El cine y yo
Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.
Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.
El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.
El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.
No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.
Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.
El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.
El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.
No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.
domingo, 25 de marzo de 2018
El mejor padre del mundo
Dirección: Bobcat Goldthwait.
Guión: Bobcat Goldthwait.
Música: Gerald Brunskill.
Fotografía: Horacio Martínez.
Reparto: Robin Williams, Daryl Sabara, Alexie Gilmore, Morgan Murphy, Henry Simmons, Naomi Glick, Dan Spencer, Geoff Pierson, Zachary Vitale.
Lance Clayton (Robin Williams) es un hombre fracasado: desea ser escritor, pero ninguna editorial quiere publicarle sus libros; es profesor de poesía y su clase peligra por la escasez de alumnos; su novia no parece muy contenta a su lado y empieza a distanciarse de él y, encima, su único hijo es un descerebrado que lo desprecia profundamente.
En algunas reseñas El mejor padre del mundo (2009) aparece clasificada como comedia. No entiendo el sentido último de esta clasificación y mucho menos la comparto. El mejor padre del mundo es un terrible drama sobre el dolor de vivir, sobre la soledad, sobre la lucha por adaptarse a un rol en la sociedad sintiendo que fracasas a cada paso que das. Todo esto lo encarna el malogrado Robin Williams con una entereza y un talento magníficos, que nos ponen los pelos de punta por la triste casualidad, o no, de su suicidio, que ponía de manifiesto, una vez más, que la realidad siempre supera a la ficción.
Pero volviendo a la película, El mejor padre del mundo es la crónica amarga de un perdedor, Lance, que ve como todo en la vida le ha salido mal. Su matrimonio ha fracasado y se encuentra ahora solo con un hijo adolescente, Kyle (Daryl Sabara), que es, en palabras del propio Lance, "un ser despreciable", pero al que tiene que soportar como buenamente puede, buscando darle todo el afecto posible a pesar de sus muestras de desprecio absoluto hacia su padre y un egoísmo insoportable.
Además, Lance quería ser escritor y a pesar de cierto talento para el oficio ve como las editoriales han rechazado todos sus libros. Así que se tiene que contentar con ganarse la vida como profesor de poesía, un trabajo que desempeña sin entusiasmo, bajo la amenaza de despido y menospreciado por sus compañeros. Hasta su relación sentimental con Claire (Alexie Gilmore), también profesora, no deja de ser una especie de juego para ella, convirtiendo a Lance en una marioneta en sus manos.
Y cuando parece que nada puede irle peor en la vida, Lance se encuentra muerto a su hijo una tarde al llegar a casa. Se trata de un accidente estúpido que Lance, avergonzado, intenta disimular haciendo que parezca un suicidio y escribiendo una nota de despedida realmente conmovedora. Comienza así, con una pequeña mentira, una cadena de acontecimientos gracias a los cuales Lance empieza a tener al fin el reconocimiento de los demás, a través de una imagen falsa de su hijo.
Lance se deja llevar y disfruta al fin del respeto de sus compañeros y descubre, a través de la figura de Kyle, que en realidad es un buen escritor. Al fin le publican algo, aunque tenga que ocultar que es él el autor. Hasta Claire se ha vuelto más cariñosa y demuestra admiración por él.
Pero Lance sabe que todo es mentira. Su hijo no era la persona inteligente y sensible que él ha inventado y Lance se da cuenta que todo lo que lo rodea es igual de falso que esa imagen de Kyle. Lance descubre que en la fama y el reconocimiento sigue estando tan solo como antes. Más aún, pues no hay nada peor que el sentimiento de soledad estando rodeado de gente. Así que, finalmente, en un acto de orgullo y de sinceridad absolutas, Lance se libera de todas las cargas, las mentiras, las sonrisas forzadas y los silencios y queda desnudo frente a todos y frente a sí mismo. Es libre al fin.
Como se ve, nada más alejado de una comedia. La gente que se anime a ver El mejor padre del mundo bajo esa reseña se llevará una sorpresa gigantesca. La película es una de las más tristes y demoledoras que he visto en mucho tiempo.
