El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

martes, 3 de enero de 2023

Geostorm



Dirección: Dean Devlin.

Guión: Dean Devlin y Paul Guyot.

Música: Lorne Balfe.

Fotografía: Roberto Schaefer.

Reparto: Gerard Butler, Jim Sturgess, Abbie Cornish, Alexandra María Lara, Amr Waked, Eugenio Derbez, Ed Harris, Andy García. 

Para controlar los efectos del cambio climático, varias naciones crean el proyecto Dutch Boy, basado en una red de satélites que controlen los fenómenos adversos. Sin embargo, un día comienzan a fallar esos satélites.

Partiendo de la base de que el cine de ciencia-ficción tiene un componente de fantasía importante, tampoco es descabellado esperar encontrar un argumento que, aunque ficticio, pueda convencernos de su verosimilitud. Al menos para mí este detalle es importante para poder meterme en la historia y vivirla con cierta intensidad. Sin embargo, en Geostorm (2017) parece que la credibilidad de lo narrado pasa a un segundo plano y lo que que se busca es el espectáculo a toda costa, aunque ello acarree cargarse cualquier lógica y sentido común.

Esta búsqueda de espectáculo convierte el argumento en una mezcla de ciencia-ficción, cine de catástrofes, intriga política y suspense. No tengo nada en contra de la fórmula en sí misma, que puede ser tan válida como otra con la sola condición de que esta amalgama esté planteada con inteligencia, lo que no es el caso en Geostorm. 

El problema es que todos esos elementos se crean sin la más mínima coherencia y sobre todo se construyen a base de tópicos, sin ningún disimulo. Por ejemplo, se establece el conflicto entre los protagonistas que, para darle aún más carga emocional, son hermanos. Pero tanto Jake (Gerard Butler) como Max (Jim Sturgess) están diseñados a base de grandes pinceladas; son personas sin profundidad hasta el punto que cuesta mucho tomarlas en serio; uno no acaba de creerse ni sus logros profesionales ni sus desavenencias personales, con lo que todo el montaje se tambalea desde sus cimientos.

Tampoco el villano de turno llega a resultar creíble y, lo que es peor, es casi un fantasma. Con la intención de mantener el suspense sobre quién está detrás del sabotaje a los satélites, el malo de la película solo se desvela al final y simplemente para participar en las inevitables escenas de acción con las que es finalmente derrotado, de ahí que sea un personaje sin peso y por lo tanto no llega a cumplir su rol convenientemente, quedando como un añadido necesario pero plano.

Bien mirado, todos los personajes parecen bastante superficiales y con ello la intriga resulta artificial y poco interesante. Solamente la espectacularidad de las escenas de catástrofes y de acción pueden mantener un poco el listón de esta película, pero con el problema de que también aquí se opta por lo superficial y aparatoso, con lo que las persecuciones no resultan creíbles, primando lo imposible, ese más difícil todavía tan en boga en el cine actual; a parte de que podemos anticipar sin problemas el desenlace, con lo que es todo un artificioso espectáculo sin dimensión, exagerado y vacío, más apropiado para un público infantil que para adultos esperando algo con contenido.

Tampoco me convenció para nada la utilización de pequeños detalles de humor que salpican el desarrollo, especialmente notables al principio, y no porque no tengan utilidad, que muchas veces tienen un papel importante en la historia, sino porque de nuevo vemos que se aplican de manera mecánica, sin originalidad, con lo que vuelven a dejar en evidencia un guión construido a base de tópicos, pero sin reflexionar, de manera casi mecánica.

La conspiración para manejar el clima del planeta provocando masacres no se sostiene ni siquiera siendo benévolos con el guión. La trama es un disparate sin pies ni cabeza y la resolución se ejecuta de manera tan simplista y precipitada que llega a rozar lo grotesco. Parece imposible hacerlo peor y el colmo es que los guionistas ni siquiera tienen el mínimo de picardía para tomarse todo a broma, queriendo pasar su disparate por algo serio y trascendental.

Definitivamente, Geostorm es un film vacío e irracional, cine de palomitas espectacular en las formas y los efectos especiales, pero rematadamente torpe en el resto: personajes, trama, intriga y desenlace. Una pena.

domingo, 1 de enero de 2023

Klute



Dirección: Alan J. Pakula.

