El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

sábado, 16 de marzo de 2019

La playa



Dirección: Danny Boyle.
Guión: John Hodge (Novela: Alex Garland).
Música: Angelo Badalamenti.
Fotografía: Darius Khondji.
Reparto: Leonardo DiCaprio, Tilda Swinton, Virginie Ledoyen, Guillaume Canet, Robert Carlyle, Hélène De Fougerolles.

Deseando vivir nuevas experiencias, el joven Richard (Leonardo DiCaprio) decide dejar atrás las comunidades de su vida y se va a Bangkok. Allí oirá hablar de una recóndita isla paradisíaca.

A pesar de las malas críticas que se pueden leer sobre La isla (2000), desde mi punto de vista es un film interesante que invita a algunas reflexiones sobre la vida y la búsqueda de la felicidad.

Ls película se centra en el personaje de Richard, un joven del primer mundo, un poco aburrido de su vida que decide partir en busca de experiencias nuevas y, sobre todo, algo de peligro, quizá para darle sentido a su vida. Y en Bangkok conoce la existencia de lo que parece ser el paraíso en la tierra: una isla perdida en medio de la nada, plagada de plantaciones de marihuana y con una pequeña playa escondida y perfecta. Allí se han refugiado un grupo de turistas que han convertido ese lugar en su hogar, formando una comunidad basada en la vida natural y la colaboración, logrando un amplio grado de autosuficiencia.

Sin embargo, Richard irá descubriendo, con el paso del tiempo, que lo que en apariencia parece un lugar y un modo de vida perfectos, tiene en realidad una cara amarga, un duro peaje que pagar por mantener aislado ese paraíso. Nadie debe revelar su existencia, no pueden llegar nuevos habitantes y los que viven allí no dudan en sacrificar cualquier cosa para preservar su seguridad. Entonces, lo que debería ser un modo de vida libre, feliz y enriquecedor, se vuelve una especie de cárcel dorada. Incluso la muerte parece aceptarse mejor que poner en peligro la continuidad de la comunidad. Es por eso que Richard va pasando de un estado de felicidad casi absoluto a sufrir serios problemas mentales cuando se cuestiona su papel en ese lugar y si su existencia lo justifica todo.

Desde este punto de vista, La isla me parece que nos plantea una serie de interesantes reflexiones a cerca de la felicidad, de la búsqueda del placer como única meta en la vida, de los límites de esa búsqueda, del precio que siempre se ha de pagar, incluso en el paraíso....

Es cierto que la película, sin embargo, no llega a ser todo lo buena que nos hubiera gustado. En general, va de menos a más. La primera parte está a un buen nivel, con una mezcla interesante de aventura y tensión, cuando vamos descubriendo a Richard y éste descubre a su vez la isla, lo que parece colmar sus expectativas vitales.

Sin embargo, la segunda parte de la película va perdiendo fuerza progresivamente, llegando, tristemente, a un bajón bastante importante en su parte final, con las paranoias de Richard y su comportamiento, que nos va mostrando a un personaje completamente diferente y, a veces, difícil de comprender. Algunas escenas, además, rozan el ridículo más espantoso.

En cuanto al reparto, destacaría especialmente el trabajo de Leonardo DiCaprio que, más allá de su físico, me parece un actor de recursos bastante solvente.

También hay que destacar la bonita fotografía, que pone de relieve los hermosos lugares en que transcurre la película, junto a una buena banda sonora.

Sin duda, no es la gran película que uno podría desear, pero al menos se sale de los caminos más vistos y propone ciertas reflexiones bastante interesantes.

lunes, 11 de marzo de 2019

El hombre sin sombra



Dirección: Paul Verhoeven.
Guión: Andrew W. Marlowe (Historia: Gary Scott Thompson).
Música: Jerry Goldsmith.
Fotografía: Jost Vacano.
Reparto: Kevin Bacon, Elisabeth Shue, Josh Brolin, Kim Dickens, Greg Grunberg, Joey Slotnick, Mary Randle, William Devane, Rhona Mitra.

