El cine y yo
Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.
Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.
El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.
El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.
No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.
Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.
El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.
El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.
No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.
sábado, 12 de marzo de 2016
Red
Dirección: Robert Schwentke.
Guión: Jon Hoeber y Eric Hoeber. (Comic: Warren Ellis).
Música: Christophe Beck.
Fotografía: Florian Ballhaus.
Reparto: Bruce Willis, John Malkovich, Morgan Freeman, Helen Mirren, Karl Urban, Mary-Louise Parker, Brian Cox, Richard Dreyfuss, Rebecca Pidgeon, Ernest Borgnine.
Frank Moses (Bruce Willis) es un agente de la CIA retirado que lleva una vida un tanto solitaria y aburrida. Sin embargo, una noche recibe la visita de un grupo de matones dispuestos a liquidarlo. Tras librarse de ellos, Frank intentará averiguar que hay detrás de ese ataque.
A partir de un comic (otro más), Schwentke nos ofrece un espectáculo típico de ese cine de palomitas entretenido pero intrascendente, para esos días de invierno en que no hay mucho que hacer.
La película intenta ser una mezcla de cine de acción y comedia ligera y la verdad es que, aunque hay algunos momentos buenos, en líneas generales la mezcla no termina de funcionar.
Y eso que Red (2010) arranca bastante bien: nos presenta a un aburrido pensionista que solo tiene el consuelo de sus conversaciones telefónicas con la encargada de enviarle su pensión, Sarah (Mary-Louise Parker), hasta que una noche un grupo de sicarios intenta matarlo. La intriga está servida y la escena de lucha en la casa de Moses es espectacular.
Sin embargo, en lugar de seguir en esta línea, la película gira hacia la comedia mientras asistimos al encuentro de Moses con antiguos camaradas de oficio; encuentros muy poco originales y un tanto ridículos, repitiendo sin mucha convicción la idea de que cada persona a la que Moses va a pedir ayuda tiene una cuenta pendiente con él. Se rompe pues bruscamente el climax de tensión y entramos en un nuevo tono un tanto soso, donde la gracia brilla por su ausencia. Además, los personajes a los que dan vida Morgan Freeman, John Malkovich, Helen Mirren o Brian Cox son, más que seres de carne y hueso, meras caricaturas que no llegan a trasmitirnos nada. En cierto modo, quizá por el papel de John Malkovich, la película me hizo pensar en una especie de Equipo A de jubilados. Y como en aquella estúpida serie, aquí también asistimos a algunas escenas muy aparatosas donde, milagrosamente, parece que las balas esquivaran a los blancos.
La intriga prosigue como eje conductor de la historia, pero ya hemos perdido el interés y la emoción, toda vez que no nos será nada complicado adivinar el final feliz que se prepara en el horizonte y constatar que el tono ligero seguirá presente para arruinar del todo el posible interés por el argumento. Y es que si no siempre es bueno mezclar géneros, en este caso es la parte de la comedia, sin gracia y sin originalidad, la culpable de que la película resulte un tanto fallida.
Nos queda, eso sí, poder disfrutar de un reparto de lujo, con algunos actores a los que siempre es un placer poder ver. Es verdad que Morgan Freeman tiene un papel reducido, que John Malkovich es presentado como un pirado (aún así su trabajo es magnífico) y que Helen Mirren está fuera de lugar con una metralleta en la mano... pero si algo destaca en Red es sin duda la nómina de actores que reúne. Lástima que no se les saque todo el partido posible. Por cierto, no quisiera olvidarme de Ernest Borgnine, siempre es bonito encontrarnos con un actor de su trayectoria al que el cine aún le brinda un pequeño papel, como homenaje cariñoso.
Red es, pues, una película que se queda en tierra de nadie. La culpa, sin duda, de un guión bastante flojo que no consigue convencer, especialmente en el aspecto cómico y ligero que quiere dar a la trama. Puede resultar un pasatiempo agradable, pero sus carencias son manifiestas, así que es posible que nos deje un tanto insatisfechos.
jueves, 10 de marzo de 2016
Hombres de negro
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guión: Ed Solomon (Comic: Lowell Cunningham).
Música: Danny Elfman.
Fotografía: Donald Peterman.
Reparto: Tommy Lee Jones, Will Smith, Linda Fiorentino, Vincent D'Onofrio, Rip Torn, Tony Shalhoub, Siobhan Fallon, Mike Nussbaum, Richard Hamilton.
