El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 7 de diciembre de 2023

Operación Fortune: El gran engaño



Dirección: Guy Ritchie.

Guión: Guy Ritchie, Ivan Atkinson y Marn Davies.

Música: Chris Benstead.

Fotografía: Alan Stewart.

Reparto: Jason Statham, Aubrey Plaza, Josh Hartnett, Hugh Grant, Cary Elwes, Bugzy Malone, Peter Ferdinando, Eddie Marsan, Max Beesley, Parker Sawyers. 

Tras un misterioso robo, el servicio secreto británico encarga a Orson Fortune (Jason Statham) y su equipo averiguar todo lo posible sobre el mismo, pues no conocen ni qué se robó.

Es evidente que Guy Ritchie se ha sabido crear un estilo propio que, al igual que sucede con, por ejemplo, Quentin Tarantino, provoca una afiliación casi incondicional de sus seguidores. Sinceramente, no es mi caso. Encuentro que su estilo es muy personal, es cierto, y que tiene una gran facilidad narrativa, además de saber crear el espectáculo que esta época consumista y superficial necesita, con una meticulosa mezcla de sexo, acción y humor. Pero aún así no me seduce.

Todo ello lo podemos "disfrutar" en Operación Fortune: El gran engaño (2023) en una historia que parece beber de las películas de James Bond pero llevándolas un paso más allá en casi todo, especialmente en el apartado del argumento que, si bien sigue las pautas de la saga del agente 007, se complica muchísimo más, hasta el punto que resulta a veces confuso, cuando no absurdo. Se puede achacar a un error del guión, que no sabe simplificar las cosas para que podamos seguir la historia con más claridad, pero me inclino a pensar que todo ese montaje de nombres, misterios, personajes y engaños está ahí a propósito, es parte del show.

Porque lo que me parece evidente es que Guy Ritchie no busca un argumento que resulte coherente, sino sencillamente retorcer las cosas para que se adapten a sus necesidades y sus gustos, creando un conflicto que al final cede protagonismo a los personajes, un punto más allá de la normalidad, y a los diálogos, que, como en Tarantino, parecen reclamar para ellos mismos un apartado propio.

El resultado es puro entretenimiento vacío, un film que es una pose, un estilo que se come todo lo importante para reinar por encima de dramas, profundidades y coherencias. Solo importa el espectáculo, estar al día, deslumbrar a los seguidores, darles más ración de Guy Ritchie, que es para lo que van al cine.

¿Resulta un film entretenido? pues sí. Entre el lujo, las impresionantes localizaciones, los juegos tecnológicos imposibles, las peleas donde Jason Statham, el actor fetiche del director, se encuentra en su salsa, la música y tiroteos varios no tenemos tiempo de aburrirnos. Otra cosa es si con ello nos damos por satisfechos, si ese despliegue de fanfarria nos llena y nos seduce. Personalmente, me parece un film sin alma, un producto de consumo fácil pero intrascendente, mecánico, bien ejecutado pero hueco. 

miércoles, 6 de diciembre de 2023

Operación Whisky



Dirección: Ralph Nelson.

Guión: Peter Stone y Frank Tarloff (Relato: S.H. Barnett).

Música: Cy Coleman.

Fotografía: Charles Lang, Jr.

Reparto: Cary Grant, Leslie Caron, Trevor Howard, Jack Good, Sharyl Locke, Pip Sparke, Verina Greenlaw, Stephanie Berrington, Jennifer Berrington, Laurel Falsette, Nicole Felsette. 

Durante la Segunda Guerra Mundial y ante el avance japonés en el Pacífico, las fuerzas aliadas se repliegan, pero dejan vigilantes en pequeñas islas deshabitadas para que informen de los movimientos del enemigo. Walter Eckland (Cary Grant), un tipo solitario, es "convencido" por el comandante Houghton (Trevor Howard) para que ocupe uno de esos puestos de vigilancia.

Cuesta creer que Operación Whisky (1964) recibiera tres nominaciones a los Oscar, pero aún me deja más perplejo que ganara el de mejor guión original. O los premios estaban muy baratos en esa edición o alguien había bebido en exceso. Porque Operación Whisky, que no entiendo la manía de cambiar los títulos a la ligera, ¿qué tenía de malo el original, Father Goose (Papá ganso)?, es de esas cintas sin gracia y sin argumento, un producto demasiado simple que no sale de los tópicos más predecibles.