Sorprende, gratamente, eso sí, que en el cine actual de consumo aparezca un film tan descarnado y tan directo. Es realmente una historia muy sombría que ni el supuesto final feliz parece dulcificar. El personaje de Lance es tristísimo. No ya por las circunstancias de su vida, sino porque comprendemos que no será capaz, nunca, de sobreponerse y dar un giro a su vida. Porque él no tiene carácter, ni fuerza. Cada persona es como es y no se puede luchar contra uno mismo. Lo que cambia la vida de Lance, por desgracia, es la muerte de su hijo. No puede haber nada más desolador. Y el cambio tampoco es por una decisión consciente de Lance, sino por una serie de casualidades y por la estupidez de los que lo rodean. La conclusión es que los supuestos triunfadores, la gente que parece feliz y segura de sí misma no son más que seres también perdidos, solo que saben disimular mejor sus miedos, se adaptan mejor, tienen disfraces más elaborados. Pero las personas como Lance están condenadas a vagar solas; si acaso, como se ve en la escena final, a compartir rarezas con otros inadaptados.
La sociedad se divide en los aceptados socialmente, no por ello mejores, y los inadaptados. Lance finalmente encuentra su lugar en la vida, y es cuando deja de intentar parecer otra persona y asume que su lugar está en los márgenes, con los raros. Y ahí sí que podrá ser feliz.
martes, 13 de marzo de 2018
Caza al asesino
Dirección: Scott Walker.
Guión: Scott Walker.
Música: Lorne Balfe.
Fotografía: Patrick Murguia.
Reparto: Nicolas Cage, John Cusack, Vanessa Hudgens, Curtis "50 Cent" Jackson, Radha Mitchell, Dean Norris, Kevin Dunn, Jodi Lyn O'Keefe, Katherine LaNasa.
Una joven prostituta (Vanessa Hudgens) es rescatada por la policía en un motel en Anchorage (Alaska). Cuenta cómo fue secuestrada y violada por un tal Robert Hansen (John Cusack), un respetable vecino, por lo que policía pone en duda la veracidad de su declaración. Al mismo tiempo, en un bosque en Alaska, se encuentra el cadáver de una joven con evidencias de haber sido asesinada de un disparo de rifle.
Debut en la dirección de largometrajes de Scott Walker, autor también del guión, Caza al asesino (2013) puede parecer una película más sobre un asesino en serie, pero cuenta con algunos detalles que la diferencian de lo que viene siendo habitual en este género.
Para empezar, todo lo que se cuenta en la película está basado en hechos reales. De hecho, Caza al asesino viene a ser como un homenaje a las múltiples víctimas de un terrible asesino en serie, autor de más de una veintena de crímenes, todos ellos de mujeres jóvenes a las que violaba primero y luego daba caza en el bosque como si de una cacería de animales se tratara. Es precisamente la veracidad de lo que se narra lo que convierte al relato es especialmente espeluznante.
Además, Scott Walker consigue explotar la localización del film en Alaska para darle a su película una marcada personalidad visual, gracias a la buena fotografía de Patrick Murguia, que subraya las posibilidades expresivas de los paisajes helados. La sensación de frío y cierto aire claustrofóbico dan un tono triste y sombrío al relato, lo que acentúa su fuerza.
Además, a diferencia de otros historias de asesinos en serie que se centran más en el espectáculo y la intriga, Caza al asesino, quizá al contar un caso real, se deja de los típicos juegos de ocultar la identidad del asesino hasta el final para darle un enfoque diferente a la película. Se trata de mostrar el lado más humano de la historia, centrándose en las víctimas y su fragilidad frente al despiadado depredador, en especial con la joven Cindy, la prostituta que logró escapar de Hansen. Y también la lucha desesperada del sargento Jack Halcombe (Nicolas Cage) para conseguir pruebas que le permitan detener al asesino.
Nicolas Cage, no siempre en papeles interesantes, consigue hacer aquí una buena interpretación, sin caer en excesos. John Cusack es un actor soberbio que, una vez más, demuestra su capacidad para cualquier tipo de papel, en este caso dando vida a un psicópata con una economía de gestos admirable. Para completar el buen trío de protagonistas, debemos destacar a la desconocida Vanessa Hudgens, que compone a una prostituta a la vez desgarrada y frágil de un modo sobresaliente.
No es que Caza al asesino sea un gran film, pero al menos consigue dos cosas fundamentales: mantener nuestra atención desde el primer hasta el último minuto y resaltar el lado humano de la historia, lo que convierte a este thriller en algo más que un simple relato morboso o de intriga.
jueves, 8 de marzo de 2018
Moby Dick
Dirección: John Huston.
