre todo, una hermosa y dolorosa reflexión sobre las consecuencias de la pérdida de un ser querido y cómo todo ello puede derrumbar el mundo y las vidas de cualquiera de manera irremediable.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Busca tu refugio



Dirección: Nicholas Ray.
Guión: Winston Miller (Historia: Harriet Frank Jr., Irving Ravetch).
Música: Howard Jackson.
Fotografía: Daniel L. Fapp.
Reparto: James Cagney, Viveca Lindfors, John Derek, Jean Hersholt, Grant Withers, Jack Lambert, Ernest Borgnine, Ray Teal, Irving Bacon, Trevor Bardette, John Miljan, Gus Schilling.

Matt Dow (James Cagney), tras pasar seis años en la cárcel por un crimen que no cometió, se encuentra en su camino con un muchacho de veinte años, Davey Bishop (John Derek). Por un desafortunado malentendido, son confundidos con unos asaltantes de trenes y Davey resulta gravemente herido. Aclarado el error, Matt se queda para cuidar de Davey, al que parece haber cogido un afecto especial.

Nicholas Ray es un cineasta curioso. Tiene en su haber títulos inolvidables como Johnny Guitar (1954) o Rebelde sin causa (1955). Sin embargo, algo le ha impedido codearse con los más grandes; algo que hacía que muchas de sus películas no fueran del todo redondas. Y un buen ejemplo de ello lo tenemos con Busca tu refugio (1955), un título un tanto desconcertante pues aúna momentos y detalles muy interesantes con otros bastante mediocres.

Lo que está claro es que Busca tu refugio no es un western al uso, algo que puede llegar a desconcertarnos en algunos momentos. Y es que Ray no se ciñe a las normas del género, que parecen quedársele pequeñas, y la película se adentra en terrenos que bien podrían encasillarse mejor en el melodrama familiar. Porque la película se centra primordialmente en la relación entre un vaquero solitario, Matt, que ha perdido a su hijo, fue abandonado por su esposa y cumplió una condena injustamente, y un joven un tanto perdido, Davey, en quién Matt se vuelca intentando hacer de él el hijo que que perdió. Y aquí la película se enreda en una serie de matices psicológicos y problemas en la relación entre Matt y Davey que parecen no casar bien con las normas del western clásico. Y no es que el cine del oeste no haya tratado los problemas familiares anteriormente, es simplemente que el cine de Nicholas Ray esconde algo más, como pudimos descubrir en Johnny Guitar, un western totalmente atípico, donde nada seguía los cánones clásicos.

Y aquí sucede algo parecido en la relación entre los dos protagonistas: Matt se empeña en ayudar al joven Davey sin querer ver que es un caso perdido, una mala persona. El drama está servido. Y el resto, la relación amorosa de Matt, el pueblo de miserables en que ejerce de shérif Matt, todo parece secundario, incluso algo forzado, como si, a pesar de la larga duración de la cinta, a Nicholas Ray le faltara tiempo para poder expresarse con comodidad. Y es que hay pasajes un tanto infantiles, giros argumentales demasiado forzados, diálogos muy básicos, pérdidas notables de ritmo, escenas más propias de una serie B, actores secundarios carentes de cualquier atractivo o carisma...; toda una serie de errores que acaban por arruinar el potencial de la película y que nos dejan un cierto mal sabor de boca.

Al final, tenía la impresión de que En busca tu refugio estaba como mal rematada, como si hiciera todo un tanto de prisa, sin tomarse el tiempo necesario para pulir múltiples detalles que no quedan del todo bien. Una lástima porque, sin esos fallos, estaríamos hablando de una película notable.

sábado, 24 de octubre de 2015

En la mente del asesino



Dirección: Rob Cohen.
Guión: Marc Moss, Kerry Williamson (Novela: James Patterson).
Música: John Debney.
Fotografía: Ricardo Della Rosa.
Reparto: Tyler Perry, Matthew Fox, Edward Burns, Jean Reno, Rachel Nichols, John C. McGinley, Giancarlo Esposito, Cicely Tyson, Carmen Ejogo.

En una lujosa mansión aparecen los cadáveres de una mujer y sus tres guardaespaldas. El inspector Alex Cross (Tyler Perry), encargado del caso, sospecha que los asesinatos son obra de un solo y peligroso psicópata.

