El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

martes, 2 de junio de 2020

Misión imposible



Dirección: Brian De Palma.
Guión: Robert Towne y David Koepp (Historia: Steven Zaillian y David Koepp).
Música: Danny Elfman (Tema: Lalo Schifrin).
Fotografía: Stephen H. Burum.
Reparto: Tom Cruise, Emmanuelle Béart, Jon Voight, Jean Reno, Vanessa Redgrave, Kristin Scott Thomas, David Schneider, Emilio Estévez, Henry Czerny.

Jim Phelps (Jon Voight) recibe la misión de impedir que un agente enemigo venda una lista, la lista NOC, con las identidades de los agentes de Estados Unidos desplegados en Europa central. Sin embargo, la misión se convertirá en un fracaso absoluto, muriendo casi todo el equipo de Phelps.

En busca de inspiración, la industria de cine norteamericana decidió volver sus ojos a todo cuanto pudiera suponer una suculenta receta en taquilla. Si antaño eran las novelas la primera fuente a la que acudía Hollywood, ahora se busca en el mundo de los cómics y también en el de las series de televisión. De ahí películas como Los ángeles de Charlie (Joseph McGinty Nichol, 2000) y sus secuelas, las versiones para el cine de otra mítica serie de los sesenta del pasado siglo, Star Trek, o la más reciente Superagente 86 de película (Peter Segal, 2008) y, naturalmente, la que nos ocupa: Misión imposible (1996), basada en una serie de los años sesenta y setenta del siglo XX.

De la serie original, la película conserva el gusto por el uso de máscaras, de tecnología de vanguardia, las tramas imposibles, la mecha que arde durante los títulos de crédito, la famosa frase del mensaje que se autodestruye en cinco segundos y, especialmente, la maravillosa melodía original de Lalo Schifrin que, aún ahora, resulta cautivadora. Sin embargo, la película también busca su identidad propia y en ese camino comete, para los fans de la serie, un pecado imperdonable: convierte al héroe de la serie televisiva, Jim Phelps, en el villano de turno.

En esta primera entrega, Brian De Palma cuenta con un guión muy sólido, cuya interesante intriga logra mantenernos en suspense a pesar de la debilidad de algunas situaciones o la simplificación total de los personajes. A diferencia de otros relatos, y pienso en particular en las novelas de John Le Carré, también sobre el mundo de los agentes dobles y el espionaje, la historia se orienta aquí más hacia la acción pura y dura, dejando de lado una mayor profundización en la trama que, aún así, está bastante bien planteada como para que no resulte superflua. Con ello, además del espectáculo visual, hay una intriga que nos mantiene en vilo, lo que hace de Misión imposible un film también atractivo desde el punto de vista argumental. Además, para intentar hacer lo más comprensible posible el enredo argumental, De Palma recurre con acierto a las imágenes cuando intenta explicar los pormenores de la intriga, haciendo que ésta resulte más fácil de seguir.

Sin embargo, el punto fuerte de la película son las escenas de acción, donde el director demuestra su dominio del medio manteniendo siempre un ritmo constante y logrando algunos momentos memorables, como la escena del robo de la lista NOC en la sede de la CIA o la lucha en el TGV, con helicóptero incluido. Si bien es verdad que son momentos que rozan la ciencia ficción, la maestría de Brian De Palma a la hora de filmar estas secuencias justifica casi ella sola el visitando del film.

Otro gran acierto es el magnífico reparto de Misión imposible, con Tom Cruise al frente. Con un perfil de héroe de acción diferente al prototipo de tipos super duros, como es el caso de Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger, Cruise ha sabido aportar su propio estilo al personaje, haciéndolo creíble y atractivo a pesar de ser un actor que no termina de entusiasmarme. Jon Voight está también muy convincente en un papel en el que resulta sencillo encasillarle, puesto que su fisonomía se presta perfectamente a ello. Una pena la escasa presencia de Kristin Scott Thomas, por ejemplo, mientras que Emmanuelle Béart y Jean Reno, algo toscos en general, aportan el toque francés al film.