Guión: Ray Bradbury y John Huston (Novela: Herman Melville).
Música: Philip Sainton.
Fotografía: Oswald Morris.
Reparto: Gregory Peck, Richard Basehart, Leo Genn, James Robertson Justice, Harry Andrews, Friedrich von Ledebur, Bernard Miles, Edric Connor, Orson Welles.
Ishmael (Richard Basehart), fascinado por el mar, decide embarcarse en un barco ballenero para aprender el oficio. El azar le lleva a hacerlo en el bergantín Pequod, capitaneado por el misterioso capitán Ahab.
Nueva adaptación de la novela homónima de Herman Melville que es, por méritos propios, todo un clásico del cine de aventuras.
Esta versión de John Huston de Moby Dick (1956) se beneficia sin duda de la calidad de la novela, algo patente especialmente en la riqueza y profundidad de los diálogos, uno de los rasgos más desetacables del film.
Pero como buena película de aventuras, no podían faltan las escenas de tormenta y las de la caza de ballenas, que aún a día de hoy resultan espectaculares y, en muchos aspectos, hacen palidecer a películas más recientes, incluida la prodigiosa Tiburón de Steven Spielberg. Es verdad que Huston utiliza escenas reales de la caza de cachalotes, pero para el año en que se rodó esta película la verdad es que los resultados de esas secuencias siguen siendo admirables.
Pero por encima de la belleza y espectacularidad de la aventura, Moby Dick es, por encima de todo, el relato de una obsesión: la locura del capitán Ahab en su deseo de vengarse de la ballena que le comió una pierna y dejó su cuerpo lleno de cicatrices. Ahab es consciente de que su deseo de venganza es irracional, de que lo domina más allá de toda lógica. Y sin embargo no es capaz de vencer ese demonio que lo corroe por dentro.
Puede que en esta descripción de la locura de Ahab la película quizá muestre las limitaciones del cine frente a los recursos de la novela, a pesar del buen trabajo de Gregory Peck, en una de sus caracterizaciones más impactantes. Aunque pudiera parecer que Orson Welles, con un pequeño pero bien aprovechado papel, pudiera ser en teoría un capitán Ahab más convincente , la verdad es que Gregory Peck creo que cumple con nota. Y lo mismo hay que decir del resto del reparto, salvo la extrañeza que produce que el papel de Ishmael, presentado como un mozalbete en la película, lo interprete Richard Basehart, a todas luces todo un señor de mediana edad.
Lo que también me gustó, y mucho, es el estilo de Huston en la dirección. Cada plano tiene sentido e intenta expresar algo con la composición, la posición de la cámara, el enfoque o el desenfoque. Me pareció un estilo que aporta bastante al relato, sin llegar a acaparar el protagonismo de un modo absoluto.
En definitiva, una película de aventuras ejemplar, con un buen tratamiento en el plano del espectáculo pero acompañado de una calidad en los diálogos, la dirección y el trasfondo que la mantienen aún a día de hoy como un clásico con plena vigencia, capaz de sorprendernos y entretenernos a partes iguales.
sábado, 24 de febrero de 2018
Wind River
Dirección: Taylor Sheridan.
Guión: Taylor Sheridan.
Música: Nick Cave y Warren Ellis.
Fotografía: Ben Richardson.
Reparto: Jeremy Renner, Elizabeth Olsen, Julia Jones, Graham Greene, John Bernthal, Matthew Del Negro, Kelsey Chow, Gil Birmingham, Ian Bowen.
Cory Lambert (Jeremy Renner), cazador del Servicio de Pesca y Vida Silvestre, encuentra el cuerpo de una joven muerta en la nieve en una reserva india en Wyoming. El FBI envía a una agente novata, Jane Banner (Elizabeth Olsen), a investigar lo que podría ser un asesinato.
Hay gente que parece entrar en estado de gracia en el mundo de la dirección, como es el caso Taylor Sheridan, hasta ahora guionista, que se estrena con Wind River (2017) como director y, la verdad, el resultado es más que gratificante.
