El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

domingo, 18 de abril de 2021

El circo



Dirección: Charles Chaplin.

Guión: Charles Chaplin.

Música: Charles Chaplin.

Fotografía: Roland Totheroh (B&W).

Reparto: Charles Chaplin, Merna Kennedy, Betty Morrisey, Harry Crocker, Allan Garcia, Henry Bergman, Stanley Stanford, George Davis.

Huyendo de la policía, Charlot (Charles Chaplin), un vagabundo sin oficio, termina en medio de una actuación de un circo, provocando la hilaridad general, lo que hace que le ofrezcan un empleo.

El circo (1928) es la última película muda de Chaplin y aunque no tiene la fama de sus obras maestras universales es un film enorme, con algunos momentos sencillamente magistrales.

Dentro de lo sencillo de su argumento (un vagabundo que accidentalmente se convierte en estrella de un circo en crisis y, de paso, se enamora de la hija del dueño), El circo posee una serie de elementos muy interesantes que merecen ser analizados con cierto detenimiento.

En primer lugar, contiene algunos de los gags más divertidos e ingeniosos de Chaplin, lo que es mucho decir. Por ejemplo, el comienzo de la película es espectacular en su totalidad, pero podría destacar algunos momentos esenciales, como cuando el carterista esconde en el bolsillo de Chaplin la cartera y el reloj robados a un transeúnte dando lugar a una serie de equívocos con la policía memorables, como el del policía que le pide que cuente el dinero de la cartera, por si falta algo; o a la genial actuación de Charlot haciendo de autómata, o el momento en que, huyendo de la policía, el carterista y Charlot escapan codo con codo; y terminando con la secuencia en la sala de los espejos, claro predecesor de la famosa escena de La dama de Shangai (1947) de Orson Welles. Todo estaba inventado ya.

El nivel de comicidad tampoco desciende con Charlot como estrella del circo, con la persecución del burro o el momento en que el vagabundo se queda encerrado en la jaula del león o su torpeza como tramoyista, origen de su éxito cómico en el circo. Y esto último nos lleva a un detalle muy interesante de la película: Charlot es gracioso en el circo sin querer serlo, debido a su torpeza natural; es más, cuando el director del espectáculo le pide que ensaye números preparados para hacer gracia, el vagabundo fracasa. Se trata de una interesante reflexión. Y unido a esto, vemos como solo Charlot se ríe de los números de los payasos, que están en el punto de mira del director del circo por su falta de talento; pero el vagabundo, en su inocencia, encuentra su trabajo irresistiblemente gracioso.

No falta la historia de amor: Charlot se enamora de Merna (Merna Kennedy), la hija del director del circo (Allan Garcia), a la que ayuda cuando su autoritario padre la castiga por fallar en su actuación. Pero ella solo lo ve como un buen amigo y, cuando se enamora de Rex (Harry Crocker), el funámbulo, llega el desengaño para el vagabundo, lo que no impide un último acto supremo de amor y generosidad. Y con ello llegamos a otro aspecto básico del cine de Chaplin, el detalle sin duda que le hizo destacar por encima de los cómicos de su época: Charlot es un personaje tremendamente humano, capaz de hacernos reír a carcajadas, pero también de conmovernos profundamente. Ese es el elemento clave de Charles Chaplin: era capaz de emocionarnos con muy pocos elementos; su personaje tiene sentimientos, es un ser humano entero, no un mero bufón. Con ello, Charlot se destacó de toda la competencia y adquirió una entidad tan genuina y tan real que el público empatizaba y se emocionaba con él, al mismo tiempo que no paraba de reír. Y en El circo tenemos de nuevo un ejemplo maravilloso de cómo, con los mínimos recursos, Charles Chaplin era capaz de emocionar profundamente al público.

Ese punto trágico del cine de Chaplin se condensa en la magnífica secuencia final, cuando el circo, con la feliz pareja (Rex y Merna), se va y el vagabundo, de nuevo, se queda solo, sin sitio en el mundo del éxito y la felicidad.

Sin duda, una obra maestra más dentro de la incomparable filmografía de un genio único en la historia del cine. 

jueves, 8 de abril de 2021

Mongol



Dirección: Sergey Bodrov.

Guión: Arif Aliyev y Sergey Bodrov.

Música: Tuomas Kantelinen.

Fotografía: Rogier Stoffers y Sergei Trofimov.

