El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

domingo, 17 de septiembre de 2023

Yojimbo



Dirección: Akira Kurosawa.

Guión: Ryuzo Kikushima y Akira Kurosawa.

Música: Masaru Satô.

Fotografía: Kazuo Miyagawa (B&W).

Reparto: Toshirô Mifune, Tatsuya Nakadai, Yôko Tsukasa, Isuzu Yamada, Daisuke Kato, Seizaburô Kawazu, Takashi Shimura, Yosuke Natsuki. 

Un samurái (Toshirô Mifune) llega a un pueblo con dos caciques enfrentados por la supremacía y decide sacar provecho de la situación.

Vaya por delante mi admiración por la obra de Akira Kurosawa, con la que he disfrutado de algunas de sus obras maestras indiscutibles, sin embargo, Yojimbo (1961) en mi opinión se queda un peldaño por debajo, o dos, de Rashomon (1950), Los siete samuráis (1954) o Dersu Uzala (1975).

Quizá el mayor inconveniente de la cinta es su raquítico entablado argumental, que se queda tan corto que nos limita el disfrute de la historia. Nada sabemos del motivo del enfrentamiento de los dos caciques, como tampoco llegamos a conocer en profundidad al samurái. Con estas limitaciones, la cinta queda reducida a un film de acción más que correcto en el que brilla el talento descomunal del director para la puesta en pie de su relato, con una fotografía preciosa, unos encuadres soberbios y el uso continuo de elipsis en la mayor parte de las escenas de acción que evitan detalles desagradables y al mismo tiempo le otorgan una cierta elegancia a la manera de contar la historia. Como también está presente aquí el uso de los fenómenos meteorológicos que tanto le gustaba incluir en sus films. En esta ocasión, será el viento el principal protagonista. Pero, a pesar de todo esto, la riqueza argumental y la profundidad presentes en otras películas del director aquí desaparecen. Y ello también acarrea que los diálogos no sean precisamente brillantes.

Con un planteamiento que recuerda a los western americanos, por los que el director japonés mostraba gran admiración, en especial por John Ford, resulta obvio que en Yojimbo se nos ofrece un muestrario de ciertas vilezas del ser humano, como la avaricia, el odio, el abuso de poder, la traición, el engaño y la violencia. Sin embargo, hemos de convenir que todas ellas están presentadas de manera demasiado esquemática como para que lleguen a representar algo más que un muestrario muy básico de la maldad humana. Falta darle más contenido, profundizar en las causas, cosa que el guión no llega ni a insinuar.

Sin embargo, se puede atisbar cierto grado de moralidad en la figura del samurái que, bajo su apariencia de personaje egoísta, esconde una personalidad compasiva que le lleva a liberar a la mujer retenida contra su voluntad para que pueda escapar del pueblo con su marido y su hijo pequeño. Es el único detalle redentor del samurái y que termina cambiando la imagen que podíamos tener de su comportamiento que al final, más que motivado por el enriquecimiento personal, parece simplemente movido por el deseo de acabar con esos dos bandos rivales que han convertido la convivencia en el pueblo en un infierno. Sería una especie de justiciero desinteresado.

Siendo notable la puesta en escena a cargo de Kurosawa, la falta de profundidad de la historia motiva que en la segunda mitad de la cinta ésta parezca alargarse demasiado para lo que finalmente tiene que contarnos. De ahí que pese a sus méritos, por momentos se me hiciera un poco larga de más.

En todo caso, he de reconocer que en líneas generales me parece una película realmente interesante. El problema es con cada película de Kurosawa esperamos una obra de arte y no siempre se puede alcanzar la excelencia. 

Por un puñado de dólares (1964), de Sergio Leone, se inspiró directamente en Yojimbo, por lo que Akira Kurosawa y la productora Tōhō presentaron una demanda por la que el director italiano fue condenado por plagio.

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