Sebastian Caine (Kevin Bacon) es un brillante científico que ha conseguido la manera de convertir la materia en invisible. Sus experimentos con animales han sido un éxito y ahora quiere dar un paso más y probarlo en el hombre.

Moderna aproximación al tema del hombre invisible con el sello personal de Paul Verhoeven, El hombre sin sombra viene a ser una mezcla de ciencia-ficción, thriller y cine de terror.

Sin duda, lo que nos quedará en la memoria pasado el tiempo son los espectaculares efectos especiales de la película, merecedores de una nominación a los Oscars. La manera en que vemos reaparecer a la gorila o desaparecer a Sebastian nos dejan pasmados. Se comprende que gran parte del presupuesto se fuera en diseñar esos efectos.

Más allá de esa pericia técnica, El hombre sin sombra se orienta abiertamente hacia el espectáculo, dejando en un nivel un tanto más secundario todo lo concerniente con los debates éticos sobre los límites de la experimentación científica. Se alude, es verdad, al engreimiento de Sebastian, que se llega a comparar con dios. Sin embargo, el guión no llega a profundizar suficientemente en este dilema, más allá de las consecuencias de la osadía de la ciencia al desafiar a la naturaleza. Es éste un elemento muy habitual en los films de ciencia-ficción, donde siempre se deja la advertencia de los peligros de la arrogancia de la ciencia, un tanto acorde con la maldición bíblica de la expulsión del Paraíso.

Pero, como decía, parece que a Verhoeven le interesa más llevar la historia por caminos más comerciales y mucho más morbosos. Fiel a su estilo, el director no evita las connotaciones sexuales y, en especial, el tema de la violencia, presente como un elemento habitual en su filmografía.

En favor de Verhoeven, he de reconocer que maneja el ritmo y la intensidad con buen pulso, manteniendo el interés y acrecentando la emoción sin pausa, con lo que el film transcurre con agilidad sin hacerse pesado en ningún instante a pesar de su duración, llegando al máximo de intensidad, como es lógico, en el desenlace.

Sin embargo, lo que el director no es capaz de evitar es un final demasiado forzado y rutinario donde se cae directamente en un esperpento. Quizá a nivel de espectáculo es lo que se necesitaba, pero me parece que se podía alcanzar más o menos esa intensidad dramática sin los excesos finales. Y es que lo rocambolesco del final es, además de muy vulgar, a todas luces excesivo.

Tampoco los personajes están demasiado bien analizados, limitándose el guión a acudir a tópicos un tanto habituales, como la antigua relación de Sebastian y su ayudante (Elisabeth Shue), pero sin llegar a profundizar convenientemente en ellos.

El reparto, sin ser una maravilla, resulta eficaz, si bien Kevin Bacon no termina de cuajar una de sus mejores interpretaciones. En líneas generales, este apartado no es, desde mi punto de vista, de lo más conseguido de la película.

En definitiva, un film de ciencia-ficción sin mucha originalidad, con un buen ritmo y buenas dosis de tensión, pero que sin una personalidad definida, yendo el director por el camino más fácil y desaprovechando una parte importante del potencial del argumento. Eso sí, resulta bastante entretenido.

viernes, 8 de marzo de 2019

Traidor en el infierno



Dirección: Billy Wilder.
Guión: Billy Wilder y Edwin Blum (Teatro: Donald Bevan y Edmund Trzcinski).
Música: Franz Waxman.
Fotografía: Ernest Laszlo.
Reparto: William Holden, Don Taylor, Otto Preminger, Robert Strauss, Harvey Lembeck, Richard Erdman, Peter Graves, Neville Brand.

Durante la segunda Guerra Mundial, en un campo de prisioneros alemán, los reclusos del barracón 17, a raíz de una fuga fracasada de dos compañeros, empiezan a sospechar que puede haber un espía entre ellos que desvela todos sus planes a los alemanes.