Guión: Andy Lewis y Dave Lewis.

Música: Michael Small.

Fotografía: Gordon Willis.

Reparto: Jane Fonda, Donald Sutherland, Charles Cioffi, Roy Scheider, Dorothy Tristan, Rita Gam, Vivian Nathan, Nathan George, Betty Murray, Robert Milli. 

Tom Gruneman (Robert Milli), un ingeniero, desaparece sin dejar rastro. La única pista son unas cartas supuestamente escritas por él a una mujer de Nueva York. John Klute (Donald Sutherland), detective privado, investigará la desaparición a partir de esa pista.

Klute es un film de 1971 y con ello se pueden explicar muchas cosas. Los setenta fueron una década de cambios en el cine, de experimentación, de salirse de lo corriente y eso ha dejado un sello característico en muchas películas de esa época. Klute es hija de esos años y se nota, pero no lo digo como alabanza, sino como defecto, pues arrastra todos los manierismos del momento, los malos.

Para empezar, Alan J. Pakula, que nos ha dejado películas maravillosas, como Todos los hombres del presidente (1976), La decisión de Sophie (1982) o El informe Pelícano (1993), se encontraba aquí en los inicios de su carrera (este es su segundo largometraje) y parece más empeñado en dejar su impronta más original que en jugar a favor del argumento. Así, nos ofrece un film lento, con fases tediosas, que desaprovecha en gran medida las posibilidades de la historia y crea un thriller frío que nos deja un tanto al margen, pues cuesta participar de un ejercicio tan peculiar. 

El mayor defecto es que tanta frialdad se contagia a los personajes, que deberían sernos cercanos, empatizar con ellos, pero no es así. Realmente, me importaba muy poco lo que sintieran o lo que pudiera ocurrirles. Anestesiado por el ritmo cansino, hasta la intriga, la curiosidad por desenmarañar el misterio de la desaparición de Gruneman, me resultaba indiferente. 

Y lo peor es que Pakula deja la investigación en muchos momentos en un segundo plano para centrarse en la personalidad de Bree Daniels (Jane Fonda), la prostituta destinataria de las cartas supuestamente escritas por Gruneman, con lo que deberíamos conocerla bien y, por lo tanto, empatizar con ella, pero el relato es tan rebuscado, artificial y pedante que casi logra todo lo contrario: desinterés.

Además, cuando el misterio se desvela, por cierto demasiado pronto y con escasa fuerza, tampoco ello contribuye a crear un desenlace apasionante, sino que todo sigue con ese ritmo cansino, sin intensidad, de manera que tampoco el final logra despertarnos del letargo. Es más, la última frase de Bree, que debería ser como un soplo de esperanza, se percibe forzada, cuesta creerla realmente, tal vez por todas las contradicciones del personaje o tal vez porque tras un relato tan deprimente cueste admitir un final feliz.

Incluso la historia de amor entre Bree y Klute vuelve a pecar de los mismos defectos: falta de pasión, de credibilidad; de nuevo puede más el deseo de originalidad del director que insuflar fuerza a la relación, que se pierde en diálogos forzados y el ritmo cansino de toda la historia, sin despertarnos ni un momento de pasión.

A parte de ese tono pausado, el trabajo de Alan J. Pakula tampoco me convenció en otros aspectos, como la manera de resolver algunas escenas, como la pelea en el apartamento de Bree, que resultó confusa y torpe, demostrando que aún no había llegado a dominar del todo su trabajo.

Jane Fonda, que ganó el Oscar por su interpretación, me pareció solamente correcta y me cuesta pensar que fuera la mejor actriz de ese año. Donald Sutherland, un actor enorme, me pareció perjudicado en esta ocasión por su personaje: Klute es un detective sin personalidad definida, hierático e inexpresivo, con lo que la interpretación de Sutherland termina siendo anodina, fría y distante. El resto del reparto resultó más o menos correcto, aunque el más conocido de los secundarios, Roy Scheider, pecaba también de la misma inexpresividad que Sutherland.

En definitiva, Klute no funciona bien ni como film de intriga, demasiado simple y mal llevada, ni como estudio de los personajes, que tampoco llegan a adquirir verdadera consistencia, especialmente John Klute, como para que lleguemos a interesarnos realmente por sus problemas. 