Un film, en definitiva, que no busca complicaciones, sino que va directo a lo que interesa: emoción y acción en un envoltorio millonario y que funcione como un reloj de precisión. Y hemos de reconocer que le film cumple con lo que promete y se nos pasa en un suspiro.

El éxito económico de Misión imposible, con recaudaciones millonarias, abriría las puertas a la primera secuela, a la que seguirían varias más en un proceso que, a día de hoy, parece que aún no se ha agotado.

martes, 19 de mayo de 2020

Ruta suicida



Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Michael Butler y Dennis Shryack.
Música: Jerry Fielding.
Fotografía: Rexford L. Metz.
Reparto: Clint Eastwood, Sondra Locke, Pat Hingle, William Prince, Bill McKinney, Michael Cavannaugh, Carole Cook.

Ben Shockley (Clint Eastwood), policía de Phoenix demasiado aficionado al alcohol, debe viajar a Las Vegas para recoger a un detenido y traerlo de vuelta a Arizona para comparecer como testigo en un juicio.

Los inicios de Clint Eastwood en el cine, tanto como actor y director, no fueron especialmente brillantes. Afortunadamente, con el tiempo ha ido ganando experiencia hasta convertirse en un buen actor y un director de talento. Ruta suicida (1977) está ubicada en esos comienzos un tanto balbuceantes y contiene algunos aciertos en medio de una producción no muy afortunada.

Uno de los elementos menos logrados de la película es el guión, lo que provoca la debilidad total de la cinta. Sin una buena historia detrás, el interés y la credibilidad de situaciones y personajes se resiente inevitablemente.

El policía aficionado a la bebida y con su vida personal y profesional bajo mínimos está demasiado vista para resultar sorprendente. Eso sí, el guión añade un punto interesante sobre Ben Shockley: es tonto; tiene que ser "Gus" Mally (Sondra Locke), la prostituta que escolta hasta Phoenix, quien le abra los ojos acerca de quién le está tendiendo una trampa y por qué lo eligieron precisamente a él para ese trabajo.

Junto al tópico del personaje de Eastwood, el guión tampoco se esmera mucho en construir la trama, que queda reducida a lo más básico. El interés, por lo tanto, parece centrarse en dos elementos: el peligroso viaje de los protagonistas, que da lugar a múltiples escenas de acción, y el romance entre Ben y "Gus", que tampoco resulta muy novedoso, además de estar planteado de manera tan simple que no parece ni un romance, sino más bien que el enamoramiento de los protagonistas es algo que sucede casi de repente.

Sin embargo, sí que hay algo realmente interesante en Ruta suicida, lo único por lo que merece la pena el film, y es el personaje de la prostituta Mally. Mally no es el típico personaje femenino al que el cine tradicional nos tenía acostumbrados: más o menos pasivo, decorativo y sometido al protagonista varón. Aquí la chica cobra relevancia de verdad, convirtiéndose en un personaje clave, con las mejores frases de la película, llenas de acierto, inteligencia y sentido. Mally es la que le descubre la verdad a Ben, un tanto torpe en sus razonamientos; la que pone en su sitio al policía machista que los lleva a Arizona, dejándolo sin palabras y descubriendo su vileza moral; Mally salva también a Ben cuando está recibiendo una buena paliza y, finalmente, es ella la que toma las riendas del futuro de ambos, asegurándose un buen colchón económico para ellos y proponiéndole a Ben, indirectamente, el matrimonio. Sin duda, un personaje sorprendente y admirable.

Por desgracia, todas las debilidades y simplicidades del guión salen a relucir en el esperpéntico final, que revela por sí solo la escasa elaboración de la historia. Es un desenlace que, violencia a parte, resulta incongruente y terriblemente simplista.