Billy Wilder es famoso por sus comedias, magistrales por lo general, de ahí que uno de los rasgos más característicos de Traidor en el infierno (1953) sea un toque de comedia que recorre casi toda la película, a pesar de abordar un tema tan trágico como el de los prisioneros en la Segunda  Guerra Mundial.

Desde mi punto de vista, el recurso a ese tono ligero no le sienta demasiado bien a la película. Y no le sienta bien por dos motivos. Primero, porque el trasfondo de la historia es verdaderamente un drama, que pierde gran parte de su fuerza por ese tratamiento en clave de comedia. Y en segundo lugar, para ser del todo sincero, la comicidad, en este caso, me pareció de un nivel impropio de este director. Comparado con sus grandes films, Con faldas y a lo loco (1959), El apartamento (1960) o Uno, dos, tres (1961), por citar algunos de los mejores, el nivel del guión es infinitamente inferior, con bromas demasiado evidentes y, en general, mediocres y sin demasiada originalidad. Puede que se deba a defectos de la obra en que se basa el guión o, quizá lo más probable, a que en esta ocasión Billy Wilder no contó con la colaboración de su guionista I.A.L. Diamond, presente en las tres películas citadas.

Sea como fuere, el retrato de la vida en el campo de prisioneros carece de total credibilidad, con lo que el trasfondo dramático se queda prácticamente en nada, salvo en muy contadas situaciones. Parece casi un chiste, por poner un ejemplo evidente, la manera de comportarse de los soldados alemanes, tratados a veces como auténticos retrasados.

Lo que mantiene un poco el interés del espectador es descubrir, finalmente, quién es el traidor que delata a los reclusos. Sin embargo, este detalle tampoco me parece que se explota convenientemente, más centrado como está el guión en los aspectos supuestamente graciosos del relato. Así, el descubrimiento del delator se resuelve de manera bastante rápida, sin mucha brillantez tampoco.

Pasando un poco por alto este detalle, que de todas maneras condiciona completamente todo el relato, Wilder vuelve a demostrar que, por encima de todo, lo que le interesaba era la naturaleza humana, en este caso con un supuesto retrato del comportamiento humano sometido a una situación límite, pero sin renunciar a la comedia como vehículo para dicho ejercicio.

En cuanto al reparto, destacar a William Holden, al que no le apetecía interpretar al sargento Sefton por considerar que el personaje era demasiado cínico, por lo que intentó rechazar el papel; sin embargo, tuvo que aceptar obligado por contrato, con el premio final de que su trabajo fue premiado con el Oscar.

En definitiva, un film menor del maestro Wilder, como él mismo reconocía. Es evidente que no siempre se da con la tecla exacta y, en esta ocasión, me parece evidente que Traidor en el infierno no está a la altura de los grandes films del director.

lunes, 25 de febrero de 2019

La mujer infiel



Dirección: Claude Chabrol.
Guión: Claude Chabrol.
Música: Pierre Jansen.
Fotografía: Jean rabiar.
Reparto: Stéphane Audran, Michel Bouquet, Maurice Ronet, Michel Duchaussoy, Guy Marly, Dominique Zardi, Serge Bento, Louise Chevalier, Louise Rioton.

Charles Desvallées (Michel Bouquet) sospecha que su esposa Hélène (Stéphane Audran) le es infiel, por lo que decide contratar a un detective para que le confirme si es cierto.

A Claude Chabrol se le suele conocer como "el Hitchcock francés", tanto por la temática de sus películas como por el hecho de que el director francés, admirador confeso de Alfred Hitchcock, fundamenta su estilo en un estudio minucioso del cine del director inglés. La mujer infiel (1969), por su temática, entronca directamente con ese cine de suspense que, para Chabrol, era el vehículo idóneo para afrontar cualquier tema.