Reparto: Tadanobu Asano, Sun Honglei, Chuluuny Khulan, Amadu Mamadakov, Ba Sen, Odnyam Odsuren.

A los nueve años Temugdin (Odnyam Odsuren) parte con su padre en busca de su futura esposa. Sin embargo, de regreso a su aldea, su padre muere envenenado y la vida de Temugdin cambia para siempre.

Mongol (2007), coproducción rusa, kazaja, alemana y mongola, es un film histórico que nos adentra en los primeros años de la vida de Genghis Khan, el líder mongol que, a finales del siglo XII y comienzos del XIII, unificó bajo su mando a las tribus mongolas creando un poderoso y extenso imperio en Asia. La película, concretamente, abarca desde los nueve años hasta la conquista del poder sobre todo el territorio mongol.

Lejos del estilo más "peliculero" de las producciones norteamericanas, Mongol destaca especialmente por un cuidado a la hora de mostrarnos las costumbres y modos de vida del pueblo mongol en la Edad Media. Así, Bodrov no se limita a narrar una historia de gestas militares, que tienen lógicamente su espacio en la película, sino que se centra más en aspectos cotidianos de la vida, como la costumbre de la búsqueda de esposa a una temprana edad, el código de honor de los guerreros mongoles, su vida nómada, las rivalidades entre clanes... Es un trabajo muy cuidadoso apoyado en una ambientación espectacular y una fotografía de gran belleza.

En cuanto a las batallas, destacar por un lado cierta crudeza aunque, según estamos acostumbrados hoy en día, tampoco es excesiva y para nada el director se recrea en los detalles más macabros. Aún así, puede que algunas escenas puedan herir determinadas sensibilidades. Por otra parte, lo mejor es la perfecta puesta en escena, con travellings muy logrados y una sensación de gran realismo.

Sin embargo, a pesar del interés patente por ofrecer una historia lo más cercana a la realidad posible, algunos detalles muestran ciertas concesiones a la inventiva, como la relación tan romántica entre el joven Temugdin y su esposa Börte (Chuluuny Khulan), que parece algo edulcorada, o la presencia de algún personaje que adivina el futuro del joven mongol con una precisión pasmosa. 

El relato de estos años de juventud de Genghis Khan se adivina complicado, sobre todo a la hora de condensarlo en los 126 minutos de metraje que, aunque extenso, produce algunos cortes en la línea del tiempo que, sin estar mal planteados, nos priva de algunas etapas cruciales en el ascenso al poder del guerrero. Son las limitaciones del medio y hacen que el retrato de esos años del líder mongol tenga algunas lagunas.

Sin embargo, esa larga duración del film también es la culpable de algunas caídas de ritmo en el desarrollo del relato. No es nada grave, es cierto, pero demuestra que Sergey Bodrov no ha sabido mantener el mismo tono a lo largo de toda la cinta.

En cuanto al reparto, decir que los actores son completamente desconocidos para mí pero, a pesar de ello, su trabajo me pareció impecable, tanto del protagonista como de los secundarios, fueran adultos o niños. 

Mongol es un film ambicioso, eso salta a la vista, con un apartado técnico impecable. A pesar del esfuerzo que se adivina en cuanto a su concepción y puesta en pie, el resultado final no termina de ser tan perfecto como sin duda se pretendía. Es un film atractivo, pero con carencias en cuanto al acercamiento al caudillo mongol como en la agilidad del desarrollo, que tras un buen comienzo va perdiendo fuerza conforme avanzan los minutos. 

viernes, 2 de abril de 2021

Tenías que ser tú



Dirección: Sasha Gordon.

Guión: Sasha Gordon (Historia: Sasha Gordon y Levi Abrino).

Música: Sasha Gordon.

Fotografía: Bobby Webster.

Reparto: Cristin Milioti, Dan Soder, Halley Feiffer, Mark Gessner, Kate Simses, Erica Sweany, Danny Deferrari, Kyle Mooney, Rachel York, Nick Mennell.

Cuando su novio Chris (Dan Soder) le va a pedir a Sonia (Cristin Milioti) que se case con él, ella siente miedo y le pide un tiempo para pensarlo.

Tenías que ser tú (2015) es una de esas rarezas que nos sorprenden agradablemente de vez en cuando; y se agradece aún más por la escasez de buenas comedias románticas en los tiempos actuales. La mayoría no dejan de ser repeticiones de un mismo tipo de argumento, sin demasiada originalidad. Pero en esta ocasión, Sasha Gordon logra darle un punto de originalidad al género, con una historia sencilla pero contada con inteligencia y, sobre todo, muy buen gusto.

