El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

viernes, 1 de marzo de 2024

La mercenaria



Dirección: M. J. Bassett.

Guión: M. J. Bassett e Isabelle Bassett.

Música: Jack Halama y Scott Shields.

Fotografía: Brendan Barnes.

Reparto: Megan Fox, Philip Winchester, Adam Deacon, Jessica Sutton, Isabelle Bassett, Greg Kriek, Sisanda Henna, Brandon Auret, Kenneth Fok, Calli Taylor, Lee-Anne Liebennerg. 

Sam O'Hara (Megan Fox) lidera un grupo de mercenarios encargados de liberar a Asilia (Jessica Sutton), la hija del gobernador, secuestrada por Zalaam (Adam Deacon), un terrorista adscrito a la organización islamista al-Shabaad. El grupo de Sam logra el rescate, pero la huída se complicará seriamente.

La mercenaria (2020) sigue un esquema bastante parecido a muchas películas de acción del estilo de Arnold Schwarzenegger. En concreto, hay ciertas similitudes con Depredador (John McTiernan, 1987), pero ni Megan Fox es Schwarzenegger, ni M. J. Bassett es John McTiernan. Y es que Megan Fox en ningún momento me pareció encajar en su personaje, además de mostrar cierta torpeza en las escenas de acción, con lo que parte del posible atractivo de la cinta se pierde sin remedio.

El comienzo de la película es interesante, especialmente por cómo se van torciendo las cosas para el equipo de Sam desde la misma huída, perdiendo a compañeros y quedándose sin munición. Para colmo, en un giro tan inesperado como interesante, en cuanto encuentran refugio en una granja abandonada empiezan a ser masacrados por una temible leona. Por cierto, en el intento de hacerla realmente terrorífica, los efectos especiales terminan por convertirla en algo demasiado artificial. Para eso, habría sido mejor recurrir a planos rápidos que no permitieran que la viéramos con tanto detalle.

Hasta ese momento, la cinta transcurre con agilidad, tiene escenas de acción bien resueltas y la situación de los protagonistas, acosados por el animal y perseguidos por la gente de Zalaam, crea interesantes expectativas. Pero justo entonces, cuando Bassett parecía tener todos los ases en la mano para mantener un buen tono, es cuando la historia empieza a hacer aguas.

En primer lugar, la estancia en la granja, intentando pedir que los rescaten, se hace demasiado larga. El primer ataque de la leona sorprende, pero el resto resultan repetitivos además de ser totalmente previsibles, por lo que se pierde el factor sorpresa, cayendo el relato en la rutina.

Por otra parte, en esos momentos de calma es cuando el guión (escrito por el director y su hija) aprovecha para adentrarse en los personajes, sus motivaciones, sus miedos o sus traumas. Y aquí, tristemente, comprobamos la banalidad del escrito, incapaz de conmovernos y de hacer creíbles a los personajes. Los diálogos no tienen suficiente fuerza y la sensación es más de relleno que otra cosa. El ritmo de la película, que había empezado con gran dinamismo, se estanca y hasta el desenlace vivimos momentos en que cuesta mantener el interés.

Sin embargo, cuando al fin llegan los matones de Zalaam a la granja y se avecina lo que esperamos sea el climax de la historia, M. J. Bassett muestra una inoperancia alarmante. El ataque resulta inconexo, resuelto con una torpeza inconcebible, con momentos casi cómicos y un desarrollo totalmente incomprensible, con los asaltantes desapareciendo de repente para volver a salir a la palestra muy bien situados para que los maten ordenadamente. Es todo tan arbitrario y ridículo que pocas veces, incluso en películas de serie B, he visto tal cúmulo de errores.

 Es una pena ver como una historia como esta, no excesivamente original, pero que apuntaba cierta intriga y emoción, se arruina por errores infantiles difíciles de entender. Un film, finalmente, sin interés.

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