En cuanto a Clint Eastwood, tenemos su faceta de actor, en la cuál sigue en la línea de las películas de esa época: un tipo duro, poco expresivo, pero con esa presencia pétrea que le iba bastante bien a sus personajes. No resulta brillante, pero al menos es convincente. Como director, Eastwood demuestra solvencia en las escenas de acción, filmadas correctamente, aunque tampoco en este apartado destaca especialmente todavía.

Sondra Locke, por entonces pareja sentimental de Clint Eastwood, lo que explica que protagonizara hasta cinco películas dirigidas por él en esos años, sin ser una actriz genial, realiza aquí una gran interpretación, apoyada sin duda en la fuerza de su personaje.

Ruta suicida puede gustar a los incondicionales del director. Pero, siendo sinceros, es un trabajo muy menor dentro de la filmografía de Clint Eastwood. El hecho de que, con los años, Eastwood alcanzara la cima de su profesión no sirve de pretexto para no valorar este film en su justa medida.

domingo, 17 de mayo de 2020

Misión imposible: Protocolo fantasma



Dirección: Brad Bird.
Guión: Josh Appelbaum y André Nemec.
Música: Michael Giacchino.
Fotografía: Robert Elswit.
Reparto: Tom Cruise, Paula Patton, Jeremy Renner, Simon Pegg, Michael Nyqvist, Anil Kapoor, Léa Seydoux, Josh Holloway, Vladimir Mashkov, Tom Wilkinson.

Ethan Hunt ((Tom Cruise), agente del IMF (Fuerzas de Misiones Imposibles), deberá identificar a Cobalto (Michael Nyqvist), un peligroso terrorista que planea lanzar un ataque con misiles que desate una guerra nuclear. Cobalto necesita los codigos de lanzamiento, en poder de una asesina a sueldo que se los robó, tras matarlo, a otro agente del IMF.

Misión Imposible: Protocolo fantasma (2011) es la cuarta entrega de la serie comenzada en 1996 con Misión imposible (Brian De Palma), que se basaba en una exitosa serie homónima de televisión norteamericana emitida entre 1966 y 1973. De la serie televisiva, la cinematográfica retoma la icónica melodía original de Lalo Schifrin, el uso de avanzadas tecnologías, los mensajes que se autodestruyen  o la mecha que va quemándose en los títulos de crédito.

Parece que Tom Cruise se ha agarrado a esta serie para mantenerse en primera línea a pesar del paso de los años, que hacen que su personaje resulte cada vez un poco menos convincente. Es algo similar a Bruce Willis y su papel de John McClane. Se mire como se mire, no deja de ser una mera explotación de la gallina de los huevos de oro, que seguirá en marcha mientras la taquilla no diga basta.

Misión imposible: Protocolo fantasma no deja de ser, por lo tanto, un mero producto prefabricado cuya misión es recaudar lo máximo posible, dentro de esa corriente de Hollywood de explotar sagas de films aportando muy poco en cada nueva entrega. Con esto quiero decir que no debemos esperar un film inteligente, con una trama de espionaje bien estructurada, coherente y apasionante. No se trata de una adaptación de LeCarré, sino de un film más en la línea de la serie de James Bond, donde sinceramente cuesta tomarse en serio a los personajes, sus peripecias y los peligros que los rodean.

Aún así, dentro de este capítulo, hemos de diferenciar los productos bien presentados de los meramente chapuceros y, siendo sinceros, Misión imposible: Protocolo fantasma es una película cuidada hasta el más mínimo detalle; se nota sin duda la abundancia de recursos puestos a disposición del director.

Para empezar, no tendremos un momento de respiro; el film es acción y más acción por sus cuatro costados. He aquí pues un primer elemento a destacar: será imposible aburrirse, encontrar un tiempo muerto. Es un producto de diversión pura y dura, con lo que la intriga, si bien necesaria para dar algo de coherencia y soporte a los que vemos, no deja de quedar en un segundo plano. Es verdad que, bien analizada, resulta un tanto simple y algo grotesca, pero está bastante bien engarzada y permite seguir las aventuras de Ethan y su equipo sin sentirnos del todo engañados.