Quizá lo que más me sorprendió fue que Gordon no pretendía ser gracioso a cualquier precio, lo que a menudo da lugar a situaciones tan forzadas que más que gracia provocan sonrojo. Es más, Tenías que ser tú es comedia por el tono ligero, sin dramas, con se aborda la relación de la pareja protagonista, pero no abundan los momentos en que la historia me sacaran una carcajada. Sin embargo, lo que sí sacas a cambio es una sensación placentera, casi de complicidad con la protagonista; el guión te mete en su piel de manera muy natural, a lo que también contribuye, y mucho, la gracia natural y el talento de Cristin Milioti, que termina por hacerse muy entrañable.

Los problemas de Sonia en relación al matrimonio, sin buscar una causa para ello obligatoriamente, lo cuál me parece genial, pues no siempre es necesario justificarlo todo, pues en la vida no siempre los actos tienen una clara razón, o al menos comprensible, resultan naturales y los desencuentros de la pareja, sin dramatismos innecesarios, nos adentran con delicadeza en las relaciones personales y el difícil equilibrio entre el amor, la búsqueda de una misma meta en el mismo momento o la necesidad de cumplir los sueños que se han visto aparcados por las obligaciones diarias.

Al final, Sonia termina resolviendo sus dudas de manera lógica, con lo que el desenlace llega sin sorpresas, naturalmente, sin forzar absolutamente nada. La escena final es entrañable y pone el punto y final perfecto a una historia sencilla pero cautivadora.

También se encuentra el mismo trato sensato y respetuoso con los personajes secundarios, las amigas de Sonia y el amigo de Chris, que tienen un peso limitado en el argumento pero que, al contrario que lo a veces es habitual, son personas de carne y hueso y no meros bufones.

Por poner un pero a un film notable, quizá sea que la figura de Chris queda un tanto en la sombra. Es verdad que la historia está narrada desde el punto de vista de Sonia, lo que justifica un menor protagonismo del novio, pero al lado de ella, Chris parece tener más sombras que luces. En todo caso, se trata de un detalle menor.

Tenías que ser tú nos reconcilia con el cine bien pensado y realizado con gusto y sentido común. Esa debería ser la norma, pero lamentablemente pocas veces se cumple. Un film menor, pero interesante y que nos deja una sonrisa en los labios.

¿Por amor o por dinero?



Dirección: Mark Murphy.

Guión: Sabrina Lapage y Mark Murphy.

Música: Simone Vallecorsa.

Fotografía: Joan Bordera.

Reparto: Robert Kazinsky, Samantha Barks, Rachel Hurd-Wood, Ed Speleers, Tony Way, Ivan Kaye, Anna Chancellor, Tanya Reynolds.

Mark (Robert Kazinsky) lleva toda la vida enamorado de Connie (Samantha Barks), que no siente absolutamente nada por él. Pero cuando Connie descubre que Mark va a ser millonario, planea seducirlo y quedarse con la mitad de su fortuna.

El punto especial que encontramos en la comedia ¿Por amor o por dinero? (2019) reside en su originalidad. No se trata de la conocida comedia romántica de encuentros y desencuentros de los protagonistas, sino de un falso romance donde ambos contendientes engañan al contrario: ella, para hacerse rica sin mucho esfuerzo; él, conocedor de sus planes, para humillarla hasta hacerle tirar la toalla y confesar. Sin duda, el argumento se sale de lo corriente y es ese punto el que hace que uno se decida a ver una película de apariencia muy prometedora.

Y es verdad que el argumento tiene muchísimo potencial, no sólo en el terreno meramente cómico, con muchas posibilidades en el juego del engaño, sino, y especialmente, en el análisis de los sentimientos de los protagonistas y en analizar hasta dónde se puede llegar por ambición o por venganza. Creo que ese es el verdadero punto de interés de la película y, al final, también nos proporciona los momentos más intensos e interesantes, donde el director casi logra redimirse del pobre nivel de la comedia en sí. Las dudas de Mark, cuando ve el dolor que puede producirle a Connie, cómo ella va planteándose poco a poco lo poco ético de sus intenciones o cómo Mark, a pesar de todo, sigue enamorado perdidamente de Connie son los puntos más apasionantes de la historia.

