El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

miércoles, 17 de febrero de 2021

Revenge



Dirección: Coralie Fargeat.

Guión: Coralie Fargeat.

Música: Robin Coudert.

Fotografía: Robrecht Heyvaert.

Reparto: Matilda Lutz, Kevin Janssens, Vincent Colombe, Guillaume Bouchède, Jean-Louis Trives.

Tres amigos se reúnen para su cacería anual en el desierto. Pero esta vez Richard (Kevin Janssens) acude con la joven Jennifer (Matilda Lutz), una hermosa mujer que despierta el deseo de sus dos socios.

Hay un subgénero cinematográfico denominado "Rape & Revenge", es decir, violación y venganza. Y Revenge (2017) acepta gustoso ese encasillamiento, sin disimulos. 

Uno de los aspectos más desetacables de Revenge es su simplicidad: en el argumento, reducido a lo más básico; en los paisajes, austeros, y en los personajes, limitados a tres básicamente. Es como si la directora-guionista del film quisiera remarcar que no busca nada original o novedoso, solamente poner en pie una película que se adapta sin disimulos a los códigos del género.

Así pues, el argumento va directo al grano y, tras la presentación de los personajes, Fargeat entra en materia de lleno: el ultraje a Jennifer y la venganza. Destaca, sin embargo, que la escena de la violación se narre de manera indirecta; tal vez por ser la directora una mujer y no desee incidir en un momento sin duda denigrante y muy duro para cualquier mujer. Sin embargo, a Coralie Fargeat no le tiembla la mano a la hora de mostrar la violencia y sus efectos físicos con toda la crudeza posible. Desde mi punto de vista, se trata de algo gratuito, pero no dudo que habrá muchos espectadores a los que ese lujo de detalles le aportará un plus de intensidad. Para otros, sin embargo, esta recreación en lo gore les impedirá terminar el film.

En lo que la directora se muestra quizá más original es el uso de los planos, la luz, el sonido y los colores, apoyándose en una potente fotografía, dando una cierta belleza extraña al film, a veces un tanto desconcertante, pero donde se advierte un deseo de aportar un punto de vista estético muy personal.

En cambio, el guión es excesivamente elemental, desde mi punto de vista, y con algunos detalles que se hacen un tanto inverosímiles y que requieren un acto de fe por nuestra parte para tragarnos aspectos clave del argumento. Se añade además un afán por parte de Coralie de alargar un poco artificialmente el metraje, con muchas escenas que se prolongan innecesariamente. Forma parte de la propuesta de la directora, naturalmente, pero creo que algo menos de duración se habría agradecido.

Los actores cumplen con solvencia, especialmente Matilda Lutz, tan sexy en la primera parte del film como desesperada y furiosa en la segunda. Resulta totalmente convincente en ambos aspectos de su personaje.

Hay quien afirma que se trata de un film de corte feminista, en cuanto la venganza la protagoniza una mujer que no duda en hacerse fuerte cuando la situación lo requiere y logra imponerse a tres brutales hombres. Sin embargo, la directora no logra esquivar cierto exhibicionismo muy de corte masculino y vemos a Matilda Lutz lucir constantemente sus encantos a lo largo de toda la cinta.

Revenge, sin duda, tiene su público. Hay una gran cantidad de amantes de este tipo de propuestas, donde se presentan instintos muy básicos casi sin edulcorar. Y tampoco niego que la película tenga sus aciertos y, dentro de su subgénero, sea un producto bien presentado. Dicho lo cuál, creo que se trata de un tipo de films que aportan muy poco y que, en general, cuanto menos se prodiguen más sale ganando el buen cine.

domingo, 14 de febrero de 2021

Noticias del gran mundo



Dirección: Paul Greengrass.

Guión: Paul Greengrass y Luke Davies (Novela: Paulette Jiles).

Música: James Newton Howard.

Fotografía: Dariusz Wolski.