La historia es bastante absurda: Walter es un tipo que decidió alejarse de la sociedad y vivir su vida a su aire, en una pequeña embarcación, por los mares de Nueva Guinea. Por medio de un chantaje, el comandante Houghton lo obliga a servir a los aliados como vigilante en una isla desierta y, por una curiosa casualidad, termina teniendo que convivir con una institutriz francesa, Catherine Freneau (Leslie Caron) y siete niñas.

Toda la película transcurre pues en esa isla relatando la difícil convivencia de Walter, bebedor, desaliñado y malhumorado, con la rígida profesora, que adecenta el lugar y se empeña en impedir que su anfitrión pueda seguir disfrutando de su pequeño vicio: el whisky.

Como el guión carece de ingenio, las situaciones que se suceden en la isla fruto de la convivencia forzada de seres tan opuestos son bastante insípidas y no dan pie a nada realmente apasionante. Además, Walter y Catherine son retratados a un nivel muy básico y no terminan de adquirir una profundidad que nos permita empatizar con ellos. 

Además, el tema de la afición de Walter por el whisky y el empeño de Catherine de impedir que beba nos recuerda demasiado a La reina de África (John Huston, 1951) y en la comparación comprendemos el abismo que separa a un Walter Eckland de cartón piedra del genuino Charlie Allnut (Humphrey Bogart).

Como el argumento no deja de lado ningún tópico al uso, es de lo más predecible que el distanciamiento y hostilidad inicial entre Walter y Catherine termine en enamoramiento, pero incluso aceptando este cliché por el bien de la comedia y su final feliz, los guionistas podrían haberse tomado algo de tiempo en escenificar con más precisión su romance y no resolverlo a las bravas con un par de bofetadas seguidas de la boda, en una precipitación que rompe por entero cualquier posible enfoque romántico o simpático, dejando un momento tan crucial en algo meramente anecdótico.

Solamente la presencia del bueno de Cary Grant, en su penúltima película antes de su retirada del cine, en un papel por cierto totalmente opuesto a su imagen clásica de hombre elegante y refinado, y una atractiva Leslie Caron logran salvar un poco los muebles, aunque tampoco pueden hacer maravillas ante una historia previsible y sin fuerza.

martes, 5 de diciembre de 2023

Narciso negro



Dirección: Michael Power y Emeric Pressburger.

Guión: Michael Powell y Emeric Pressburger (Novela: Rumer Godden).

Música: Brian Easdale.

Fotografía: Jack Cardiff.

Reparto: Deborah Kerr, Sabu, David Farrar, Flora Robson, Esmond Knight, Jean Simmons, Kathleen Byron, Jenny Laird, Judith Furse, May Hallatt, Nancy Roberts. 

A las Siervas de María, una congregación de monjas anglicanas, les ceden el Palacio de Mopu, en una región remota del Himalaya. Allí piensan fundar una escuela y un dispensario y la hermana Clodagh (Deborah Kerr) es nombrada la superiora de ese convento.

Considerada por muchos críticos como una gran película, tal vez la mejor del duo de directores-guionistas, Narciso negro (1947) es cuando menos un film realmente extraño.

La historia se centra en un grupo de monjas que llegan a un remoto paraje en las montañas para fundar un convento, escuela y dispensario. La ilusión y el empeño de sacar adelante el difícil proyecto pronto empieza a torcerse por el aislamiento, el entorno natural y la presencia de Dean (David Farrar), el agente del general que gobierna la región.

Poco a poco, las hermanas empiezan a verse alteradas por el lugar y brotan en ellas recuerdos casi olvidados, reprimidos y pasiones secretas que cada vez les cuesta más dominar.