Pero lo importante es la aventura y hay que reconocer que Brad Bird, que debutaba en un film con humanos (antes había dirigido films de animación), demuestra soltura a la hora de ofrecernos una sucesión de secuencias de acción cada cuál más espectacular, como la de Tom Cruise trepando por el edificio en Dubai, la persecución en plena tormenta de arena o la pelea en el aparcamiento en la parte final. Es cierto que con la teología actual todo parece posible y que cada vez estamos ya más acostumbrados a ver peripecias increíbles, con lo que este derroche de efectos cada vez nos sorprende menos, pero ello no resta méritos al trabajo del director, que consigue transmitir la emoción y el peligro sin perder claridad y ritmo.

Quizá lo menos sólido de la película sea que el guión tan estereotipado, que repite de nuevo una serie de tópicos y lugares comunes de este tipo de producciones, lo que hace que muchos elementos de la historia resulten demasiado trillados, como los personajes con una función meramente cómica; las chicas espectaculares, para añadir unas pequeñas dosis de erotismo; una intriga de la que se adivina fácilmente el desenlace y, por lo tanto, carente de verdadera emoción; y un nulo respeto por la verosimilitud, ya que todo se somete a la necesidad de alimentar el espectáculo, que termina siendo la única finalidad de la película.

En el reparto tenemos a Tom Cruise, productor también, como estrella absoluta. Es cierto que no es el mismo de hace unos años, pero aún puede meterse en la piel de Ethan Hunt sin desentonar. La sorpresa agradable es contar con Jeremy Renner, que parece hecho para papeles de duro y que resulta siempre convincente. Paula Patton y Léa Seydoux aportan las gotas de erotismo indispensables, aunque la primera también resulta muy convincente en su papel de chica de armas tomar.

Misión imposible: Protocolo fantasma es un film pensado para la taquilla, todo funciona de manera precisa, con ritmo, vistosas escenas de acción, dosis de humor y unas pequeñas gotas de intriga. Hemos de reconocer que, como mero pasatiempo, es un film bien construido, aunque dentro de unas pautas tan manoseadas que, en el fondo, no se pierde nada si lo dejamos pasar de largo, pues seguramente ya hemos visto muchas películas del mismo corte.

miércoles, 15 de abril de 2020

Perdida



Dirección: David Fincher.
Guión: Gillian Flynn (Libro: Gillian Flynn).
Música: Trent Reznor y Atticus Ross.
Fotografía: Jeff Cronenweth.
Reparto: Ben Affleck, Rosamund Pike, Neil Patrick Harris, Tyler Perry, Kim Dickens, Patrick Fugit, Carrie Coon, Missi Pyle, Kathleen Rose Perkins, Emily Ratajkowski.

El día de su quinto aniversario de boda, Amy (Rosamund Pike) desaparece de su domicilio. Cuando su esposo Nick Dunne (Ben Affleck) informa a la policía del hecho, los primeros indicios hacen recaer las sospechas en él.

Lo mejor que se puede decir de Perdida (2014) es que es un film que sorprende al espectador y, dada la simplicidad de muchos thrillers actuales, cortados por un patrón parecido, el hecho de que no sepamos en casi ningún momento a qué atenernos es un gran elogio para la película, cuyo excelente guión fue escrito por Gilliam Flynn, la misma autora del libro en que se basa Perdida. Y nunca me cansaré de insistir en que con un buen guión, y aquí lo tenemos, la mitad del camino para el director está hecho.

Dados los habituales giros y engaños a que los thrillers actuales nos tienen acostumbrados, algunas veces de una falsedad vergonzosa, desde el comienzo de Perdida estamos expectantes, sin saber muy bien qué derroteros va a tomar la historia. Lo que yo tenía claro es que detrás de la desaparición de Amy iba a haber mucho más de lo que nos pudiéramos imaginar. El peligro era comprobar si el guión iba a seguir unos derroteros coherentes o se iba a apuntar al terreno del engaño chapucero.