Desde hace muchos años, en la tierra habitan alienígenas llegados de otras galaxias en busca de refugio. Un departamento secreto del gobierno norteamericano se encarga de controlarlos y vigilarlos. Un día, el agente de policía James Edwards (Will Smith) se enfrenta sin saberlo a un alienígena. Este descubrimiento cambiará su vida.
Basada en un comic de Lowell Cunningham, Hombres de negro (1997) es una disparatada comedia con un gran éxito de taquilla en su momento, lo que ha dado lugar a dos secuelas más y una serie de animación.
La película no deja de ser un disparate de principio a fin. Lo que sucede es que para hacer disparates que funcionen, y esta película funciona bastante bien, hay que tener talento y sentido del ritmo. Y Sonnenfeld demuestra que los tiene. Además, es cierto, la película tiene mucho dinero detrás, con unos efectos especiales apabullares y una puesta en escena impecable. Hay que reconocer que en cine de puro espectáculo, los americanos tienen mucho arte, y más si detrás del proyecto está Steven Spielberg como productor.
Como es de esperar, en este tipo de películas el argumento es casi lo de menos. En este caso, un bicho extraterrestre llega a la tierra para robar una poderosa arma con la que desatar una guerra ínter galáctica. Bueno, hace falta un punto de partida en toda historia y ese es tan válido como otro cualquiera. A partir de ahí, se desata la locura: Tommy Lee Jones y Will Smith, los hombres de negro, en busca del malhechor alienígena que va desatando el caos por donde pasa, además de dejar un buen reguero de cadáveres tras de sí. Lo importante es el despliegue de efectos, especialmente con la creación de toda una fauna de extraterrestres más originales los unos que los otros, y mucha acción: carreras, persecuciones, disparos,... y como guinda de todo un humor que, sin ser nada realmente novedoso, sí que proporciona algunos momentos bastante logrados, como en el nacimiento del hijo de un alienígena ("Felicidades, acaba de tener un precioso... calamar") o cuando el agente J (Smith) descubre entre los alienígenas que viven mezclados con los humanos a Sylvester Stallone y a su profesora de primaria.
Tommy Lee Jones y Will Smith encabezan un buen reparto, aportando un talento innegable para este tipo de papeles, mezcla de tipos duros y chuletas de barrio. Genial también Vincent D'Onofrio, con una caracterización magnífica. Y no nos olvidemos de Linda Fiorentino, haciendo honor a su nombre.
Hombre de negro no es más que cine de palomitas, pero con una historia muy original y una puesta en escena cuidada al máximo, lo que garantiza que pasemos un rato muy entretenido dejándonos llevar por esta aventura surrealista e intergaláctica que se llevó el Oscar al mejor maquillaje con todo merecimiento.
martes, 8 de marzo de 2016
Carta de amor
Dirección: Peter Ho-sun Chan.
Guión: Maria Magenta (Novela: Cathleen Schine).
Música: Luís Enríquez Bacalov.
Fotografía: Tami Raiker.
Reparto: Kate Capshaw, Blythe Danner, Ellen DeGeneres, Geraldine McEwan, Julianne Nicholson, Tom Everett Scott, Tom Selleck, Gloria Stuart, Bill Buell.
Helen (Kate Capshaw) es la dueña de una librería en un pequeño pueblo costero. Un día, en un sofá de la tienda, encuentra una carta de amor anónima y piensa que está dirigida a ella. Empieza así a fantasear con quién puede habérsela escrito.
Carta de amor (1999) es un film modesto en todos los sentidos, incluida una duración bastante contenida de solo ochenta y ocho minutos, que sin embargo son tiempo más que suficiente para contarnos una serie de historias de amor entrelazadas que conforman el argumento de la película.
Sin embargo, no se trata de la típica comedia romántica al uso, de la que ya tenemos miles de obras pululando por ahí con esquemas similares. Por eso, buscando sin duda una cierta originalidad, Peter Ho-sun Chan le da a los personajes y situaciones de esta comedia un toque diferente, extraño, que hace que en un primer momento uno se sienta un tanto desconcertado ante algunos diálogos que no parecen seguir unas pautas normales, o con algunas reacciones desconcertantes, o con unos personajes que no sabemos muy bien de que van... Es necesario tener un poco de paciencia para ir cogiendo el ritmo y entendiendo a los protagonistas. Es necesario olvidarnos de lo que sería lo lógico y encajar unos sucesos que a veces son un tanto extraños.
