El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

domingo, 18 de junio de 2023

El invitado



Dirección: Laurent Bouhnik.

Guión: David Pharao (Obra: David Pharao).

Música: Alexandre Mahout.

Fotografía: Jean-Paul Agostini.

Reparto: Daniel Auteuil, Valérie Lemercier, Thierry Lhermitte, Hippolyte Girardot, Arthus de Penguern, Mar Sodupe.

Tras tres años parado, Gerard (Daniel Auteuil) por fin encuentra trabajo. Pero cuando su vecino Alexandre (Thierry Lhermitte) se entera que uno de sus jefes irá a cenar a su casa, intentará ayudar a Gerard para que la cena sea un éxito.

Para que una comedia funcione es indispensable que se asiente en un buen guión que cree una historia interesante y la desarrolle de manera precisa y graciosa. Y sinceramente, en El invitado no se dan estas circunstancias.

La película es una adaptación de una obra de teatro, lo cuál no tiene porque ser ni bueno ni malo, sencillamente creo que el problema es que la historia no está muy bien aprovechada. 

Por una lado, la situación tiene un punto de interés: el recién contratado que ha de pasar la prueba de la visita de uno de los jefes a su casa para cenar. Lógicamente, no se trata de una visita inocente, como muy bien remarca Alexandre y han de causar buena impresión.

El principal inconveniente es que a partir de esa premisa todo el desarrollo es demasiado previsible, ya que no contiene nada realmente original. Así, Gerard y su esposa Colette (Valérie Lemercier) son presentados como personas no muy cultas, patosas y sin nociones de etiqueta. En cambio su vecino, Alexandre, parece ser la solución perfecta, pues estuvo en una empresa de asesoramiento y parece poder aportar los consejos que sus vecinos necesitan para que la cena salga perfecta.

Este planteamiento resulta demasiado banal y los personajes son escasamente convincentes, quedando más a un nivel de caricatura. Pero aún así, el principal problema es que no se producen situaciones realmente divertidas, ni diálogos con chispa. El desarrollo es rutinario y el único recurso que parece ocurrírsele al director para aportar algo de sal a la historia es la música, echando mano de temas populares franceses, lo cuál no resulta especialmente divertido y menos cuando en algunos momentos la banda sonora llega a resultar hasta molesta e innecesaria. Y con otro inconveniente añadido: al público que desconozca la música popular francesa no le dirán nada los temas elegidos. 

Tampoco el desenlace ofrece nada original y acaba por ser tan obvio y escasamente imaginativo que, en consonancia con el desarrollo precedente, vuelve a dejar la sensación de un guión falto de ideas, torpe en el desarrollo y plagado de clichés sin gracia.

Es verdad que el trío de actores resulta bastante convincente, pero poco pueden hacer ellos solos si no tienen un argumento con gracia. 

Definitivamente, una película bastante mediocre que a duras penas logra sacarnos alguna sonrisa casi sin querer.

Les voyeurs



Dirección: Michael Mohan.

Guión: Michael Mohan.

Música: Will Bates.

Fotografía: Elisha Christian.

Reparto: Sydney Sweeney, Justice Smith, Ben Hardy, Natasha Liu Bordizzo, Katharine King So. 

Pippa (Sydney Sweeney) y su novio Thomas (Justice Smith) se van a vivir juntos y alquilan un precioso apartamento desde el que pueden ver a sus vecinos de enfrente. Lo que empieza como un juego, pronto se convierte en una obsesión para Pippa.

Los voyeurs (2021) es un thriller realmente sorprendente que juega sus cartas sin disimulo alguno. Para muchos será un film fallido, pero encuentro que tiene algo extraño que te atrapa, a pesar de todos sus fallos.

Michael Mohan presenta una historia interesante, una pareja que espía a sus vecinos, a la que sabe añadir el morbo necesario para que dejemos de verla con simple curiosidad y pasemos a sentir el mismo interés, o parecido, que siente Pippa por sus vecinos. Para ello, Mohan se apoya en lo moralmente cuestionable de espiar a la gente en su intimidad, algo que todos reconocemos que está mal, pero que la naturaleza humana nos empuja a hacer muchas veces. ¿Quién no se detiene a mirar un accidente o se sorprende escuchando con cierto interés una discusión ajena? Supongo que es la curiosidad, algo que nos lleva a interesarnos por las vidas de los demás, tal vez para aprender o para sentirnos mejores. Somos animales gregarios. Y Mohan lo sabe y explota esa debilidad haciendo que Pippa sea incapaz de poner freno a su curiosidad.

