El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

sábado, 17 de abril de 2010

La chica de rosa



Dirección: Howard Deutch.
Guión: John Hughes.
Música: Michael Gore.
Fotografía: Tak Fujimoto.
Reparto: Molly Ringwald, Harry Dean Stanton, Jon Cryer, Annie Potts, James Spader, Andrew McCarthy, Jim Haynie, Alexa Kenin, Kate Vernon. 

Angie (Molly Ringwald) es una joven pobre que vive con su padre (Harry Dean Stanton), que está en el paro y que aún espera el regreso de su esposa, que los abandonó hace tres años. El gran amigo de Angie es Ducky (Jon Cryer), un muchacho algo atolondrado que se ha enamorado de su amiga de la infancia y tendrá que hacer frente a la peor noticia: Angie se siente atraída por un niño rico (Andrew McCarthy).

No deja de ser una comedia más sobre adolescentes, sin demasiadas novedades ni interés. Pero lo que sí conviene resaltar es que no se intenta hacer un film basado en estereotipos, si bien no se evitan ciertos clichés, como presentar a los niños ricos del instituto como idiotas superficiales y prepotentes, sino que se nota un interés por presentar una historia coherente que se sustente en unos personajes convincentes y creíbles.

El conflicto gira en torno a la situación económica de Angie, que la mantiene algo marginada en relación a los más populares del instituto, los chicos de las clases altas, entre el que está Blane (Andrew MacCarthy), por el que se siente atraída. Sin embargo, tal vez uno de los puntos menos sólidos de la cinta es que tanto el romance de Angie y Blane como el tema de las diferencias sociales de ambos no se explota convenientemente, con lo que la historia pierde fuerza al carecer su romance de interés, pues queda relegado a muy pocas escenas donde además se recurre a tópicos no demasiado originales.

Quizá lo mejor sea la relación de la protagonista con su padre, lo que constituye la parte más tierna e interesante del argumento. Pero si hay que señalar a un personaje especialmente interesante, éste sería Ducky, el alma de la parte cómica de la historia, si bien duele ver cómo su amor por Angie no es correspondido aunque, para evitar un final sombrío, se arregla en el último minuto la situación de Ducky en un giro esperado pero no por ello convincente. 

Lástima que con los elementos con lo que se contaba, el director no lograra redondear el conjunto, que presenta ciertas lagunas a nivel del argumento y del ritmo que lastran el resultado.

La chica de rosa (1986) tuvo cierta repercusión en su momento y, si bien no es un film especialmente notable, sí que al menos lo es su intención de construir un relato desde la coherencia y un enfoque que, si bien no aprovecha todas sus posibilidades, termina constituyendo un entretenimiento honesto y agradable, sin más. 

Como curiosidad, podemos descubrir a algunas futuras estrellas en sus primeros trabajos, como Gina Gershon o James Spader. Por contra, los dos protagonistas principales (Molly Ringwald y Andrew McCarthy) no tendrían una carrera posterior demasiado brillante.

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