Alex Cross, el personaje creado por el novelista Patterson y que ya habíamos visto en El coleccionista de amantes (Gary Fleder, 1997) y en La hora de la araña (Lee Tamahori, 2001), es también el protagonista de esta En la mente del asesino (2012) y de nuevo comprobamos como los best selles de James Patterson no han producido grandes películas ni mucho menos.

En la mente del asesino es un thriller bastante vulgar, tanto en su planteamiento como en su desarrollo, plagado de tópicos, empezando por el asesino psicópata, y situaciones un tanto forzadas que no termina en ningún momento de cuajar, quizá lastrado desde el comienzo mismo por una historia un tanto absurda que resulta muy difícil de creer. Incluso los pasajes más íntimos de la vida familiar de Cross, tendentes a dotar a la historia de un punto de interés humano, resultan tan poco originales y son tan predecibles que no aportan tampoco nada nuevo al film.

Por si todo esto no fuera ya bastante, la película cuenta con un reparto muy poco afortunado. Tyler Perry, el protagonista, carece por completo de carisma y no consigue darle entidad suficiente a su personaje, que tiene hasta un punto de pedantería que no resulta muy agradable. Edward Burns demuestra sus limitaciones como actor y Jean Reno, quizá el rostro más llamativo del elenco, se limita a un par de apariciones bastante rutinarias. Solo Matthew Fox parece haberse tomado en serio su trabajo y compone a un asesino que da miedo solo con verlo. Eso sí, su personaje carece de profundidad y es solo un mero cliché, en la línea de todo el argumento de esta película.

Tampoco entendemos muy bien el trabajo de Rob Cohen, que desaprovecha la fuerza dramática de algunas escenas protagonizadas por el asesino chiflado, mientras que se recrea en otras, como en las relaciones familiares de Alex Cross, dejando que gran parte de la posible fuerza dramática de los asesinatos se pierda sin remedio.

En la mente del asesino termina siendo un film menor, un serie B sin demasiado que ofrecernos, salvo una hora y pico de pasatiempo rutinario. Lo único que aporta algo de emoción a la historia el el psicópata, por lo despiadado y cruel que es, aunque nunca dudamos del final de sus andanzas. Así pues, no perdemos nada si pasamos de largo por este thriller tan poco original.

jueves, 8 de octubre de 2015

La mejor oferta



Dirección: Giuseppe Tornatore.
Guión: Giuseppe Tornatore.
Música: Ennio Morricone.
Fotografía: Fabio Zamarion.
Reparto: Geoffrey Rush, Jim Sturgess, Sylvia Hoeks, Donald Sutherland, Philip Jackson, Dermot Crowley, Liya Kebede, Kiruna Stamell.

Virgil Oldman (Geoffrey Rush) es un reputado agente de subastas, tasador y experto en arte, además de un tipo solitario y un tanto excéntrico. Un día, una joven (Sylvia Hoeks) que vive recluida en una vieja mansión, le llama para que se ocupe de tasar y vender viejas propiedades de sus difuntos padres.

Qué complicado me resulta realizar una valoración en conjunto de La mejor oferta (2013). Y es que si nos quedamos con la primera hora de la cinta, el sobresaliente casi se podría quedar pequeño. Sin embargo, la última parte del film echa por tierra las buenas sensaciones iniciales. Veamos por qué.

La primera parte de la película resulta cautivadora. La manera en que Tornatore nos presenta al excéntrico Oldman, cómo va sucumbiendo al misterio de la enigmática Claire, dejando al lado su arrogancia para convertirse en un admirador de esa extraña mujer; la manera en que nos introducimos en un mundo mágico de arte, belleza y refinamiento, acompañados por la música de Morricone y una fotografía exquisita de Fabio Zamarion... la verdad es que hay momentos fantásticos en que casi puedes oír tus propios latidos. Flota en el aire el misterio, la magia incluso, y el maravilloso Geoffrey Rush llenando la pantalla con una imponente presencia. Es cine del bueno. Un regalo.

