El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

sábado, 11 de mayo de 2024

Estallido



Dirección: Wolfgang Petersen.

Guión: Laurence Dworet y Robert Roy Pool.

Música: James Newton Howard.

Fotografía: Michael Ballhaus.

Reparto: Dustin Hoffman, Rene Russo, Morgan Freeman, Cuba Gooding Jr., Donald Sutherland, Kevin Spacey, Patrick Dempsey, Malick Bowens, Zakes Mokae.

A pesar de los intentos de las autoridades norteamericanas de erradicar en el pasado un peligroso virus, éste vuelve a aparecer años después otra vez en África, pero esta vez consigue llegar a los Estados Unidos, poniendo en peligro a millones de personas. 

Estallido (1995) podría haber sido un film interesante sobre el peligro de un virus para el que no se conoce la cura y que es tan letal que puede causar una verdadera sangría mundial, algo que desgraciadamente sucedió años después con el Covid, demostrándose una vez más que la realidad supera a la ficción.

Pero la idea de los padres de la película no era crear un film riguroso, ni profundo. Estallido no deja de ser un producción del género de catástrofes orientada descaradamente hacia la acción sin importar prácticamente nada más: ni rigor, ni credibilidad, ni sentido común.

Y eso que al principio la historia arranca con cierto interés con la aniquilación de un campamento militar infectado para evitar la propagación de la enfermedad, lo que plantea una interesante reflexión: ¿es lícito sacrificar a unos pocos por el bien de muchos?; reflexión que siempre plantea cuestiones éticas importantes, como quién decide qué número de víctimas es aceptable y si las decisiones tan drásticas las toma siempre la persona o personas apropiadas.

Sin embargo, no es esa la intención de la cinta y pronto vemos como empieza a derivar a un enfoque mucho más tradicional, orientado sin disimulo al espectáculo, sea del tipo que sea, incluyendo la manipulación sentimental perfectamente planificada en torno al equipo médico que combate el virus.

Así, al problema global del virus, que afecta a una población anónima, el guión se encarga de aportar la dosis de individualización precisa para que no pasemos por el relato de puntillas. Se escenifica el conflicto matrimonial entre Sam (Dustin Hoffman), el responsable del equipo médico que combate el virus, y su exmujer Robby (Rene Russo), incidiendo en el amor incondicional que se profesan y anunciando claramente la reconciliación final. Y conste que aunque todo esto suene un poco melodramático y escasamente original, hay que admitir que esta parte del relato ofrece algunos momentos bastante logrados merced al buen trabajo de ambos actores y unos diálogos que logran transmitir sus sentimientos sin caer en lo empalagoso.

Tampoco puede faltar alguna muerte más dramática que el resto, para que el espectador sienta de cerca el drama narrado, algo que desde el Covid hace que no podamos tomarnos en broma nada de lo que se cuenta. Desde este punto de vista, la realidad de la pandemia le ha dado la dosis de autenticidad a Estallido que su guión peliculero le hurtaba por momentos.

Pero aún con un enfoque poco riguroso, la película iba funcionando con acierto en su mezcla de thriller y drama personal hasta que el excesivo énfasis final por cargar las tintas con la trama militar y política, con un malvado Donald Sutherland cuyo personaje es tan excesivo que cuesta tomarlo en serio, termina por dejarnos un amargo sabor de boca. Y es que el guión descarrila en el desenlace sin remedio en busca del espectáculo y la tensión llevados a un extremo casi ridículo. Sin ese afán sensacionalista, Estallido podría tener un pase, pero los últimos minutos arruinan parte de la eficacia de lo narrado anteriormente y convierten el tema del virus en una pantomima que cuesta tomar en serio. Hasta que la realidad entró en acción. 

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