El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

sábado, 16 de septiembre de 2023

Tú y yo



Dirección: Leo McCarey.

Guión: Delmer Daves y Leo McCarey (Historia: Leo McCarey y Mildred Cram).

Música: Hugo Friedhofer.

Fotografía: Milton Krasner.

Reparto: Cary Grant, Deborah Kerr, Richard Denning, Neva Patterson, Cathleen Nesbitt, Robert Q. Lewis, Charles Watts, Fortunio Bonanova. 

Nickie Ferrante (Cary Grant), un famoso playboy, viaja a Nueva York para reunirse con su prometida, una joven millonaria (Neva Patterson). Durante la travesía, conoce a Terry McKay (Devorah Kerr) y aunque ambos tienen pareja, terminan enamorándose.

Tú y yo (1957) tiene un merecido puesto de honor en la historia de los dramas románticos. El encanto de Cary Grant y Deborah Kerr resiste impertérrito el paso del tiempo y de las modas.

La película en realidad es un remake del film homónimo filmado por el propio McCarey en 1939 con Charles Boyer e Irene Dunne. Nora Ephron, en Algo para recordar (1993), le rinde un merecido homenaje: además de las dos amigas que veían esta película con una caja de pañuelos de papel en la mano, también los protagonistas eligen el Empire State para su cita.

Tú y yo es la historia de un amor perfecto, inquebrantable, eterno. Y lo maravilloso de todo es que terminamos creyendo en él con una convicción rotunda. Nada ni nadie podría sacarnos del error, de pensar que el paso del tiempo pudiera corromper la belleza de los sentimientos de Nickie y Terry. Es como un cuento y la magia de Leo McCarey es convertirlo en una maravillosa posibilidad.

La primera parte del film, el viaje en el barco, es sencillamente perfecta. La manera en que Nickie y Terry se van enamorando es deliciosa. En realidad, pienso que se enamoraron nada más verse y el resto del tiempo sencillamente fueron reconociendo la evidencia y desmontando las disculpas para no aceptar esa nueva realidad. La manera tan exquisita en que McCarey filma el instante de su primer beso es realmente una obra de arte en sí misma. Esa delicadeza, esa manera de permitirnos estar presentes, pero preservando su intimidad me pareció sencillamente perfecta.

Pero este clima romántico tan maravilloso, con ese toque ligero de comedia, se trueca en un drama rotundo a partir de la llegada a Nueva York. Y de nuevo, la delicadeza del director al esquivar la imagen del accidente de Terry y cómo alarga la espera de Nickie, hasta la noche. Otra vez la maestría y la elegancia de un director que supo interpretar las claves del romance, manteniendo la intriga sobre el desenlace con inteligencia, haciendo que se encogieran los corazones de todos los espectadores temiendo lo peor, suplicando por el reencuentro de los amantes, por la aclaración del malentendido y su unión para siempre. La maestría con que Leo McCarey maneja los tiempos y la tensión es soberbia.

Cary Grant sin duda era el actor ideal para su personaje, con su elegancia y su atractivo marca de la casa, pero la gran protagonista es Deborah Kerr. Sin ser una belleza deslumbrante, es tal su encanto, su delicadeza o el brillo de su mirada que cualquiera caería rendido ante ella. Es imposible no enamorarse de una mujer así. Sin duda alguna, contar con ambos actores es lo que termina de convertir este romance en algo casi mágico.

Ni siquiera los números musicales o algunas secuencias donde el tono resulta un poco exagerado, al menos para la época actual más prosaica, logran quitar brillo a un film elegante, intenso y de un romanticismo absoluto. Parece imposible construir una historia tan perfecta con tan pocos elementos, pero Leo McCarey sortea todos los peligros y nos brinda una historia maravillosa con la que es imposible no creer y sentir en la propia carne el amor de Terry y Nickie. ¡Imprescindible!

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