Sin embargo, ¿Por amor o por odio? no logra cumplir con lo esperado. Es evidente que resulta mucho más sencillo hacer llorar que reír. La comedia es el género más complicado y, a la vista del nivel general de la comedia en nuestros días, parece evidente que se ha perdido el grado de elaboración y calidad de las comedias clásicas. ¿Por amor o por dinero? nos confirma de nuevo la triste realidad de unos guionistas sin imaginación que recurren al chiste fácil, casi siempre con connotaciones sexuales, para salir del paso. El resultado, como es fácil de adivinar, es un film sin demasiada gracia, muy simple y desangelado. Incluso, por momentos, las escenas parecen resolverse a trompicones; falta unidad, falta ritmo, faltan unos diálogos más logrados, falta imaginación.

Es una pena, pues con la idea de partida se hubiera podido construir un film muy divertido. El problema es que da la sensación de que los guionistas se dejaron llevar por lo fácil, no supieron sacar todo el potencial a los personajes y todo se quedó en una comedia no demasiado graciosa y con fases desconcertantes, casi surrealistas.

En cuanto al reparto, podemos admitir que es lo más logrado del film. Es cierto que Robert Kazinsky es un tanto soso, pero se compensa con unos secundarios más entonados y especialmente con Samantha Barks, una actriz con encanto y que es capaz de conmovernos con una facilidad pasmosa.

¿Por amor o por dinero? se queda al final en una comedia para pasar el rato agradablemente si no le pedimos demasiado. Lo peor es que uno tiene la sensación de que los guionistas han dejado pasar de largo una buena historia que no han sabido desarrollar con más eficacia. Una pena.

miércoles, 24 de marzo de 2021

La casa Rusia



Dirección: Fred Schepisi.

Guión: Tom Stoppard (Novela: John Le Carré).

Música: Jerry Goldsmith.

Fotografía: Ian Baker.

Reparto: Sean Connery, Michelle Pfeiffer, James Fox, Roy Scheider, Klaus Maria Brandauer, John Mahoney, David Threlfall, Ken Russell.

Katya Orlova (Michelle Pfeiffer), empleada en una editorial rusa, tiene un manuscrito que un amigo quiere entregar a Barley Scott Blair (Sean Connery), un maduro editor británico, para que lo publique. El libro contiene información crucial sobre la carrera armamentística.

Para los amantes del género de espías, las novelas de John Le Carré son, especialmente las primeras, de lo mejor que uno puede encontrar. Con experiencia personal en la materia, Le Carré suele ofrecernos un universo bastante lúgubre, de tipos desencantados, falto de la elegancia y el glamour que solemos ver en la serie de James Bond, por ejemplo, pero mucho más auténtico. El escritor británico ha logrado labrarse una magnífica reputación en el mundo de la literatura, de ahí que no extraña en absoluto el interés del cine y la televisión por adaptar varias de sus novelas.

Sin embargo, con La casa Rusia (1990) la adaptación no alcanza el gran nivel. No se trata de comparar el film con la novela, pues se trata de medios diferentes, simplemente es que la película resulta aburrida, en pocas palabras.

La trama es interesante y plantea muchas posibilidades en cuanto a decisiones morales, trampas, engaños, intereses políticos... pero cuando termina el film tenemos la impresión de que todas esas posibilidades se han desaprovechado. La culpa, sin duda, reside en un guión bastante plano, donde no se logra penetrar en profundidad en los personajes, con lo que éstos resultan muy poco estimulantes, planos y no captan nuestro interés más allá de lo evidente.

Pero además, el guión no plantea de manera eficiente la trama de espionaje, que transcurre sin que llegue a apasionarnos realmente; incluso puede llegar a costar entenderla, pero aún siguiendo el hilo de los acontecimientos, nunca se llega a sentir peligro, intensidad, emoción. Todo transcurre de modo bastante frío. Además, la intriga se ve muchas veces eclipsada por el romance entre los protagonistas que, una vez más, el guión no sabe afrontar con la intensidad necesaria y es otra vertiente desaprovechada por falta de profundidad.

Si a lo hasta aquí expuesto le añadimos una duración generosa del film, entenderemos que La casa Rusia puede resultar muy tediosa en bastantes fases de la misma. Y lo que tiene aún menos justificación: con una buena duración del film, ¿porqué no se ha logrado una mayor profundidad a la hora de dibujar a los personajes o desarrollar la trama? De nuevo volvemos a la debilidad del guión como origen de todos los males. Si añadimos que Fred Schepisi se limita a una puesta en escena sin mucha originalidad, tenemos ya el cuadro completo.