Wind River, partiendo de hechos reales, realiza una denuncia de la situación de las nativas norteamericanas, cuyas desapariciones no solo son más numerosas que las de cualquier otro colectivo del país, sino que incluso no están ni censadas oficialmente. Se tarta de una injusticia más con este pueblo tan castigado históricamente.
Así que, como se puede ver, no estamos ante un thriller al uso, sino ante un film que ofrece mucho más que la típica intriga policial. Y esa es la riqueza de Wind River: lograr utilizar con gran inteligencia el envoltorio del thriller para trascenderlo, narrando a la vez el drama personal de los protagonistas dentro del marco más amplio de los problemas de la minoría de los indios autóctonos de Norteamérica.
Porque Cory Lambert, el protagonista, está también marcado por una tragedia familiar, algo que se va desgranando poco a poco, al compás del ritmo lento de la narración, elegante, sin aspavientos ni excesos. Los dramas personales se viven en la intimidad, conteniendo el dolor, tragándolo. Y es que en Wind River se percibe cierto abandono de los personajes, entre resignación y una lucha que es, sobre todo, supervivencia. La vida en Wyoming es dura, como resalta una espléndida fotografía que nos muestra una vasta soledad en medio de grandes extensiones de tierras vacías cubiertas de nieve. Como un paisaje del alma.
Y junto a esa tragedia personal de los protagonistas se sobrepone la de todo un pueblo, los indios americanos, confinados en reservas, de ahí el título de la película, que es nombre de una de ellas, a modo de ghettos modernos, y abandonados a una vida sin mucho futuro.
Al final, la intriga se resuelve en una explosión de violencia muy bien orquestada, donde el director evita caer en esa tendencia tan de moda de recrearse en la sangre, lo cuál es muy de agradecer. Pero uno se da cuenta que lo importante en la historia no es resolver el crimen, que casi se va desvelando por su propio peso, bajo la lógica implacable de una comunidad encerrada en medio de un paraje que los condiciona sin remedio. Y es que el thriller aquí es casi la excusa. Lo importante es la lucha de los protagonistas, contra su propio dolor, contra su vida sin futuro; o en el caso de Jane Banner, contra su inexperiencia, contra las torpezas de quién entra en un mundo del que desconoce hasta su lenguaje.
En cuanto al reparto, destacar sin duda la naturalidad con que se desenvuelven todos los actores, pero con una mención especial para el gran trabajo de Jeremy Renner, un actor que hasta el momento no me había impresionado pero que en esta película logra unos registros envidiables.
Sheridan, en su debut, demuestra ser un director elegante, con muy buen gusto, dominando el tiempo del relato, sin querer ganarse más protagonismo del necesario, con lo que son el resto de elementos del film los que nos cuentan el relato, algo creo que muy necesario siempre.
Sin duda, una película más que recomendable. Con un estilo elegante y unos diálogos que invitan a reflexionar y que nos cuentan siempre algo sobre los protagonistas y sobre la vida; lo que se agradece en un cine donde no es habitual que se cuiden estos detalles. Una grata sorpresa sin ninguna duda.
martes, 13 de febrero de 2018
Pacto de silencio
Dirección: Robert Redford.
Guión: Lem Dobbs (Novela: Neil Gordon).
Música: Cliff Martinez.
Fotografía: Adriano Goldman.
Reparto: Robert Redford, Shia LaBeouf, Nick Nolte, Julie Christie, Richard Jenkins, Chris Cooper, Susan Sarandon, Sam Elliott, Anna Kendrick, Brendan Gleeson.
Nick Sloan (Robert Redford), un antiguo activista radical en los años de la Guerra del Vietnam, ha cambiado de identidad y lleva una vida tranquila como abogado civil en Albany. Pero cuando el FBI detiene a una camarada de lucha y la prensa descubre su identidad, Sloan deberá huir de nuevo.
Se nota que Robert Redford es un veterano en esto del cine. Pacto de silencio (2012), bajo el manto del thriller, es un film que nos ofrece mucho más que intriga. De alguna manera, me ha parecido una película no de esta época, en la que las historias suelen ser más escuetas y se cede el protagonismo a la acción y a argumentos trufados de trampas.
En Pacto de silencio hay cierta intriga, es cierto, especialmente en la primera parte de la película, que es en un primer momento lo que capta nuestra atención. Y dentro del juego, es verdad que Redford no nos muestra todas las cartas abiertamente, dejando para más tarde la revelación de la implicación de Sloan en el atraco al banco que está detrás todo.