Sin embargo, lo que caracteriza a la película de Chabrol es que desprecia abiertamente la posible intriga que le brinda el argumento para asentar su película en otros aspectos. Chabrol desvela enseguida las sospechas de Charles sobre la infidelidad de su esposa y el mismo título del film nos evita cualquier posible duda; y es que al director no le interesa alimentar la incertidumbre, su finalidad e interés son otros, como analizar a la familia burguesa, su modo de vida, sus miedos, sus inseguridades, sus rutinas y hasta su tedio, lo que es una constante en su filmografía, junto al triángulo amoroso.

En este caso, lo que se analiza es la complicada adaptabilidad de las costumbres burguesas a la revolución de los años sesenta. De hecho, Charles, bajo una apariencia de normalidad, parece incapaz de asumir el cambiante rol de la mujer en la sociedad, como, por ejemplo, la nueva libertad sexual de las mujeres, que parece encarnar su atractiva secretaria. Su clase social, en apariencia abierta al progreso, se desvela anclada en la tradición, con serios problemas para aceptar los nuevos tiempos.

Junto a ello, Chabrol retrata con precisión la vida matrimonial de los protagonistas, con un Charles que parece que solo busca la seguridad de una vida organizada y rutinaria, que parece ser más que suficiente para él, dejando del lado el aspecto hedonista de la relación, y donde el viejo machismo saldrá en defensa de lo que considera como algo suyo.

Hélène, por su parte, es una mujer atractiva, viva, sensual, que termina buscando fuera de su casa lo que un marido mayor y aburrido no es capaz de proporcionarle, aunque sin renunciar a la seguridad que su vida de casada le proporciona. Es una imagen un tanto perversa de la burguesía: hipócrita y egoísta.

En cuanto a la puesta en escena, Chabrol muestra su famosa parquedad expresiva. La mujer infiel es un film austero, con diálogos escasos y donde las miradas y los silencios invitan a que sea el espectador el que construya su propio relato. La secuencia en que Hélène descubre la fotografía de su amante en la chaqueta de Charles y la quema es un claro ejemplo de esto. No hay explicaciones, solamente un primer plano del rostro de la esposa que parece sonreír enigmáticamente. Cada espectador deberá interpretar la escena. Y lo mismo se puede decir del asesinato: ¿era algo premeditado o fue fruto de un arrebato de Charles?. De nuevo, tendremos que buscar nosotros la respuesta.

Y en la escena final, cuando la policía vuelve a casa de Charles y habla con él, Chabrol evita expresamente que escuchemos la conversación, con lo que de nuevo será el espectador el que tenga que completar la secuencia según sus gustos o interpretaciones.

Dentro del reparto, sin duda destaca especialmente Stéphane Audran, esposa del director, a la que Chabrol trata con verdadera devoción. Stéphane aparece rebosante de sensualidad y belleza, deslumbrando con sus piernas desnudas o su mirada. A su lado, Michel Bouquet parece pecar de cierto hieratismo, no sé si por imperativos del guión o por su propia manera de actuar.

Importante es el uso de la música como un elemento más que subraya el drama. Frente a la aparente calma en las vidas de los protagonistas, la banda sonora es como un elemento disonante que delata los problemas que envuelven al matrimonio más allá de la apacible apariencia de normalidad.

Con La mujer infiel, según el propio director, pretendía definir la perversidad dentro de una sociedad aparentemente civilizada. Si lo consigue o no, será cada espectador el que de su veredicto.

Adrian Lyne hizo un remake en el año 2002,  Infiel, con Richard Gere y Diane Lane.

jueves, 7 de febrero de 2019

Más allá de la duda



Dirección: Peter Hyams.
Guión: Peter Hyams (Remake: Douglas Morrow).
Música: David Shire.
Fotografía: Peter Hyams.
Reparto: Jesse Metcalfe, Amber Tamblyn, Michael Douglas, Joel David Moore, David Jensen, Randal Reeder, Orlando Jones.