Lo bueno de la historia es que, mientras esperamos a ir descubriendo acontecimientos, el argumento no nos permite ni un momento de aburrimiento y, dentro de una aparente normalidad en la investigación y búsqueda de Amy, nos vamos sintiendo cada vez más atrapados en la intriga, intentado averiguar si Nick es un buen hombre, como aparenta, o si oculta algo verdaderamente turbador.

Y es entonces, cuando la historia comienza a perfilarse y la madeja del misterio se va desvelando, cuando apreciamos el gran trabajo de Gilliam Flynn. Es verdad que el argumento es un tanto enrevesado y requiere de nuestra complicidad para aceptar su planteamiento, pero al mismo tiempo Fincher ha logrado mantener nuestra atención con tanto acierto y los giros argumentales encajan, dentro de su rareza, tan convenientemente, que aceptamos lo curioso de la historia con cierta complacencia, pues estamos metidos de lleno en ella y, por encima de lo verosímil o extraño de la figura de Amy, apreciamos la originalidad del relato, las dosis de intriga y los giros inesperados que nos han tenido en vilo durante todo el film, que no es corto precisamente, lo que añade más mérito al trabajo del director.

Precisamente, Fincher sabe jugar con buen pulso con la alternancia del presente y los flashbacks al comienzo del film, con lo que tenemos una narración ágil que nos va atrapando poco a poco en un thriller que cuenta con el acierto también de ahondar en las relaciones de pareja e incluso hacer una dura crítica de los programas basura de televisión, si bien aquí el tono me pareció demasiado poco sutil para mi gusto. El no centrarse de manera exclusiva en la intriga, desarrollando personajes y temas secundarios, aporta riqueza y profundidad al film.

En cuanto al reparto, me gustaría destacar el buen trabajo en general de todos los actores, pero destacando especialmente a Rosamund Pike, que compone un personaje lleno de aristas, de sombras y que resulta perturbadora dentro de una apariencia casi angelical muchas veces. Ben Affleck, sin embargo, me sigue pareciendo un actor demasiado soso, inexpresivo, casi sin sangre en las venas y que no termina de convencerme del todo.

En resumen, Perdida es una película muy interesante. Es cierto que no llega a las cotas de excelencia de Seven (1995), quizá el mayor logro de Fincher, pero es que ese thriller había puesto el listón muy, muy alto; pero sin duda es un film bien construido, con una intriga sorprendente y cuyas trampas argumentales se aceptan con gusto y que te mantendrá enganchado a la pantalla durante todo el tiempo.

sábado, 11 de abril de 2020

Imagine: John Lennon



Dirección: Andrew Solt.
Guión: Sam Egan y Andrew Solt.
Música: John Lennon y The Beatles.
Fotografía: Nestor Almendros.
Reparto: John Lennon, Yoko Ono, Paul McCartney, George Harrison, Ringo Star, Sean Lennon, Phil Spector, Cynthia Lennon, Julian Lennon, George Martin, Brian Epstein.

John Lennon está preparando en su mansión la grabación de su tema Imagine, todo un símbolo de sus ideas sobre la política, la religión, la sociedad y el mundo.

Imagine: John Lennon (1988) es un documental centrado en la figura de John Lennon una vez que ya se ha disuelto The Beatles. Por una parte, el film relata la vida del músico al lado de Yoko Ono, su matrimonio, su famosa estancia en la cama de un hotel en Amsterdam para abogar por la paz en el mundo, su vida en Nueva York, su separación temporal de Yoko Ono, la importancia en su vida del nacimiento de su hijo Sean.