Tal vez en el año de su estreno, con la novedosa concepción del director, el film pudiera destacar de entre otros de corte similar, aunque lo dudo, pero a día de hoy me pareció más una reliquia oxidada que una propuesta atractiva.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Dunkerque


Dirección: Christopher Nolan.

Guión: Christopher Nolan.

Música: Hans Zimmer.

Fotografía: Hoyte van Hoytema.

Reparto: Fionn Whitehead, Tom Glynn-Carney, Jack Lowden, Harry Styles, Aneurin Barnard, James D'Arcy, Barry Keoghan, Kenneth Branagh, Cillian MurphyMark Rylance, Tom Hardy.

1940, el avance imparable del ejército alemán aísla en las playas de Dunkerque a miles de soldados británicos y franceses, que esperan angustiados que los rescaten antes de que los aniquile el enemigo.

El cine actual no deja de sorprenderme. El último ejemplo lo tenemos con Dukenque ((2017), que se mueve entre el aburrimiento y algunos destellos sorprendentes con una facilidad pasmosa.

Lo primero que destacaría de esta película es que carece de argumento, de ahí la impresión de que se acerca un poco a la idea de documental, pues Nolan nos introduce en la acción sin presentación previa de los protagonistas, casi como un invitado que llega cuando ya hace un rato que ha comenzado la función. Sin embargo, lo que aleja Dunkerque del documental es la impresión de que lo que se nos ofrece de aquel episodio de la Segunda Guerra Mundial es una especie de maqueta, una versión reducida de los hechos reales. Porque el escenario resulta muy pequeño, demasiado.

Esta falta de argumento, entendiendo por ello un desarrollo de la trama y los personajes basado en la presentación, nudo y desenlace clásicos, provoca una relación bastante fría con los acontecimientos y con las vicisitudes de los personajes, que nos deja indiferentes durante la mayor parte del metraje (salvo al final) y que provoca, durante las tres cuartas partes del film, cierto aburrimiento provocado también por la excesiva duración de algunas secuencias sin demasiado peso dramático. De ahí que a la mitad de la cinta decidiera dejar de verla, aburrido por un planteamiento tan básico y frío que solo me provocaba bostezos.

Cierta curiosidad, sin embargo, motivada por las extrañas alabanzas que había leído de sesudos críticos, me hizo reanudar el visionado y, sinceramente, el último tercio de Dunkerque me pareció que contiene algunas escenas realmente buenas, lo que finalmente la salva del suspenso. aunque la duda está en intentar comprender por qué Christopher Nolan no ha logrado darle la misma intensidad a toda la película. 

Creo que la pedantería de su planteamiento, buscando sin duda una originalidad en la manera de contar esta historia, acaba por pasar factura negativamente a la película. Todo está inventado ya y el cine tiene sus reglas, que se pueden alterar, pero siempre respetando lo fundamental: una película debe comunicar algo a un público muy diverso, de ahí que algunas cuestiones no se puedan obviar. La falta de profundidad en los personajes, la ausencia de un hilo dramático sólido, convierten a Dunkerque en algo frío, sin alma, lo que para una película de guerra resulta desconcertante y fatídico.

Con tres relatos simultáneos, unos centrado en la tierra (la playa de Dunkerque), otro en el mar (los barcos civiles que acuden a rescatar a los soldados) y un tercero en el aire (los Spitfire que intentan proteger a los barcos que escapan de Francia), Nolan intenta dinamizar el relato alternándolos, lo que no es una mala idea en sí misma, solo que penalizada por la frialdad general del tratamiento, que solamente cobra fuerza en algunos breves episodios del desenlace, donde la fuerza intrínseca de algunas secuencias logra por fin contagiar algo de emoción al espectador.

Definitivamente, a pesar de los méritos técnicos de la película, Dunquerke me pareció un experimento frustrado, dejando un film sin emoción y por momentos aburrido.

jueves, 29 de diciembre de 2022

El tiroteo



Dirección: Monte Hellman.

Guión: Adrien Joyce.

Música: Richard Markowitz.

Fotografía: Gregory Sandor.

Reparto: Will Hutchins, Millie Perkins, Jack Nicholson, Warren Oates, Charles Eastman, Guy El Tsosie, Brandon Carroll, B. J. Merholz, Wally Moon, William Mackleprang, James Campbell. 