C.  J. Nichols (Jesse Metcalfe) es un ambicioso periodista de investigación que sospecha que el fiscal del distrito (Michael Douglas) está manipulando pruebas para obtener la condena en los casos de que se ocupa. Para poder demostrar su teoría, Nichols idea un arriesgado plan.

Remake de la película de Fritz Lang de mismo título de 1956 donde Peter Hyams se encarga del guión, la fotografía y la dirección, todo un alarde por su parte. Sin embargo, el resultado dista mucho de ser satisfactorio.

Para empezar, la película tiene un aire a telefilm bastante preocupante. Ello se debe, por un lado, a un pobre trabajo de Hyams como director, limitándose a una puesta en escena rutinaria y una ambientación un tanto básica. No hay nada que destaque especialmente y las escenas se suceden de manera mecánica, sin emoción. Y ello también está motivado, en parte, por un guión sin alma, que se dedica a exponer los hechos de modo totalmente esquemático, sin profundidad, con lo que nos queda una trama muy elemental, además de evidentemente previsible, salvo un detalle del que hablar más tarde. Así que un argumento con ciertas posibilidades se queda convertido en casi nada, solamente nos queda esperar a ver de qué manera el guión se las ingenia para sacar a Nichols del lío en que se ha metido para demostrar sus sospechas sobre las trampas del fiscal; sospechas que tampoco quedan debidamente justificadas, presentándose, una vez más, de un modo tan elemental que resulta casi pueril.

Pero si la puesta en escena y el argumento tan mal desarrollado no bastaran, el reparto viene a añadir otra muesca más en el debe de Más allá de la duda (2009). Y es que Jesse Metcalfe es un actor plano, sin vida ni carisma, lo que es un lastre en el desarrollo de la película. Su trabajo es bastante pobre y en ningún instante logra que empaticemos con sus problemas. Y tampoco Amber Tamblyn demuestra que tiene algo más que una cara bonita. La presencia de Michael Douglas en el reparto, al final, se demuestra que parece ser solamente un reclamo publicitario para la taquilla, pues su trabajo resulta bastante breve, siendo, eso sí, lo mejor del reparto.

Sin embargo, Peter Hyams aún nos reservaba lo peor para el final y no es otra cosa que el consabido giro argumental de última hora. En general, este tipo de sorpresas no suelen gustarme en absoluto, me parecen una tomadura de pelo, un mal truco que busca en lo inesperado cierto broche espectacular y, por lo general, no suele funcionar. Hay veces, si el guión es muy bueno, que este truco puede tener cierto sentido, pero en esta ocasión me parece casi una broma de mal gusto; no casa con nada de lo que se nos ha ido contando a cerca de Nichols, se presenta de una manera del todo precipitada y no termina de resultar convincente en ningún momento. Es, por desgracia, la gota que termina colmando el vaso.

Al final, Más allá de la duda se queda reducida a muy poca cosa: una película bastante plana que puede entretenerte sino le exiges demasiado y si no has visto muchas películas, con lo que un guión tan malo aún te puede sorprender.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Hud: El más salvaje entre mil



Dirección: Martin Ritt.
Guión: Irving Ravetch y Harriet Frank Jr. (Novela: Larry McMurtry).
Música: Elmer Bernstein.
Fotografía: James Wong Howe.
Reparto: Paul Newman, Melvyn Douglas, Patricia Neal, Brandon De Wilde, Whit Bissell, Crahan Denton, John Ashley.

Homer Bannon (Melvyn Douglas) es un viejo ganadero de ferreos principios morales, lo que le lleva a un enfrentamiento constante con su hijo Hud (Paul Newman), un vividor egoísta.

Drama generacional, o western moderno, como lo califican algunos, Hud: El más salvaje entre mil (1963) es una película diferente en muchos sentidos y que podríamos alinear en esa tendencia nacida en la década anterior de films que estudian la naturaleza humana, especialmente los cambios generacionales.

