El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

lunes, 12 de abril de 2010

La tabla de Flandes



Dirección: Jim McBride
Guión: Michael Hirst, Jim McBride y Jack Baran (Novela: Arturo Pérez-Reverte)
Música: Philippe Sarde
Fotografía: Affonso Beato
Reparto: Kate Beckinsale, John Wood, Sinead Cusack, Paudge Behan, Helen McCrory, Michael Gough, Peter Wingfield

Hay películas que valen lo que su intriga. La tabla de Flandes (1994), basada en la novela de Arturo Pérez Reverte, comienza prometiendo mucho, que es lo que nos retiene al principio frente a la pantalla; sin embargo, demasiado pronto se empiezan a esfumar las ilusiones y uno empieza a temer lo peor.

Julia (Kate Beckinsale), restauradora de obras de arte, está trabajando en un cuadro flamenco del siglo XV cuando por casualidad descubre una extraña inscripción oculta. Movida por la curiosidad, investiga sobre la historia del cuadro y descubre que éste oculta la historia de un viejo crimen político.

Narrada sin mucho brío, lo peor de la película es la sucesión continua de tópicos que parecen haberse puesto con calzador para intentar sazonar la historia y hacerla de alguna manera más atractiva para el público actual. Sólo así se explican algunos desnudos innecesarios, relaciones amorosas aquí y allá y hasta una torpe y ridícula "visita" turística por Barcelona. Los personajes carecen realmente de profundidad e incluso, lo cuál es peor, de interés y en cuanto ha pasado una media hora de film comenzamos a perder hasta la curiosidad por la intriga central, sospechando que el desenlace será otra decepción más.

La trama se va haciendo más y más previsible conforme descubrimos que la intriga se reduce a media docena de personajes, curiosamente relacionados entre sí como en la más ordinaria novela de entregas. Los diálogos son banales a más no poder y todo resulta superficial e incluso tenemos la sensación a veces de asistir a meras escenas de relleno filmadas sin mucha inspiración.

Una obra totalmente prescindible. Nada justifica el perder una hora y media para ver una historia tan pobremente resuelta.

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