Y lo peor llega con el desenlace, donde el guionista se permite alterar el de la novela con un tópico y vulgar final feliz que no acaba de convencer por lo pasteloso que resulta.

Lo mejor, sin duda, un reparto muy atractivo en cuanto a nombres. Por desgracia, las debilidades del guión acaban afectando a todos los personajes, con lo que los actores, aún reconociendo su calidad, tampoco terminan de cuajar unos trabajos reseñables. Connery está correcto, por ejemplo, pero la escasa profundidad de su personaje no ayuda a que simpaticemos con él ni comprendamos del todo sus preocupaciones.

Es verdad que no siempre resulta sencillo realizar adaptaciones de novelas al cine, pero creo que la obra de Le Carré, en otras manos, hubiera ofrecido algo más que este film tan poco estimulante. 

domingo, 7 de marzo de 2021

Tesis



Dirección: Alejandro Amenábar.

Guión: Alejandro Amenábar. 

Música: Alejandro Amenábar y Mariano Marín.

Fotografía: Hans Burmann.

Reparto: Ana Torrent, Fele Martínez, Eduardo Noriega, Nieves Herranz, Rosa Campillo, Miguel Picazo, Xabier Elorriaga.

Ángela (Ana Torrent), mientras prepara una tesis sobre la violencia en el mundo audiovisual, descubre un vídeo donde una estudiante es salvajemente torturada y asesinada. Con ayuda de un compañero, Chema (Fele Martínez), comienza a investigar.

Tesis (1996) supone el debut de Alejandro Amenábar y, para muchos, sigue siendo su mejor largometraje. Se trata de un thriller con un interesante argumento que plantea una oportuna reflexión sobre la violencia.

Lo más destacable de Tesis resulta la habilidad de un director debutante a la hora de controlar el ritmo de la narración y saber llevar con muy buena mano una tensión que sin duda se adueña de la pantalla. Quizá le penalice un poco una duración excesiva, si bien es cierto que el metraje parece en todo momento justificado, sin el recurso a escenas de relleno. Todo parece necesario y oportuno, si bien finalmente el alargar tanto el desenlace, no muy original, es cierto, y predecible, a pesar de los trucos del argumento para intentar confundir al espectador (el limitado número de personajes no ayuda a la intriga), puede llegar a ocasionar cierto cansancio.

Lo que no se puede negar es que el guión está trabajado hasta el más mínimo detalle, con lo que nunca sentimos que se nos esté engañando, ni siquiera con el final, lo que a menudo suele suceder con este tipo de películas que juegan al engaño y a veces lo estropean todo con desenlaces imposibles. No es el caso en Tesis, si bien el final resulta un tanto forzado y requiere que pongamos de nuestra parte y no planteemos demasiadas cuestiones.

En cambio, en donde se nota la inexperiencia de Amenábar es en algunos cortes y secuencias, no del todo logradas. Son pequeños defectos de principiante, pero nada serio. Lo que sí se aprecia es una gran cultura cinematográfica detrás del director, con influencias notables de clásicos del género.

El reparto es, desde mi punto de vista, el punto más endeble de Tesis y lo que hace que las intenciones de Amenábar no encuentren fiel reflejo en la pantalla. Ana Torrent resulta solamente correcta, aunque un tanto inexpresiva, y no me parece que de el tipo de "tía buena" con el que se la describe en el film. Fele Martínez se pasa la película gritando, tal vez porque crea que esa es la manera correcta de actuar y Eduardo Noriega parece que no tenga sangre en las venas: hierático, plano y aburrido. Incluso Xabier Elorriaga, más curtido en la interpretación, me pareció muy poco natural.

Intriga aparte, Tesis nos plantea el problema del ser humano hacia lo violento y desagradable. En teoría, sentimos repulsa por ciertos actos, pero también existe ese morbo que nos lleva a pararnos a mirar un accidente de tráfico, aún sabiendo que lo que podemos ver puede ser terriblemente desagradable. Amenábar lo expone claramente con el accidente del metro que abre el film y cierra Tesis con otro momento muy habitual: la explotación con fines de audiencia de escenas desagradables por parte de las cadenas de televisión, bajo la premisa de que son noticia. Lo que en realidad está detrás es ese morbo de las personas que alimentan ese tipo de contenidos, de los que las películas snuff (vídeos breves de temas muy violentos que están en la base argumental del film) serían el ejemplo más extremo.

