Dirección: Asger Leth.
Guión: Pablo F. Fenjves.
Música: Henry Jackman.
Fotografía: Paul Cameron.
Reparto: Sam Worthington, Elizabeth Banks, Jamie Bell, Génesis Rodriguez, Edward Burns, Ed Harris, Titus Welliver, Anthony Mackie, William Sadler, Kyra Sedgwick.
Nick Cassidy (Sam Worthington) es un policía condenado por un robo que afirma que no cometió. Para probar su inocencia, prepara un complicado plan con la ayuda de su familia.
Al borde del abismo (2012) es de esas películas que prometen mucho y terminan cometiendo todos los errores imaginables y alguno más para caer en lo banal, tramposo y tedioso. Terminé de ver la cinta con un enfado monumental ante tal cúmulo de despropósitos. De ahí mi sorpresa ante algunos críticos que alaban el experimento, como si realmente hubiera algo aprovechable en esta historia. Pero incluso en las críticas positivas, no sé bien con qué fundamento, se atisba cierta perplejidad.
El comienzo podría parecer prometedor, pues no sabemos qué ha llevado a Nick a la cornisa del hotel y se plantean otros varios interrogantes como para despertar nuestra curiosidad. Lamentablemente, a los diez minutos ya hemos adivinado más o menos las claves argumentales, con lo que toda intriga desaparece y solo nos queda ver cómo resuelve Asher Leth el desarrollo.
Al inconveniente de anticipar el misterio se añade el problema de que sabemos que no puede resolverse hasta el último momento, de manera que comprendemos que el guión debe cubrir una gran parte de metraje a base de amagos y diálogos que prolonguen el interés, cosa que un argumento inteligente podría conseguir, pero no es el caso con la patraña creada por Pablo F. Fenjves. Así que vamos alternando de manera rutinaria y sin chispa los momentos de Nick en la cornisa con la negociadora (Elizabeth Banks) con el robo que realizan el hermano de Nick (Jamie Bell) y su novia (Génesis Rodriguez), que es la trama que ofrece algo de tensión a la historia.
La mayoría de los personajes son meros bocetos que no llegan a convencernos de su autenticidad, especialmente David Englander, el potentado interpretado por Ed Harris, que resulta tan excesivo que cae en el ridículo.
Todo el montaje de Al borde del abismo resulta como mínimo incongruente, pero el mayor despropósito aparece en el desenlace, que es cúmulo de estupideces de lo más previsible y falto de imaginación y que nos regala el salto de Nick en un más difícil todavía que cuesta asimilar. Y por si no nos habíamos recuperado del todo, el momento en el bar del padre de Cassidy (William Sadler), que no había muerto después de todo, pone el definitivo punto y final horrendo imposible de adivinar. De todos los finales idiotas que he visto en el cine, este sin duda merece un puesto en el podio.
Mentirosa, vulgar, sin imaginación, rebosante de tópicos y aburrida, Al borde del abismo es un claro ejemplo de la crisis de ingenio que asola al cine comercial actual. La única alegría que me he llevado fue volver a ver al bueno de William Sadler en escena y por una vez en un papel de bueno.
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