Una misteriosa mujer (Millie Perkins) le pide dos mineros, Willett Gashade (Warren Oates) y Coley (Will Hutchins), que la ayuden a llegar a su destino cruzando el desierto. Durante el viaje, descubren que persigue a un hombre para matarlo.

El western clásico comenzó a transformarse en algo diferente en la década de los años cincuenta del siglo XX. Y los sesenta representan ya claramente el nuevo estilo del género, menos épico y más proclive a experimentos de todo tipo, cuadrasen o no con la esencia tradicional del cine del Oeste. Y El tiroteo (1966) viene a constituir un buen ejemplo, aunque llevado al extremo, de los experimentos a que fue sometido el western.

Producto de serie B, El tiroteo es un film minimalista: personajes, decorados, diálogos, dirección y argumento están esquematizados hasta las últimas consecuencias. Los protagonistas se reducen básicamente a cuatro, los decorados a un par de tiendas de campaña, un pequeño poblado y el desierto. Los diálogos son escuetos, secos, sorprendentes muchas veces, como si estuvieran cortados con un cuchillo; no tienen una función explicativa, sino más bien decorativa. 

Monte Hellman lleva la austeridad al límite incluso en la dirección, con algunas licencias de estilo, como subir la cámara al caballo, y poco más. Incluso el montaje resulta abrupto, dejando un relato que avanza a golpes para contarnos una persecución por el desierto en la que se nos oculta todo: a quién persigue la mujer y por qué, quién es Billy Spear (Jack Nicholson), el pistolero que se une al grupo, y qué relación le une con la mujer, de la que nunca sabremos ni su nombre. Es ese misterio finalmente el que nos mantiene en vilo, esperando el desenlace para satisfacer nuestra curiosidad. Esta es la gran baza de Hellman. Quizá, de desvelar antes el misterio, descubriríamos la pobreza del mismo o, mejor dicho, su escasa originalidad. Hellman juega el juego de la sorpresa, pero es necesario además un contenido interesante que rellene el espacio que media entre el comienzo de la historia y el final. Y creo es por aquí, por la ausencia de contenido (el argumento se puede resumir en dos líneas), por el carácter repetitivo de las secuencias, la falta de empatía con los protagonistas, el sentirnos perdidos durante todo el metraje, por donde se arruina el proyecto. Y por dejarnos, cuando descubrimos el misterio, con cierta sensación de fastidio, de que para ese final no valía la pena la dura travesía anterior. Incluso la manera de presentar ese final resulta torpe, por precipitada y confusa: ¿quién muere en el tiroteo: el hermano de Willett, también interpretado por Warren Oates, la mujer, Willet y su hermano, solamente Willett?. 

Tampoco el director parece demostrar su talento a la hora de dirigir a los actores. Jack Nicholson es uno de los mejores actores de finales del siglo XX y aquí resulta encorsetado y rígido. Will Hutchins está sobreactuando constantemente, haciendo que su personaje resulte ridículo, mientras que Millie Perkins se mueve como si no tuviera sangre en las venas. Solo Warren Oates resulta más convincente, pero dentro de un tono bastante normalito, acorde con la pobreza de su personaje.

Al final, tenemos la impresión de que estamos ante un ejercicio muy personal por parte del director, centrado en crear un relato que se saliera de los cánones tradicionales, dejando su impronta a base de una puesta en escena centrada sobre todo en la originalidad. Nada que objetar a ello, pero el afán de ser diferente no puede ser excusa para perdonar fallos básicos a la hora de construir a los personajes y el argumento. Y el recurso a la sorpresa, sino está acompañado de nada más, tampoco sirve para elevar el nivel del conjunto.

De manera que El tiroteo se me quedó reducido a muy poca cosa, con un predomino de la monotonía y el desencanto.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

El fin del romance



Dirección: Neil Jordan.

Guión: Neil Jordan (Novela: Graham Green).

Música: Michael Nyman.

Fotografía: Roger Pratt.

Reparto: Ralph Fiennes, Julianne Moore, Stephen Rea, Ian Hart, Jason Isaacs, James Bolam, Samuel Bould.

Nada más conocerse, Maurice (Ralph Fiennes) y Sarah (Julianne Moore) se enamoran perdidamente el uno del otro. Ese amor cambiará para siempre sus vidas. 

