El cine y yo

Me resulta imposible imaginar mi vida sin el cine. De alguna manera me ha ido conformando en salas oscuras, donde el universo por entero brillaba ante mí y la realidad, la otra realidad, desaparecía milagrosamente para dar paso a una vida ilimitada. Al menos, cuando yo era niño era así.


Uno de los primeros recuerdos que tengo es de pánico y fascinación. La película se titulaba "Jerónimo" y yo tenía tres años. En un televisor en blanco y negro, con una imagen seguramente bastante pobre, aquella película me aterraba y me atraía en partes iguales, y yo sentía que estaba ante algo que me superaba. Desde entonces, mi vida y el cine han ido de la mano.


El cine me nutría de imágenes que abrían mi imaginación como quién abre una ventana a las montañas. El cine me proporcionaba una vida nueva infinita en aventuras y en heroicidades. El cine era un baúl, un escondite y una fuente. En el misterio estaba la plenitud.


El cine eran las sesiones de los sábados a las cuatro; eran las películas para adultos a las que accedíamos antes incluso de llegar a pisar la adolescencia, con el atractivo inmenso de todo lo prohibido; eran las fichas en cartulinas y los recortes de fotografías; eran los estrenos con colas interminables; era la conversación con aquella chica que me atrapó hasta hacerme olvidar donde estábamos... e incluso fue una declaración de amor.


No puedo imaginarme mi vida sin el cine. Nada sería lo mismo. Dejemos pues que pasen ante nosotros, en palabras, imágenes de toda una vida.

sábado, 10 de abril de 2010

Pánico en la escena


Rodada en Londres, Pánico en la escena (Alfred Hitchcock, 1950) es un film del que el director no se mostraba muy contento.

El argumento gira en torno a una joven, Eve (Jane Wyman), al que su novio (Richard Todd) le cuenta como una conocida artista, Charlotte Inwood (Marlene Dietrich) ha asesinado a su esposo aunque la policía lo persigue a él. Eve, con la ayuda de su padre, intentarán encontrar las pruebas que acusen a Charlotte.

El problema de la película viene ya desde el comienzo cuando, por medio de un flash-back que resulta ser una mentira, Richard Todd engaña a su novia sobre lo que realmente a sucedido. Hitchcock reconocería que aquello había sido un error. El público puede aceptar que un personaje mienta, pero usar un flash-back para ello era del todo incorrecto.

Otro de los fallos del film, en palabras del propio director, es que el malo no resulte alguien amenazador, por lo que en ningún momento los buenos se ven en peligro, con lo que la trama se resiente. Y ello porque el personaje interpretado por Richard Todd está asustado, tiene miedo, cuando debería ser él quién lo causara.

Por otra parte, si bien Marlene Dietrich resulta intrigante y poderosa, Jane Wyman no termina de gustarme, me parece demasiado ingenua o frágil como para resultar creíble y en algunas escenas hasta parece inexpresiva.

Como curiosidad, decir que Jane Wyman, que debía aparecer afeada en las escenas en que se hace pasar por doncella, intentaba mejorar su aspecto contínuamente por los celos que sentía al ver a la Dietrich. Cada vez que miraba una secuencia de Marlene Dietrich, se echaba a llorar.

A pesar de no ser uno de los mejores trabajos de Hitchcock, el conjunto de Pánico en la escena contiene detalles interesantes, como la escena de la muñeca en la fiesta de caridad, típicos del director inglés.

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