El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

sábado, 6 de febrero de 2016

Mad Max: Salvajes de autopista



Dirección: George Miller.
Guión: James McCausland y George Miller.
Música: Brian May.
Fotografía: Dean Semler.
Reparto: Mel Gibson, Joanne Samuel, Steve Bisley, Hugh Keays-Byrne, Roger Ward, Tim Burns, Geoff Parry, Sheila Florence.

Estamos en un futuro no muy lejano. La civilización ha retrocedido a niveles casi de mera supervivencia. Max Rockatansky (Mel Gibson) forma parte de la patrulla de policía que vigila las autopistas, donde las bandas de delincuentes campan a sus anchas.

Mad Max: Salvajes de autopista (1979) tuvo dos efectos inmediatos: poner el cine australiano en el plano mundial y convertir a un actor desconocido en toda una revelación, suponiendo el salto a la fama de un jovencito Mel Gibson.

Lo primero que llama la atención de esta película es su argumento, muy esquemático y un tanto surrealista. La trama no destaca por su originalidad precisamente: un policía de carreteras, en un futuro imaginario, ve como una banda de motoristas mata a su compañero y más tarde a su hijo pequeño, dejando a su mujer herida de gravedad, lo que le lleva a buscar venganza dando caza a los delincuentes. Muy poca cosa, como se ve, pero además el guión también es tremendamente parco en explicaciones; en el desarrollo de los personajes, reducidos a la mínima expresión; en los diálogos, que son los puramente imprescindibles. La violencia y cierto culto al mundo del motor son los ejes fundamentales de la cinta.

Lo de surrealista tiene que ver con un dibujo de los personajes que tiene mucho de cómico y disparatado, de manera que por momentos parece que Miller se burla de sus propios personajes. Uno dudaría si tomárselos en serio sino fuera por la cruda violencia que reina en la película. En todo caso, este toque extraño, entre divertido y de auto-parodia, es quizá lo más destacable de una película muy poco original en cuanto a trama y desarrollo.

En muchos aspectos, lo escueto del argumento y los diálogos, así como una trama cercana al cine del oeste, nos llevan a comparar Mad Max con los espagueti western.

Lo que es evidente, vista hoy en día, es que la película no ha envedijo demasiado bien. Y gran parte de la culpa reside sin duda en el escaso presupuesto con el que contaba George Miller, limitando mucho la disponibilidad de medios. También la dirección es un tanto errática por momentos, con transiciones que nos remiten al cine mudo, del que Miller se declaraba admirador; quedando quizá como mejor ejemplo de esta impericia, o quizá un montaje no muy bueno, el extraño y abrupto final.

En cuanto al reparto, no podemos destacar a nadie en particular. Lo que es evidente es que no se trataba de grandes actores, incluido un poco expresivo Mel Gibson, al que su agraciado físico le sirvió para dar el salto a la fama, que no sus dotes como actor.

Lo que está claro es que la película causó un gran impacto en su estreno, logrando unas recaudaciones millonarias que abrirían la puerta a dos secuelas inmediatas: Mad Max 2: El guerrero de la carretera (George Miller, 1981) y Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno (George Miller y George Ogilvie, 1985). Finalmente, en 2015 llegó Mad Max: Furia en la carretera (George Miller).

Hoy en día, esta primera entrega de la saga está considerada por muchos como un título de culto. Algunos éxitos son difíciles de explicar y no parecen ajustarse a una lógica más o menos consistente, sino que apelan a algunos resortes que se activan ante argumentos que aúnan simplicidad y violencia a partes iguales. Quizá tenga que ver con nuestro pasado más remoto. En todo caso, contra toda lógica, Mad Max : Salvajes de autopista se ha ganado un puesto en la historia del cine.

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