Y si bien ese tratamiento es lo que le da un aire diferente a una comedia que argumentalmente es bastante normal, de la misma manera esas rarezas nos impiden en muchos momentos tomarnos en serio a los personajes, implicarnos más con sus vicisitudes.
Hacia el final, sin embargo, el guión parece retomar unos cauces más ortodoxos, pero aún así he notado que la historia no llegaba a emocionarme especialmente. Hay un tratamiento un tanto frío, los personajes no parecen abrirse del todo, en un juego curioso y original que hace de esta película una comedia diferente, pero también un tanto fría. Me hubiera gustado poder conocer mejor a los personajes, emocionarme más con ellos, que hubiera más intensidad, pues creo que habría hecho que todo funcionara un poco mejor.
Tampoco era necesario aclarar quién escribió la carta que desencadena los acontecimientos. Personalmente hubiera preferido que todo quedara en el aire, pudiendo imaginar un azar caprichoso o un destino inevitable en el origen de todo. Cuestión de gustos.
Carta de amor puede gustar mucho a quién valore la originalidad y el tono personal de contar esta historia por encima de todo. Yo creo que el tema de partida es muy interesante, y pienso que la película tiene bastantes cosas positivas; sin embargo, echo de menos un mejor acercamiento a los personajes y más pasión a la hora de describir algo tan intenso como el sentirse enamorado.
lunes, 7 de marzo de 2016
El amigo de mi hermana
Dirección: Lynn Shelton.
Guión: Lynn Shelton.
Música: Vince Smith.
Fotografía: Benjamin Kasulke.
Reparto: Emily Blunt, Rosemarie DeWitt, Mark Duplass, Mike Birbiglia, Kate Bayley, Mel Eslyn, Jeanette Maus.
Ya ha pasado un año de la muerte de Tom, pero su hermano Jack (Mark Duplass) sigue terriblemente abatido, por lo que su mejor amiga, Iris (Emily Blunt), le invita a que pase unos días de reflexión en una casa que tienen sus padres en una isla. Sin embargo, cuando llega a la casa, Jack se encuentra con la hermana de Iris, Hannah (Rosemarie DeWitt), que se ha refugiado allí tras un fracaso amoroso.
Siempre es de agradecer un film diferente, que rompa con las modas de la gran industria y tenga el atrevimiento de nadar contra corriente. Este es sin duda uno de los rasgos más meritorios de Lynn Shelton y su El amigo de mi hermana (2011), un film de escaso presupuesto que nos adentra en los problemas emocionales de tres personas en un momento crucial de sus vidas.
El amigo de mi hermana gira en torno a Jack, quién aún no ha sido capaz de superar la pérdida de su hermano Tom, aunque ya haya transcurrido un año. La expareja de Tom, Iris, es la mejor amiga de Jack, pero está enamorada de él, aunque tenga miedo a confesárselo y hasta a confesárselo a ella misma. Y por último está la hermana de Iris, Hannah, lesbiana, y que acaba de romper con su pareja tras siete años de relación. Y estas tres personas se juntan en una casa, aislados del mundo, con el fin de poner en orden sus vidas, aunque al final terminan por complicarlo todo un poquito más.
Como decía, me parece muy interesante el que películas intimistas e independientes puedan seguir abriéndose paso en medio de producciones millonarias. Es saludable para la industria y reconfortante para el espectador. Sin embargo, no por el mero hecho de ser una propuesta diferente hemos de darle nuestra aprobación sin reservas. Y en el caso de El amigo de mi hermana, aún reconociendo sus méritos, he de confesar que me dejó un tanto frío.
Los enredos entre los tres protagonistas me parecieron un tanto forzados. Es verdad que todos los acontecimientos parecen necesarios para desarrollar la historia y plantear los conflictos que se proponen, pero no deja de parecerme todo un tanto precipitado. Tampoco el final es del todo satisfactorio, con una reconciliación modélica, sin aristas, sin conflictos, tan idílica como los paisajes de la isla.