Al estar filmada en 1947, es evidente que todas las implicaciones sexuales de la historia, muy evidentes, son tratadas de manera sesgada, evitando resultar demasiado explícitas. Y por ahí es por donde empiezan a torcerse las indudablemente interesantes proposiciones que encierra el guión, adaptación de una novela de Rumer Godden, lo que tal vez explique algunos detalles, como que el desarrollo de la cinta carezca de una unidad narrativa cohesionada y por momentos se parezca más a pequeños capítulos con el nexo en común del palacio y sus moradores, con personajes que tienen breves apariciones y que no terminan de encajar del todo en la historia.

Pero el detalle menos logrado, o tal vez el más afectado por el paso del tiempo, es el tono tan melodramático del conjunto, con algunos personajes llevados al extremo, como la hermana Ruth (Kathleen Byron) o el ama de llaves (May Hallat), y una tendencia nada disimulada al dramatismo sin cortapisas, como en la escena en que Ruth, tras dejar los hábitos, se pinta los labios o el delirante momento en que esa misma Ruth, completamente enajenada, intenta matar a la hermana Clodagh. Son estos elementos tan exagerados los que convierten el final de la historia en un film cercano al género de terror o al surrealismo, algo que termina por descolocarnos del todo. 

Porque, bien mirado, todo en la película resulta muy curioso desde el principio: que las monjas funden su convento en un palacio que era la residencia de las esposas del viejo general, con pinturas obscenas en las paredes; un ama de llaves que parece más loca que otra cosa, un santón que vive en la montaña y que nunca acaba de encajar en el relato, pero ahí está, dado un toque muy pintoresco a la historia, o la joven Kanchi (Jean Simmons), una especie de gata permanentemente en celo que olfatea con lujuria a cada hombre que se le acerque.

Estos excesos, el llevar todo al límite, junto con unos diálogos tan cargados de doble sentido que a menudo resultan incomprensibles, hace que la historia parezca surgida de un mal sueño, con lo que cuesta sentirse identifico con ella, con sus personajes, que parecen más figuras de un melodrama que personas de carne y hueso.

Puede que para muchos ahí resida el encanto y la originalidad de la cinta, pero a mí me produjo más incredulidad que otra cosa, pues nada de lo relatado parecía resultar del todo coherente y con sentido.

La película ganó el Oscar a la mejor fotografía y a la mejor dirección artística en color, sin duda reconocimientos más que merecidos, pues en ambos apartados Narciso negro resulta especialmente lograda.

lunes, 4 de diciembre de 2023

Super... ¿quién?



Dirección: Philippe Lacheau.

Guión: Philippe Lacheau, Pierre Dudan, Julien Arruti y Pierre Lacheau.

Música: Maxime Desprez y Michaël Tordjman. 

Fotografía: Vincent Richard.

Reparto: Philippe Lacheau, Julien Arruti, Tarek Boudali, Élodie Fontan, Alice Dufour, Jean-Hugues Anglade, Régis Laspalès, Amr Waked, Valeria Cavalli, Brahim Bouhlel, Chantal Ladesou, Rayane Bensetti. 

Cedric (Philippe Lacheau) no está pasando por su mejor momento: su novia le ha dejado y su sueño de ser actor solo le ha proporcionado un anuncio de condones. Pero un día, milagrosamente, consigue al fin un papel de protagonista: el superhéroe Badman.

Super... ¿quién? (2021) es una comedia tan sencilla como simpática, que se toma todo a broma y al final, sin complejos, resulta una pequeña diversión tan gratificante como alocada.

La película al principio desconcierta un poco, pues el comienzo, con el protagonista en crisis y sus amigos algo exagerados, parece llevarnos hacia una comedia un tanto idiota. Afortunadamente no es así y se trata tan solo de la introducción, no muy afortunada, que deja paso enseguida al meollo de la cuestión, cuando Cedric, tras un accidente, pierde la memoria y todo lo que estaba relacionado con su película le parece real. Esta simple confusión da pie a una serie de situaciones realmente grotescas, pero con un enfoque tan desvergonzado que terminas por meterte de lleno en lo absurdo y rocambolesco de las situaciones que van teniendo lugar y si no te importa reírte de los disparates que se suceden sin freno, la verdad es que pasas un rato entretenido.