Sin embargo, hacia la mitad de la cinta, todo comienza a desmoronarse. Al principio, de manera casi imperceptible, en pequeños detalles sin importancia: algún personaje secundario algo forzado, unos celos de Virgil sin mucho fundamento, alguna escena precipitada, una historia que parece encallarse, un misterio que se va diluyendo sin que podamos saber el por qué de una manera coherente... El caso es que poco a poco la magia va desapareciendo. Tal vez porque el personaje de Claire se va curando de su miedo a las personas y ese misterio que la envolvía desaparece tristemente sin explicación. Sea como sea, la película pierde brillo, encanto y se va convirtiendo en una historia más vulgar. Pero aún nos queda lo peor: un desenlace forzado y estúpido que nos deja con la tristeza de haber sido engañados tan torpemente que casi da risa. Nada tiene sentido. Ni siquiera merece la pena buscar una explicación. Giuseppe Tornatore quiso decantarse por un desenlace absurdo en lugar de optar por algo más inteligente. ¿Por qué? Imagino que pensaría que una sencilla historia de amor algo decadente no funcionaría a nivel internacional tan bien como una especie de thriller refinado, que es lo que parece que buscaba. El caso es que creo que el tiro le salió por la culata.

Y aún así, aún a pesar del lamentable final, pienso que la primera hora de película es tan buena que no me arrepiento de haberla visto. Ojalá con el tiempo me olvide del desenlace o me invente yo uno que rime mejor con la poesía de algunas escenas del comienzo. Si son capaces de abstraerse del final, creo que La mejor oferta merece la pena.

lunes, 5 de octubre de 2015

Indomable



Dirección: Steven Soderbergh.
Guión: Lem Dobbs.
Música: David Holmes.
Fotografía: Steven Soderbergh.
Reparto: Gina Carano, Ewan McGregor, Michael Douglas, Channing Tatum, Michael Fassbender, Antonio Banderas, Bill Paxton, Michael Angarano, Mathieu Kassovitz.

Mallory Kane (Gina Carano) es una agente secreta de una agencia privada muy eficaz en su trabajo. Tras una misión en Barcelona, Mallory debe ocuparse de otro asunto en Dublin, aparentemente sencillo. Sin embargo, en dicho trabajo será traicionada.

Parece que las películas de acción son un excelente reclamo para la taquilla. Solo con ver la cantidad de títulos del género que pululan por los estrenos es evidente que son una especie de filón inagotable. Además, a veces tenemos la suerte de que aparecen títulos como la saga de Bourne y el género gana enteros y parece que se hace más serio y respetable.

Pero no nos engañemos, la mayoría de títulos suelen ser de un nivel bastante justito, destacando solamente en las escenas de acción, cada vez más espectaculares y rodadas con un derroche de medios impresionante. Pues bien, Indomable pertenece a esa que podríamos llamar serie B de las películas de acción, aunque con deseos de figurar en el top ten, al menos en cuanto a reparto se refiere. Es decir, yo diría que es un film con pretensiones que se queda, desgraciadamente, en muy poca cosa.

Para empezar, la idea de una super mujer agente secreto que reparte mamporros sin romperse una uña ya queda un tanto forzada de inicio. Exige una cierta complicidad por nuestra parte para aceptar esa premisa. Pero en los tiempos que corren, con cierta tendencia actual a hacer que las mujeres dejen de ser meras comparsas del cine masculino, hay que asumir el papel de la super agente como parte de la modernidad. Además, hemos de reconocer que Gina Carano (con un pasado como luchadora en artes marciales) tiene argumentos muy convincentes para encarnar el papel estelar.

El problema es que el guión de Indomable parece una broma y así es muy difícil tomarse en serio el argumento. La trama es de lo más simple que podemos echarnos a la cara: una traición y la venganza correspondiente. Sin embargo, hasta con una historia tan elemental es posible hacer un guión creíble, cosa que aquí no sucede. Es todo tan endeble, suena tanto a tinglado, es tan patente que la agente Kane va a poder con cuantos escollos y matones se le pongan al paso, que me encontraba viendo un film supuestamente intrigante y excitante con una relajación próxima al bostezo. Incluso algunos detalles, como la presencia del padre de Mallory o el chico que ayuda a Kane y al que ésta le cuenta increíblemente sus problemas como si fueran íntimos, llegaban a parecer un insulto al sentido común.

Si a todo este montaje absurdo le añadimos un ritmo deshilvanado, escenas excesivamente largas o sin mucho contenido, repetitivas luchas sin ninguna duda del resultado y una tediosa explicación final de la trama que no convence a nadie, el resultado es una peliculita estúpida, llena de tópicos, con personajes vacíos y sin nervio ni interés.

Es cierto que el reparto parecía prometer un film más interesante, pero la presencia de Banderas o Michael Douglas es más nominal que otra cosa. Sus personajes, como en general todos, son someros, burdos y sin interés alguno. Quizá, como espectador masculino, solo puedo alabar el acierto de contar con Gina Carano como actriz principal: sabe pelear y es muy atractiva. Pero insisto en que en general se ha de hacer un esfuerzo para creerse todas las proezas que hace.