Reparto: Tom Hanks, Helena Zengel, Neil Sandilands, Elizabeth Marvel, Ray McKinnon, Mare Winningham, Bill Camp.

Tras finalizar la Guerra Civil, el capitán Jefferson Kyle Kidd (Tom Hanks) se gana la vida leyendo las noticias de los periódicos de pueblo en pueblo. Un día, en el camino, se encuentra a Johanna (Helena Zengel), una niña rescatada de los indios que la habían capturado años atrás. Al haber sido asesinado el hombre que debía devolverla con su familia, el capitán deberá hacerse cargo de ella.

El western, el género por excelencia de mi infancia, se niega a morir y ser enterrado. De cuando en cuando, vuelve a las pantallas de manera ocasional y siempre lo recibo con alegría, solamente por el hecho de verlo renacer. A menudo, sin embargo, constato que las modas actuales no siempre le sientan bien al western y algunos títulos recientes no consiguen estar a la altura de la maravillosa historia del género. Se suele caer en lo truculento o en lo anecdótico, a veces incluso rozando el esperpento.

Pero siempre hay excepciones, títulos que están concebidos desde el respeto, la sensibilidad y el buen gusto. Y Noticias del gran mundo (2020) es uno de esos títulos que nos reconcilian con el mejor cine del oeste, pero también con el mejor cine a secas. Porque el talento no se ciñe a géneros.

La base de Noticias del gran mundo es, por supuesto, la relación que se establece entre Johanna, totalmente integrada ya en la cultura india, y el capitán a lo largo del extenso viaje que emprende para llevarla con su familia blanca, sus tíos maternos. No hay, es verdad, demasiadas sorpresas en esta historia y es fácil que vayamos un paso por delante del relato, anticipando sin dificultad el futuro de esta relación accidental y casual. Sin embargo, poco importa. Lo verdaderamente importante es la sensibilidad con que Paul Greengrass nos cuenta cómo va surgiendo la relación de Johanna y el capitán Kyle; cómo se van acercando desde un distanciamiento inicial total y cómo se van ayudando mútuamente, compartiendo lo poco que tienen y lo mucho de lo carecen; apagando los miedos y la soledad y dejando que el cariño vaya llenando los espacios a cada curva del camino.

Al final, tenemos una preciosa historia de amistad, de cariño, de ayuda entre dos personas que se van haciendo más grandes a medida que se van conociendo. Es un relato sencillo, sin grandes aspavientos, pero repleto de sinceridad, de buen gusto, de respeto y de sensibilidad y que nos deja una paz y una sana alegría cuando la historia al fin se completa. A veces hace falta muy poco para construir algo hermoso.

Pero al mismo tiempo, Paul Greengrass aprovecha el contexto, los años inmediatamente posteriores al final de la Guerra de Secesión, para hacer un eficaz retrato de la sociedad americana de la época. Y de nuevo hemos de agradecer la sinceridad de este retrato, lejos de efectismos baratos, de tópicos y siempre con una mirada de cierta comprensión hacia la dureza de aquella época, donde la supervivencia era una dura prueba diaria. Vemos un retrato del Oeste americano muy diferente de los relatos épicos, de las grandes gestas militares. Greengrass nos ofrece una mirada que adivinamos sincera, sin adornos, y dónde podemos comprobar las consecuencias devastadoras de la guerra más allá de sus límites estrictamente bélicos, con un país sumido en la pobreza, con una vida de mera supervivencia, sin una justicia eficaz, con la ley del más fuerte imperando entre una población inculta. Incluso los indios no son ya un pueblo guerrero temible, sino que vemos su triste realidad, una vez que han perdido en su lucha por su supervivencia y han quedado reducidos a unas gentes sin hogar, sin tierras y sin esperanza.