Pero la película es mucho más que eso, de ahí que cuando se vayan desvelando todas las claves que mantenían la intriga vigente, junto al hecho de que vamos anticipando el verdadero nudo del pasado del protagonista, la historia no pierde interés, pues el argumento nos ha ido adentrando en el aspecto más humano de los personajes, creando una red de relaciones, recuerdos, fracasos y miedos que se encargan de llevarnos de la mano hacia el final, previsible, es cierto, pero donde la resolución no es la clave de todo, como en otros muchos thrillers que basan su interés casi exclusivamente en el desenlace. Porque Pacto de silencio ofrece mucho más que un simple thriller al uso.
Y de ahí que me parezca que es una película más clásica, con ese sabor de los films de antes. Y en eso el veterano Redford ha de tener mucho que ver. Incluso en esas secuencias largas, pausadas, de diálogos íntimos, que no parecen casar muy bien con el género. Además, en Pacto de silencio no veremos huidas espectaculares, ni persecuciones ni disparos. Es otra cosa.
En cuanto al reparto, sin duda ese es otro de los puntos fuertes de la película, con la presencia de grandes actores como Susan Sarandon o Nick Nolte. También nos reencontramos con Julie Christie, Sam Elliott o Brendan Gleeson. Todo un regalo aunque sus apariciones sean puntuales en muchos casos. También es un grato descubrimiento el buen hacer de Shia LaBeouf en el papel del periodista que va haciendo de hilo conductor en su busca de un reportaje histórico.
Sin embargo, también es verdad que en algunos momentos se hubiera agradecido un metraje algo menor, en especial en la parte central del relato, pues hay momentos en que la historia parece perder vigor. También se hubiera agradecido una explicación menos enrevesada en algunos pasajes, aunque poco a poco vayan encajando las piezas. Son pequeños detalles que si se hubieran pulido habrían ayudado a que la película fuera más intensa y ágil.
Sin duda, Robert Redford demuestra que ha sabido hacerse con el papel de director tras su brillante carrera delante de las cámaras. Su estilo no es el de estos tiempos, lo que se agradece. Y es que Redford viene de unos años en que las películas se cuidaban bastante, no solo en el aspecto técnico, y eso se nota en este caso.
Shooter: El tirador
Dirección: Antoine Fuqua.
Guión: Jonathan Lemkin (Novela: Stephen Hunter).
Música: Mark Mancina.
Fotografía: Peter Menzies Jr.
Reparto: Mark Wahlberg, Michael Peña, Danny Glover, Kate Mara, Elias Koteas, Rhona Mitra, Tate Donovan, Jonathan Walker, Justin Louis, Ned Beatty.
Tras ser abandonado a su suerte durante una misión extraoficial en Etiopía, el tirador de élite de los Marines Bob Lee Swagger (Mark Wahlberg) abandona el servicio. Sin embargo, tres años después, el coronel Johnson (Danny Glover) le pide su ayuda para intentar impedir un inminente atentado contra el presidente de los Estados Unidos.
Shooter: El tirador (2007) es una muestra más de esa corriente de cine de acción pura y dura de la que tanto abusa Hollywood y que cuenta con una larga nómina de tipos duros con sus carreras claramente orientadas a este tipo de entretenimiento. Pero aún dentro de este género, hay evidentes niveles de calidad, desde infumables films protagonizados por musculosos actores de escaso talento, como Van Damme o Chuck Norris, a otras propuestas más elaboradas donde se percibe cierta calidad e inteligencia a la hora de plantearse la historia. Shooter: El tirador estaría en un término medio entre ambos extremos; no es un film de serie B, pero tampoco alcanza la calidad necesaria para convertirse en una referencia.
Lo que no podemos negar es que el director consigue que la película funcione como un reloj en cuanto a ritmo, tensión y espectáculo. Fuqua maneja con acierto los tiempos y hace que la historia transcurra con agilidad, metiéndonos de lleno en las escenas de acción con eficacia y sin recurrir tampoco a esa manía de caer en lo macabro a la hora de explotar las escenas más violentas.