A partir de este relato, el documental también aprovecha la ocasión para hacer un recorrido rápido por la vida de Lennon y, especialmente, su etapa con The Beatles, desde su origen en la época estudiantil, su paso por Hamburgo y su explosión al regresar a Inglaterra, convirtiéndose en todo un fenómeno cultural a nivel mundial.

Como documental, hay que decir que, para todos aquellos que crecieron con The Beatles o amaron su música, al tiempo que siguieron después la obra de John Lennon, el trabajo de Andrew Solt va a resultar muy interesante. Hay mucho material de archivo que se ha visto en otros films sobre el grupo, es cierto, pero también mucho otro rodado de primera mano centrado en Lennon, con interesantes entrevistas y momentos de su vida cotidiana, donde podemos ver al músico en sesiones de grabación, con sus amigos o en actos públicos. Hay algún momento curioso, como su conversación con un hombre que merodeaba por su casa y al que termina invitando a comer.

Sin embargo, hay que reconocer que el documental pasa bastante rápido por todos los apartados de que se ocupa, dejando una sensación agridulce: por un lado, el material que ofrece es interesante, es verdad, pero te deja con las ganas de más. Echo de menos un recorrido más profundo sobre la vida de John Lennon y aquellos momentos que marcaron su vida, sobre los que Andrew Solt pasa de puntillas.

Lo mismo sucede con el repaso a The Beatles: Solt toca los momentos clave, pero no consigue trasmitir la pasión y la trascendencia que tuvo el grupo en su época. De la misma manera, se podría achacar que no tenemos ninguna entrevista con el resto de The Beatles; se entiende porque es un documental centrado en Lennon, pero algunos apuntes aportados por Paul, George o Ringo habrían venido muy bien.

Sin embargo, en el documental queda muy bien analizada la relación de John y Yoko, incidiendo en su amor incondicional, en su unión casi perfecta y que dio un giro total en la vida de Lennon. Es, sin duda, la parte fundamental del film.

Es evidente que el formato de documental limita ciertamente una mayor profundización, y más cuando la duración total es de apenas cien minutos, pero, como decía, uno se queda un poco frío al final, con la sensación de que se ha sido demasiado superficial, de que se ha dedicado poco tiempo a la vida y obra de uno de los músicos más importantes de la historia. Así todo, se disfruta de algunos momentos únicos. Merece la pena.

Sólo tú



Dirección: Norman Jewison.
Guión: Diane Drake.
Música: Rachel Portman.
Fotografía: Sven Nykvist.
Reparto: Marisa Tomei, Robert Downey Jr., Bonnie Hunt, Joaquim de Almeida, Fisher Stevens, Billy Zane, Adam LeFevre, John Benjamin Hickey, Siobhan Fallon.

A los once años, Faith Corvatch (Marisa Tomei) conoce el nombre de su alma gemela. Cuando años después recibe una llamada telefónica de dicho hombre, no duda en dejarlo todo para ir en su busca.

La comedia romántica parece haberse atascado en un laberinto de difícil salida, al menos mientras los guionistas de turno opten por la vía más sencilla y no intenten estrujarse un poco más las neuronas. Actualmente, resulta muy complicado encontrar una comedia romántica original, divertida y cautivadora.

Y Sólo tú (1994), por desgracia, no es una excepción a esta mediocridad imperante. La solución a la repetición de una fórmula muy gastada en el género (la pareja protagonista se busca, se encuentra, supera varias dificultades para poder disfrutar de un instante de unión para luego separarse, casi irremediablemente, antes de la reconciliación final) es buscar la originalidad en un argumento retorcido y absurdo que termina por dinamitar él solo la necesaria credibilidad de la historia para que el espectador pueda sentirse involucrado en ella y, de esa manera, participar de las desgracias y alegrías de los protagonistas.