Otro gran acierto es la ambientación de Noticias del gran mundo. No sé exactamente cómo era la vida en aquel país y en aquellos años, pero la sensación que transmite el film es de total verosimilitud, sin excesos, sin falsos artificios. Las escenas de los interiores de noche, con la escasa luz de las lámparas de petróleo, son un ejemplo maravilloso de la cuidada producción y la acertada fotografía. Al contrario que en otras películas de época, no se vislumbra un intento artificioso para deslumbrar al espectador, sino la simple necesidad de ser lo más fieles posible a la realidad de aquella época.

En cuanto al reparto, la película recae casi por completo sobre la figura de Tom Hanks, lo cuál es una excelente noticia, porque Hanks es, para mí, uno de los mayores talentos del cine reciente. Su sobriedad, su eficacia, están a la par de la elegancia del relato y dudo mucho que otro actor pudiera darle la profundidad y la hondura que le otorga a su personaje. La joven Helena Zengel es la gran sorpresa de Noticias del gran mundo, con su salvaje naturalidad y una mirada que traspasa la pantalla.

Más allá de que se trate de un western, lo que para mí es un motivo más de alegría, me quedo con la emotiva historia de amistad y afecto, intemporal, y que nos reconcilia con un cine más intenso, más profundo de lo que viene siendo habitual. Noticias del gran mundo es cine del bueno, sin adornos, directo, sencillo y emotivo.


lunes, 1 de febrero de 2021

Un marido de ida y vuelta

 



Dirección: Luís Lucía.

Guión: Luís Lucía y J. María Palacios (Obra: Enrique Jardiel Poncela).

Música: Juan Quintero.

Fotografía: Alfredo Fraile.

Reparto: Fernando Fernán Gómez, Emma Penella, Fernando Rey, Xan das Bolas, Antonio Riquelme, Mercedes Muñoz Sampedro, José Luís López Vàzquez.

Pepe (Fernando Fernán Gómez) y Paco (Fernando Rey) son muy buenos amigos desde siempre y ambos se enamoraron de jóvenes de Leticia (Emma Penella), que terminó casándose con Pepe. Éste la adora, a pesar de que es una esposa dominante y caprichosa. Viendo cercana su muerte y para proteger a su amigo, Pepe le hace prometer a Paco que nunca se casará con Leticia cuando él falte.

Hay una corriente dominante en el cine cómico español: la comedia costumbrista. Es un cine no demasiado elaborado, basado en un humor muy elemental y que tiende a la exageración infantil. Por ello no suele gustarme lo más mínimo, salvo contadas excepciones. Y por ello es un gran motivo de alegría poder ver otro tipo de comedias, como es el caso de Un marido de ida y vuelta (1957), donde disfrutamos de un humor surrealista e inteligente. 

Ello se lo debemos a Enrique Jardiel Poncela, un dramaturgo de lo más original que nos ha dejado un puñado de obras de teatro a cada cual más alocada, alguna de las cuales se ha llevado con acierto al cine, como es el caso, por ejemplo, de Eloísa está debajo de un almendro (Rafael Gil, 1943).

Un marido de ida vuelta es, dentro de su locura, una inteligente crítica de las costumbres nacionales y, sobre todo, de la hipocresía social, donde las virtudes solo sirven como escaparate, la palabra de un caballero y amigo no vale nada y las convenciones sociales son como una alfombra bajo la cuál abunda la porquería, que siempre termina por aflorar a la superficie.

Pero todo esto siempre con una mirada burlona, como si la única solución inteligente a tanto despropósito y petulancia no fuera otra que reírse de todo y de todos. Nadie sale bien parado aquí: ni las mujeres de la alta sociedad, vacías y caprichosas, ni los médicos, inútiles ("No por favor, el doctor no, quiero morir de forma natural"), ni los altos ejecutivos, infantiles a más no poder. Pero el mayor sinsentido es quizá el gafe (Xan das Bolas), afanado en atribuirse todas las desgracias ajenas, aunque no le correspondan.

