El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

viernes, 27 de abril de 2012

Pactar con el diablo




Dirección: Taylor Hackford.
Guión: Jonathan Lemkin y Tony Gilroy (Novela: Andrew Neiderman).
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Andrzej Bartkowiak.
Reparto: Keanu Reeves, Al Pacino, Charlize Theron, Jeffrey Jones, Judith Ivey, Debra Monk, Craig T. Nelson, Connie Nielsen, Delroy Lindo.

Pactar con el diablo (1997) es una de esas películas ambiciosas que de vez en cuando nos brinda Hollywood. Sabemos que se trata de un mero producto comercial bien fabricado, que será tan pretenciosa como insustancial; sabemos que lamentaremos ver como deja que su potencial se disipe en fuegos de artificio. Y aún así, la vemos.

Kevin Lomax (Keanu Reeves) es un brillante abogado defensor que nunca ha perdido un caso. Kevin es ambicioso y brillante y, a pesar de conocer la culpabilidad de algunos de sus defendidos, no duda en utilizar todos sus trucos y su inteligencia para lograr su absolución. Un día recibirá una suculenta oferta para realizar un trabajo para un prestigioso bufete de Nueva York. Es la ocasión para él de dar el gran salto en su carrera.

La verdad es que el envoltorio en que se presenta Pactar con el diablo no podría ser mejor. La película cuenta con una puesta en escena impecable y una fotografía maravillosa, que realza el lujoso mundo en que vive Lomax y crea unos escenarios suntuosos y cautivadores.

Al mismo tiempo, el guión es lo bastante bueno como para atraparnos en una historia de ambición y éxito que tiene todos los ingredientes para funcionar. A ello se le añade la progresiva degradación mental de la mujer de Lomax, Mary Ann (Charlize Theron) y la misteriosa personalidad del jefe del bufete neoyorkino, John Milton (Al Pacino) y ya tenemos un argumento apasionante que nos mantiene en vilo buena parte de la película. Taylor Hackford, con estos elementos, consigue ir manteniendo la intriga a base de dosificar convenientemente la parte de los juicios con la vida personal del matrimonio Lomax, añadiendo aquí y allá pequeñas dosis de sexo, y desvelando lentamente la personalidad de John Milton. Todo un cóctel bastante bien ideado y servido.

El reparto cuenta además con la presencia de Al Pacino, que no sólo resulta un diablo bastante convincente y muy seductor, sino que consigue llenar la pantalla con su arroyadora presencia. Es un papel que le va como anillo al dedo y le permite exprimirse dentro de una interpretación que bordea a veces el exceso, pero sin llegar a cruzar la línea abiertamente. Sin embargo, Keanu Reeves no terminó de convencerme del todo. Su presencia es estéticamente perfecta, pues belleza y elegancia no le faltan, pero no resulta convincente, le falta fuerza, carácter, nervio, ...vida. No está a la altura de Al Pacino, por supuesto, pero tampoco de Charlize Theron, que está especialmente hermosa en la primera parte de la película y conmovedoramente desecha en la segunda. Hay escenas, como aquella de la fiesta, en que está absolutamente radiante.

Pero una buena película no es sólo, o no debería serlo, una cuidadosa presentación, un buen envoltorio de lujo. Hace falta que dentro del paquete haya un buen regalo. Y aquí es donde flojea Pactar con el diablo. El planteamiento es interesante: cómo la ambición y el ego personal pueden llevar a que te olvides de tus principios, que dejes de lado tus convicciones y hasta a la familia en busca del éxito profesional. El problema es que la historia deja un tanto de lado los problemas morales para pasar a centrarse más en el espectáculo: las parrafadas pretenciosas y un tanto confusas de Milton, el desmadre visual de la escena final en el domicilio de éste, las tonterías bíblicas de la madre de Lomax (Judith Ivey), metidas con calzador muchas veces, o la tontería final de que Lomax es el hijo del diablo, una guinda absurda para esta historia. Pero esta es la elección tomada: un producto de consumo que funcione, que de que hablar por el morbo de algunas escenas y permita ciertos excesos con el tema de la presencia del demonio. Pero todo superficial, enfocado hacia el espectáculo.

Y como suele suceder cuando lo importante de verdad no es la historia en sí, sino las posibilidades que ofrezca, el final recurre al viejo truco, mejor dicho, trampa, del sueño. De un plumazo resolvemos el asunto y lo que parecía ser un desastre final mayúsculo se convierte en un par de minutos en el triunfo de la moral, la rectitud y el amor. Puede que funcione de cara a la taquilla y deje un buen gusto en la boca de los espectadores, pero no deja de ser un truco barato, falso y muy decepcionante.

Así que ya saben lo que hay aquí. Pactar con el diablo es el cine comercial en estado puro: intriga, religión, dinero y sexo. Agítese todo y sírvase bien calentito. Aún así, menos mal que están Al Pacino y Charlize Theron para darle vida a este combinado. Sin ellos dudo que el resultado fuera el mismo.

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