El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Grupo salvaje


Grupo salvaje (Sam Peckinpah, 1969) lleva las señas de identidad de su director marcadas a fuego y que alcanzan una extrema crudeza en este western duro y tierno a la vez.

Pike Bishop (William Holden) y su banda escapan a México tras un sangriento asalto a un banco para robar el dinero del ferrocarril. Tras ellos, una grupo de cazadores de recompensas liderados por Deke Thorton (Robert Ryan), antiguo compinche de Pike que ahora intenta apresarlo.

Ya desde el principio, Peckinpah juega al engaño con nosotros: los militares son, en realidad, los ladrones disfrazados para inspirar confianza en el pueblo. Los harapientos son los que están del lado de la ley, si bien serán los que inicien una matanza sin sentido de civiles y se comporten como buitres despojando a los muertos de sus objetos de valor. Nada es como estábamos acostumbrados a ver, no hay buenos y malos o, al menos, no como solían presentárnoslos.

Peckinpah nos ofrece por tanto una nueva visión del western con este Grupo salvaje, que guarda cierto parecido con el spaghetti western, pero solo en algunos aspectos formales, porque el cine de Peckinpah no es mera fachada, sino que es un cine con alma; un cine que cuenta historias de perdedores en un mundo en el que ya no hay sitio para ellos. Y ésto es Grupo salvaje: la historia de unos forajidos en el ocaso de su carrera y en un mundo que ya no los reconoce ni respeta las viejas normas del honor y la lealtad.

El film es un derroche exagerado de violencia, presente ya desde el comienzo con la famosa secuencia de los niños jugando con el escorpión y las hormigas, y rematado por la excesiva y rotunda secuencia final con otra de las señas de identidad de Peckinpah: la filmación a cámara lenta de los tiroteos, con una especie de recreación en el horror de la sangre y la muerte.

Hay continúas referencias a la infancia, desde la escena inicial de los niños en la calle hasta el niño que admira al general mexicano y que toma el arma para vengarlo, pasando por múltiples planos de niños que retratan una infancia que imita el mundo de los mayores, un mundo absurdo de codicia y maldad.

Grupo salvaje es un film con un aire caduco, sincero y, por lo tanto, imbuido de un romanticismo triste y terminal, donde no quedan ya héroes y donde la amistad y el honor no llevan más que a la muerte. Sin duda, un film desolador y sincero.

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