Diane Drake, en un alarde de imaginación desbocada e ingenuidad infantil, teje una historia que se sostiene con alfileres desde el principio, aunque aún puede tener una justificación en virtud de un romanticismo idealizado al servicio del argumento. Pero como no encuentra inspiración más que en retorcer la historia al límite de lo plausible, la guionista va dando giros increíbles a la premisa inicial hasta convertirla en un despropósito. Al final, el hombre de quién se enamora Faith ha construido tal cantidad de mentiras que nadie en su sano juicio se fiaría lo más mínimo de él. Pero en Sólo tú parece que cualquier cosa vale con tal de complicarlo todo con la esperanza de que sea esta aparente sorpresa continua la que salve el film y lo haga atractivo para el público. Puede que funcione para muchos espectadores, pero desde mi punto de vista todo el argumento no es más que una absurda manera de afrontar una historia previsible, sin personajes realmente atractivos e interesantes y maquillar así la falta de originalidad y talento.

En realidad, los personajes carecen de verdadera entidad, no llegamos a conectar con ellos, a entenderlos y tanto la búsqueda de Faith de un hombre desconocido como su enamoramiento cuando cree encontrarlo resultan demasiado precipitados y poco convincentes. Es como si la premisa del film fuera que los protagonistas tuvieran que quedar reducidos a seres irreflexivos, impulsivos y alocados, sin más justificación que la fuerza de la búsqueda de un alma gemela que, para colmo, al final resulta tratarse de un engaño por parte del hermano de Faith.

A favor del film hay que decir que Norman Jewison aporta su buen hace tras la cámara y maquilla de alguna manera la poca entidad del relato, con una dirección acertada, llena de buen gusto y con algunas escenas muy hermosas. También le ayuda mucho el acierto con la pareja protagonista: Marisa Tomei derrocha encanto y frescura y Robert Downing Jr. consigue hacer bastante creíble a su personaje, casi un despropósito por culpa del guión. Y también está notable Bonnie Hunt, como la amiga infalible de Faith.

Sólo tú es una pobre represente del género, un film meramente comercial, superficial y destinado a un público absolutamente transigente con todo, entregado y sin el más mínimo espíritu crítico.

domingo, 5 de abril de 2020

Chaplin



Dirección: Richard Attenborough.
Guión: William Goldman, William Boyd y Bryan Forbes.
Música: John Barry.
Fotografía: Sven Nykvist.
Reparto: Robert Downey Jr., Anthony Hopkins, Dan Aykroyd, Geraldine Chaplin, Kevin Dunn, Mila Jovovich, Kevin Kline, Paul Rhys, Diane Lane, Penelope Ann Miller, Marisa Tomei, James Woods, David Duchovny, John Thaw.

Charles Chaplin (Robert Downey Jr.), hijo de una pareja de artistas de vodevil, tiene una infancia muy dura en el Londres de finales del XIX. Abandonado por su padre y con la madre enferma, Chaplin comienza muy joven a ganarse la vida en trabajos muy humildes. Gracias a su hermano mayor Sydney (Paul Rhys), empezará a trabajar en la compañía de teatro de Fred Karno (John Thaw).

Entiendo que hacer un film biográfico se me asemeja una tarea muy difícil. Solamente elegir qué partes tratar y cuáles omitir de la vida de un personaje es ya de por sí una ardua tarea. Si además la biografía es la de Charles Chaplin, con una vida artística muy rica y otra personal tremendamente complicada, la empresa parece casi imposible. Digo todo ello como alabanza hacia Richard Attenborough por atreverse a emprender semejante proyecto. Sin embargo, también es verdad que uno debe ser capaz de conocer sus posibilidades y sus limitaciones. Y, sinceramente, me esperaba mucho más de Chaplin (1992).

Señalemos antes de nada el gusto de Richard Attenborough por el género de las biografías: en 1972 dirigió la primera de ellas en El joven Winston, retrato de los primeros años del político Winston Churchill; su consagración como director le llegaría con otra biografía, su película más famosa, Gandhi (1982); y volvería a este género, un año después de Chaplin, con Tierras de penumbra, centrada en el poeta C. S. Lewis.