En definitiva, Indomable es un film fallido de principio a fin. Suena un poco a Misión imposible, a la serie de Bourne, a Alias y otros productos similares, pero con una calidad demasiado pobre y una puesta en escena tan flojita que nos deja indiferentes en todo momento a las vicisitudes de la protagonista. Con eso está dicho todo.


domingo, 4 de octubre de 2015

Confesiones de una compradora compulsiva



Dirección: P.J. Hogan.
Guión: Tim Firth, Tracey Jackson (Novelas: Sophie Kinsella).
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Jo Willems.
Reparto: Isla Fisher, Hugh Dancy, Krysten Ritter, Joan Cusack, John Goodman, John Lithgow, Kristin Scott Thomas, Julie Hagerty, Lynn Redgrave.

Rebecca Bloomwood (Isla Fisher) es una joven que sueña con trabajar en su revista de moda favorita. Y es que Rebecca es una gran entendida en ropa y complementos, sobre todo porque es una compradora compulsiva. Por casualidades de la vida, acabará trabajando para una revista de economía.

Aparentemente Confesiones de una compradora compulsiva (2009) es una de esas películas que tachamos de un plumazo sin más contemplaciones. Intuimos que se trata de una comedia superficial, algo pija y taquillera enfocada hacia adolescentes y asimilados. Y en realidad, si pensamos así no es que estemos muy desencaminados. Y sin embargo..., es una comedia que funciona. Empecé a verla uno de esos días en que no hay nada mejor que hacer, pero me enganchó por un comienzo original, alegre, algo alocado y, especialmente, por unos breves destellos de humor muy oportunos y bastante ingeniosos. Luego, el argumento se va acomodando a caminos más trillados, con la previsible y muy poco original historia de amor entre los protagonistas, pero siempre con esos detalles simpáticos y la alegre presencia de Isla Fisher, sin duda el alma de la película.

Como decía, Confesiones de una compradora compulsiva es lo que parece: una comedia superficial y un tanto pija. Sin embargo, no se queda solamente en eso, sino que el guión consigue darle un tono alocado y, sobre todo, crear situaciones originales (los maniquíes que hablan son el mejor ejemplo) y diálogos llenos de ingenio que elevan sin duda el nivel y nos regalan algunas escenas realmente divertidas y originales. El acierto, además, está en que la protagonista, que es una consumista un tanto pija, nos cae bien desde el principio. Parece una chica superficial, se comporta como tal, pero es simpática, tiene ángel y es muy natural. Y eso es fundamental para que su historia nos enganche, para que estemos de su lado incluso en sus mentiras más idiotas. Y es que Rebecca se hace querer, así de sencillo.

Si buscamos algún mensaje en la película, éste iría en el sentido de criticar a la sociedad de consumo, el materialismo y la superficialidad. Sin embargo, creo que no es lo fundamental. Pienso que no debemos darle demasiadas vueltas a la historia, al mensaje. Para mí, no es necesario justificar el qué quiere trasmitir la película. Y es que todo es realmente básico, no se trata de una crítica profunda al capitalismo o al mundo de la moda (y eso que las críticas existen), es simplemente un juego que busca divertirnos, una comedia sencilla sin demasiadas pretensiones. Y como tal, funciona.

Quizá donde resulta menos lograda es en su apartado romántico: la historia de amor entre Rebecca y Luke (Hugh Dancy) es demasiado obvia y no tiene la chispa ni la imaginación de la otra vertiente del film. Sabemos de antemano lo que va a suceder y, además, el enamoramiento está en un segundo plano durante toda la película. Es quizá más relevante incluso la relación Rebecca con su compañera de piso Suze (Kristen Ritter).

En lo que sí que funciona de maravilla la película es cuanto al reparto. Isla Fisher resulta una encantadora y alocada compradora compulsiva a la que es difícil no cogerle cariño. Hugh Dancy, si bien es mucho menos expresivo y vital que Isla, compone un empresario cercano, alejado del tipo empalagoso de guaperas perfecto. Y los secundarios (John Goodman, Kristen Ritter, Kristin Scott Thomas o Joan Cusack) cumplen sus cometidos con absoluta perfección. Un reparto culpable, sin duda, de que la historia funcione tan bien.