Aclamada por la crítica, El fin del romance (1999) es de esas películas con las que me siento como un bicho raro, pues no acabo de ver por ningún lado las virtudes que proclaman los entendidos, lo que me lleva a cuestionar si he visto la misma historia o si estaba aletargado en el momento de verla, de manera que se me escapó lo que para otros brillaba con fulgor.

Para comenzar el análisis, he de decir que lo que se espera de una historia de amor tan apasionada como la de El fin del romance es que te emocione hasta la médula, lo que me sucedió con El diario de Noa (Nick Cassavetes, 2004), Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995) o la más lejana en el tiempo y maravillosa Breve encuentro (David Lean, 1945). Sin querer entrar en comparaciones, creo que la diferencia reside en que en El fin del romance los protagonistas carecen de la dimensión necesaria para que nos identifiquemos con sus problemas. Yo lo achaco en que, si nos fijamos bien, no asistimos al proceso de enamoramiento, no participamos de sus primeros pasos juntos, sus sueños compartidos, sus confidencias; no vemos nunca expuestas sus almas al desnudo, aunque sí sus cuerpos. Lo que me lleva a pensar que el trabajo de Neil Jordan se quedó más en un nivel estético que en otro más profundo.

Por ejemplo, visualmente la película es preciosa, con una fotografía delicada que crea escenas de una belleza formal innegable. La ambientación tampoco desmerece para nada. Las escenas de amor de Maurice y Sarah son hermosas, elegantes y sugerentes. Incluso la manera de contar la historia, con el uso del flash back, que personalmente no me pareció lo más idóneo para crear incertidumbre y emoción en el relato, denota un afán de crear una historia cuidada en cada detalle, en busca de una belleza formal incuestionable. Es decir, técnicamente, El fin del romance denota un trabajo meticuloso y de buen gusto.

Pero donde falla Neil Jordan es a la hora de transmitir emociones, de que nos conmovamos con la tormentosa relación Maurice y Sarah. De su amor apasionado solo participamos de los celos enfermizos de Maurice, que además no tienen justificación alguna, dada la devoción de Sarah, lo que lo convierte en un personaje desagradable, con el que resulta imposible empatizar. Tampoco la decisión de Sarah de abandonarlo por una promesa que suena a broma, sin darle la más mínima explicación a Maurice, me parece demasiado convincente. Y es que toda la relación amorosa de los protagonistas, incluida la extraña participación del marido de Sarah, Henry (Stephen Rea), me pareció forzada, artificialmente construida en busca de algo original, notorio, pero donde el director se olvidó de dotarla de vida.

En definitiva, la historia de amor la conocemos por sus problemas, no por su lado apasionante y tierno, con lo que me costaba empatizar con Maurice y Sarah.

Pero además, el desenlace, que se ve venir con mucha antelación, con lo que pierde emoción, resulta muy poco original y nos remite a los dramas del siglo XIX, de un romanticismo trágico un tanto trasnochado.

Pero la gota que colma el vaso son los diálogos, pomposos, artificiosos y vacíos que, lejos de adentrarnos en el alma de los protagonistas, parecen un intento de buscar una profundidad intelectual que no conduce a nada bueno, más que a cierta pedantería intrascendente.

Como resultado de todo esto, tenemos un film frío, técnicamente impecable, pero que no sabe crear emoción ni complicidad y que me mantuvo impasible ante una historia que supuestamente debería conmovernos hasta las entrañas.

Por cierto, si alguien quiere disfrutar de una excelente película sobre el tema de los celos, le recomiendo encarecidamente París, Texas (1984), de Win Wenders, profunda, sensible y maravillosa.

martes, 27 de diciembre de 2022

El plan de Maggie



Dirección: Rebbeca Miller.

Guión: Rebbeca Miller.

Música: Michael Rohatyn.

Fotografía: Sam Levy.

Reparto: Greta Gerwig, Ethan Hawke, Julianne Moore, Travis Fimmel, Bill Hader, Maya Rudolph, Wallace Shawn, Kathleen Hanna, Mina Sundwall.

Maggie Hardin (Greta Gerwig), convencida de su incapacidad para mantener relaciones sentimentales estables, decide ser madre soltera. Sin embargo, sus planes sufren un vuelco cuando conoce a John Harding (Ethan Hawke) y ambos se enamoran.