Es, en realidad, un mundo al revés, donde la lógica ha salido a pasear y las reacciones sensatas parecen no tener cabida. Es la manera del genial Jardiel Poncela de desvelar las miserias de la condición humana, siempre con una mirada benevolente.

En cuanto al trabajo de Luís Lucía, he de reconocer que me pareció una dirección la suya un tanto pobre, con muy poca imaginación, por ejemplo a la hora de ubicar la cámara y no sabiendo aprovechar todas las posibilidades del argumento. Menos mal que la base del guión, la obra de Jardiel Poncela, es lo bastante buena para que sobreviva a su dirección rutinaria. 

En el reparto, lo mejor del cine nacional del momento, con Fernando Fernán Gómez a la cabeza. Este actor, omnipresente nuestra filmografía, es de lo mejor que nos ha dado el cine español. Y en la comedia se movía como pez en el agua, haciendo creíble cualquier personaje que encarnara y que, aunque fuera absurdo o patético, siempre resultaba entrañable y cercano. Emma Penella es otra gran actriz, de las que hicieron escuela. Fernando Rey, nuestro actor más internacional, también resulta natural, sin excesos, comedido pero certero. Y el resto de secundarios, un poco menos acertados; en ellos es dónde vemos aflorar con claridad esa vertiente del humor patrio más vulgar que tan poca gracia me hace.

Un marido de ida y vuelta me reconcilia con parte de nuestra comedia, es especial del período del blanco y negro, donde surgieron artistas originales, como el señor Jardiel Poncela, que aportaron frescura, imaginación y locura al mundo de la comedia. Por desgracia, la evolución se fue orientando más a un humor menos inteligente, más fácil, de ahí la maravillosa sensación de poder disfrutar de obras como ésta, modestas pero con un encanto impagable.

lunes, 18 de enero de 2021

El indomable Will Hunting

 



Dirección: Gus Van Sant.

Guión: Matt Damon y Ben Affleck.

Música: Danny Elfman.

Fotografía: Jean-Yves Escoffier.

Reparto: Matt Damon, Robin Williams, Ben Affleck, Minnie Driver, Stellan Skarsgård, Casey Affleck, Cole Hauser, Philip Williams, John Mighton.

Will Hunting (Matt Damon) es un chico de 20 años con un cerebro de un genio. Sin embargo, a nivel personal, está traumatizado por una infancia de malos tratos.

Amigos desde pequeños, Ben Affleck y Matt Damon escribieron el guión antes de alcanzar la fama como actores. ¿El premio? No solo lograron vender el guión, sino que recibieron la recompensa de ganar un Oscar con él.

Sin embargo, bien mirada, El indomable Will Hunting (1997) no deja de ser una película un tanto previsible y no demasiado elaborada. El guión contiene una buena cantidad de tópicos, incluido el esperado final feliz. Y si Will Hunting está marcado por una infancia de malos tratos, lo que ningún psicólogo logra descifrar al principio, cuando no parece un trauma tan extraño, su terapeuta Sean Maguire (Robin Williams) también deberá enfrentarse a sus propios demonios, como son el no haber superado la muerte de su esposa, dos años atrás, ni haber resuelto aún sus diferencias con su amigo de la universidad, Gerard Lambeau (Stellan Skarsgård). Cuando Maguire ayude a Will a perder sus miedos, también logrará enfrentarse a los suyos. Me parece algo muy peliculero, sinceramente. 

Pero es que el guión necesita intensidad, algo que lo lleve adelante. De ahí también la típica historia de amor, que encaja bien en el entramado, pero donde se echa de menos algo más fuerza en la misma, que queda en realidad en poca cosa. Pero, sinceramente, pienso que todo el film peca de ser un tanto blando. 

El que consigue realmente elevarlo, hacer de cada una de sus apariciones en pantalla todo un espectáculo y una gran lección de cómo actuar es Robin Williams. Su sola presencia vuelve sus escenas totalmente convincentes, realistas y emocionantes, más allá de que lo sean realmente. El que obtuviera el Oscar como mejor secundario es absolutamente merecido.