Pero quizá el principal problema de la película sea que no llega a profundizar realmente en los personajes. Hay un intento en el guión por adentrarse en los personajes, en sus problemas. Pero el enfoque huye de la dramatización y adopta un punto de vista muy actual, con diálogos en cascada que buscan un aire de normalidad. La idea puede que sea acertada, pero el resultado es que el guión se queda en la superficie de las cosas, los personajes permanecen distantes, incluso resultan extraños, no llegamos a conocerlos en profundidad. Y el resultado es que asistimos a sus problemas con cierto distanciamiento, no consiguen conmovernos; es todo un tanto liviano, como si la directora no supiera o no quisiera afrontar los problemas de los protagonistas de un modo más serio, quedándose en una exposición cool que agrade a todos.
Incluso la repetitiva sucesión de planos paradisíacos de la isla resulta un tanto forzada, sin llegar a casar del todo bien con el tono más intimista y prosaico de la historia.
Lo mejor, sin ninguna duda, es el gran trabajo de los tres protagonistas, con una naturalidad en sus interpretaciones maravillosa. Un ejemplo de actuación natural y sincera que nos aporta lo más fresco y auténtico de la cinta.
El amigo de mi hermana podría haber calado más hondo, porque los mimbres estaban ahí. Sin embargo, al final se queda en una historia agradable, pero un tanto insustancial. Y aún así, es una propuesta recomendable.
domingo, 6 de marzo de 2016
La pesca de salmón en Yemen
Dirección: Lasse Hallström.
Guión: Simon Beaufoy (Novela: Paul Torday).
Música: Dario Marianelli.
Fotografía: Terry Stacey.
Reparto: Ewan McGregor, Emily Blunt, Kristin Scott Thomas, Amr Waked, Rachael Stirling, Tom Mison, Catherine Steadman, Tom Beard.
El jeque Muhammed (Arm Waked), del Yemen, amante de la pesca, ha concebido un extraño proyecto: introducir la pesca de salmón en su país. Para ello recurre a los servicios de una consultoría inglesa, que contacta con el doctor Fred Jones (Ewan McGregor), del Centro Nacional para el fomento de la Piscicultura, quién rechazará de plano la idea por descabellada e imposible. Con lo que no cuenta el doctor es con la intervención de la señora Maxwell (Kristin Scott Thomas), jefa de prensa del primer ministro, que ve en esa idea una posibilidad propagandística muy interesante.
A veces una película no tiene que ser espectacular para gustar. Es lo que me sucedió con La pesca de salmón en Yemen (2011), un film sencillo que funciona desde la normalidad.
En un principio, el mayor interés para mí venía del protagonismo de Ewan McGregor, un actor que me gusta especialmente por su naturalidad y sencillez. No recuerdo un trabajo suyo que no me haya gustado. Así que ese fue mi primer aliciente para ver esta película que comienza con un tono ligero, de comedia, si bien no es que resulte graciosa ni que tenga bromas o situaciones especialmente simpáticas. Tan sólo posee un tono completamente opuesto al drama, a la seriedad. Y aún así, intuía que la historia no era una comedia al uso, no me parecía una película para reírnos, como luego se fue demostrando.
Desde una naturalidad casi total, sin artificios, el argumento nos va metiendo en las vidas del doctor Jones, que fuera de su trabajo es un hombre infeliz en su matrimonio, por culpa de una mujer fría y distante que lo mantiene en un segundo lugar en su vida, y de Harriet (Emily Blunt), la consultora que nada más empezar una relación con un militar recibe la noticia de que ha desaparecido en combate. Y aquí está la base de la película, con el telón de fondo de la puesta en marcha del gigantesco proyecto de repoblar con salmones un río en Yemen. Porque el film es, en realidad, una sencilla y hermosa historia de amor entre dos personas unidas por el destino y que, compartiendo dolores y soledades, terminan enamorándose, contra corriente, como nadan los salmones.
Aún tiene tiempo Hallström de trufar esa historia de amor con bonitas reflexiones sobre la fe y la ciencia; la falsedad de la política, con sus engaños y sus manipulaciones; pero sobre todo con una sincera reflexión sobre la soledad, sobre la necesidad de ser escuchado y sentirse valorado. O como dice Harriet al final: tener una compañera.
No hay nada mejor en cualquier creación que lograr dar vida a sus personajes, hacerlos humanos, cercanos. Y esa es la mayor virtud de esta historia, conseguir que seamos cómplices de Harriet y Fred, que sus problemas nos afecten, que su felicidad nos llegue también a nosotros.