Las comedias románticas suelen moverse en unos parámetros bastante repetidos, de ahí que Rebbeca Miller busque caminos nuevos en la vieja fórmula con El plan de Maggie (2015), con un resultado sin embargo discutible.

Uno de los detalles a los que no termino de acostumbrarme en ciertas comedias, sobre todo modernas, es la tendencia a ridiculizar a los protagonistas, en una prueba de un concepto más que dudoso de la comicidad y de una cierta pobreza de recursos. Que se trate de una comedia no implica que los personajes carezcan de un perfil serio, realista y plausible. 

En El plan de Maggie es cierto que no se ahonda demasiado en esta caricaturización, pero el planteamiento inicial es un tanto burdo, de manera que parece que cuesta tomarse en serio los problemas de Maggie. Y ello se hace más evidente en algunas escenas en el que guión se vuelve serio; en esos breves momentos se comprueba que se puede seguir con cierto tono ligero pero ahondando en los dilemas de los protagonistas y logrando, de paso, una mayor emoción y complicidad del espectador con las vicisitudes de Maggie y John.

Esta diferencia entre las secuencias marcadamente cómicas y las más reflexivas, donde se logra un tono mucho mejor, vienen a confirmar lo complicado que resulta el universo de la comedia. Lograr un guión agudo, ingenioso y gracioso parece una tarea hercúlea en los tiempos actuales. Porque El plan de Maggie es un film que funciona, pero gracioso no lo es precisamente. Y de ahí que la valoración no pueda ser demasiado generosa, pues a una comedia hay que pedirle chispa y gracia, que es por donde más flaquea la propuesta de Rebbeca Miller.

Además, hay una elección un tanto discutible: Maggie y John comienzan su relación acostándose y la siguiente escena tiene lugar bastante tiempo después, cuando Maggie comienza a desenamorarse de John, de manera que nos perdemos los instantes iniciales de su relación. El guión prefiere centrarse en el proceso por el que Maggie y la ex mujer de John, Georgette (Julianne Moore), deciden empujar a éste de nuevo en brazos de Georgette. Es una opción tan válida como otra cualquiera, pero privándonos de los detalles del noviazgo de John y Maggie de manera tan abrupta creo que no se le hace ningún favor a la historia, que queda coja de una parte que podría haber resultado interesante para conocer mejor a los personajes.

Detalles al margen, el problema de la cinta es que se desperdicia en gran medida el juego que podía ofrecer este triángulo amoroso, al igual que la aportación de los amigos de Maggie, que ocupan un rol muy secundario y no muy bien hilvanado en el conjunto. Maggie, por ejemplo, ofrece un perfil de ingenua y bonachona que no acabé de entender del todo, pues me ofrecía más sombras que realidades, por lo que me costaba entenderla y sobre todo participar más profundamente de sus problemas. Puede que hubiera sido de gran ayuda conocer algo más de su pasado, del que solamente tenemos constancia de que siempre terminaba cansándose de las relaciones de pareja.

John, por el contrario, se define con una sola palabra: egoísta. Y parece que ya no hay nada más que saber acerca de él, con lo que también se nos queda su figura en un retrato difuminado. Y Georgette, con menos presencia en la historia, aún resulta mucho menos definida. 

Es decir, los protagonistas no resultan del todo cercanos y comprensibles, con lo que sus aventuras y desventuras tampoco cobran gran relieve, quedando sus avatares en algo curioso, pero nunca intenso y con ello todo el film parece perder consistencia.

El reparto es competente, especialmente Julianne Moore, aunque Greta Gerwig, sin deslumbrarme, me pareció muy adecuada para su personaje.

A nivel técnico, lamentar la pobre fotografía a cargo de Sam Levy. No creo que sea un mal técnico, más bien pienso que se trata de una cuestión de elección estética, tal vez buscando un estilo menos clásico o acercarse a una imagen de cine independiente. Sea como fuere, me acabé cansando de la fotografía.

La conclusión es que, partiendo de una idea interesante, Rebbeca Miller no supo desarrollar un guión que sacara todo el potencial de la historia, ni a nivel cómico ni en la construcción de personajes y su historia. Film curioso que puede aportar algún momento interesante pero que se queda un poco a medias en todos sus planteamientos.

sábado, 24 de diciembre de 2022

Los implacables



Dirección: Raoul Walsh.