La película se centra en las complicadas relaciones de Hud y su padre, ambos con un concepto de la vida totalmente opuesto. El viejo Homer es un hombre recto, orgulloso de su rancho, de su trabajo y que se aferra a las tradiciones y a unos principios inalterables. Por ello, no puede comprender ni aprobar la actitud de Hud, que es del todo opuesto a él. Hud no parece tener principios, su única preocupación es hacer en cada momento lo que le apetezca, sin importarle para nada si es moralmente aceptable. Trabaja en el rancho, pero no se siente orgulloso de ello, más bien es algo que odia. Su único interés es pasar las noches en el pueblo, cortejando mujeres, casadas o solteras, bebiendo y peleando.

Hud cree que la oposición de su padre hacia él tiene su origen en que el accidente en el que, conduciendo borracho, provocó la muerte de su hermano. Pero en realidad, lo que censura su padre no es eso, sino la amoralidad de su hijo, algo que no puede admitir y que choca con todo lo que Homer defiende.

Y entre ambos, está Lon (Brandon De Wilde), el hijo del hermano de Hud fallecido. Lon es un adolescente que, por un lado, se siente atraído por la figura de Hud, a quién admira en muchos aspectos. Pero, por otra parte, Lon es completamente diferente a Hud, lo que le lleva a censurar internamente algunos de los comportamientos de su tío.

La película aborda este enfrentamiento desde la óptica de Lon, testigo del drama familiar y, que alguna manera, representa al espectador. Lo curioso y quizá más original del planteamiento del guión es que en el film no se toma partido por ninguno de los dos bandos, ni se juzga a ninguno de ellos. Sencillamente, se exponen los comportamientos y las ideas de padre e hijo, sus puntos de vista y lo que les lleva a ser como son. Muy inteligentemente, el guión escapa de los juicios morales y será el espectador el que deberá posicionarse o valorar según sus convicciones la actitud de cada uno de los actores del drama. Como tampoco se produce la redención de Hud, algo que venía siendo bastante habitual en los films moralizadores de Hollywood. Él es como es, sin remordimientos. Y ni puede ni quiere cambiar.

Sin duda, uno de los apartados más reseñables es el excelente reparto de film. Para Paul Newman, sin duda el personaje de Hud le va perfecto: el actor encaja perfectamente con el personaje. Su trabajo es bastante sólido, aunque palidece un poco al lado del de Melvyn Douglas, excelente en la piel del viejo Homer, un hombre recto de férreos principios, que le valió el primer Oscar de su carrera. Y Patricia Neal, la empleada del rancho, se llevó otro merecido Oscar con un trabajo perfecto como mujer curtida por la vida y desengañada.

El tercer Oscar de la cinta, que recibió nada menos que siete nominaciones, fue para la fotografía en blanco y negro de James Wong Howe.

Aunque eché en falta algo más de intensidad en la historia, que por momentos puede pecar de cierto distanciamiento dramático, la cinta ha resistido bastante bien el paso del tiempo y aún hoy en día constituye un buen ejercicio sobre las complicadas relaciones familiares y los conflictos generacionales.

viernes, 1 de febrero de 2019

A propósito de Henry



Dirección: Mike Nichols.
Guión: Jeffrey Abrams.
Música: Hans Zimmer.
Fotografía: Giuseppe Rotunno.
Reparto: Harrison Ford, Annette Bening, Bill Nunn, Mikki Allen, Donald Moffat, Robin Bartlett, Bruce Altman, Rebecca Miller.

Henry Turner (Harrison Ford) es un exitoso abogado en Nueva York, que no repara en nada con tal de ganar sus casos. Una noche, al ir a comprar tabaco, se encuentra de bruces con un atracador que le dispara en la cabeza.

A propósito de Henry (1991) nos cuenta el cambio en la vida de un abogado implacable cuando, por culpa de un disparo, tiene que empezar de cero: Henry se queda como un vegetal, sin movilidad, sin habla, sin recuerdos. Poco a poco, ha de volver a aprenderlo todo de nuevo, como un niño.