Porque además, el director añade otro recurso infalible: el sexo. Pippa comprueba el éxito con las mujeres de su vecino Seb (Ben Hardy) y como no está sexualmente satisfecha, en fácil que sienta cierta atracción por un hombre que parece tener el secreto de la felicidad a nivel sexual.

De este modo, Los voyeurs nos engancha fácilmente a ese juego de espías que poco a poco se irá complicando cuando los celos de Julia (Natasha Liu Bordizzo), la mujer de Seb, que teme estar siendo engañada por su marido, provoquen en Pippa el deseo de ayudarla.

Es a partir de aquí que la película da un giro radical y empieza a desvelar sus verdaderas intenciones. Por respeto a aquellos que lean esto sin haber visto Los voyeurs, no puedo entrar en detalles, pero es ahora cuando el guión empieza a descolocarnos en un juego sutil aunque también realmente retorcido.

Siendo sinceros, es cierto que debemos admitir que el argumento resulta un tanto increíble y juega con los acontecimientos sin ningún complejo. Entiendo por tanto que haya quien se sienta defraudado por la segunda parte de la historia y yo mismo debería estar más enfadado por las trampas del guión. Sin embargo, también es cierto que Michael Mohan ha sabido jugar bien sus cartas y nos ha metido de lleno en su historia. Así que aún reconociendo el engaño y la poca credibilidad de la trama, hemos de reconocer que nos ha mantenido intrigados y era esa su intención. Así que, por ese lado, hay que admitir que el trabajo del director se sostiene a pesar de todo. Además, la esencia de la historia reside en la curiosidad de Pippa, en ese juego que termina en obsesión. Ahí está lo importante y el añadido final. queda casi como una anécdota pretenciosa y torpe, prescindible e intrascendente.

La pena es que creo que el resultado también se hubiera podido conseguir sin tener que recurrir a tantas trampas, con lo que el balance final sería mucho más positivo.

Además, es un placer disfrutar del trabajo de Sydney Sweeney, un actriz versátil que es capaz de mostrar su faceta más frágil, su mirada inocente y un deseo irrefrenable con total convicción. Puede que el punto más débil del reparto esté en la elección de Ben Hardy para el papel del vecino conquistador, pues tiene un aspecto demasiado infantil para mi gusto, de manera que costaba verlo en el papel.

Los voyeurs es un film con sus defectos, sin duda, pero al menos creo que logra captar nuestra atención y que participemos de la obsesión de Pippa de manera realmente convincente: al tiempo que comprendemos que su comportamiento es cuestionable, entendemos su atracción, como el de un insecto hacia el fuego. Y al final, te quemas.

sábado, 17 de junio de 2023

Air



Dirección: Ben Affleck.

Guión: Alex Convery.

Fotografía: Robert Richardson.

Reparto: Matt Damon, Ben Affleck, Jason Bateman, Chris Messina, Matthew Maher, Marlon Wayans, Jay Mohr, Julius Tennon, Chris Tucker, Viola Davis.

En 1984, la marca Nike tiene una cuota de mercado en el mundo del baloncesto residual. Incluso se teme que se cierre la sección si no mejoran los resultados. Entonces a Sonny Vaccaro (Matt Damon), cazatalentos de baloncesto de la firma, se le ocurre la idea de intentar convencer al novato Michael Jordan de que firme con ellos, convencido del potencial del jugador.

Air (2023) es una de esas películas alabadas por la prensa y que, desde mi modesta opinión, no pasa de ser un relato mediocre.

Es cierto que es un film muy cuidado en las formas, destacando especialmente un reparto de lujo, con Matt Damon al frente y muy bien arropado por la maravillosa Viola Davis, perfecta, o un eficaz Jason Bateman. De hecho, encuentro que son los secundarios los que destacan especialmente, mucho más que Damon o un curioso Ben Affleck en el papel del director ejecutivo de Nike y cuyo supuesto talento se muestra realmente oculto durante toda la cinta, llegando incluso a dudar del motivo de que tuviera un cargo así.

Lo que es evidente es que el tema de la contratación de Michael Jordan por parte de Nike no me parece lo suficientemente interesante como para dedicarle un largometraje. Es el relato de una suculenta oferta comercial que catapultó a Nike y no sé realmente la importancia del hecho.

