Dirección: Fritz Lang.
Guión: Sam Hellman.
Música: David Buttolph.
Fotografía: George Barnes y William V. Skall.
Reparto: Henry Fonda, Gene Tierney, Jackie Cooper, Henry Hull, John Carradine, Charles Tannen, J. Edward Bromberg, Donald Meek, Eddie Collins, George Barbier, Ernest Whitman.
Cuando los hermanos Ford asesinan por la espalda a su hermano Jesse y después del juicio son indultados, Fran James (Henry Fonda) sale en su busca para vengar ese crimen.
La venganza de Frank James arranca justo cuando termina Tierra de audaces (Henry King, 1939), magnífico western sobre la figura de Jesse James interpretado por Tyrone Power y donde Henry Fonda ya daba vida a su hermano Frank. Y aquí podríamos encajar con acierto el dicho de que segundas partes nunca fueron buenas. Darryl F. Zanuck pretendió aprovecharse del éxito de la cinta de King, pero el resultado no fue brillante.
Fritz Lang nos ha dejado obras maestras como La mujer del cuadro (1944) o Perversidad (1945), pero La venganza de Frank James (1940) está lejos del nivel de esas obras y de otras notables también del director alemán. Puede que el western no fuera el terreno donde mejor se desenvolvía, aunque el principal problema de esta película reside en un guión moralista e irregular.
El inconveniente más serio que le encuentro al argumento es su moralidad galopante, que se percibe desde el mismo instante en que Charlie Ford (Charles Tannen), uno de los asesino de Jesse, acorralado por Frank, muere al precipitarse al vacío desde unas rocas. Se adivina entonces que la venganza de Frank se resolverá sin que éste pegue ni un solo tiro a los asesinos de su hermano. La idea del guión es consumar la venganza pero logrando que Frank James, el protagonista, salga finalmente de la aventura sin tacha moral alguna. Un héroe con una ética intachable.
Su nobleza se manifiesta cuando, para salvar a Pinky (Ernest Whitman), su fiel criado, arriesgue su vida dejándose apresar. Y por ello será juzgado, de nuevo con la intención de que sea declarado inocente ante la ley, con lo que su imagen seguirá intachable y encima sin cargos que rendir ante la justicia. Se trata dar un buen ejemplo ante el público, fruto de una moralidad tan estricta que convierte esta película en una especie de farsa.
Quizá la nota positiva de la película sea la reivindicación de la mujer como algo más que ama de casa, sin duda un toque muy moderno tratándose de un film de 1940 y aún más teniendo en cuenta que la reivindicación tiene lugar en el siglo XIX.
A parte de eso, el guión alterna el drama de la venganza con numerosos momentos en que el tono se vuelve hacia la comedia, especialmente en la secuencia del juicio. Si bien algunos detalles cómicos eran habituales para aligerar la tensión de relato en muchas películas, la mezcla no me parece del todo oportuna, rompiendo la unidad dramática. Es un punto de vista personal.
Otro de los detalles en los que falla el argumento es que se centra por entero en la figura de Frank, dejando muy en la sombra a los villanos de turno. Es bien sabido que la entidad de los malos es lo que da interés y fuerza al drama y aquí no se les da la talla que convendría. Es más, los empleados del ferrocarril que persiguen a Frank tienen tintes ridículos y de los hermanos Ford no llegamos a saber nada. Solo la mirada intensa de John Carradine añade algo de tensión a sus apariciones.
Lo que sí hay que agradecer es el debut en esta película de Gene Tierney, una de las mujeres más hermosas que ha dado Hollywood. Su belleza es tan deslumbrante que eclipsa al mismo Henry Fonda, un actor sobrio que daba valor a cualquier personaje que encarnaba.
En definitiva, un western menor sin demasiado interés, reservado para los incondicionales del género.
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