Guión: Sydney Boehm y Frank Nugent (Novela: Clay Fisher).

Música: Victor Young.

Fotografía: Leo Tover.

Reparto: Clark Gable, Jane Russell, Robert Ryan, Cameron Mitchell, Juan garcía, Harry Shannon, Emile Meyer, Stevan Darrell.

Los hermanos Ben (Clarke Gable) y Clint Allison (Cameron Mitchell), tras finalizar la Guerra de secesión, se marchan a Montana en busca de una nueva vida.

Western clásico, con todos los tópicos reconocibles del género, Los implacables (1955) es un sólido film con grandes luces y alguna que otra sombra.

La película empieza con fuerza: los hermanos Allison encuentran un hombre ahorcado en un árbol y Ben sentencia: "Al fin nos acercamos a la civilización." Es una muestra de lo que nos espera, un film repleto de unos diálogos brillantes, muy por encima de lo que viene siendo habitual en la mayoría de los westerns, salvo los de John Ford. Esta calidad y profundidad de los diálogos es el rasgo que más me impresionó de la película, pues con ellos se da forma a unos personajes que dejan de ser, bajo su apariencia típica, los protagonistas habituales del género y adquieren una dimensión más honda, lo que nos permite comprender sus deseos, sus frustraciones y el conflicto que preside la relación de Ben con Nella (Jane Russell) y que da forma a un intenso, apasionado y enconado romance que deja de lado los estereotipos, en especial el de la mujer sumisa, para crear una historia de amor profunda y auténtica. Las ambiciones de Nella chocan con las modestas aspiraciones de Ben, aunque el amor acabará triunfando, como era de esperar, superando cualquier obstáculo. Y atención al detalle de la manta de Nella, que cobrará un simbólico protagonismo, ejemplificando la meticulosidad y el cuidado con que fue elaborado el guión.

Este cuidado también se advierte en el largo pasaje del traslado del rebaño de Texas a Montana. No se trata solamente de ambientar el viaje, sino que el guión busca fidelidad y realismo, de manera que en muchos momentos sentimos que estamos presenciando algo que muy bien podría haber sucedido tal cual.

Pero también es verdad que no todo en Los implacables tiene el mismo nivel. El arreglo al que llega el señor Stark (Robert Ryan) con los hermanos Allison cuando lo atracan parece un tanto improbable y muy forzado. Y al igual que el film es denso en cuanto al retrato de los protagonistas, también es verdad que en la parte central, la que se ocupa del viaje con el ganado, el ritmo decae con fuerza en muchos momentos, tal vez por un exceso de detalles en la narración del mismo. Hubiera sido de agradecer una mayor simplificación de esta parte, lo que hubiera concentrado la acción y los momentos álgidos evitando ciertos tiempos muertos que acaban por penalizar el conjunto.

En cambio, el reparto me apreció otro acierto, especialmente al contar con Clark Gable, un tipo con un carisma fuera de toda duda y que encarna con maestría a Ben, empujado a la delincuencia por las circunstancias pero de corazón noble y espíritu justo; un vaquero que solo aspira a superar el trance de la guerra y llevar una vida tranquila y familiar. Jane Russell, por su parte, aporta fuerza y autenticidad a Nella, que deja de ser un personaje débil y sometido a los hombres para convertirse en una mujer con carácter y determinación, si bien el final feliz, donde cede a los sueños de Ben, parece contradecir en parte algunas de sus convicciones. Robert Ryan, siempre elegante, y Cameron Mitchell, algo sobre actuado, competan el elenco.

Raoul Walsh, a pesar de los altibajos en el ritmo, demuestra su oficio a la hora de filmar Los implacables, destacando algunas escenas de acción muy bien rodadas y el esmero en el cuidado de todos los detalles. 

Sin ser un western sobresaliente, Los implacables rebosa sentido y profundidad, especialmente a la hora de construir a los personajes principales, convirtiéndose en un film con muchas más virtudes que defectos.

Para terminar, una frase más, de labios del señor Stark refiriéndose a Ben, al final de la película, y que pone un broche de oro a la estimable calidad de los diálogos.

"Es el único hombre que he respetado en mi vida. Es lo que todo niño sueña que va a ser cuando crezca y lo que todo viejo siente no haber sido."