Es por ello que Ben Affleck intenta insuflarle a la historia un componente humano y emotivo que amenice el asunto, enfatizando las dificultades que tiene que vencer Sonny, tanto en su empresa como con los representantes de Jordan, así como haciendo hincapié en el peligro que suponía para el propio Sonny y todos los empleados de la sección de baloncesto el que Nike no consiguiera la firma del jugador.

Todo muy bien narrado y con algún momento de cierta emotividad, pero en el fondo es difícil de digerir que en un mundo tan capitalista prevalezca el lado humano en los negocios. ¡Intragable! Además de ser un relato bastante convencional, sin nada de especial, siguiendo los ritmos y caminos más trillados para contar la historia. 

Es por eso que todo el relato huele a panfleto, a historia debidamente manipulada para conseguir convencernos de lo maravillosa y épica negociación que condujo a la felicidad absoluta de todos los implicados. 

¿Lo mejor de Air? El repaso al año 1984 que tiene lugar durante los títulos de crédito, un regalo para los nostálgicos y curiosos, y la maravillosa banda sonora con títulos memorables de la época. El resto, pues una historia banal que no merecería tanta parafernalia y que suena un poco a cuento chino, sinceramente.

El extraño



Dirección: Philippe Lioret.

Guión: Philippe Lioret, Emmanuel Courcol y Christian Sinniger.

Música: Nicola Piovani.

Fotografía: Patrick Blossier.

Reparto: Sandrine Bonnaire, Philippe Torreton, Grégori Derangère, Emilie Dequenne, Anne Consigny, Martine Sarcey, Nicolas Bridet, Marie Rousseau. 

Camille (Anne Cosigny) viaja a la isla de Ouessant para vender la casa familiar. Esa tarde, entre el correo, descubre un libro que cuenta una historia que se remonta a la época en que nació.

El título en castellano de L'équipier, que traducido literalmente sería El compañero, creo que le va mejor a la película que el original, pues la llegada de Antoine (Grégori Derangère) a la Bretaña se asemeja mucho a la de un extranjero.

El extraño (2004) cuenta muchas historias que convergen todas en Antoine, un relojero veterano de la guerra de Argelia que llega como farero a una isla remota, donde no es recibido precisamente de manera amistosa. Por un lado, porque el puesto que ocupa iba a ser para el hijo de otro farero, con lo que no sienta nada bien que le haya usurpado el puesto. Pero tampoco es bien acogido por una comunidad cerrada, recelosa de todo lo que no pertenezca a ella. Es el mal común, o lo era en la época en que transcurre el relato, los años sesenta del pasado siglo, de los pueblos aislados, encerrados sobre sí mismos, que llegan a desarrollar un sentido de identidad tan fuerte, y de desconfianza y miedo a lo foráneo, que excluye a todo el que no pertenezca a su comunidad.

A pesar de todo, Antoine se muestra paciente con los desaires que sufre constantemente y con amabilidad y esfuerzo logrará hacerse respetar por Yvon (Philippe Torreton), su compañero en el faro. El problema es que Antoine y Mabé (Sandrine Bonnaire), la esposa Yvon, se enamoran perdidamente, lo que no pondrá las cosas más fáciles para él.

Con una puesta en escena sencilla, pero no precisamente destacable, Philippe Lioret desarrolla el drama de El extraño sin artificios, dejando que los acontecimientos vayan marcando el desarrollo de la historia, que va cobrando intensidad lentamente, desde los recelos del principio por la llegada de Antoine hasta las envidias y odios, que terminan explotando en violencia física, y la consumación de la pasión que va prendiendo entre Antoine y Mabé.

Lioret evita los discursos apasionados y deja que el amor de los protagonistas se manifieste en sus miradas, en constante búsqueda. Y del mismo modo ocurre con la relación entre Yvon y Antoine, que desde el rechazo inicial del primero se va transformando en camaradería a base de pequeños gestos banales. No hay pues nada grandioso o especialmente pasional, sino que el director opta por la mesura. Por eso choca un tanto el desenlace, donde quizá se deja llevar por un esfuerzo, creo que innecesario, por dotar al final de un dramatismo que corone la historia por todo lo alto y lo que consigue más bien es algo un excesivamente teatral. 