Porque al final el humor es algo complicado, pero a la vez sencillo. Los grandes del cine mudo norteamericano nos mostraron la fórmula: caídas, equívocos, trompicones y torpezas. La base de la comicidad es sencilla, solamente hay que seguirla y encontrar momentos que sorprendan al espectador y muchos de los gags y bromas de la película lo consiguen. Claro que no todos están al mismo nivel, pero una vez que te metes en la trama, terminas pasando por alto los pequeños bajones o excesos porque el conjunto resulta muy ameno y sorprendente.

Además, la película aprovecha para hacer una crítica de todo lo que se le ocurre, desde las relaciones familiares, con padres exigentes o madres que tienen romances con jóvenes podrían ser sus hijos, al mundo de los superhéroes, donde sin duda disfrutarán de lo lindo los fanáticos de los cómics, e incluso el cine francés, que suele criticar todo lo que sale de Hollywood pero que termina imitándolo descaradamente, como denuncia sin disimulo la cinta cuando la película en la que participa Cedric es un plagio descarado de Batman.

En cuanto a los actores, no estamos ante figuras de un gran nivel, pero dentro del disparate funcionan más o menos bien si tenemos en cuenta en dónde estamos: un film ligero y sin demasiadas pretensiones.

Es verdad que el final resulta demasiado perfecto, pero se comprende por el tono general de la historia y se le perdona que el guión busque encajar todas las piezas, incluso forzando un poco algunas situaciones. 

Definitivamente, Super... ¿quién? me parece una comedia original, desenfadada y con mucho ritmo y no poca mala leche. No es que estemos ante una gran obra, pero sí que destaca por encima de la media y al menos nos sorprende y, si entras en su dinámica, pasarás un rato divertido.

domingo, 3 de diciembre de 2023

El soldado perdido



Dirección: Bille August.

Guión: Greg Latter.

Música: Annette Focks.

Fotografía: Filip Zumbrunn.

Reparto: Liu Yifei, Emile Hirsch, Li Fangcong, Yan Yikuan, Yu Shaoqun, Tsukagoshi Hirotaka, Vincent Riotta, Gong Hanlin, Jin Zhu, Shu Yaoxuan.

Tras bombardear Tokio, el avión del capitán Jack (Emile Hirsch) debe aterrizar en China, pues no tiene combustible suficiente para regresar a su portaviones. Por una confusión, el avión no puede aterrizar como tenía previsto y los tripulantes han de saltar en paracaídas.

Basada en hechos reales, El soldado perdido (2017) es un film bélico chino que sorprende sin duda por su peculiar enfoque y su serena puesta en escena. Un relato que hay que saber apreciar en sus puntos peculiares para disfrutar de su discreta elegancia.

El soldado perdido, al menos así lo interpreto, no busca crear un relato basado en la tensión, la incertidumbre o la heroicidad. De ser así, no se entendería el planteamiento inicial, con el capitán Jack a salvo en su país contando la historia en flashback. Aquellos que no entiendan esto seguramente se sentirán decepcionados por la película, pues en efecto, no es un historia que nos mantenga en vilo, que nos lleve al límite.

Bille August opta por un enfoque tranquilo, lo que sorprende al tratarse de un film de guerra, pero la intención del director es otra: presentar la vida rural en China, el día a día de gentes humildes que, al margen de la guerra, como si en el fondo no fuera con ellos, siguen levantándose con la intención de ganarse el sustento y enviar a sus hijos a la escuela. Esa es la realidad cotidiana de Ying (Liu Yifei), una viuda que verá alterada su existencia cuando su hija Nunu (Li Fangcong) encuentre al capitán Jack malherido. 

Como haría cualquier persona bondadosa, Ying acoge y cuida del herido, aún con el grave riesgo que ello conlleva por la presencia de un destacamento japonés que lo busca. 

Y así transcurre la historia, contándonos como Ying cuida al americano y la relación que va naciendo entre ellos. Y de nuevo hemos de alabar la elegancia con la que el director nos cuenta toda esta historia, con calma, dejando que nos adentremos sin ruido en la vida de esa aldea china, con sus costumbres anticuadas, su rígida moralidad, su lucha silenciosa por la supervivencia. August evita el drama, no quiere entrar en ese terreno porque su película es otra, es más sencilla, pero no menos profunda.

