El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

jueves, 24 de enero de 2013

French Kiss



Dirección: Lawrence Kasdan.
Guión: Adam Brooks.
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Owen Roizman.
Reparto: Meg Ryan, Kevin Kline, Jean Reno, Timothy Hutton, François Cluzet, Susan Anbeh, Renee Humphrey, Michael Riley.

Kate (Meg Ryan) es una chica convencional que sueña con casarse con su novio Charlie (Timothy Hutton) y ser feliz para siempre, pero Charlie se enamora de Juliette (Susan Anbeh), una bella francesa, durante un viaje de negocios a París. Dispuesta a recuperarlo, Kate vuela a la capital francesa. En el avión conoce a Luc (Kevin Kline), un ladrón que aprovecha la oportunidad para pasar un collar robado por la aduana con la ayuda de Kate.

French Kiss (1995) es la típica comedia romántica tan habitual en el cine actual: es un film muy bien presentado, entretenido, con un final gratificante pero donde falla un poco lo que tendría que ser el punto fuerte, el guión.

La verdad es French Kiss tiene una hechura estupenda. Tenemos una pareja protagonista con mucho tirón donde destaca Meg Ryan, la verdadera especialista del género en los años noventa, y a un siempre genial Kevin Kline. Ellos son los absolutos protagonistas de la película y es en ellos donde se apoya el proyecto por entero. Sin embargo, la verdad es que como pareja no termina de funcionar del todo bien. No sé si es por la gran diferencia de caracteres y personalidad de sus personajes, pero no encuentro mucha química entre ellos. Incluso cuando es evidente que terminarán juntos al final de tantos enredos, no termino de verlos como una pareja. Por separado, me quedo con el trabajo de Kline, a pesar de que su caracterización de francés pueda resultar algo cargante por culpa del acento tan exagerado, pero en todo caso es un actor que me encanta y siempre consigue que me resulte muy verosímil. Meg Ryan, sin embargo, tiene momentos bastante convincentes, en especial cuando el guión se pone más serio o más romántico, pero no termina de convencenme cuando se pone a hacer tonterías, tal vez porque no resulta creíble y en eso tiene mucha culpa el guión y su intento de buscar a veces la gracia a base de exageraciones y payasadas demasiado simples. Jean Reno, Timothy Hutton o la hermosa Susan Anbeh son meros comparsas a los que tampoco se les saca todo el partido posible. Sus personajes no terminan de estar definidos, con lo que aportan bastante poco a la historia y terminan siendo un mero decorado y poco más.

Junto a los protagonistas, la película cuenta con una hermosa fotografía y una banda sonora bastante buena que, además, Lawrence Kasdan sabe usar en los momentos oportunos, sin recrearse ni abusar de ella, lo cuál me parece una muestra de muy buen gusto.

Pero, como decía antes, el guión es por donde French Kiss hace más agua. Es verdad que en este tipo de comedias, donde tiene que haber unas situaciones de enredo para que la cosa avance, debemos ser un tanto tolerantes con algunas situaciones que pueden parecer, y lo son, un tanto forzadas. Pero el problema principal es que el guión carece de verdadero ingenio, se limita a definir una situación, le da unas cuantas vueltas y la adereza con algunos chistes. Pero en todo ello se nota la ausencia de verdadero talento. Algunos chistes son demasiado malos, hay situaciones un tanto ridículas que a mi particularmente me producen de todo menos risa y encima la historia es tan previsible que nos anticipamos casi constantemente a lo que va a pasar. Por otro lado, este tipo de comedias siempre arrastran una moral bastante estricta, donde los protagonistas han de ser buenas personas o, al menos, terminar regenerándose, y donde hay ciertos límites que no se deben cruzar. El mejor ejemplo es cuando Kate se cita con Charlie para intentar recuperarlo y Luc aprovecha para intentar seducir a Juliette. Lo que podría ser una noche loca de parejas cambiadas se transforma en una ejemplarizante victoria de la moral y la castidad. Es un cine muy familiar, muy convencional y eso le termina pasando factura.

También la película tiene un gran bajón hacia la mitad de la misma, lo que hace que tengamos la impresión que se hace demasiado larga. La razón está de nuevo en que la historia cae en cierta monotonía en un momento dado fruto de un guión sin demasiados recursos. Al final, sin embargo, la cosa recupera un tanto el interés al llegar por fin al punto que veníamos esperando desde el principio: el encuentro de Kate y Charlie, encuentro que el guión intenta aplazar de un modo muy poco convincente y que tampoco resuelve con toda la intensidad que hubiera requerido el momento.

Pero como se trata de una comedia romántica, pues la verdad es que la película se deja ver con cierto agrado. No es una comedia excepcional, ni mucho menos, pero es de esos productos bastante bien presentados que funcionan casi solos. La pena es que uno se queda con la sensación de que se hubiera podido sacar mucho más partido a poco que el guionista se lo hubiera propuesto.

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