También se puede argumentar que esta manera un tanto fría de contar la historia provoca cierto distanciamiento con lo que sucede y que se puede comprobar bastante bien en el personaje de Antoine, cuya pasividad en muchos momentos resulta algo extraña.

Sin ser un drama especialmente notable, El extraño al menos afronta con honestidad los temas que trata, como por ejemplo el de la guerra de Argelia, donde queda claro que el comportamiento del ejército francés fue todo menos honorable. O los vicios de una comunidad cerrada y todo el mar de fondo que se va generando en ella, con envidias y deseos reprimidos. Estamos pues ante una propuesta muy interesante que invita a muchas reflexiones.

viernes, 16 de junio de 2023

Atrapados en la oscuridad



Dirección: James Ashcroft.

Guión: James Ashcroft y Eli Kent (Historia: Owen Marshall).

Fotografía: Matt Henley.

Reparto: Daniel Gillies, Erik Thomson, Miriama McDowell, Matthias Luafutu, Billy Paratene, Frankie Paratene, Desray Armstrong, Alan Palmer.

Durante una excursión campestre, la familia de Alan Hoaganraad (Erik Thomson) es atacada pos dos violentos delincuentes.

Minimalismo. Ninguna otra palabra me parece que expresa mejor en qué consiste Atrapados en la oscuridad (2021), un film de Nueva Zelanda que juega sus bazas en busca de un planteamiento original.

La simplicidad de la película la desvela un argumento reducido al mínimo: el asalto a una familia por parte de dos delincuentes que matan a sus dos hijos y se llevan Alan y a su mujer Jill (Miriama McDowell) con ellos. 

Durante buena parte de la película solamente asistimos a hechos, sin ninguna justificación. La familia de Alan ha sido víctima de unos criminales, así de sencillo y así de contundente.

No cabe duda que este comienzo es demoledor por lo inesperado. La muerte de los muchachos es realmente desconcertante, recordándome el efecto que de incredulidad que había experimentado la primera vez que vi Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960).

Tampoco entendemos el motivo por el que los asesinos no matan también a Alan y a su esposa Jill. No parece muy lógico. Pero en esos momentos el debutante en la dirección James Ashcroft sigue jugando la baza del misterio total. Se trata de una elección tan válida como otra cualquiera y deja al espectador con todas las dudas del mundo y es a él a quién corresponde buscarle sentido a lo que sucede. Aunque quizá no haya más explicación que una maldad desatada que ha arruinado la vida de una familia por pura mala suerte. 

Sin embargo, a medida que avanza la historia, se empieza a desvelar el oscuro pasado de Alan como maestro en un centro para niños donde se ejercían los malos tratos sistemáticamente. Descubrimos entonces que el asesino Mandrake (Daniel Gillies) y su compinche Tubs (Matthias Laufutu) estuvieron internados allí y sufrieron los abusos que se practicaban. Parece entonces que estuvieran buscando a Alan para vengarse, aunque el propio Mandrake lo niega y achaca todo lo sucedido a una casualidad.

Lo que sí que sucede al revelarse ese pasado de Alan y su comportamiento censurable es que de pronto los asesinos parecen humanizarse y se podría cargar parte de la culpa de su comportamiento en Alan y el sistema educativo al que fueron sometidos. Algo que realmente resulta absurdo: el culpable de actos criminales no es otro que el criminal, a pesar de lo que haya podido pasar en la infancia. 

En todo caso, a partir de ahí el film cambia y alterna el viaje de los asesinos con Alan y Jill con flashbacks de los niños en aquel centro. Se le da pues un barniz al argumento, pero sigue sin cobrar una verdadera dimensión, pues todo lo expuesto se hace de manera muy somera y el director sigue prefiriendo el misterio a las explicaciones. 

Algo que es muy evidente con el personaje de Tubs, del que nunca llegamos a saber nada realmente, solamente adivinamos que está traumatizado por una infancia muy dura, nada más. De ahí que su reacción final pueda resultar realmente incomprensible. De nuevo será el espectador el que tenga que encontrarle un sentido a sus actos.

Indiscutiblemente, la simplicidad del argumento y el dejar más sombras que certidumbres es una elección interesante. Al menos hemos de reconocer que James Ashcroft se sale de los caminos más habituales y busca un punto de vista novedoso. Lo mismo que hemos de confesar que el clima de violencia explosiva y repentina que se instala desde el comienzo logran atraparnos con fuerza y mantiene nuestra atención hasta el final.