August elige un desarrollo tranquilo, pero no por ello estamos ante un film lento o aburrido, porque siempre pasan cosas, solo que el director elige presentarlas de un modo elegante, incluso los momentos más dramáticos carecen de excesos. No se trata de sacudirnos, sino de que vivamos la historia con el máximo de cercanía, de veracidad.

Me llamó la atención, por ejemplo, la ausencia de música de fondo acompañando el relato. Solamente está presente para subrayar el principio del romance entre Ying y Jack y en la escena final. Sorprende porque estamos acostumbrados al abuso de este recurso para acrecentar el drama o los momentos emotivos. August opta por el silencio y ello le da a la historia una paz que armoniza perfectamente con el ritmo pausado y nos deja disfrutar de los ruidos de la naturaleza o del agua, y del silencio.

El soldado perdido es una película hermosa y tranquila y ahí reside su esencia. Si comprendemos esto, disfrutaremos sin duda de una propuesta diferente, muy personal, y que creo que funciona en lo fundamental, construyendo un relato que se disfruta y se sufre sin adornos, desde un planteamiento tan desnudo como eficaz.

sábado, 2 de diciembre de 2023

El renacido



Dirección: Alejandro G. Iñárritu.

Guión: Alejandro G. Iñárritu y Mark L. Smith (Novela: Michael Punke).

Música: Alva Noto y Ryuichi Sakamoto.

Fotografía: Emmanuel Lubezki.

Reparto: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck, Paul Anderson, Kristoffer Joner, Duane Howard, Arthur Redcloud.

1823. Durante una expedición de caza para recoger pieles, el grupo de tramperos a las órdenes del capitán Henry (Domhnall Gjeeson) es atacado por los indios arikara. Los supervivientes, guiados por el explorador Glass (Leonardo DiCaprio), intentan regresar al fuerte.

El renacido (2015) es el ejemplo perfecto de a lo que está llegando el cine contemporáneo: un absoluto desprecio por el guión y todo el resto confiado a la estética y los efectos especiales.

Porque cuesta creer que para escribir el argumento de esta historia fueran necesarios dos guionistas, y aún extraña más cuando nos cuentan que la historia está basada en hechos reales. Lo único que se nos narra es un manual de supervivencia y venganza. Glass, que carga con el dolor de haber perdido a su esposa india a manos de los soldados, resulta malherido por el ataque de un oso y tiene que ver impotente como su compañero Fitzgerald (Tom Hardy) mata a su hijo (Forrest Goodluck). Su lucha por sobrevivir estará alimentada por el deseo de vengar esa muerte. Y eso es todo en lo que respecta al guión. No hay nada más, solamente una historia muy vista reducida a la mínima expresión y con un final sin sorpresa alguna.

¿Dónde está pues el mérito de El renacido?, ¿por qué se larga un film tan escueto nada menos que 156 minutos? La clave está en la puesta en escena, la estética, el gusto por recrearse en paisajes helados, ríos de aguas turbulentas y el manual de supervivencia que tenemos en la aventura de Glass desde que es abandonado a su suerte hasta que logra vengar la muerte de su hijo.

La clave por lo tanto está en valorar si ese ejercicio estético y ese despliegue de efectos especiales asombrosos y minuciosos, y también desagradables y crudos, es suficiente como para compensar la lentitud del desarrollo, su monotonía y su falta de profundidad.

Sinceramente, yo suelo pedirle algo más a una película para valorarla generosamente. No es que El renacido sea una propuesta vacía, pero sinceramente tampoco resulta merecedora de más elogios que los imprescindibles para alabar los efectos especiales tan espectaculares, pues es cierto que tienen el mérito que tienen, que no es otro que conocimientos técnicos, pero también es verdad que algunas escena resultan muy logradas. Son lo fuerte de la película, porque incluso a nivel de dirección, la verdad es que el trabajo de Iñárritu no es nada del otro mundo. Abusa de los contrapicados, los destellos del sol y un desarrollo muy lento, pero no encuentro en ello nada que me resulte asombroso ni estéticamente espectacular. Es un estilo sin genialidad y algo presuntuoso que termina por aburrir al estar repitiendo la misma fórmula durante más de dos horas.