Las escenas de Maguire en su terapia con Will justifican por sí solas el que veamos la película. Son las más intensas, pero también de dónde podemos sacar más en limpio sobre los problemas personales y el camino para afrontarlos, lo que en el fondo es el auténtico meollo del film. Más que sobre un genio, la película nos habla de los problemas de la vida: cómo superar los traumas de la infancia, cómo no rendirse, cómo reunir el valor necesario para huir del camino más fácil; cómo madurar, más allá de cumplir años. Aquí reside la esencia de El indomable Will Hunting. Y es es esos momentos donde logra elevarse sobre sus limitaciones y ofrece algo más que una historia bastante normalita. Y se lo debemos en gran medida a Robin Williams.

El resto del reparto cumple sin más, pero palidecen al lado de Williams, en especial Stellan Skarsgård, que no me resultó para nada convincente en su papel de profesor de matemáticas. Aunque no deja de ser una apreciación personal.

Sin ser un film excepcional, hemos de agradecerle al menos que se salga de ese cine más orientado al consumo puro y duro y al menos logre ofrecernos una historia que nos invite a reflexionar, que nos dé algo a lo que hincarle el diente. Podría haberse pulido algo más, es cierto, pero me quedo con los aciertos.

lunes, 4 de enero de 2021

Aprendiz de gigoló



Dirección: John Turturro.

Guión: John Turturro.

Música: Abraham Laboriel y Bill Maxwell.

Fotografía: Marco Pontecorvo.

Reparto: John Turturro, Woody Allen, Sharon Stone, Sofía Vergara, Vanessa Paradis, Liev Schreiber, Max Casella.

Cuando la doctora Parker (Sharon Stone) le comenta a su paciente, el señor Murray (Woody Allen), que ella y una amiga desean hacer un trío, éste convence a su amigo Fioravante (JohnTurturro) para que acepte el asunto y, de paso, saquen ambos un pequeño beneficio económico.

Aprendiz de gigoló (2013) puede llevar a cierta confusión por la presencia de Woody Allen en el reparto, ya que el actor suele dirigir también sus películas. Además, el tono inicial, la música... son elementos que refuerzan el efecto. Sin embargo, en esta ocasión el guionista y director es John Turturro y esta circunstancia se refleja en el resultado final; no para peor necesariamente, dependerá de los gustos, sino diferente a un film de Woody Allen.

La verdad es que las similitudes de Aprendiz de gigoló con la obra de Allen son muy notables. A parte de las arriba mencionadas, estamos en Nueva York y en medio de la comunidad judía, con lo que volvemos a encontrarnos de lleno con la influencia de la religión en la vida de los protagonistas, tan recurrente en Allen. Se podría llegar a pensar que quizá Woody Allen hubiera aportado alguna idea, en especial en lo concerniente a su personaje.

Y también estamos ante una comedia, aunque aquí sí que las diferencias con la obra de Woody Allen son más evidentes. Y es que Turturro opta por un estilo más contenido, se prodiga menos con los chistes y juegos de palabras (que quedan circunscritos al personaje interpretado por Allen) y la historia se va haciendo más seria, más profunda con el paso del tiempo, culminando con el romance de Fioravante con Avigal (Vanessa Paradis), la viuda judía. Pero incluso aquí, en el desenlace, por ejemplo, se nota el buen hacer de Turturro en el guión, con una precisión total que evita un desenlace trillado y nos brinda una escena muy lograda, donde somos nosotros los que deberemos sacar las interpretaciones y conclusiones oportunas.