Esta búsqueda de la originalidad por parte del director también se manifiesta en la utilización de la cámara, con planos forzados y puntos de vista curiosos como mínimo, lo que no siempre ayuda a una clara y precisa narración. No llega a ser molesto, pero James Ashcroft debería plantearse algunas cosas desde mi punto de vista.

Sin embargo, todo tiene su lado negativo y esa simplicidad también suscita bastante dudas, preguntándome si es algo buscado a propósito o una prueba más de este cine actual donde las formas se imponen siempre sobre unos contenidos muy limitados en profundidad y en calidad. Y es lo que parece que sucede aquí. De hecho, toda la parte en que los asesinos llevan en el coche a Alan y a Jill resulta monótona y es ahí cuando descubrimos que con un soporte argumental más sólido se podría haber ofrecido mucho más de lo que al final obtenemos.

Además, el dejar a los protagonistas sin una verdadera dimensión humana, esbozados demasiado básicamente, acaba por restar intensidad a todo el relato y ello es sin duda un punto realmente negativo.

Sin duda, estamos ante un film diferente que seguramente tendrá sus adeptos y donde no podemos negar que logra el objetivo de mantener nuestra atención durante toda la cinta. Sin embargo, al final encuentro que lo negativo termina por imponerse y mi sensación una vez terminada de ver la cinta es que no me parece que sea una gran película, sino un simple entretenimiento con más de apariencia que de sustancia.

La llegada



Dirección: Denis Villeneuve.

Guión: Eric Heisserer (Historia: Ted Chiang).

Música: Jóhann Jóhannsson.

Fotografía: Bradford Young.

Reparto: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg, Tzi Ma, Mark O'Brien, Julia Scarlett Dan, Jadyn Malone.

Cuando una serie de naves extraterrestres aterrizan en diversos lugares de la Tierra, el gobierno de los Estados Unidos recurre a la doctora Louise Banks (Amy Adams), una experta lingüista, para que intente conocer sus intenciones.

Es difícil dejar una opinión poco elogiosa sobre La llegada (2016) ante el aluvión de opiniones de expertos que la clasifican como obra maestra sin parecer que le intento llevar la contraria a todo el mundo. Sin embargo, también he de reconocer que cada vez entiendo menos a los críticos y pienso con frecuencia que no han debido ver mucho cine clásico para dejarse deslumbrar como lo hacen por cuidadas producciones actuales, como ésta, que parecen contener más de lo que realmente tienen en sus entrañas.

Pero cuidado, partamos de la base de que La llegada es una buena película en el sentido de que ofrece algo diferente en el género de la ciencia-ficción, aunque en principio parezca que es un poco más de lo mismo. Lo novedoso es que juega con acierto con la vida personal de Louise y la pérdida de su hija y la llegada de los extraterrestres, dos hechos aparentemente sin conexión que el guión acabará demostrando que son parte de una misma experiencia, en un giro final bastante imaginativo y totalmente inesperado. No debo revelarlo para que quienes no hayan visto la película puedan disfrutarlo como deben. Pero solamente he de confesar que el cine nos ha acostumbrado a tantos giros de último minuto, algunos con sentido y otros meras patrañas, que el posible efecto sorpresa queda algo difuminado. No sé, de todos modos, como calificarlo; por un lado, no deja de ser un recurso muy ingenioso, pero por otra parte suena tan absurdo que requiere de mucha buena fe para tragarlo sin que duela.

De lo que no podemos dudar es de que Denis Villeneuve consigue mantener el relato en un nivel de emoción y de incertidumbre muy altos, aún cuando abusa de cierta lentitud a la hora de exponer los hechos que puede llegar a ser perjudicial para sus intereses, pues alarga demasiado la historia con algunos momentos en la parte media que se vuelven algo pesados. Parece que para muchos directores actuales más minutos es igual a más contenido. Nada más lejos de la realidad. Ante eso me suelo acordar de la frase: lo bueno, si breve, dos veces bueno.

La parte en que la doctora Banks intenta comunicarse con los extraterrestres sin duda nos recuerda a Encuentros en la tercera fase (Steven Spielberg, 1977) y si entonces se utilizaba música, aquí la doctora es menos imaginativa y se sirve de una simple pizarra, pero el proceso de intentar comunicarse vuelve a ser el centro de la trama y logra mantener el interés con fuerza hasta el desenlace.