Como tampoco me terminó de convencer la tendencia a la exageración. Todo en el relato es excesivo, buscando en ello la emoción cuando en realidad la clave para empatizar con los protagonistas reside en algo tan sencillo como en hacerlo humanos, cercanos, de carne y hueso. Y con un guión tan básico, la verdad es que los personajes no acaban de tomar cuerpo y de las desgracias de Glass me quedo solamente con la experiencia visual, sin que nada llegue a emocionarme profundamente. Es la consecuencia del vacío argumental.

Cuando veo películas de este estilo, no puedo dejar de acordarme del gran John Ford y me imagino lo que pensaría si pudiera ver en qué ha derivado el western en la actualidad.

La película se llevó tres Oscar: director, actor (DiCaprio) y fotografía.

viernes, 1 de diciembre de 2023

Espías desde el cielo



Dirección: Gavin Hood.

Guión: Guy Hibbert.

Música: Paul Hepker y Mark Kilian.

Fotografía: Haris Zambarloukos.

Reparto: Helen Mirren, Aaron Paul, Alan Rickman, Barkhad Abdi, Jeremy Northam, Iain Glen, Phoebe Fox, Carl Beskes, Richard McCabe, Tyrone Keogh, Babou Ceesay, Lex King, Daniel Fox. 

La coronel Powell (Helen Mirren) dirige una operación para capturar a dos de los terroristas más buscados del grupo Al-Shabaab. La intención es capturarlos con vida, pero al detectar un inminente atentado suicida, los planes cambian y se decide que deben matarlos.

Si algo debemos agradecerle a Espías desde el cielo (2015) es que no presenta la guerra desde el punto de vista de los vencedores, algo muy habitual, donde los héroes siempre están en el mismo bando. 

La cinta ofrece una reflexión muy acertada de los problemas que genera todo tipo de conflicto, en este caso la lucha contra un grupo terrorista, y que no todas las decisiones, sean militares o políticas, son siempre las más acertadas, lógicas o desinteresadas. Así, frente a cuestiones humanitarias o meramente jurídicas, la postura de la coronel Powell o el general Benson (Alan Rickman) es rotunda y no repararán en nada que no sea llevar a cabo la operación militar para acabar con los terroristas; incluso forzando las cosas hasta la manipulación de datos o la coacción. Es verdad que tienen razones importantes para hacerlo, pero con la excusa de salvar vidas inocentes no dudan en sacrificar a una niña, lo que plantea no pocas reflexiones humanitarias y filosóficas. ¿Es lícito sacrificar una vida para salvar en teoría otras?, ¿el fin justifica los medios? Cada uno debe decidir la respuesta. Y no es fácil.

Siempre se escucha hablar de los daños colaterales, una frase tan manoseada que muchas veces no reparamos en ella como es debido. Espías desde el cielo nos sacude en nuestros asientos exponiendo con claridad meridiana el doloroso significado de esa expresión. Creo que nadie puede permanecer insensible ante la muerte de la niña, lo que viene a corroborar el dolor que causa cada guerra, cada fanatismo, cada lucha de poder. 

El acierto de Gavin Hood es saber llevar al límite la emoción de un planteamiento muy escueto, pues toda la cinta gira en torno a esa sola operación para acabar con los terroristas, y hacer que el desarrollo no resulte nunca aburrido ni se estanque en momentos de escaso interés. El director sabe darle a la historia un desarrollo inteligente, alternando situaciones y localizaciones de manera siempre exacta, todo ello dirigido con precisión hacia el momento cumbre, cuando hay que lanzar el misil con el peligro de matar a la niña que vende el pan junto a la casa de los terroristas. Hood logra crear unos minutos de auténtica intriga y emoción con muy pocos elementos, conjugando perfectamente los tiempos y la angustia e intereses de los militares y políticos implicados. Un ejercicio que habla muy bien de su sentido del espectáculo y el dominio de los tiempos.

Sin embargo, más allá de lo acertada de la puesta en escena y el magnífico reparto, Espías desde el cielo merece nuestra atención por el dilema ético que plantea y que le da una dimensión muy interesante.