Si Ewan McGregor es un actor que gusta mucho, la presencia de Emily Blunt es todo un acierto también; no es solo un rostro bonito, sino que logra trasmitirnos toda una serie de sentimientos desde una naturalidad absoluta. Kristin Scott Thomas aporta también sus tablas en un papel un tanto exagerado, pero que ella logra hacer creíble dentro del tono de parodia del mismo.
En definitiva, La pesca de salmón en Yemen me ha parecido una película muy válida. No es que pretenda ser la comedia del año ni la más apasionante historia de amor jamás filmada. Es una película modesta, pero honesta. Juega sus cartas de manera directa: está bien filmada, tiene hermosos diálogos, personajes que se hacen muy cercanos y uno termina contento y reconfortado con una bonita historia de amor, contagiado de la felicidad de sus protagonistas.
viernes, 4 de marzo de 2016
El 6º día
Dirección: Roger Spottiswoode.
Guión: Cormac Wibberley y Marianne Wibberley.
Música: Trevor Rabin.
Fotografía: Pierre Mignot.
Reparto: Arnold Schwarzenegger, Robert Duvall, Michael Rapaport, Tony Goldwyn, Michael Rooker, Sarah Wynter, Wendy Crewson, Rodney Rowland.
La vida de Adam Gibson (Arnold Schwarzenegger) va a sufrir un cambio radical cuando, el día de su cumpleaños, regresa a casa y se encuentra que un clon suyo ha ocupado su lugar. Para colmo, un grupo de individuos intentará acabar con su vida por haber descubierto esa clonación.
En el cine de ciencia-ficción parece caber de todo, incluso los argumentos más disparatados son tratados con enormes dosis de verosimilitud, como en el caso que nos ocupa. El tema de la clonación, tan de moda y tan proclive a debates filosóficos y éticos, es la base de El 6º día (2000), un film muy en la línea de los de Schwarzenegger, pero en esta ocasión un tanto mediocre.
Como decía, la clonación de seres humanos está en la base de esta cinta; pero tratándose de un film de Arnold Schwarzenegger no podemos esperar que el tema esté tratado de una manera seria ni en profundidad; es solo un punto de partida para desarrollar un film de acción pura y dura, género en que tan bien se mueve este actor.
Sin embargo, hasta para hacer un film de estas características hace falta mucho talento, cosa que parece no tener el señor Roger Spottiswoode, con una dirección bastante pobre, con escenas tan mal filmadas que parecen impropias de una película de un actor de la talla y el caché de Schwarzenneger. Y es que no es suficiente con acumular efectos especiales, disparos a mansalva, artilugios inverosímiles (estoy pensando en el mando a distancia del helicóptero), mujeres y niños en peligro y malos que resucitan cada dos por tres como si nada..., hace falta mucho más y, sobre todo, hacer las cosas bien.
Los decorados son bastante pobres, el ritmo no siempre es el correcto, los diálogos están llenos de frases hechas sin gracia ni emoción y encima el final es bastante previsible, y muy poco convincente además, con uno de esos apaños tan forzados que resulta casi ridículo. Es todo tan vulgar que no he sentido tensión ni emoción con ninguna de las escenas supuestamente más importantes. Solamente hay un detalle que salvaría de esta película: la relación entre el doctor Griffin Weir (Robert Duvall) y su esposa, con una buena dosis de sinceridad y con un par de escenas verdaderamente conmovedoras; curiosamente, es la parte de la película que más se aleja de la tónica dominante, la acción pura y dura. Pero también son las únicas escenas en que sentimos algo hacia unos personajes de la película que sí que parecen vivos y que nos pueden trasmitir algo. Porque el resto son personajes muy estereotipados, predecibles y sin profundidad.
Definitivamente, para los fanáticos de Arnold, esta no es, con diferencia, su mejor película. Si bien es el género en el que mejor se maneja, es evidente que no siempre elige los proyectos de más calidad. En esta ocasión estamos ante un film bastante ramplón que puede entretener pero en el que hay importantes carencias y un nivel general de calidad que deja bastante que desear.
miércoles, 2 de marzo de 2016
Shakespeare enamorado
Dirección: John Madden.
Guión: Marc Norman y Tom Stoppard.
Música: Stephen Warbeck.
Fotografía: Richard Greatrex.