Otra cosa es que detrás de ese despliegue de imágenes más o menos espectaculares, aunque los visitantes son simples calamares gigantes, lo que no deja de ser una pequeña decepción, no haya en realidad un gran mensaje, sino sencillamente un únanse las diferentes naciones de la Tierra para colaborar en la petición de los extraterrestres. Como vemos, mucho ruido para tan pocas nueces.

Además, algunos detalles resultan realmente idiotas, como que unos soldados decidan por su cuenta poner una bomba en la nave de los visitantes, o que algunas naciones (casualmente China y Rusia) decidan atacar a los visitantes por una mera política de prevención bastante rústica: primero dispara y luego pregunta. 

En resumen, un guión simplista como hecho por un niño y sin nada realmente profundo que ofrecernos.

Es por todos estos detalles que me cuesta calificar La llegada como una gran película. Tiene sus méritos, sin duda, pero evaluando todo, forma y fondo, mensaje e intenciones, creo que se queda en una propuesta interesante, sin más.

jueves, 15 de junio de 2023

Belleza oculta



Dirección: David Frankel.

Guión: Allan Loeb.

Música: Theodore Shapiro.

Fotografía: Maryse Alberti.

Reparto: Will Smith, Edward Norton, Keira Knightley, Michael Peña, Kate Winslet, Helen Mirren, Jacob Latimore, Naomie Harris, Ann Dowd, Mary Beth Peil, Kylie Rogers.

A pesar del tiempo transcurrido, Howard Inlet (Will Smith) no consigue superar la muerte de su hija de seis años. 

Belleza oculta (2016) se presenta como un drama poderoso que busca profundizar en el dolor de una persona ante una de las pérdidas más dolorosas que nadie puede afrontar: la muerte de un hijo.

Las intenciones son buenas y el esfuerzo por ofrecernos una producción de calidad es evidente, desde la cuidada puesta en escena hasta un reparto de lujo con algunos de los mejores actores actuales, al menos desde mi punto de vista.

El problema del guión es que no consigue evitar la sensación constante de que estamos viendo una película. Es decir, me resultó muy complicado meterme en la trama porque constantemente había detalles que apuntaban a un argumento meticulosamente diseñado para su fin, conmovernos, pero sin lograr que nos olvidáramos de que todo era una ficción.

Por ejemplo, el recurso que encuentran los amigos de Howard para intentar ayudarlo, contratando a tres actores para que representen a la Muerte, el Tiempo y el Amor, resulta demasiado peliculero como para que podamos aceptarlo como una buena terapia. Con esta dificultad, todo el desarrollo se resiente naturalmente.

Las conversaciones de estos tres conceptos abstractos con Howard tampoco aportan la profundidad necesaria como para sorprendernos o emocionarnos, además de generar una situación un tanto artificial, de manera que es inevitable preguntarse qué haría uno ante un desconocido que te habla de cosas tan íntimas.

Tampoco me pareció demasiado interesante el relacionar a cada amigo de Howard con uno de los actores, desarrollando pequeñas tramas paralelas simétricas. Es otro detalle que ahonda en lo artificial del planteamiento y que vuelve a incidir en esa sensación de estar ante una película muy bien planificada, lo que le resta vida, autenticidad.

Además, no dudo que el dolor que pueda sentir Howard lo mantenga en ese estado, pero por el tiempo transcurrido, dos años, creo que cualquiera empezaría a reaccionar y continuar con su vida. Tal vez si se hubiera propuesto que el fallecimiento de la niña hubiera sido mucho más reciente, el dolor del protagonista habría parecido más creíble.

Pero quizá donde encuentro que el guión patina más de lo necesario es en el intento de arreglarlo todo al final con algunas casualidades, o más bien engaños deliberados, que denotan un intento infantil de sorprendernos a toda costa, de llevar el desenlace a un punto de emoción y asombro tal que al terminar de ver la película estemos en un estado de admiración incondicional. Y precisamente, creo que se consigue casi lo contrario: ensombrecer el mensaje y dejar ese intento de reflejar el dolor en una especie de cuento bienintencionado algo forzado y que cuesta realmente creerse.

Lo mejor de todo es sin duda el reparto, pues al menos el trabajo de los actores confiere un toque de calidad que hace mucho menos increíble el argumento. Pero si el guión hubiera buscado menos el efectismo, creo que todos habríamos salido ganando, pues tanto el tema como los medios estaban ahí para lograr algo mejor.