Quizá lo más característico del film sea la delicadeza con que Turturro afronta un tema tan delicado como el de la prostitución masculina, que nunca se presenta de manera vulgar y que hasta logra envolver de un aura de cierta belleza, casi como un servicio terapéutico. Y esa delicadeza está presente en todo: las hermosas canciones que jalonan la historia; la cuidada fotografía, preciosa sin resultar artificial; los decorados, elegantes, refinados; e incluso los movimientos de la cámara, con una estudiada y decidida intención. Comprendemos que nada se ha dejado al azar y que el director se ha esmerado en cada plano, no dejando nada suelto, nada improvisado.

Pero la elegancia de Turturro, su buen gusto, también se traslada a la historia, que transcurre sin estridencias, de manera pausada, con tiempo para que podamos admirar cada plano, las miradas, los diálogos, cargados de sentido, precisos. Es todo un trabajo de alguien que desea crear algo hermoso, que nos ayude a reflexionar, que nos emocione desde cierto calculado distanciamiento, lejos de la manipulación grosera de los sentimientos. Diría que la labor del director se concentra en crear bocetos, nada definitivo ni rotundo, y será el espectador el que deba ir completando el dibujo. Esto, por ejemplo, explicaría la falta de profundidad de los personajes, que terminan por resultar algo superficiales. Eché en falta un poco más de definición en los mismos, lo que hubiera ayudado sin duda al desarrollo de la historia.

Puede que este posicionamiento, para algunos, deje como resultado un film  sin mucho nervio, pero a cambio tiene otras muchas virtudes que nos harán deleitarnos con una historia sencilla, casi improbable, pero donde todo funciona desde la sencillez, el buen gusto y la elegancia.

viernes, 1 de enero de 2021

Los hermanos Marx en el Oeste


 

Dirección: Edward Buzzell.

Guión: Irving Brecher.

Música: Georgie Stoll.

Fotografía: Leonard Smith (B&W).

Reparto: Groucho Marx, Harpo Marx, Chico Marx, John Carrol, Diana Lewis, Walter Woolf King, Robert Barrat.

Atraídos por el oro, gente del Este de todas clases se dirige al Oeste en busca de fortuna. S. Quentin Quale (Groucho) y los hermanos Joe (Chico) y Rusty Panello (Harpo) coinciden en la estación intentando reunir el dinero para el billete de tren.

Los hermanos Marx en el Oeste (1940) es la décima película de estos cómicos únicos y aunque generalmente se considera que está un peldaño por debajo de Una noche en la ópera (1935) o Sopa de ganso (1933), contiene elementos suficientes para situarla entre lo más logrado de los Marx.

El guión, como es habitual, es un mero vehículo para que los cómicos desarrollen toda su inventiva y su caos en la pantalla. La historia gira en torno a una historia de amor de dos jóvenes de familias enfrentadas, Terry Turner (John Carroll) y Eve Wilson (Diana Lewis), y un terreno, que gracias al ferrocarril, puede valer una fortuna y hacer que los enamorados puedan casarse.

Será el título de propiedad de ese terreno, codiciado por todos y cambiando de manos continuamente, el eje por el que los hermanos Marx desplegarán su alocado y destructivo humor, aprovechando la ambientación en el Oeste americano para la aparición de indios, el típico saloon, las bailarinas y los rufianes de gatillo fácil. Como es de esperar, nada será como estamos acostumbrados a ver, ni los duelos con pistola, ni los viajes en diligencia, ni los poblados indios.

Pero los mejores momentos de la película se encuentran curiosamente al comienzo y el final; y solamente por esos dos momentos queda justificado ver la película y hacen de ella un título imprescindible dentro de la filmografía de los Marx.

El primero, nada más arrancar la cinta, contiene la escena en que Quentin conoce a los hermanos Panello e intenta conseguir el dinero que le falta para el billete de tren vendiéndoles un sombrero y su chaqueta a juego. Lo que no sabe el señor Quentin es que ha topado con dos pillos de primera que lo despluman en cinco minutos en uno de los momentos más hilarantes e ingeniosos de la película.

