El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

lunes, 13 de mayo de 2024

Cuando ruge la marabunta



Dirección: Byron Haskin.

Guión: Philip Yordan y Ranald MacDougall (Historia: Carl Stephenson).

Música: Daniele Amfitheatrof.

Fotografía: Ernest Laszlo.

Reparto: Eleanor Parker, Charkton Heston, Abraham Sofaer, William Conrad, Romo Vincent, Douglas Fowley, John Dierkes, Leonard Strong, Norma Calderon. 

Christopher Leiningen (Charlton Heston) posee una plantación de cacao en Brasil que ha construido con su esfuerzo personal. Deseando tener hijos que hereden sus propiedades, decide casarse por poderes con Joanna (Eleanor Parker), una mujer de Nueva Orleans.

Algo tiene el cine clásico, si bien Cuando ruge la marabunta es de 1954, que sigue fascinando a pesar de su teatralidad típica propia de una concepción del cine muy diferente a lo que se estila hoy en día. Sin pretender decir qué es mejor y qué es peor, reconozco que las películas del Hollywood clásico siguen teniendo un encanto especial y esta típica cinta de aventuras no escapa a esa percepción.

Si nos atenemos al guión, tenemos que reconocer que el tema del matrimonio por poderes resulta algo chocante, sobre todo cuando vemos a la hermosa y culta Eleanor Parker, con lo que nos cuesta entender que dejara su vida en la civilización yendo al encuentro de un desconocido en medio de la selva amazónica.

Como también es un poco peliculero el desenlace, con los protagonistas plantando cara a una invasión de hormigas devastadora con una sangre fría realmente increíble. 

Pero por encima de las arbitrariedades del guión o de su enfoque un tanto teatral, Cuando ruge la marabunta tiene un encanto indudable en su sencillez, o tal vez en la ingenuidad del dibujo de los personajes, con Christopher rozando los clichés más elementales y una Joanna tan decidida como fascinante. Lo que está claro es que la elección de Charlton Heston para el papel del hombre rudo y hecho a sí mismo es perfecta; dentro de su tendencia a la sobre actuación, el actor encarna como pocos a ese macho arrogante y orgulloso, haciendo su personaje totalmente convincente. 

Pero es Eleanor Parker la que nos sorprende, no solamente por una belleza deslumbrante, sino por la manera en que afronta su desgracia al conocer a Christopher, con dignidad, elegancia y un sentido del humor maravilloso.

Es la relación de enfrentamiento entre ambos lo más potente de la cinta. Al lado de sus tiras y aflojas, de sus pullas e insinuaciones, la marabunta me pareció muy poca cosa. El choque entre Christopher y Joanna está repleto de momentos sugestivos, de frases memorables, de dobles sentidos épicos, como la alusión a que un piano suena mejor cuando ya ha sido tocado con anterioridad. Y es que parte del encanto que tienen los films clásicos es que, como no podían aludir a ciertos temas abiertamente, por problemas de censura y pudor, utilizaban las metáforas, insinuaban más que mostrar abiertamente, y con ello lograban una poesía y una magia que me fascinan. El ejemplo perfecto es cuando Joanna le pide a su marido que le unte la loción contra los mosquitos; pocas veces de puede disfrutar de un momento tan erótico sin mostrar nada más que unas manos frotando la delicada piel de una Eleanor Parker deslumbrante.

Lógicamente, el momento estelar es el de la lucha contra la marabunta, con unos efectos especiales realmente logrados. Son los momentos más dramáticos y la lucha contra las hormigas ofrece momentos espeluznantes y heroicos, pero sin el duelo entre marido y mujer, entre el orgullo y la entereza, tendríamos un film mucho más mediocre. En el drama humano hay mucha más fuerza que en el ejército de insectos.

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