Centrándonos ya en Chaplin, no podemos negar que se trata de una producción absolutamente impecable, con un esmero en todo lo relacionado con la ambientación, los decorados o el vestuario. La fotografía es espléndida también. Uno percibe no solo la gran cantidad de medios puestos al servicio de Richard Attenborough, sino también el buen oficio de éste para ofrecernos un film estética y formalmente impecable. Con una buena experiencia detrás, no se podía esperar menos del director.

También hemos de poner una buena nota la reparto, con grandes actores como Anthony Hopkins, en el único papel inventado de la película, Dan Aykroyd, Kevin Kline, la hermosísima Mila Jovovich o Geraldine Chaplin, cuya presencia parecía casi inevitable. La hija de Charlot hace aquí de su madre y es ciertamente emocionante ver a Geraldine en ese papel. Pero la figura indiscutible del reparto es, naturalmente, Robert Downey Jr. que destaca no solamente por su asombroso parecido físico con Charles Chaplin, sino también ofreciendo un trabajo de altísimo nivel que demuestra el talento innato de un actor que, hasta esa fecha, no había terminado de despegar, lo que logró con su actuación en esta película.

Sin embargo, me temo que aquí se terminan las alabanzas a Chaplin. Como se puede ver, reducidas al apartado técnico y al reparto. Pero en lo más importante, recrear la apasionante vida y obra de uno de los genios del cine, Attenborough se queda en muy poca cosa.

Como decía al principio, afrontar una tarea como ésta no es sencilla, pero hay maneras de hacerlo y la elegida por el director no me parece acertada. Para empezar, el introducir la figura del biógrafo (Anthony Hopkins) que, con Charles Chaplin, repasa el manuscrito de su biografía, lo que sirve de hilo para ir contando la historia del cómico, no terminó de convencerme y creo que no termina de funcionar del todo bien y el motivo puede ser que me resulta algo artificial.

Pero lo peor de Chaplin es la falta de pasión que se percibe en toda la película. Chaplin es un film con una envoltura soberbia, pero aburrido, plano. No sé si Richard Attenborough quiso abarcar demasiado, aunque la generosa duración del film le daba para mucho, pero el caso es que el repaso de la vida y la obra de Chaplin se queda en la superficie de las cosas, sin profundizar realmente en nada. No tenemos una visión clara de sus duros inicios, ni de la manera en que se fue afianzando en la industria del cine hasta convertirse en un ídolo para el público, lo que apenas se percibe en la película. Incluso, el director cae en una especie de rutina a la hora de ir mostrando cómo Charles Chaplin iba ideando cada nueva película, de manera que tenemos una serie de momentos que resultan demasiado similares entre sí y que, como en todo el film, se quedan en la superficie.

Tampoco la vida personal de Chaplin recibe el tono adecuado y volvemos a quedarnos con las ganas de saber más. Hay pasajes fundamentales de su vida sentimental que se pasan por alto de una manera lamentable, cuando hubieran podido dar el tono dramático y el acercamiento necesario a la figura del protagonista para darle más vida al film. Parece, como decía, que el director hubiera querido abarcar demasiado y pasara de puntillas por todos los capítulos de la vida de Chaplin, pero sin detenerse en realidad en ninguno.

Hay algunos breves momentos de cierta inspiración, como esa secuencia en que Chaplin debe escapar con los negativos de El chico. Filmadas a más velocidad de la normal, como en el cine mudo, son uno de los pocos momentos logrados del film. Sin embargo, el final, cuando el actor recibe el Oscar honorífico por toda su carrera, resulta absolutamente forzado y manipulador, buscando de una manera demasiado fácil la emoción que le faltó a la película.

Al final de la película me queda un sabor amargo, la constatación de haber presenciado un film sin alma, rutinario y superficial que en nada sirve para acercarnos a la vida y obra de una figura indispensable de la historia del cine.