El final nos ofrece otra de las secuencias que han pasado a la historia del cine: la carrera en tren hacia el Este para conseguir vender las tierras de los Wilson a la compañía del ferrocarril. Esta escena contó con el asesoramiento de Buster Keaton, que aportó su experiencia de El maquinista de la General (1926), su obra maestra de la época muda.

Las imágenes de Groucho pidiendo más madera son ya míticas y ofrecen una paradoja lamentablemente demasiado realista: queriendo avanzar a toda costa, se llega a perder el sentido inicial de la empresa. Así, para alimentar a la locomotora, se acaba por destruir el resto del tren, con lo que ya nada tiene sentido. Un ejemplo muy gráfico de por qué el fin no justifica los medios.

En resumen, otra pequeña gran maravilla de un humor único e irrepetible donde nada tiene sentido, salvo el poder pasar unos momentos de pura diversión.

domingo, 27 de diciembre de 2020

Sopa de ganso


 

Dirección: Leo McCarey.

Guión: Bert Kalmar y Harry Ruby.

Música: Arthur Johnston.

Fotografía: Henry Sharp (B&W).

Reparto: Groucho Marx, Harpo Marx, Chico Marx, Zeppo Marx, Margaret Dumont, Raquel Torres, Louis Calhern, Edmund Breese, Leonid Kinski, Charles B. Middleton, Edgar Kennedy.

Cuando la República de Libertonia pide dinero a la rica viuda Gloria Teasdale (Margaret Dumont), ella pone como condición que nombren presidente a Rufus T. Firefly (Groucho). Mientras tanto, el embajador Trentino (Louis Calhern), de la vecina Sylvania, conspira contra Libertonia.

Sopa de ganso (1933) cierra la etapa de los Marx en la Paramount donde, por cierto, todas sus películas tienen a algún animal en el título en inglés, y lo hace por todo lo alto, pues está considerada hoy en día como una de sus obras maestras, junto a Una noche en la ópera (1935).

Con un esquema argumental sencillo, los Marx dan rienda suelta a toda su imaginación desbordante a la hora de inventarse situaciones y diálogos hilarantes. El blanco de sus dardos es, esta vez, la política, la guerra y, en general, cualquier cosa que se les ponga por delante. No hay aspecto de la vida que no se tomen a broma o que no exploren en su vertiente más surrealista.

Por ejemplo, una de las primeras medidas de Firefly como presidente será poner en vigor una serie de prohibiciones, cada cuál más estúpida, en el país de la libertad. ¿Les suena a algo conocido?

Sopa de ganso tiene la genialidad de reunir algunos de los momentos más memorables de los hermanos Marx de toda su carrera, lo que es mucho decir, con un ritmo trepidante que no da tregua en ningún momento. 

Groucho nos regala algunas de sus sentencias más célebres mientras intenta seducir a la viuda y millonaria señora Teasdale ("¿Quiere casarse conmigo?, ¿le dejó mucho dinero? Conteste a la segunda pregunta") o se mofa sin escrúpulos del malvado Trentino, que termina casi por darnos pena. Mientras Harpo y Chico llevan sus locuras a un terreno más físico y esta vez nos libran de tener que escuchar sus tradicionales números con el arpa y el piano, lo que personalmente agradezco. Las escenas en vuelven loco al vendedor de limonada son épicas, con el colofón de Harpo metido en su bañera.

Pero para mí la secuencia del espejo entre Harpo, Groucho y Chico se lleva la palma, es sencillamente una obra maestra en sí misma.

Hay un par de números musicales, es cierto, pero realmente divertidos y que encajan correctamente en el ritmo alocado del film, que va subiendo de intensidad hasta la alocada secuencia de la guerra, absurda, irreverente y genial.

Sin duda, estamos ante una de las cumbres de los hermanos Marx y, por extensión, en una de las mejores comedias locas de la historia. Imprescindible.

"-Si los encuentran están perdidos. 

 -¿Cómo vamos a estar perdidos si nos encuentran?"