Dirección: Sydney Pollack.
Guión: Kurt Luedtke (Novela: Warren Adler).
Música: Dave Grusin.
Fotografía: Philippe Rousselot.
Reparto: Harrison Ford, Kristin Scott Thomas, Charles S. Dutton, Bonnie Hunt, Dennis Haysbert, Richard Jenkins, Paul Guilfoyle, Susanna Thompson, Peter Coyote, Dylan Baker, Susan Floyd, Lynne Thigpen, Kate Mara.
Tras un accidente de avión en el que muere su esposa (Susanna Thompson), el policía "Dutch" Van Den Broek (Harrison Ford) descubre que le era infiel y volaba precisamente con su amante (Peter Coyote) para pasar un fin de semana en Miami.
Lo más deseable de Caprichos del destino (1999) es que ofrece un romance que se aleja bastante de las historias de amor que solemos ver en el cine. Aquí la relación entre Dutch y Kay (Kristin Scott Thomas) se inicia cuando ambos descubren que sus parejas los engañaban. Sin duda, un punto de partida realmente original.
Además, la reacción de ambos es totalmente diferente. Mientras Dutch se muestra obsesionado con conocer los detalles de esa relación, los cuando, cómo y por qué, para intentar comprender a su esposa y entender también su matrimonio, Kay es mucho más fría y pragmática y piensa sobre todo en su hija (Kate Mara) y en pasar página cuanto antes.
Ambas maneras de afrontar ese drama son un tanto radicales. Podríamos pensar que Kay no amaba a su esposo y, por el contrario, que Dutch amaba tanto a su mujer que le es imposible asumir la verdad. Por eso su romance resulta un poco incomprensible. Y la película tampoco se esfuerza en explicarlo. Cabría pensar en una fuerte atracción mutua inicial que derivara luego en amor.
De todas maneras, una cosa es evidente: tras un arranque realmente interesante y muy bien expresado, con la intensidad del drama de los protagonistas al descubrir por sorpresa las muertes de sus parejas, la película se pierde justo en la parte más importante, la del romance entre Dutch y Kay. No entiendo la elección del director de mostrarse realmente frío precisamente cuando tenía todo a mano para crear una bonita historia de amor y de dolor, de consuelo y esperanza. Durante toda la esta parte del film esperaba alguna escena poderosa, diálogos reveladores del dolor y el deseo de los protagonistas y lamentablemente Sydney Pollack no es capaz de ofrecernos nada de nada.
Es cierto que se nota su oficio con una puesta en escena elegante y un desarrollo preciso, pero en una historia como está es necesario insuflar vida a los encuentros de Dutch y Kay, convertirnos en cómplices de su drama y de su esperanza. Por desgracia, no se consigue.
Por eso Caprichos del destino se queda en una especie de oportunidad perdida, un film que desperdicia su potencial y nos deja un tanto frustrados. Incluso el trabajo de Harrison Ford me pareció contagiado de esa frialdad, dejando sus gestos como apagados. Por suerte, contamos con Kristin Scott Thomas, una actriz maravillosa aunque necesitaba un papel más definido.
Sin restarle méritos a una producción muy cuidada, la película no llega a cuajar.
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