Quizá se pueda reprochar que la historia va perdiendo fuerza conforme avanza, pero ello lo achaco más a fallos en el guión que al trabajo del director. Y es que hay que reconocer que el argumento no es del todo plausible, con algunos detalles más que dudosos y, encima, a la hora del desenlace, el guión se enreda quizá innecesariamente. Me hubiera gustado un final más concreto en lugar de alargarse en varias escenas aclaratorias que no parecen muy bien hilvanadas y dan la sensación de añadidos prescindibles.
En cuanto al reparto, Mark Wahlberg lleva el peso de la película y la verdad es que da la talla en todo momento. Es un tipo duro sin parecerlo en exceso que aporta sin embargo completa credibilidad a su personaje. La película también cuenta con dos veteranos muy solventes, como Danny Glover y Ned Beatty. Kate Mara y Rhona Mitra, sin embargo, parece que están ahí como simples comparsas decorativas, desaprovechándose por completo sus personajes, pues el guión parece despreciar las ramificaciones que podrían dar a la historia sus papeles.
Por otro lado, el trasfondo político del argumento, con una crítica hacia los manejos del todo inmorales del poder, no deja de ser un mero decorado de la historia. No está mal como complemento, pero no es ni mucho menos el interés principal de Shooter: El tirador. Se agradece, eso sí, que no se alinee con los films de propaganda militarista, pero la película nunca deja de ser un simple film de acción.
lunes, 12 de febrero de 2018
El único superviviente
Dirección: Peter Berg.
Guión: Peter Berg (Libro: Marcus Luttrell).
Música: Steve Jablonsky.
Fotografía: Tobias A. Schliessler.
Reparto: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Ben Foster, Emile Hirsch, Alexander Ludwig, Eric Bana, Jerry Ferrara, Scott Elrod, Yousuf Azami, Ali Suliman.
En el años 2005, cuatro militares del grupo de élite SEAL recibe el encargo de una peligrosa misión: adentrarse en territorio enemigo, en Afganistán, para matar a un líder terrorista talibán.
Con El único superviviente (2013) el cine norteamericano regresa a una vieja fórmula del cine bélico, incluso del western, que consiste en aprovechar un conflicto, en este caso de terrible actualidad, como es el terrorismo islámico, para hacer propaganda de sus fuerzas armadas.
Peter Berg lo tiene claro: basándose en hechos reales, construye una película con un argumento tremendamente simplista. Todo se reduce, tras una breve introducción, donde se dedica a presentar a los protagonistas de la historia remarcando el elemento humano, con breves pero muy intencionadas pinceladas, a crear un film dominado al completo por la acción donde se va a dejar muy claro quienes son los buenos y quienes los malos. En el primer bando, claro, los norteamericanos, que son un dechado de virtudes, incluyendo una extraña y suicida compasión hacia el enemigo que de verdad que cuesta entender. Curiosamente, o no tanto, en función de esa extraña y peculiar moralidad siempre presente en este tipo de historias, el único superviviente de los cuatro será aquel que se muestra partidario de liberar a los prisioneros afganos, a pesar de ser consciente de las consecuencias de hacerlo. Las buenas acciones, divina o milagrosamente, son recompensadas, parece decirnos esta moralidad simplista.
Del lado contrario, los talibanes: enemigos sin identidad, de mirada hosca, con una superioridad numérica del todo insultante y antideportiva, sin ninguna compasión, de una crueldad, hasta con sus propios compatriotas, espeluznante.
Como se puede ver, un maniqueismo y un enfoque para nada equilibrado ni objetivo. Se trata de vender una causa y Peter Berg se ocupa de ello sin el más mínimo disimulo.
Si somos capaces de mantener la propaganda al margen, hemos de reconocer que la película, de una duración importante, está contada con una agilidad y un nervio sobresalientes. La tensión se masca en cada instante, logrando trasmitirnos con gran acierto el peligro en que se encuentran los soldados americanos, llegando a sentir la angustia casi en carne propia. El realismo como están filmados los disparos, las caídas, las heridas... parece traspasar la pantalla. Desde este punto de vista, exclusivamente, la película es excepcional.
Para aquellos que busquen un film bélico de acción pura y dura filmado con maestría, sin duda disfrutarán de esta propuesta, que va directa al grano. Sin embargo, es difícil abstraerse de la carga propagandística que se huele en cada fotograma, lo que penaliza y mucho la valoración de la película, bastante tendenciosa y demasiado simplista en todo su planteamiento.
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