El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

domingo, 25 de agosto de 2013

Ella es el partido



Dirección: George Clooney.
Guión: George Clooney, Steven Soderbergh, Duncan Brantley, Rick Reilly, Stephen Schiff.
Música: Randy Newman.
Fotografía: Newton Thomas Sigel.
Reparto: George Clooney, Renée Zellweger, John Krasinski, Jonathan Pryce, Stephen Root, Wayne Duvall, Keith Loneker, Malcolm Goodwin, Matt Bushell, Tim Griffin, Robert Baker, Nick Paonessa.

Dodge Connolly (George Clooney) es un veterano jugador de fútbol americano profesional. Solo que en los años veinte, el fútbol profesional es un deporte minoritario. Cuando el patrocinador les retira su apoyo, el equipo se deshace por falta de medios. Pero Dodge no se da por vencido y se le ocurre una idea: fichar a la estrella del fútbol universitario Carter Rutherford (John Krasinski) para atraer al público y hacer del fútbol profesional un deporte rentable.

Nuevo paso de George Clooney tras la cámara y de nuevo tenemos la prueba de que el actor se sabe manejar perfectamente también como director, algo que nos había demostrado en Buenas noches, y buena suerte (2005). Pero si en esa película Clooney se decantaba por el drama, ahora se lanza a la comedia ligera abiertamente, en una especie de homenaje a las comedias clásicas de George Cukor o Howard Hawks. De hecho, la presencia de Lexie Littleton (Renée Zellweger), desenvuelta periodista en un mundo de hombres, nos recuerda a Rosalind Russell de Luna nueva (Howard Hawks, 1940).

Lo primero que nos llama la atención de Ella es el partido (2008), penoso título, la verdad, es la exquisita puesta en escena. La película cuenta con una ambientación en los años veinte meticulosa y preciosista apoyada en una banda sonora y una fotografía maravillosas. Estéticamente, Ella es el partido es una pequeña obra de arte realizada con un gusto excelente.

Otro punto a su favor son los diálogos: ágiles, oportunos, precisos, aportan un dinamismo y una chispa al desarrollo de la película indudables. Pero la verdadera fuerza de la película, junto a su calidad estética, es el tirón de los protagonistas: George Clooney y Renée Zellweger. Clooney nos vuelve a dar una lección de encanto y carisma. Su presencia es casi hipnotizadora. Es un actor con encanto a raudales y que sabe jugar esa baza sin sobrepasar los límites. Nos recuerda a Cary Grant, y puede que sea, efectivamente, su más digno sucesor dentro de eso papeles de galán de comedia alocada. En cuanto a Renée Zellweger, es verdad que me sigue gustando mucho y el trabajo de maquillaje y vestuario nos brindan a una actriz hermosa y muy atractiva. Sin embargo, la encuentro algo acartonada en general y sin la chispa o la frescura de sus primeros trabajo de protagonista. En todo caso, el reparto de Ella es el partido es otro de los puntos fuertes de la película y Clooney es lo bastante inteligente como para sacar el partido necesario de los actores a su servicio.

A nivel argumental, la base de la película es una crónica ligera de cómo el fútbol profesional americano empezó a despegar partiendo de unos inicios bastante pobres. No falta cierta visión nostálgica de aquellos primeros años en que todo valía con tal de ganar y cómo, con la llegada del dinero y el público, el gonierno decide imponer unas normas que garanticen el juego limpio, acabando de esta manera con el lado más canalla del juego, que aquí es presentado con indulgencia y cierto cariño. Y es que al tratarse de una comedia, cualquier aspecto espinoso que se aborde se queda endulzado con un tratamiento ligero. Así, por ejemplo, las posibles críticas a la ética periodística también adoptan un tono condescendiente, lo mismo que las manipulaciones interesadas, como en el caso del supuesto acto heróico de la estrella universitaria Carter Rutherford o las manipulaciones sucias del capital, siempre hábido de nuevas fuentes de ingresos.

Sobre esta base, Clooney desarrolla el típico triángulo amoroso. Es una historia predecible y que a veces se diluye en exceso en medio de la crónica deportiva, con lo que no tiene todo el protagonismo quizá necesario. Pero es el aporte sentimental o romántico necesario que da lugar a algunas escenas interesantes, en especial la del baile de Clooney y Renée Zellweger; para mí la secuencia más hermosa de toda la película, donde el director demuestra su gusto por la estética y la música retro, así como una elegancia natural a la hora de crear el momento romántico perfecto.

Y es que si algo tiene Clooney como director es un gusto excelente. Pero poco aportaría a la película si sus méritos se quedaran ahí. Junto con esa obsesión por la perfección y la belleza formal, George Clooney nos demuestra que conoce bien los fundamentos del oficio de director. Así, su trabajo tras la cámara nos sirve un film ágil, con un ritmo preciso y constante que se deja ver con facilidad y resulta muy ameno en todo momento.

En el lado del debe hay que apuntar que algunos momentos cómicos, especialmente al comienzo, son un poco burdos y dejan a la película al borde del chiste fácil. Afortunadamente, pronto se reconduce el tema y las payasadas iniciales van dejado paso a la comedia de diálogos, seducción y lucha de sexos en donde se mueve con más acierto.

Y sin embargo, a pesar de la impecable hechura formal, de los diálogos atinados y del encanto de los protagonistas, uno tiene la sensación de estar ante un film en cierto modo menor. Es complicado explicar el porqué, pero uno acaba de ver la película con una sensación de que algo ha fallado. Puede que sea porque la parte romántica no termina de funcionar del todo, empequeñecida por la historia del equipo de fútbol; puede que se deba a que algunos detalles no quedan del todo bien explicados; dando la sensación, en algunos momentos, como que se quedaron algunos detalles en el tintero, como que la historia no tiene todos los hilos atados convenientemente; o puede que sea sencillamente por que la película carezca de verdadera alma, es perfecta formalmente, pero la historia que cuenta se queda un poco en la superficie, en un producto lujoso pero un tanto frío.

En todo caso, Ella es el partido es una comedia muy amena y realizada con un gusto exquisito. Sin duda nos dejará un buen sabor de boca.

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