Sin embargo, ese terrible accidente tiene algo positivo: le da la oportunidad a Henry de descubrir otra manera de ser y de entender la vida. Antes, era un abogado de éxito, pero despiadado y sin compasión; su matrimonio era un fracaso y el amor entre él y su esposa (Annette Bening) había muerto, teniendo cada uno una aventura fuera del matrimonio. Y tampoco era un buen padre, pues lo basaba todo en las normas estrictas, pero sin preocuparse de conocer de verdad a su hija (Mikki Allen) y mucho menos de darle cariño.

Pero, a raíz del incidente, Henry cambia: empieza a valorar las pequeñas cosas, a ser compasivo, amable, generoso. Por supuesto, los que le conocían, se sienten un tanto desconcertados, pero pronto la nueva actitud de Henry empieza a tener sus frutos: su relación con su mujer cambia por completo y vuelven a enamorarse; con su hija, Henry empieza a ser alguien de verdad cariñoso, cómplice en sus juegos y en sus procuraciones. Donde no encajará bien, naturalmente, será en su bufete, pues Henry demuestra sus dudas sobre la manera poco ética en que actuaban, lo que le deja fuera de juego al ser un peligro para la "prosperidad" del negocio. Sin embargo, lo que gana con el cambio lo compensa con creces.

En el fondo, A propósito de Henry no deja de ser una especie de cuento bienintencionado. Salvando las distancias, que son muchas, me recordó a aquellas comedias de Frank Capra con mensaje moralizador. Y quizá una de las cosas que se echan de menos en la película de Mike Nichols sea precisamente el toque humorístico, que le habría sentado muy bien. Por contra, el director prefiere un enfoque más serio, lacrimógeno por momentos, aunque sin excesos, lo que convierte el relato en un drama en toda regla pero, eso sí, bien intencionado y con el lógico final feliz.

Y quizá sea ese tono complaciente, donde todo va saliendo a pedir de boca para Henry y su familia por dónde se le pueda poner algún pero al relato. Sin embargo, si nos atenemos a la idea de que se trata de un relato que pretende ser un cuento que nos recuerde las cosas verdaderamente importantes de la vida, debemos admitir que el mensaje funciona y sería injusto no reconocer que nos reconforta ver cómo una persona puede dar un cambio a su vida como lo hace Henry, y pensar que si la gente se pareciera un poco más a Bradley (Bill Nunn) el mundo sería un lugar maravilloso.

Pero es cierto también que la película carece de verdadera emoción una vez pasada la primera media hora, pues el desarrollo se vuelve absolutamente predecible. La moraleja centrada en la defensa de la familia y la convicción de la bondad natural del ser humano pueden parecer demasiado conservadoras y poco realistas además. Por tanto, me parece una película que requiere de nuestra absoluta complicidad para que funcione realmente.

Además de el mensaje edificante, A propósito de Henry cuenta con un excelente reparto. El trabajo de Harrison Ford, bastante complicado de entrada, me ha parecido magnífico, sin excesos, pero dando siempre el tono adecuado a la situación de Henry. Annette Bening consigue darle a su personaje un buen equilibrio entre una esposa dura, práctica y algo desengañada y, también, la de la mujer sensible, frágil, que sabe reconducir la situación y empezar de nuevo de cero. Buen trabajo también de la pequeña Mikki Allen y de Bill Nunn, que trasmite perfectamente esa alegría de vivir contagiosa de su personaje.

En cuanto a Mike Nichols, hay que reconocer que domina su oficio con maestría. No es que demuestre un talento especial, pero sí que es un buen profesional. Cuenta la historia con elegancia, saber mover la cámara y mantiene el tono equilibrado, sin caer en lo melodramático pero sin perder cierta tensión a lo largo de toda la película.

En definitiva, una película que pondrá a prueba nuestra capacidad de creer en ciertos milagros y que, sin ser una maravilla, resulta un ejercicio interesante, bien interpretado y con muy buenas intenciones.