Reparto: Gwyneth Paltrow, Joseph Fiennes, Geoffrey Rush, Colin Firth, Ben Affleck, Judi Dench, Simon Callow, Jim Carter, Martin Clunes, Antony Sher, Imelda Staunton, Tom Wilkinson, Mark Williams, Daniel Brocklebank, Rupert Everett.
Londres, 1593. El poeta William Shakespeare (Joseph Fiennes) está pasando por una crisis creativa, lo que desespera Philip Henslowe (Geoffrey Rush), dueño del teatro de La Rosa, que necesita urgentemente una obra suya con la que saldar sus deudas.
Normalmente miro con recelo las películas históricas, pues suelen ser bastante mal tratadas por los guionistas en cuanto a respetar los hechos realmente acontecidos. Y, naturalmente, Shakespeare enamorado (1998) no escapa a esas licencias poéticas, palabras bajo cuyo amparo suelen cometerse bastantes atrocidades. Sin embargo, confieso que estaba equivocado al pensar en esta película como un film histórico. No lo es, y si no lo vemos desde ese punto de vista, si lo contemplamos como una comedia romántica, pues esa es su verdadera naturaleza, podremos valorarla en su justa medida.
Y es que Shakespeare enamorado simplemente utiliza al personaje de Shakespeare y su época como excusa para construir una divertida y también conmovedora historia de un amor imposible, creando un fantástico y original paralelismo entre ese amor y la creación de la famosa obra Romeo y Julieta. En ese juego entre la realidad y la creación artística encontramos los mejores momentos de la película, con escenas de los ensayos de la obra y de los encuentros amorosos de Shakespeare y Viola (Gwyneth Paltrow) yuxtaponiéndose en una hermosa y lograda composición.
Es evidente que la belleza del texto de Romeo y Julieta aporta un punto de partida fabuloso para desarrollar la historia de amor del poeta y su musa. Pero todo hubiera podido quedar a medias y es aquí donde debemos ensalzar la labor de John Madden, que logra elevar la historia a momentos realmente hermosos, con algunas escenas perfectas, conmovedoras, que nos dejan en suspenso ante tanta pasión y tanto dolor reunidos en unos versos que brotan con total naturalidad de las bocas de los actores, cuando se corría el riesgo de parecer pedantes y barrocos. Pero no es así, son sencillamente hermosos y logran arrebatarnos de la vida prosaica cotidiana para sumergirnos en un universo de rimas y metáforas de un lirismo perfecto. El amor de William y Viola no es acartonado y distante, sus vidas no son teatrales, su universo, con esa distancia de siglos, es a pesar de todo muy próximo, maravillosamente real. Ese es el gran mérito de esta película: conseguir ser un film romántico eterno, intemporal.
Además, no debemos olvidarnos de una ambientación magnífica, aún en sus excentricidades. No es una puesta en escena que se imponga y nos deslumbre, sino que la percibimos exacta, pero siempre en un segundo plano, sin interponerse con la verdaderamente importante; algo que por desgracia muchas veces sucede al revés.
En cuanto al reparto, maravilloso Joseph Fiennes al componer a un Shakespeare totalmente auténtico, humano, cercano. Creo que es un acierto perderle un poco el respeto al personaje y mostrarnos a un poeta muy mundano, lo que lo convierte en mucho más real y cercano. Gwyneth Paltrow por su parte, además de estar bellísima, realiza un trabajo lleno de frescura e intensidad, es una mujer enamorada y nos lo hace ver con una interpretación maravillosa. Y los personajes secundarios, como Colin Firth o Geoffrey Rush, por citar solo a los dos con más minutos, están también perfectos. Pero no quisiera dejar de mencionar a Judi Dench en el papel de la reina Isabel I, en un trabajo asombroso en el que solo con su mirada nos deja helados.
Sin duda, una comedia romántica maravillosa, que ha sabido explotar el fondo histórico con mucha inteligencia para crear una historia de amor que ya hemos visto muchas veces, pero con esa originalidad de su ambientación historia y con un trabajo de dirección admirable, que logra elevarla a cotas de expresión e intensidad geniales.
La película fue la gran triunfadora en los Oscars de ese año, recibiendo trece nominaciones, para terminar llevándose nada menos que siete Oscars: mejor película, mejor actriz (Gwyneth Paltrow), mejor actriz de reparto (Judi Dench), mejor guión original, mejor banda sonora, mejor dirección artística y mejor diseño de vestuario.
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