El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Los mercenarios



Dirección: Sylvester Stallone.
Guión: Dave Callaham y Sylvester Stallone.
Música: Brian Tyler.
Fotografía: Ken Blackwell.
Reparto: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Randy Couture, Dolph Lundgren, Mickey Rourke, Terry Crews, Giselle Itié, David Zayas, Eric Roberts, Steve Austin, Gary Daniels, Charisma Carpenter, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger.

Barney Ross (Sylvester Satllona) está al frente de un grupo de mercenarios dispuestos a enfrentarse a cualquier misión que les encarguen. por peligrosa que sea. Un día, un misterioso Sr. Iglesia (Bruce Willis) los contrata para que eliminen a un general que ejerce su control tiránico en una pequeña isla sudamericana.

La primera idea que me vino a la cabeza viendo Los mercenarios (2010) fue la conocida frase "los viejos loqueros nunca mueren", y es que la película es como una especie de fiesta de viejos y nuevos tipos duros, una especie de homenaje al cine de acción que fue y sigue siendo la seña de identidad de Stallone, alma y director de esta película. Faltan algunos nombres legendarios, como Van Damme, Chuck Norris o Steven Seagal, por ejemplo, algo que se repararía en parte en la segunda entrega.

Lo que sí que es verdad es que no estamos ante una buena película. El hecho de apelar a la nostalgia o de reunir en una misma película a Stallone, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger, aunque sea brevemente, no es suficiente para convertir a Los mercenarios en algo mínimamente recomendable.

El guión es de un esquematismo extremo y todo lo que se perfila como argumento no es más que un débil entramado para servir de base a lo que realmente busca Stallone: soltar toda la carga de violencia y espectáculo posible, a base de un más madera tan apabullante como exagerado. Los personajes no consiguen llegarnos, los diálogos son infantiles (incluso las emotivas confesiones del personaje protagonizado por Mickey Rourke, con ser las mejores frases de la cinta) y se queda todo en un quiero y no puedo donde falta lo esencial: algo que de sentido y entidad que acompañe a la explosión de efectos especiales y las coreografiadas escenas de violencia, algunas de una crudeza extrema. Y es que hasta un cine tan primitivo como éste necesita un poco de trabajo de composición argumental. Al menos, a mí no me basta con un cúmulo de aparatosas escenas, explosiones casi atómicas, los consabidos chistes fáciles y un puñado tipos de músculos como montañas para engancharme. Es más, en esta película se llega a extremos de simplificación tan burdos que algunos diálogos provocan vergüenza ajena y los personajes, en especial los malos, resultan casi patéticos.

Como director, Stallone parece haber pillado el truco para darle ritmo a la película y es verdad que Los mercenarios transcurre a toda velocidad y con escenas bien filmadas, con el recurso, eso sí, a esa moda de la cámara en movimiento constante, que a veces resulta algo confusa. Me ha parecido mucho más convincente como director que como guionista o actor. Y en cuanto al reparto, pues no es que estemos ante actores de talento precisamente, siendo el ejemplo más evidente Dolph Lundgren, rescatado para sacar músculo una vez más dentro de su inexpresividad legendaria. Solo Jason Statham parece aportar algo de nivel a un elenco bastante limitado artísticamente.

En definitiva, un paso en falso en la carrera de Stallone, al menos desde el punto de vista de la calidad de la cinta, aunque bien es cierto que este tipo de propuestas tienen un público bastante fiel, como se comprueba con las secuelas que han seguido a este regreso de las viejas glorias del cine de acción de finales del siglo pasado. Solo para muy incondicionales de Stallone y del género.

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