Dentro del panorama actual, donde es verdad que el nivel no es muy alto, Confesiones de una compradora compulsiva termina por ofrecernos un buen rato de entretenimiento sencillo, sin muchas pretensiones, pero bien planificado y con un guión con la suficiente chispa para sorprendernos y divertirnos sin complicaciones.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Sin identidad



Dirección: Jaume Collet-Serra.
Guión: Oliver Butcher, Stephen Cornwell (Novela: Didier Van Cauwelaert).
Música: John Ottman, Alexander Rudd.
Fotografía: Flavio Martínez Labiano.
Reparto: Liam Neeson, Diane Kruger, January Jones, Bruno Ganz, Aidan Quinn, Frank Langella, Sebastian Koch, Karl Markovics, Eva Löbau, Mido Hamada, Olivier Schneider, Stipe Erceg, Michael Baral.

El doctor Martin Harris (Liam Neeson) sufre un accidente de coche nada más llegar con su mujer (January Jones) a Berlín para acudir a un congreso científico. Al despertar del accidente, tras cuatro días en coma, descubre que su esposa no lo reconoce y que otro hombre dice ser el doctor Harris.

El comienzo de Sin identidad (2011) es de esos que me gustan especialmente: una persona que, de repente, ve como todo lo que era su mundo se desvanece en cuestión de segundos; su mujer dice no conocerlo, otro hombre lleva su nombre y él no logra poner en orden sus recuerdos. Sin duda una situación intrigante que nos incita a permanecer pegados al televisor para desvelar el misterio.

La clave en este tipo de situaciones es conseguir mantener el interés a lo largo de todo el metraje de la película y, sobre todo, no defraudar con el desenlace. Y hemos de reconocer que Jaume Collet-Serra sale airoso en ambos casos.

Para lograr mantenernos pegados a la pantalla, el director prolonga con habilidad la intriga a cerca de la identidad del protagonista, creando más dudas sobre quién es realmente con gran acierto, a la vez que añade a un par de matones que quieren liquidarlo. El interés está garantizado. Si a ello añadimos algunas escenas de acción muy bien filmadas, el resultado es que la película avanza de manera ágil y la intriga nos mantiene en vilo.

En cuanto al desenlace, clave sin duda para la nota final de la película, es cierto que no es tan bueno como lo visto anteriormente, pero al menos tiene la virtud de que parece plausible, dentro de lo rebuscado que es, y, sobre todo, no hace que nos sintamos engañados. Además, al final tenemos la convicción de que el desenlace no es realmente lo importante, sino que la historia haya logrado mantenernos entretenidos de principio a fin. Que el protagonista sea una persona u otra se queda en un segundo plano, lo mismo que el final feliz, algo que se adivinaba desde el principio.

Es cierto, sin embargo, que la historia no es muy original que digamos. Si al principio, la presencia de un médico con su esposa en una ciudad extranjera nos recuerda vivamente a Frenético (1988) de Roman Polanski, el problema de la amnesia de Harris y su desvelada identidad al final de la historia nos remite directamente a El caso de Bourne (Doug Liman, 2002). Y no es que el guión de Sin identidad busque referencias en ambos títulos, es que las similitudes son demasiado evidentes. Como vemos, la historia carece de originalidad. Es por ello que Sin identidad puede perder unos cuantos puntos de interés, sin duda, pero el mérito está en que, a pesar de todo, la película resulta bastante entretenida, con lo que uno puede mostrarse indulgente y perdonar de buen grado esas coincidencias; y más teniendo en cuenta que en el caso del film de Liman, no descubrimos la filiación de la historia hasta el último tramo del film, cuando ya hemos pasado un buen rato de acción e intriga.

En cuanto al reparto, notable presencia de Liam Neeson, perfecto en su papel y con una actuación destacable. Diane Kruger y January Jones ponen la nota de glamour y belleza de manera muy convincente. Pero quizá quien destaca especialmente es Bruno Ganz, con el personaje más interesante de la historia y un trabajo impecable. Hemos de agradecer a las co-producciones que nos regalen la presencia de actores así, y esta película es una especie de Babel donde participan Gran Bretaña, Alemania, Francia, Japón, Canadá y Estados Unidos; ahí es nada.

Para los que les gusten los thriller de intriga con buenas dosis de acción, sin duda Sin identidad no les defraudará. Es una película sin demasiadas pretensiones, un film comercial sin más, pero está bien realizado y garantiza un entretenimiento casi de principio a fin.