Tesis tuvo una buena acogida en el momento de su estreno y se llevó nada menos que siete premios Goya. Sin ser una gran película, al menos cumple con lo que promete y representa un inmejorable punto de partida para la carrera de Amenábar.

El bosque



Dirección: M. Night Shyamalan.

Guión: M. Night Shyamalan.

Música: James Newton Howard.

Fotografía: Roger Deakins.

Reparto: Joaquin Phoenix, Bryce Dallas Howard, William Hurt, Sigourney Weaver, Adrien Brody, Judy Greer, Brendan Gleeson, Michael Pitt.

Los habitantes de una pequeña aldea de Pennsylvania viven atemorizados por unos seres extraños y peligrosos que habitan el bosque fronterizo. Por ello vigilan por las noches y nunca se adentran en el bosque.

El bosque parece, a primera vista, un film más de terror. Gran parte de la película la pasamos temiendo, como los habitantes de la aldea, a unos seres terribles que habitan el bosque, matan el ganado y constituyen un peligro constante que condiciona la vida de la pequeña aldea. No los vemos, pero el miedo a su presencia es más real quizá que si apareciesen de repente. Es lo maravilloso de la sugestión. Y M. Night Shyamalan sabe jugar perfectamente esa baza.

Sin embargo, tras la primera impresión, El bosque va revelando que es algo más que un relato inquietante o, por lo menos, no es solamente eso. Estamos acostumbrados a que este tipo de películas se centren toscamente en su esencia, a veces despreciando todo lo demás. Pero el relato de Shyamalan es mucho más que eso. Shyamalan no se queda con lo evidente, y nos ofrece un relato muy cuidado, extraño por momentos, cuidadosamente narrado, con una fotografía maravillosa que parece dibujarnos unos "cuadros" cargados de belleza y no pocas dosis de poesía; al igual que los cuidados diálogos, a veces sorprendentes por su originalidad, su misterio, su extrañeza. La aldea está viva y sus habitantes acaparan nuestra atención de igual manera que los seres del bosque, incluso más, y ello hace de la historia un cuento completo, profundo, lleno de matices, más allá del elemento inicial del peligro que encierra el bosque.

Tampoco los personajes escapan de esta visión tan personal del director, en especial Lucius (Joaquin Phoenix), valiente y silencioso, y sobre todo Ivy (Bryce Dallas Howard), una joven ciega a la que es un placer ver en escena, con su maravilloso poder de observación, que hace que reconozca a Lucius por el color que desprende, y que Bryce Dallas Howard encarna con una intensidad sorprendente, conmovedora e hipnótica. La misma relación entre ella y Lucius, su amor secreto, es otro de esos detalles cargados de poesía y belleza que brotan del talento de Shyamalan.

Es cierto que el descubrimiento del secreto que se esconde en la aldea resulta un tanto inverosímil y a mí, personalmente, me resultó decepcionante. Hubiera deseado que la magia del relato, su misterio, se vieran recompensados con una explicación menos prosaica, menos increíble y que, bien vista, roza lo absurdo.

Me quedo quizá con la reflexión que puede motivar: cómo el miedo al dolor, a una realidad cruel, puede llevar a intentar una huída aún más peligrosa, donde la mentira puede ser también aterradora, donde se llega a robar la vida y la libertad de las personas, con una buena intención, es verdad, pero que no deja libertad de decisión a gran parte de los habitantes de la aldea y los encadena de por vida a una mentira. Es un interesante debate, pero aún así hubiera preferido a esos seres misteriosos del bosque.

Si el guión de Shyamalan está cargado de poesía, también su puesta en escena se corresponde perfectamente con sus intenciones. Sus movimientos de cámara, la luz, el ritmo del relato, los cortes, los encuadres... todo ello le da un toque peculiar a El bosque, terriblemente personal, intencionado. Es todo un ejercicio de estilo que demuestra una capacidad narrativa encomiable. Puede haber cierto grado de artificio, pero no es vacuo, todo obedece a una intención.

Sin duda, El bosque se presenta como un film terriblemente original, personal, bello y cautivador. Da gusto ver que el cine aún puede ofrecernos sorpresas así, obras personales que nos invitan a reflexionar mientras nos atrapan con misterios a cerca de la naturaleza humana.